ALINA FAILING (enero de 2016)

En esta entrada de mi blog hablo del buceador instructor deportivo y capitán de yate Ignacio J. Morros Cámara (Nacho para los amigos) y de mi experiencia a bordo de su yate Alina (porque, claro está, un capitán de yate sin yate es como un rey sin corona o un ministro sin cartera). Finalizo el post con un comentario sobre las habaneras de Torrevieja.

 

Nacho Morros

Armador y Capitán de Yate profesional (embarcaciones a motor y habilitación para vela) Ignacio J. Morros Cámara —Nacho para los colegas— posando bajo un árbol de Navidad en el club náutico

El dueño, armador y capitán del yate Alina es Ignacio Morros. Nacho es un tío muy inteligente. Es licenciado en Derecho y diplomado en Económicas por la Universidad de la Sorbonne de París, cuando estuvo de Erasmus. (Omitiré los detalles de su estancia en el extranjero, de los que tengo noticia. Se puede resumir en que no hizo monástica vida de recogimiento sino que aprovechó para aumentar su experiencia vital mundana). Habla varios idiomas y ha venido desempeñando profesionalmente un cargo de inspector en una conocida compañía de seguros.

Me consta que el cerebro del capitán Morros está atiborrado de neuronas espejo. Las neuronas espejo configuran un sistema neuronal que nos permite imitar el lenguaje y las conductas de otros y comprender acciones e intenciones ajenas. El mecanismo espejo también se relaciona con la empatía cognitiva y la simpatía emocional.

Sostengo que el cerebro del capitán Morros está atiborrado de neuronas espejo porque es capaz de imitar el tono y el acento de cualquier persona que hable con él. De hecho, cuando te relata conversaciones con otras personas, emplea el estilo directo y reproduce la conversación con la fonética, el acento y el deje emotivo de los participantes: parece José Luis Moreno y sus muñecos. También hay que hallar en su sistema neuronal espejo su alta inteligencia interpersonal y social. Le encanta estar con unos y con otros y hablar con unos y con otros y socializar.

Con el tiempo, el capitán Morros acabará siendo un capitán ideal.

 

Buceo

Estoy seguro de ello por cuanto sé cómo piensa y cómo trabaja. Nacho y yo nos conocimos hace años porque compartíamos la afición al submarinismo con escafandra autónoma. En aquella época, él era PADI Open Water Scuba Instructor #983792 y yo ejercía como su PADI Divemaster #983214, una mixtura de asistente y buceador de seguridad. A lo largo del tiempo, Nacho ha certificado a 168 alumnos del programa PADI Open Water Diver, y, según comentó en Torrevieja, en todos esos cursos le asistí yo. A una media de —pongamos— 5-6 alumnos por curso, salen unos treinta cursos de buceo. Sin duda, exagera: no creo que le haya acompañado en todos sus cursos, pero sí le ayudé en una parte de ellos; muy especialmente, en el primero de su vida y en los inmediatamente siguientes que impartió fogueándose con su todavía flamante titulación de instructor de buceo. Desde luego, Nacho y yo nos hemos pasado nuestras buenas horas en remojo, con y sin alumnos, juntos y por separado, con otros buddies.

Credencial de equivalencia a efectos profesionales de la titulación de Buceador Instructor Deportivo expedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de Ignacio José Morros Cámara

El buceo es una actividad deportivo-recreativa bastante dura de por sí (por ejemplo: no es el colmo del placer bucear enfundado en traje húmedo con el agua a 11º C en agosto, malditas termoclinas), a lo que se añade que se trata de un deporte de riesgo. Hombre, un riesgo controlado y minimizado (no es escalada en solo integral: si buceas solo, morirás solo), pero deporte de riesgo a fin de cuentas. El proceso se complica no poco con alumnos: carga equipos, botellas y plomos en la furgoneta; descarga equipos, botellas y plomos de la furgoneta; «mierda, me he dejado mi cinturón de plomos en el club», «¿dónde está la botella de aire extra que habíamos traído?» Montamos equipos: «Has puesto la grifería mirando al revés»; «no me acuerdo de cómo se pasa la cincha del chaleco alrededor de la botella». Estibamos los equipos en el barco: «¿Dónde está mi equipo?» Zarpamos: «Me estoy mareando». Nos equipamos, el barco no para de moverse, no hay sitio, «¿habéis abierto el aire?» Hasta que no estás sumergido todo es muy pesado y aparatoso.

Y venga cargar botellitas y equipos…

Los cursos están plagados de anécdotas: problemas con el equipo —que si llevo poco lastre y floto como un corcho, que si se me ha soltado el cinturón, que si pierdo las aletas, que si me entra agua dentro de la máscara, que si se me zafó la botella del arnés—; problemas con el control de la flotabilidad —ya me hundo como un peso muerto, ya me pego unos aboyamientos fenomenales cual globo Montgolfier; la flotabilidad neutra, ¿eso qué es lo que es?—; problemas con el control de la respiración —no es que el regulador no te dé aire; es que estás experimentando fatiga respiratoria—; problemas con la compensación de los oídos… y estrés por parte de los estudiantes noveles.

Así empecé yo, allá por 1990, con esto del buceo con escafandra autónoma (ah, qué tiempos)…

… y así acabé… con «una poca de agua»…

… pero dado el lamentable estado de forma en que me encuentro y la falta de práctica continuada, me parece que mi competencia submarina actual no pasa de ser la que certifica el documento adjunto (↑), ja, ja, ja… uy, como tenga que montar «el respirador en la bombona de oxígeno»…

En relación con el estrés, es comprensible que los alumnos de los cursos Open Water Diver (nivel de iniciación al buceo) experimenten cierto nivel de distrés o ansiedad en ocasiones porque la actividad es completamente novedosa para la mayoría de ellos y presenta un grado de complejidad nada desdeñable (aludo a la ley de Yerkes-Dodson). Las sensaciones son nuevas: entre aguas es fácil desorientarse (te das la vuelta un segundo y ya te falta un buceador, a ver dónde está). Un leve cambio de presión puede ser (mal-) interpretado como inminente barotraumatismo del oído. O al revés: están los estudiantes a los que les cuesta mucho compensar. Raro era el curso en que el ejercicio de vaciado de la máscara no ofreciera dificultades. A esto se añade que un número indeterminado de alumnos constructivistas radicales se dan cuerda ellos solos (para mal): «¡No, no hay calamares gigantes ni jaquetones (tiburones blancos) en esta parte del Mediterráneo! ¡Estos peligros solo están en tu cabeza!» No diré nada de esas botellas de aire agotadas a los doce minutos de iniciar la inmersión, de los sofocos y de cosas más gordas, que las hay.

El buceador instructor deportivo Nacho Morros pasándoselo muy bien buceando…

En ese contexto, Nacho y yo nos entendíamos muy bien fuera y dentro del agua: en acción, parecíamos Pin y Pon —me salen versos sin esfuerzos—. Uno de los aspectos particulares que diferencia el buceo de otras actividades deportivas es que no es un deporte de competición, sino un deporte de cooperación. (Según y cómo, la mar une mucho; y todavía más cuando estás llevando a cabo cursos de buceo con alumnado sin experiencia). Esta característica se comprueba particularmente cuando te quedas sin aire, que anda que no ha habido personal chupando de nuestras botellas ni nada… Y, ciertamente, se nota de manera apreciable cuando hay buen feeling entre el scuba instructor y el divemaster.

