Motociclismo. Rutas en moto y mototurismo

CAMINO REAL DE VALLADOLID (julio de 2015)

En este artículo recojo la indagación con documentos históricos (fuentes primarias) y el trabajo de campo (ruta en moto) llevado a cabo para recrear el tradicional viaje por el camino real de Valladolid en tiempos de la Ilustración española (siglo XVIII).

Entrada actualizada en mayo de 2016.
Entrada actualizada en octubre de 2016.
Entrada actualizada en diciembre de 2016.

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FIN DE SEMANA EN MOTO (julio de 2015)

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo», decía Ortega y Gasset. Debido a