Si para los alumnos los cursos eran más o menos estresantes, nosotros tampoco es que estuviéramos en estado letárgico. No por el buceo, que se supone que lo tenemos razonablemente dominado, sino por los estudiantes: comprueba sus equipos cuarenta veces, lleva botellas de repuesto, lleva plomos de repuesto, lleva reguladores de repuesto, lleva juntas tóricas de repuesto, lleva cinchas de aleta de repuesto, lleva máscaras de repuesto, lleva linternas de repuesto, lleva pilas de repuesto, lleva todos los repuestos imaginables para ir resolviendo sobre la marcha y que nadie se quede sin bucear, lleva botiquín, ayúdales a vestirse, ayúdales a equiparse, ayúdales a entrar en el agua, ayúdales a sumergirse, ayúdales a salir del agua, muéstrales los ejercicios, guíales, protégeles, entiéndeles, oriéntales, escúchales, obsérvales, interpreta esa mirada, anticípate, intervén cuando sea necesario, pero no les agobies (sostén según la regla de la contingencia de Wood), &cétera. Así, inmersión tras inmersión. Entonces, o está la pareja artística {scuba instructor + divemaster} apechugando coordinadamente en modo «pas de deux» o el curso puede no salir todo lo satisfactorio que sería deseable. Ya no hablemos de sufrir un accidente serio. (Ni que decir tiene que Nacho y yo siempre pusimos por delante la seguridad de los buceadores a los que enseñábamos y supervisábamos: estaban bajo nuestra responsabilidad).

… mientras yo me dedico a la supervisión non-stop del alumnado, vaya tela, ja, ja, ja

Con sus problemas y sus follones —gajes del oficio—, en el fondo —nunca mejor dicho— los cursos que realicé con Nacho fueron más que gratificantes. Mi hipótesis es que, bien que ambos estábamos semiprofesionalizados (colaborábamos regularmente con una reputada escuela de buceo de Madrid durante los meses de la temporada estival), ninguno de los dos nos dedicábamos «en serio» al buceo; era pura afición. Ambos teníamos nuestros respectivos trabajos al margen de las actividades subacuáticas y no comíamos de eso. Así pues, era fácil que nuestra aproximación al submarinismo fuera más teleológica o esencialista. El buceo tenía sentido en y por sí mismo, por su propio propósito, no como un medio para obtener un rendimiento económico con espíritu comercial. Por ende, entre nosotros no hacía su aparición el universal principio antropológico de ‘mínimo esfuerzo, máximo rendimiento económico’, «hay que trabajar lo menos posible», &cétera. Nunca considerábamos a nuestros alumnos de buceo como nuestros meros «clientes», no se nos caían los anillos por andar cargando y descargando botellas sin parar, no nos importaba repasarle los ejercicios a este o aquel estudiante menos habilidoso y no éramos perezosos para entrar al agua por séptima vez en el día con alumnos (que algunos sábados empezábamos a las nueve y media de la mañana y acabábamos con la inmersión nocturna de los avanzados a medianoche). De paso y, total, «from lost to the river», nos hacíamos alguna inmersión de placer nosotros por nuestra cuenta (para entonces, los ordenadores de buceo se ponían intratables). Al hilo de esto de los cursos de buceo —lo acabo de recordar—, deseo destacar que Nacho y yo realizamos el bautismo de buceo de Beatriz († 2015) en el cabo de Palos (Murcia), una experiencia que Bea siempre recordó con mucho cariño. El mismo que sentía yo por ella.

En Torrevieja (provincia de Alicante) hay una calle denominada Cariño

Debido a una serie de circunstancias económicas (la crisis), laborales (cuatro cambios de puesto de trabajo en cinco años) y, sobre todo, personales (incluyendo largas y penosas enfermedades de personas muy allegadas) que ahora no vienen al caso, después de haberle zurrado intensamente a esto de los cursos de buceo desde 2004, abandoné la actividad en septiembre de 2011. Ya solo hago algún buceíto dominguero en vacaciones de verano y poco más. En cambio, la afición por el ponto de Nacho se ha amplificado, pues desde que se compró el barco, ahora su gusto e interés por la mar se extiende tanto a la superficie (navegando) como al fondo (buceando).

En la última frase del apartado anterior he afirmado que, a mi juicio, «con el tiempo, el capitán Morros acabará siendo un capitán ideal». La razón en la que me baso para opinar así es que Nacho se ha acercado al barco (adquirido en febrero de 2015) como lo hizo con el buceo; su motivación es intrínseca. Es que la mar —en diversas formas— le atrae profundamente. No es «trabajo»; de nuevo, es pura afición. Esto no quiere decir que Nacho no cobre a los clientes cuando hace yacht chartering (pues tendrá que comer y pagar el amarre y sus gastos, el muchacho). No obstante, difiere bastante que lo que te impulse sean los €€€ que puedes ganar con x negocio que lo que te embelese sea la actividad en sí (y, además, obtengas dinero con ella). Claro está, cuando estás muy motivado con una actividad y tienes aptitudes, sueles devenir muy bueno en esa actividad y sueles acabar dominándola. Le auguro un prometedor futuro al capitán Morros surcando los mares a bordo de su propia embarcación.

Nacho me ha estado invitando a conocer el barco y echarnos unas navegaditas por ahí desde hace meses. Finalmente, en enero de 2016 pudimos coincidir y para allá que nos fuimos. El amarre del barco está situado en el Club Náutico Marina Internacional de Torrevieja, en la provincia de Alicante.

Club Náutico Marina Internacional en Torrevieja (provincia de Alicante)

 

Yate Alina

Provincia de Alicante. Torrevieja. Yate Alina amarrado en el puerto deportivo Marina Internacional

El yate Alina es un monocasco mixto (vela y motor) del astillero Beneteau. Tiene una eslora de 15,48 metros (= 50 pies, Beneteau Oceanis 50′), una manga de 4,48 metros y un calado de 1,80 metros, con un desplazamiento de 14 toneladas. Apareja génova y mayor enrollables (las velas no se izan, se «desenrollan» con un mecanismo dispuesto al efecto. Menos esfuerzo: te ahorras tirar hacia abajo de la driza ahí con todo el peso de tu cuerpo). Asimismo, está impulsado por un motor diesel de 80 HP (= 81,12 CV). El elegante casco está pintado de color azul marino oscuro y decorado con perfiles blancos. Un estilo Côte d’Azur muy francés.

Yate Alina amarrado en el puerto deportivo Marina Internacional de Torrevieja

La parte noble dispone de cuatro cabinas con ventilación exterior, maderas preciosas, cama doble en la que se cabe perfectamente, armarios y estantes, espacios de estiba bajo la cama, cuarto de aseo privado con ducha, lavabo y retrete, &cétera; no merezco menos. Nacho está empeñado en meterme en el camarote del armador-tripulante en proa (al que se accede a través de un tambucho de la cubierta). Eso es un zulo con dos literas superpuestas y un inodoro pegado a la litera inferior; como no apuntes un poco bien, acabas salpicando al compañero, ja, ja, ja (por si acaso, me he autoadjudicado la litera superior. Pero, entonces, si el barco escora mucho a vela, caes rodando al suelo desde una altura no despreciable. No le veo más que ventajas). O sea: los clientes de chárter viviendo a bordo en plan Buckingham Palace y la tripulación infraviviendo: rollo hamaca en galeón. Si es que… Por cierto: con sus cinco váteres, el yate es como Villa Meona de la Preysler (anda que no dan problemas técnicos ni nada, los inodoros de los barcos…).

Dado que estábamos solos y no compartíamos la embarcación con nadie más, Nacho se cogió la cabina de babor a proa y yo, lo mismo a popa. Utilizábamos los camarotes de estribor como vestidores para dejar la maletilla y demás. Lo de proa y popa tiene su quid porque las cabinas de proa son mejor opción estando fondeados y en puerto, como era el caso (menos trasiego, menos ruido, más aireación…). Vaya, que Nacho se quedó con el camarote mejor; así trata a los invitados, la confianza da verdadero asco.

Yate Alina.—Interior. Mi camarote (babor-popa)

Pese a estar instalado en la popa del barco —esto es, en el no mejor camarote, ocupado por el dueño-armador-capitán, y eso que el invitado VIP era yo—, en puerto se dormía bien. Acostado, se oía el ruido de las olitas chocando contra el casco, pero a mí ese sonido acuoso me resulta agradable, al igual que el movimiento del barco, que te mece. La primera noche una de las amarras chirriaba cuando se tensaba, ññiiic, ñññoooc, ññññiiiiic, ññooooc, y eso sí que molestaba (tenía el molinete o winch encima de mi cabeza transmitiendo el ruido, y la cabina hacía de caja de resonancia), pero la noche siguiente Nacho cambió la amarradura del largo de popa y asunto resuelto.

La cocina tiene de todo: fregadero, cocina de gas, horno, frigorífico, armarios, un lugar para guardar el cubo de basura, barra de bar…

Yate Alina.—Interior. Cocina

A propósito: es recomendable aportar motu proprio un dinamómetro de mano para aplicar a las bisagras de las puertas de los armarios, cabinas, &cétera, la fuerza que el señor capitán estima adecuada y no recibir así sus ásperas críticas. Recalcaré que, con gran inequidad, sus márgenes de tolerancia varían según seas cliente de chárter o invitado-amigo. Naturalmente, una de las funciones principales de los posts en blogs propios es el ajuste de cuentas, ja, ja, ja.

Como tampoco teníamos mucha idea de andar cocinando y fregando la cocina, antes de arribar al club náutico paramos en el Carrefour de Torrevieja y compramos una empanada, ensaladas, embutido, fruta y tal para poder picar cuando nos apeteciera, y, para algo más enjundioso, tirar de restaurante:

No estábamos en plan de cocinillas… vamos a lo práctico

El saloncito-comedor es convertible. La mesa puede bajarse y el espacio puede convertirse en otra cama que da cabida a una pareja más. En total, el velero está despachado para doce personas (2 tripulantes + 10 pasajeros), pero es más cómodo para cuatro parejas ubicadas en sus respectivas cabinas, porque el saloncito convertible es un sitio de paso poco reservado. En un yate no es que haya mucha privacidad, pero en ese lugar no hay ninguna.

Yate Alina.—Interior. Sofá y mesa (sala de estar-comedor)

Junto al sofá está la mesa de cartas, con el cuadro eléctrico general, el GPS chartplotter y la radio. En un barco es importante saber dónde está la radio, por la cosa del distress. Canal 16 VHF: M’aider, m’aider, m’aider. Aquí yate Alina, yate Alina, yate Alina. M’aider. Yate Alina. Mi posición es…

Yate Alina.—Interior. Mesa de cartas, con el cuadro eléctrico general, GPS chartplotter (hay otro en la bañera), derroteros… y la radio.

 

Acceso a la embarcación

Para acceder a la embarcación hay varios métodos. El cómodo y stylish es una pasarela telescópica eléctrica de madera de teca, con mando a distancia, pasamanos, &cétera. Yo, para hacer este método aun más distinguido, añadiría una alfombra roja, una banda de música, flores, cava y unos canapés, aperitivos y bombones de recepción. Tenía la expectativa de que Nacho me hubiera preparado este recibimiento-sorpresa, pero no. Por no haber, no había ni pasarela. Qué falta de cuidado en los detalles, la confianza es un ascazo.

El segundo método es tirar de las amarras con fuerza para acercar el barco hacia el embarcadero y dar un paso. Este sistema lo empleamos unas pocas veces, porque mover el barquito de catorce toneladas a pulso no es la actividad más atractiva del mundo. En revanche, te pones cachas y desarrollas los músculos dorsales en muy poco tiempo.

El tercer método es el denominado constructivamente por Nacho gacela Thomson. Técnica náutica adaptada del atletismo, consiste en recorrer la distancia horizontal que separa el pantalán de los escalones situados en el espejo de popa por medio de un grácil (por lo de la gacela) y potente salto (fuerza explosiva, sin carrera previa). La técnica no está exenta de riesgos: en el pasado, Nacho se fracturó el calcáneo; y yo me di un golpazo en el dedo gordo del pie en esta ocasión. Sin embargo, se trata ciertamente del método más práctico cuando tienes que subir y bajar del barco incontables veces al día. La posibilidad de caer a las frías y, digamos, no cristalinas aguas del puerto deportivo conlleva una motivación extra para no escatimar esfuerzo en la fase de impulso del salto, mejorando la forma física general. No le veo más que ventajas.

El cuarto método es una prudente combinación de los métodos segundo y tercero. Consiste en acortar con una estacha extra la distancia entre el embarcadero y la popa del barco: lo necesario para que la embarcación no corra riesgo de colisionar con el pantalán y lo suficiente para poder sustituir la técnica gacela Thomson por la más moderada técnica pequeño saltamontes. El riesgo de caída al agua persiste, pero se torna mucho más aceptable.

Yate Alina amarrado en el puerto deportivo Marina Internacional de Torrevieja con estacha extra para acortar la distancia entre el embarcadero y la popa del barco

Nacho tiene un amigo capitán de yate llamado Víctor quien en su barco descuelga una pasarela full time. Ello prueba el nivel de molicie al que se puede llegar en esto de la náutica. Apruebo los métodos nachianos; la técnica del salto de longitud para acceder a las embarcaciones me resulta familiar, puesto que comencé a practicarla durante mi segunda infancia cuando subía a bordo del llaüt de mi padre, y proseguí baqueteándome con las actividades subacuáticas. Ello te hace mantener cierto grado de (eu-) tensión en la personalidad: ¡las pasarelas son para blandos y para la clientela pija!, ja, ja, ja.

 

Enrolamiento

Tanto por nuestro temperamento naturalmente activo como por el contexto de los muchos buceos que compartimos, Nacho y yo nos habituamos a crear ámbitos de acción conjunta. Aunque es cierto que él no me pidió que hiciera nada (en principio, yo iba a dedicarme al dolce fare niente), nuestro funcionamiento relacional no se corresponde exactamente con el spaniard usage de «uno trabaja y tres miran». Como ya conocemos el paño, iba a Torrevieja con la intención de echarle una mano con los asuntos del barco. Además, eso me permite meterme con él: cual Telxiepia, el malvado Nacho te arrastra con cantos de sirena a participar de la inefable experiencia náutica (arpegios de flauta y cítara de fondo sonoro); pero luego, alguien limpió las chafarrinadas de guano de gaviota que cubrían el dinghy (= lancha neumática auxiliar), y ese alguien no fue el dueño-armador-capitán. No acabo de ver yo la conexión entre una VIP Special Invitation adecuada a mi categoría personal y desincrustar las corrosivas cagadas de las colonizadoras gaviotas. (He escrito «colonizadoras gaviotas» para no emplear el malsonante vulgarismo putas gaviotas. ¡Ahí va!, creo que se me ha escapado). La próxima vez le regalaré a Nacho un búho antigaviotas con cabeza giratoria (qué cara de colgado tiene el bicho, ja, ja, ja). Dudo de su efectividad, pero es muy friqui como elemento ornamental del lujoso yate. Se parece al perro de cabeza basculante typical spanish que se colocaba como adorno kitsch en la bandeja trasera de los coches sesenteros y setenteros del siglo pasado.

Centro de la imagen: dinghy (lancha neumática auxiliar) bombardeada de cagadas de gaviota. En primer término: tambucho de acceso al zulo-cabina de armador-tripulante en el que Nacho quiere colocarme

En resumidas cuentas, acabé enrolado en el barco. Adiós a la función pública docente, loados sean los dioses:

Mi alistamiento en el velero Alina. Inscripción en la libreta de enrolamiento. ¡Por fin dejo la docencia, la función pública y todo!

Nacho me dio un polo de dotación del yate Alina con el logotipo del barco sobre el pecho y dije que gracias, que me lo quedaba, ja, ja, ja. Al pobre Nacho no le di ni la oportunidad de regalármelo. Con este gesto, mi integración en la ingente y variada tripulación del Alina (Nacho y yo) se completaba. He de señalar que mi contrato de ajuste entre el armador-capitán y el grumetillo fue degenerando con el paso del tiempo, y de colaboración evolucionó a servidumbre y finalizó por esclavitud. Todo el día fregando, cepillo p’arriba y barreño p’abajo como servidor del buque, ejerciendo como personal de fonda, &cétera. Qué fuerte. El capitán de la HMS Bounty (s. XVIII) era un tierno Papá Noel comparado con Nacho. El capitán Morros amenazó con detenerme y encerrarme en un camarote, qué tío (si es que está incitando al motín).

Polo de dotación. Uniformidad de la tripulación del yate Alina

 

Neurosis del armador

Mi estancia en el barco de Nacho ha sido el punto de partida para el establecimiento de una nueva categoría gnoseológico-psiquiátrica, qué magnífica aportación a la Ciencia. Urge incorporar a la revisión del DSM-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) y al CIE-10 (Clasificación Internacional y Estadística de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud) un nuevo trastorno, que he bautizado con la denominación neurosis del armador. El cuadro clínico incorpora los siguientes signos (la lista no es exhaustiva):

  • Pensamientos intrusivos y obsesiones («tengo que cambiar el codo del bimini», «tengo que ver qué le pasa a la válvula del WC», «tengo que revisar el GPS plotter», «tengo que sustituir el pistón de la nevera», «tengo que contestar el mensaje del broker »«tengo que…») que asedian reiteradamente al armador a cualquier hora del día o de la noche.
  • Compulsiones: comprobaciones reiteradas de que los grifos de fondo estén cerrados, de que las válvulas de los inodoros estén cerradas, de que las amarras estén afirmadas con seguridad,  &cétera.
  • Paranoia: «Los desaprensivos individuos que suben al barco están llenos de malos sentimientos y peores intenciones que incluyen causar todo tipo de perjuicios a la embarcación; muy especialmente, averiar los retretes, vaciar los depósitos de agua, manchar la cubierta, rayar la madera de teca o cerezo del barco, romper las lámparas, inutilizar los tiradores de armarios y cajones, &cétera».
  • Pensamientos negativos y sentimientos de desesperanza, pesimismo general y antropológico: «En el último mes, he pedido la pieza en la tienda de acastillaje tres veces. Ya verás como no la han traído»; «estos ni son profesionales ni nada; son unos chapuzas», &cétera.
  • Estado general de alarma, tanto de día como de noche (en este caso, el estado se acompaña de sueño ligero). Un ruido no controlado te despierta. El cambio en la fuerza del viento te despierta.

Nacho rellenando tanques de agua del yate Alina

 

Psiconeurosis del grumetillo

Entre el dueño-armador-capitán, jefe jerárquico de toda la dotación/tripulación del buque (quien ocupa el vértice de la línea de mando) y el grumetillo (situado en la base de la pirámide jerárquica) emergen unos procesos psicológicos que se agudizan cuando la dotación/tripulación del yate se reduce a dos (el capitán y el grumetillo) y se da un fuerte rapport entre ellos. Debido a fenómenos de amplificación sinérgica, la neurosis del dueño-armador-capitán deviene psiconeurosis en el cerebro del grumete, y es este quien empieza a perseguir a su capitán al poco tiempo: «No se te ocurra pisar la cubierta que la acabo de fregar», «esas zapatillas no son apropiadas para circular por el barco», «me (= superfluo pronombre emocional o dativo incommodi) estás gastando toda el agua de los depósitos: ¡in-a-cep-ta-ble!». Debido a la falta de intimidad que se produce en un velero, hay un control mutuo de las acciones del otro que se traducen hasta en la cuenta de las veces que tiras de la palanca del váter. Todo ello salpicado de crítica mordaz y muchas muchas risas.

Una mixtura entre psicosis náutica y practicidad trajo consigo que, con el paso del tiempo, decidiéramos lavarnos los dientes, ducharnos y demás funciones fisiológicas en los baños del puerto deportivo con tal de no consumir agua de los depósitos, no desgastar las válvulas de los inodoros, no manchar, &cétera (ayudaba que los baños del club náutico estaban relativamente cerca del amarre del Alina). Me da a mí en la nariz que el duque de Edimburgo no se bajaba del Royal Yacht Britannia a las ocho de la mañana con el neceser, la muda de recambio, &cétera, para asearse en los servicios del puerto estando atracado. Y yo que pensaba que iba a ser tratado a cuerpo de rey… tanto lujo pa’ qué. Con todo, reconozco que la familiaridad en el trato es bastante más divertida 😉 .

Escocia. Edimburgo. Puerto de Leith. Proa del Royal Yacht Britannia

Alicante. Torrevieja. Puerto Deportivo Marina Internacional. Proa del Imperial Yacht Alina

(Yo es que iba al yate de Nacho con mentalidad ‘Royal Yacht Britannia’, que he visitado. Me parece una actitud justificada, considerando que las analogías entre los dos yates son patentes: comparando las proas de los dos barcos, ambas forman un ángulo agudo; las dos cubiertas están forradas de madera de teca; entrambas tienen una barandilla —de hecho, los candeleros y guardamancebos del buque nachiano dan mayor sensación de libertad que la regala del Britannia; en el Alina, la línea de fondeo abandona el barco mediante un estilizado puntero, no por vulgares gateras y bastos escobenes que atraviesan la borda y la roda, puaj…).

 

Etiología

La neurosis del armador/psicosis del grumetillo no tiene carácter psicótico ni delirante porque está bien anclada en hechos de la realidad. Analicemos un sencillo caso: la rotura de un codo del bimini. Primero, a ver si lo encontramos en la tienda del puerto. Pues no, porque el que tienen hace una forma de «T», y ha de ser con perfil de «Y». Déjalo encargado y a ver cuándo te lo traen. Hala, vamos de compras. Lo hallas en otra tienda de acastillaje. Vamos al barco a probarlo. Ángulo correcto, diámetro insuficiente. Mierda. Vuelve a esa tienda a devolverlo. Regresa a la primera tienda y vuelve a reclamarlo, porque ha pasado una semana y seguimos sin el codo de marras. El encargado te jura por su madre que lo ha pedido, pero ya se sabe que los distribuidores son todos lo peor. Sin duda, no te importará reclamarlo una segunda vez. Ni una tercera a la semana siguiente, mientras el escepticismo acerca de si has pedido la pieza no hace sino aumentar. Eso por no hablar de que te parece que llegó, pero no sabes dónde la has guardado. Suponiendo que llegara la pieza correcta, claro está. Ojito con mosquearte, que te quedas sin codo para el bimini. Todo lo descrito corresponde a la obtención de un recambio razonablemente estándar. Hacerse con una pieza de recambio que se ha dejado de fabricar y que no aparece en los catálogos son palabras mayores. A ello se agrega que, además, todo es carísimo, y la cartera acaba echando humo. Conclusión: por Dios, por Dios, por Dios, que nadie rompa nada y que no se rompa nada.

 

Movida con las llaves del barco

Comenzaré esta sección de mi alínica entrada poniendo de relieve el reiteradamente comprobado hecho de que las actividades náuticas y las llaves no congenian. Más pronto o más tarde surge algún contratiempo con las llaves (eso, cuando no acaban en el fondo del mar, mata-rile, -rile, -rile). Por supuesto, durante mi estancia en el yate Alina también tuvimos la consabida contrariedad con las llaves del barco.

Relataré el suceso de un modo totalmente objetivo, imparcial y desinteresado: Nacho tuvo la culpa de todo y yo no fui sino una desdichada víctima de su espantosa maquinación. Para acceder al interior, el barco tiene una puertecilla constituida por dos hojas de madera que encajan la una sobre la otra. La cerradura, situada en la pieza superior, asegura una tapa corredera que cierra todo por encima. Lo prudencial hubiera sido: abrir la puerta, retirar las llaves, dejar las llaves en el cajón de la mesa de cartas y recoger las hojas de la puerta quitándolas de en medio.

Pero el psycho plan nachiano era muy otro. (Ya he dicho al principio de este post que Nacho es un tío muy inteligente; lo que no había aclarado es que es muy inteligente para el mal). Dando de lado la navaja de Ockham e infiriendo desde la sucesión de acontecimientos, he de concluir que el capitán Morros urdió una sórdida intriga destinada a fastidiarme y minar mi autoestima. Hechos: 1) Nacho dejó la llave de la puerta insertada en la hoja correspondiente, 2) con la llave apoyada hacia abajo sobre los asientos de la bañera y 3) cubierta por la otra hoja removible. Tengo pruebas con las que puedo demostrar su mala intención 😈 :

 

Andaba yo circulando por la cubierta del barco cuando, con un inopinado movimiento de la embarcación e intentando mantener el equilibrio, ¡zas!, caí apoyándome con todo el peso sobre las maderas esas —las cuales, por cierto, no se veían desde donde yo estaba—, partiendo la llave 😯 😳 .

Of course, no había copia de las llaves ni en Madrid, ni en Torrevieja ni en ningún sitio. En realidad, daba un poco igual: el puerto deportivo está vigilado con cámaras de seguridad y, por las malas, esa cerradura se revienta con un suspiro, ni que fueran las llaves del United States Bullion Depository (Fort Knox) o del Reino de los Cielos. Además, tal vez resulte conveniente dejar un juego extra en el club náutico por si hay ulteriores problemas con las llaves. Comoquiera que sea, Nacho se vino de Madrid con un juego de llaves y se volvió con dos (ya me encargué yo de desfacer el entuerto y obtener copias):

Llaves del barco Alina. A la derecha, las oxidadas llaves del juego único original, con una nueva copia de la llavecita partida de marras. Nótese el totalmente cutre llavero-flotador. A la izquierda, el nuevo y reluciente juego de llaves con un stylish llavero-flotador. De nada

Cabe suponer que Nacho se pillara un mosqueo considerable 😡 por la cuestión de la llave. Pero, lo cierto es que, superado el shock inicial 😕 😮 😕 , reaccionamos según costumbre, a saber: descojonándonos 😄 😄 . Esa costumbre proviene de los cursos de buceo: cuando no se rompía una cosa, se escoñaba otra o fallaba una tercera. Como dijo el erudito budista indio Shantiveda: «Si tiene solución, entonces no hay de qué preocuparse; si no tiene solución, no tiene caso lamentarse». Pues nada, a echar unas risas y demà ja ho arreglarem.

 

Emociones

El yate Alina recibió este nombre por la novia de Nacho, que se llama Alina (como el velero de mi tío, bautizado Anna por mi tía). Esto de la vela, la mar y demás tiene su romanticismo. Es bastante habitual que los armadores-capitanes generen una relación con sus naves cargada de emociones y afectos; de hecho, con frecuencia los marinos ingleses se refieren a sus embarcaciones con el pronombre «she», no «it». Es fácil hallar la explicación científica de estos fenómenos en la vigotskyiana tercera forma de vinculación entre la función imaginativa y la realidad, que es el enlace emocional, y la ley del signo emocional común. Según esta ley, todos los objetos que nos causan un efecto emocional coincidente tienden a unirse entre sí en nuestras cabezas pese a que no se vea entre ellos semejanza alguna. No se ve semejanza externa alguna entre una novia y un barco, pero si el barco acaba con el nombre de tu chica, esa conexión se debe a una asociación de reacciones afectivas.

Yate Alina fondeado de noche al claro de luna con un cielo casi despejado, una ligera ventolina y la mar prácticamente en calma

A Nacho le gusta la música de arte… pues qué mejor pieza —«a very special piece»— que Para Alina del compositor minimalista Arvo Pärt para acompañar la imagen del yate Alina fondeado al claro de luna (me la ha pasado mi amiga Mar, todo coincidencias):

 

 

Alina Failing

El título del sitio web de Nacho es «Chárter en Ibiza con Alina Sailing». Aunque Nacho conoce bien la ruta de Torrevieja a Ibiza por haberla realizado con anterioridad, y yo soy oriundo de la isla y tengo familia y amigos allí, el programa de actividades no incluía desplazarnos tan lejos en esta ocasión, sino 1) conocer el barco y 2) hacernos a la mar costeando; quizá una excursión de fin de semana y poco más, porque el martes de Reyes había que estar de vuelta en Madrid.

Desafortunadamente, el sailing (= la navegación) de fin de semana devino en failing (= fallida, fracaso) por mor del mal tiempo:

 

Aunque el viento fresco llena bien el aparejo y las velas no dan gualdrapazos, el cabrilleo del mar empieza a transformarse en salpicaduras y algún roción. La navegación con mal tiempo se ensaya con vientos de esta intensidad; evidentemente, eso es para gente experimentada, no para un tripulante que no tiene ni idea —un servidor— y que, en un momento dado, puede ser más un estorbo que una ayuda. Peor todavía en el Mediterráneo, que es un mar imprevisible —las previsiones meteorológicas son poco fiables respecto a las condiciones reales de la mediterránea mar— y de ola corta (en Ibiza la llaman «de remolí»), todo lo cual hace más complicado gobernar la embarcación en condiciones no favorables. Aparte, es que al barco le costaba mucho orzar para salir por un canal estrecho para su eslora; la hélice de proa —acaso, con su empuje mermado por el biofouling— no tenía ningún efecto para la maniobra y la proa se cerraba por la fuerza del viento y de la corriente que entraba, lanzándonos contra el barco atracado a babor. Conforme a lo dicho, muy prudentemente sustituimos la navegación por la vida social en el club náutico y la visita a Torrevieja. Que el asunto iba de efectuar un paseíto en barco sin complicaciones, no entrenar para la Volvo Ocean Race.

Aunque Nacho sostiene que soy gafe y que atraje el mal tiempo —la superstición de los marinos—, la verdad es que antes de salir de Madrid habíamos consultado repetidamente las previsiones meteorológicas y sabíamos que no eran muy halagüeñas de antemano; la esperanza de singlar era limitada. Pero, bueno: si el tiempo mejoraba, ya estábamos ahí para salir a navegar; y, si no, también valía porque Nacho aprovechaba para hacer unas cuantas gestiones y yo cambiaba de aires, que siempre viene bien para el espíritu. Por otro lado, gobernar una embarcación con facilidad y seguridad es una mixtura de ciencia y arte. Y mucho conocimiento perteneciente a la parte más «artística» de esta tarea es transmitido en esas tertulias entre viejos lobos de mar o, sencillamente, marinos más experimentados y la gente que se inicia en esto. Se sigue que la socialización clubnautiquil forma parte de la formación permanente o continua de los patrones. Y que se pasa el rato agradablemente hablando del mar y de barcos.

(Actualización [5-08-2016].—Aprovechando que se había venido con el barco, Nacho y yo quedamos en Ibiza en agosto de 2016.

 
Fin de la actualización).

 

Torrevieja

El rey Alfonso XII concedió el título de ciudad a Torrevieja el 4 de febrero de 1831. Torrevieja es el quinto municipio más poblado de la Comunidad Valenciana y el tercero de la provincia de Alicante (Valencia-Alicante-Elche-Castellón-Torrevieja-Orihuela). Según la nota de prensa del Instituto Nacional de Estadística (INE) Indicadores Urbanos de 1 de marzo de 2016, Torrevieja es la ciudad de España con menor renta neta media de los hogares (13 977 €) frente a, por ejemplo, Pozuelo de Alarcón (70 298 €). Bien que no cuestiono el dato estadístico (facts & figures), subjetivamente no me pareció que Torrevieja causara la impresión de «ciudad pobre», antes al contrario: al menos, por la parte por la que paseamos (paseo Vistalegre, paseo de la Libertad, plaza de la Constitución, calle Ramón Gallud…) se contempla un ambiente urbano mediterráneo normal y hasta cuidado.

Provincia de Alicante. Ciudad de Torrevieja. Viejo edificio del Ayuntamiento de Torrevieja, en la plaza de la Constitución

Of course, Torrevieja ha sufrido los consabidos procesos de balearización de la costa, la especulación del ladrillo y la burbuja inmobiliaria, pero eso no es diferente del resto del litoral mediterráneo español. Ibiza es la ciudad española donde la habitación de hotel tiene el precio medio más elevado de España (= es el lugar más caro de España para alojarse como foráneo), y su costa está igualmente balearizada y destrozada desde la perspectiva de los valores naturales y paisajísticos (suelo urbano con edificación turística intensiva de calidad discutible).

Tomamos algo en el Casino de Torrevieja. El edificio, obra de los arquitectos José Guardiola Picó y Tomás Aznar, fue inaugurado en la noche del 10 de agosto de 1896. De estilo modernista, está situado en el paseo Vistalegre, frente al mar. En el salón Principal o de Baile destaca el elaborado artesonado del techo, con casetones policromados y ornamentación vegetal y figurativa zoomórfica (dragones). El espacio está iluminado por ricas y elegantes arañas adornadas con numerosos caireles. Las paredes están decoradas con lienzos del pintor murciano Inocencio Medina con tema de las estaciones del año, y amplios espejos que reflejan la iluminación procedente de las lamparas y le dan mayor profundidad al salón. En este lugar se dan recitales de piano, canto y música de cámara (había un piano de cola, antiguo pero en buen estado).

Provincia de Alicante. Ciudad de Torrevieja. Casino de Torrevieja

 

Habaneras

En Torrevieja se celebra anualmente el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía. El evento fue declarado fiesta de interés turístico internacional el 26 de julio de 1994. En julio de 2016 alcanza su 62.ª edición. En esta ocasión participarán once coros europeos (de ellos, cinco españoles), cuatro coros americanos y uno asiático. En conjunto, alrededor de seiscientos coralistas. Además, en la localidad se celebran otros eventos musicales, como el Certamen Juvenil de Habaneras o el Encuentro Coral Internacional Ciudad de Torrevieja. La cultura musical está presente en el ambiente urbano, con plazas y monumentos dedicados a músicos y a la música:

Torrevieja. Plaza Sociedad Musical Los Salerosos

Torrevieja. Monumento conmemorativo del XXV aniversario de la fundación de la Sociedad Musical Ciudad de Torrevieja «Los Salerosos» (1990-2015)

Especialmente significativo me resulta este monumento en el paseo Vistalegre, que reza: «Un viejo marinero, guitarra en mano, con su familia trae la habanera», aunando el mar y la música. La placa contigua homenajea a los coralistas.

Torrevieja. Monumento a la habanera en el paseo de Vistalegre

Aunque el origen de la habanera es oscuro e incierto, parece ser resultado de un mestizaje musical, con elementos precursores provenientes de la contradanza francesa y la zapateada guaracha española fusionados con aires, ritmos e instrumentos afroantillanos.

Hay cierto debate entre los especialistas acerca de si la contradanza fue introducida en Cuba a finales del siglo XVIII por los franceses de Saint-Domingue que emigraron de la colonia a la isla contigua a raíz de la Revolución haitiana (1791-1804), o bien se trataba de contradanzas de origen español peninsular que eran bailadas en Cuba desde mediados del siglo XVIII. El debate puede tener cierto interés científico, pero poco recorrido, porque cuando la casa de Borbón entró a reinar en España con Felipe V fue adoptado el estilo francés de danza. A mediados del siglo XVIII, las danzas que hacían furor en los bailes de corte y entre la clase noble eran las contradanzas y los minuetes franceses, considerados más elegantes que las seguidillas, los fandangos y otros bailes populares autóctonos (que, sin embargo, siguieron practicándose). Estos hechos están perfectamente documentados a través de diversos tratados de danza de la época, como el de Pablo Minguet que se muestra a continuación: El noble arte de danzar a la francesa, y española; adornado con, LX. laminas finas, que enseñan el modo de hacer todos los passos de las Danzas de Corte, con sus reglas, y de conducir los brazos en cada passo; y por Choregrafia demuestran como se deben escribir otras. Madrid: circa 1758. En este cuaderno se incluye la explicación de 18 contradanzas nuevas, 6 danzas & minuetes, otras danzas francesas (la Bretaña, el Rigodón) y alguna española (las Folías).

Pablo Minguet: El noble arte de danzar a la francesa, y española; adornado con, LX. laminas finas, que enseñan el modo de hacer todos los passos de las Danzas de Corte, con sus reglas, y de conducir los brazos en cada passo; y por Choregrafia demuestran como se deben escribir otras. Madrid: circa 1758

Existe una segunda controversia respecto a dos versiones de la habanera: una puramente instrumental, destinada a acompañar el baile (la contradanza o danza criolla o cubana, conocida —según el periodo histórico y su evolución musical— como contradanza habanera o danza habanera fuera de la isla), y la habanera cantada con texto (canción habanera), más reposada y separada de su función dancística. De acuerdo con esta perspectiva, habría dos clases de habaneras; en el extremo, la canción habanera sería una forma musical radicalmente nueva la cual presentaría propiedades que la contradanza o la danza habanera no posee.

A mi modo de ver, esta discusión tampoco tiene demasiado fuste, porque en cierto número de contradanzas para piano (instrumentales) del maestro cubano-español Manuel Saumell Robredo (1817-1870) late el ritmo tango-congo y el carácter melódico de la habanera, así como el fraseo regular con frases de ocho compases y la estructura seccional bipartita con cambio de color tonal o modal (mayor/menor), atributos propios de la forma moderna de canción habanera.

Esquema rítmico tango-congo, presente en el tango o habanera: en compás de 2/4, corchea con puntillo, semicorchea y dos corcheas

Todo ello se pone de manifiesto notoriamente en la contradanza «La Luz», que debe tocarse «alla habanera, molto cantabile». Es patente la conexión entre la contradanza cubana instrumental y la habanera cantable: por su melodismo y movimiento, esta contradanza está más cerca de la canción habanera que del género bailable. Obsérvese que, sobre el acompañamiento de tango o habanera de la mano izquierda, se desarrollan en la melodía otros patrones rítmicos asociados a esta danza: síncopa de semicorchea-corchea-semicorchea y cuatro semicorcheas (compás 7), o tresillo de corcheas y dos corcheas (compases 17, 19 y 21).

Manuel Saumell Robredo: «La Luz», en Contradanzas (piano). Debe tocarse «alla habanera, molto cantabile». Es patente la conexión entre la contradanza cubana (incluso instrumental) y la habanera

Lo mismo puede predicarse de la contradanza «Las Quejas», del mismo autor:

Manuel Saumell Robredo: «Las Quejas», en Contradanzas (piano).

Análogas características presentan las contradanzas habaneras editadas en el territorio español peninsular. Esta, titulada La Blandita, es del compositor Fidel Miró y fue publicada en Madrid en una fecha tan temprana como 1852. La contradanza habanera de Miró se mantiene en fa mayor en las dos secciones; pero en la segunda parte hay una mayor insistencia en el grado de la subdominante (sib), acorde que no había sonado en la primera parte:

Fidel Miró: La blandita. Contradanza habanera. Madrid: C. Martín, 1852. Biblioteca Digital Hispánica. Partitura perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España

O las posteriormente llamadas danzas habaneras. La siguiente danza habanera, titulada Morenilla, es creación del compositor Antonio Reparaz. Fue publicada en Madrid en 1875. Destaca que la composición sea simultáneamente ya una danza habanera vocal con acompañamiento de piano, ya una danza habanera instrumental para piano solo. El resto de características son las conocidas: ritmo de tango o habanera obstinado en el acompañamiento, célula rítmica {tresillo + 2 corcheas} frecuente en la mano derecha, fraseo regular y cambio de modo (re menor-re mayor) para hacer contraste entre las secciones:

Antonio Reparaz (1831-1886): Morenilla. Danza Habanera para canto o piano solo. Madrid: A. Romero, 1875. Biblioteca Digital Hispánica. Partitura reproducida perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España

Pese a subtitularse «danza habanera» y no «canción habanera», Morenilla de Reparaz posee la suavidad y dulzura de una habanera melódica cantable. Desde mi punto de vista, ello apoya mi afirmación de que entre los diversos tipos de habaneras (contradanza habanera, danza habanera, canción habanera, tango español, género vocal, género instrumental, música de danza, música no destinada a la danza…) hay más una zanja que un abismo.

A mayor abundamiento, diversos ejemplos de habaneras vocales hacen referencia al baile: empezando por la primera que se conserva con el gentilicio habanera (El amor en el baile), cuya letra fue creada para ser cantada en concertación con la danza; o El arreglito, canción habanera con letra y música del maestro Iradier, la cual contiene dos versos que dicen así: «Una dancita / Vamos a bailar».

Concederé que —al igual que ocurrió con la «Seguidilla murciana» o la «Jota» de las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla, en un momento dado este tipo de composiciones dejan de concebirse como música para ser bailada y devienen en canción de recital o concierto, para solista o coro, a capela o con acompañamiento instrumental (guitarra, piano, orquesta…). En otras palabras, música «para ser escuchada», por así decir: más dulce, más expresiva, más elegante, no subordinada a la danza. Pero eso es una circunstancia más bien accidental que no altera la naturaleza esencial de la forma musical: una habanera es una habanera tanto si se baila como si no, del mismo modo que la «Seguidilla murciana» de Falla sigue siendo una seguidilla aunque no se baile (de hecho, podría ser danzada perfectamente). Dicho de otra forma: con relación a estas formas musicales fronterizas, se puede distinguir entre música de baile/música no destinada a ser bailada sin separar. En este sentido, no hará falta recordar que el número 5, «Habanera», del I acto de la ópera Carmen de Georges Bizet es un aria para mezzosoprano; ciertamente, melódica música vocal. No obstante, se ha coreografiado no menos de once mil doscientas veces, de acuerdo con el número de vídeos que devuelve el motor de búsqueda de Google.

Comoquiera que sea, en los salones urbanos cubanos la habanera cantada-tocada-bailada adquirió su característico aire moderadamente lento, compás binario y ritmo de balanceo (2/4 con esquema rítmico de corchea con puntillo, semicorchea y dos corcheas, patrón rítmico llamado tango-congo en la isla de Cuba). Tomando su nombre de la capital cubana, regresa a la península ibérica y más tarde pasa a Francia (Bizet, Chabrier, Debussy, Ravel…) convertida en danza habanera, canción habanera o tango americano. Ya como música popular, ya como música de baile, ya como música de salón, ya como música de concierto, ya como música de teatro, la habanera gozó de gran popularidad en Europa y se difundió por diversos países hispanoamericanos durante la segunda mitad del siglo XIX (México, Uruguay, Argentina, Chile…). Tiene naturaleza de cante de ida y vuelta, con constantes flujos y reflujos entre la Perla de las Antillas y la Península (al fin y al cabo, la isla de Cuba fue territorio español hasta 1898).

Como se ha dicho, la primera habanera vocal documentada proviene de Cuba. Escrita para voz y piano, lleva por título El amor en el baile. Firmada con las iniciales C. P., data de 1842. Pocos años después, en la madrastrona patria el músico navarro Emilio Arrieta (1821-1894) compone un tango cantado para su zarzuela Marina:

Emilio Arrieta (1821-1894): «N.º 11. Tango final. Cantado por el Sr. Salas», en Marina. Zarzuela en 2 actos con letra de Francisco Camprodón y música del maestro Emilio Arrieta. Biblioteca Digital Hispánica. Obra reproducida perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España

La zarzuela Marina fue estrenada en el Teatro del Circo de Madrid el 21 de septiembre de 1855. Posiblemente, el «Tango final» de la zarzuela sea el primer ejemplo de tango español (habanera) inserto en una obra escénica (precioso, por cierto; muy inspirado). Además, es de temática marinera:

Dichoso aquel que tiene
la casa a flote, la casa a flote,
a quien el mar le mece
su camarote, su camarote,
y oliendo a brea, y oliendo a brea,
al arrullo del agua se balancea.

Teniendo en consideración que la protagonista de la historia, Marina, vive en el pueblo costero de Lloret de Mar en la Costa Brava catalana y está enamorada de Jorge, un capitán de barco, no anda lejos de la verdad la afirmación de que las Cantades d’havaneres que se producen en toda la Costa Brava durante la temporada estival (Vulpellac, Callella de Palafrugell, L’Estartit, Platja d’Aro, Pals, Begur, Llafranc, Palamós, Sant Feliu de Guíxols y Tamariu) tienen un antecedente en este tango de la zarzuela Marina.

Ha de aclararse que este número se refiere con frecuencia como la habanera «Dichoso aquel que tiene» de la zarzuela Marina, cuando el autor la tituló como tango. Por lo que corresponde a la zarzuela española, el tango presenta características semejantes a las de la habanera (no digo nada de la estructuración seccional).

En 1857, Francisco Asenjo Barbieri introduce en su obra El relámpago (zarzuela en tres actos, arreglada a la escena española y escrita en verso; con letra de F. Camprodón) el número 13 «Tango, Final», con el idiosincrásico ritmo de tango o habanera (a cargo de la mano izquierda en la reducción de piano):

Francisco Asenjo Barbieri (1823-2894): «N.º 13. Tango, Final», en El relámpago. Zarzuela en tres actos. Arreglada a la escena española y escrita en verso; por F. Camprodón. Música del Maestro F. A. Barbieri. Madrid: Casimiro Martín, 1857. Biblioteca Digital Hispánica. Obra reproducida perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España

Y repite dos años después, en 1859, con el número 8 «Tango. Como tengo la cara nega» de su zarzuela-disparate en dos actos, con letra de Luis de Olona, Entre mi muger y el negro. Ambos tangos aluden a temas cubanos y nostalgia de lo tropical y caribeño.

Francisco Asenjo Barbieri: «Núm. 8. Tango cantado por el Sr. Cubero», en Entre mi muger y el negro. Zarzuela-disparate en 2 actos (1859). Biblioteca Digital Hispánica. Obra reproducida perteneciente a los fondos de la Biblioteca Nacional de España

Hacia 1857, el compositor alavés Sebastián Iradier Salaverri (1809-1865) fijó su residencia en Cuba durante un tiempo, interesándose por la música popular criolla. Con la canción habanera El arreglito (publicada en París circa 1863, poco antes de su muerte), el maestro Yradier establece el modelo musical culto de la forma canción habanera; y con La Paloma, le da fama internacional.

Sebastián Iradier: El Arreglito, canción habanera. El Arreglito del maestro Yradier es la primera canción habanera de autor y la segunda habanera vocal documentada en la historia de la música. Se convirtió en modelo de la forma. Partitura bajada de IMSLP Petrucci Music Library

En su novela de 1883 La Tribuna, Emilia Pardo Bazán describe a una adolescente tocando una habanera al piano:

Y echando hacia atrás la cabeza y a Baltasar una mirada fugaz, arrancó del teclado los primeros compases de mimosa habanera. La melodía comenzaba soñolienta, perezosa, yámbica; después, de pronto, tenía un impulso de pasión, un nervioso salto; luego tornaba a desmayarse, a caer en la languidez criolla de su ritmo desigual. Y volvía monótona, repitiendo el tema, y la mujercita, que no sabía interpretar la página clásica del maestro italiano, traducía, en cambio, a maravilla la enervante molicie amorosa, los poemas incendiarios que en la habanera se encerraban.

Me fascina eso de que la joven pianista traducía de maravilla «la enervante molicie amorosa» (= el debilitante abandono invencible al placer amoroso) de la escandalosa habanera. Más romántico, imposible.

La habanera arraiga con fuerza en la España peninsular, donde ejerce una fuerte influencia sobre los cantes de Cádiz (tangos y tanguillos), asentados sobre el esquema rítmico de la habanera. En lo concerniente a las conexiones entre el tango español y la habanera, pueden aportar alguna luz la música y el texto de la «Danza de los negritos», número 8 de la zarzuela Cádiz, con música de los maestros Chueca y Valverde y letra de Javier de Burgos, y estrenada en el Teatro Apolo el 20 de noviembre de 1886. En la partitura figura como indicación de tempo: «Aire de Tango» (al igual que sucedía con el «Tango final» de Marina). El esquema rítmico obstinado en el bajo es el característico de tango o habanera. El texto comienza así:

¿Quieren escucharnos un tanguito muy salao?
¿Que hace muy poquito se ha inventao?

Chueca, Valverde & de Burgos: Cádiz (zarzuela en dos actos, 1886). Núm. 8: «Danza de los negritos», con «aire de tango» para los autores

Con la expresion «aire de tango», los autores se están refiriendo al tango americano (toques y bailes de negros), es decir, a la danza habanera, y al tango español, descendiente de aquel. Cabe inferir la conexión que hay entre el tango americano, de un lado del Atlántico, y el tango español y el tanguillo gaditano, del otro lado. En general, cuando el ambiente es más lírico y amoroso, sentimental, dulce y elegante, se suele preferir el término habanera; y cuando la música es más rápida, más rítmica y bailable, y con frecuencia humorística y jocosa, tango. Dicho lo cual, hay que advertir que el uso no es demasiado consistente, y ambos términos (tango y habanera) se utilizan indistintamente para denotar el mismo tipo de pieza.

En nuestros días, y por lo que atañe a los palos del flamenco, bien que conectados, hay una clara diferencia entre los tangos y los tanguillos. Cuando se dan palmas por tangos, los palmeros combinan, ora sucesivamente, ora simultáneamente, estos dos esquemas rítmicos básicos en aire allegretto. En la actualidad, no es evidente la presencia del patrón rítmico tango-congo o habanera en el tango flamenco:

Esquemas rítmicos de las palmas por tangos (tango flamenco)

En cambio, los tanguillos de Cádiz son contradictoriamente polirrítmicos: melodía en subdivisión ternaria sobre bajo con ritmo de habanera de subdivisión binaria; todo ello enriquecido por variados toques de palmas entre los que predomina aquel con figuración de silencio de corchea, dos semicorcheas, silencio de corchea o corchea sonora y corchea. Los tanguillos son de chufla, comparseros o carnavalescos, y hasta se «rapean» (Sprechstimme):

Polimetría y polirritmia contradictoria básica del tanguillo. Nótese la presencia del esquema rítmico tango-congo o habanera en uno de los diseños rítmicos que forman parte de los tanguillos de Cádiz (el del bajo)

En mi opinión, el tanguillo está más próximo a la originaria danza habanera; puede concebirse como una habanera andaluza acelerada de carácter jaranero y alegre. En el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid, yo acompaño los tanguillos de Cádiz al piano poniendo el patrón rítmico de habanera en el acompañamiento de la mano izquierda y la melodía en tresillos en la derecha (equivalentes a un 6/8), lo que confiere al tanguillo su singular impulso rítmico y gracejo. Repárese en que la última fracción del compás queda acentuada por mor de la síncopa:

Tanguillo de Cádiz para acompañar las clases de Danza Española. Patrón rítmico de habanera en la mano izquierda y tresillos en la derecha

Pero volvamos a las habaneras. Otra bellísima y ensoñadora habanera es , con música de Eduardo Sánchez de Fuentes y letra de su hermano Fernán Sánchez (Fernando Sánchez de Fuentes). Fue compuesta en 1892, y la primera edición está fechada en 1894.

Eduardo Sánchez de Fuentes: (habanera). Compuesta en 1892, editada por primera vez en 1894. Partitura bajada de IMSLP Petrucci Music Library

Debido a las relaciones comerciales entre la Península y las Antillas, la habanera —con su peculiar carácter lejano y nostálgico— quedó asociada a los marineros y al ir y venir de las flotas mercantes. Por esta razón, es frecuente encontrar certámenes y festivales de habaneras en la costa española (Festival de Habaneras de Vigo, cantadas de habaneras de la Costa Brava catalana, certámenes de habaneras de Torrevieja, habaneras de Cádiz, &cétera).

Galicia. Provincia de La Coruña. Costa de la Muerte. Laxe (Lage). XV Certame da Canción Mariñeira 2016

Galicia. Provincia de La Coruña. Costa de la Muerte. Laxe (Lage). XV Certame da Canción Mariñeira 2016

Formas derivadas como el danzón cubano, el tango-habanera, el tango argentino, la danza mexicana y otras traen origen de la habanera o se vieron fuertemente influenciadas por esta canción y danza. En el conservatorio de danza, es clásico acompañar los ejercicios de battement fondu con habaneras o tango-habaneras (síncopa de semicorchea-corchea-semicorchea y dos corcheas). Provoca una calidad de movimiento muy especial (no sé si se nota que me encantan las habaneras; las encuentro ideales para improvisar).

I. Albéniz: Deux Morceaux Caracteristiques. Spanish National Songs for Pianoforte. Op. 164, núm. 2: «Tango» (ca. 1889). En este tango-habanera se puede reconocer la variante sincopada del ritmo de habanera (semicorchea-corchea-semicorchea y dos corcheas) y, tal vez, la influencia del tanguillo de Cádiz, con la figuración de tresillos en la melodía

En Torrevieja existe el Museo de la Habanera Ricardo Lafuente Aguado. Ricardo Lafuente fue, además de prolífico compositor de habaneras, fue autor del libro La habanera en Torrevieja (Madrid: CSIC, 1984). También escribió la habanera Torrevieja y el himno de la ciudad.

 

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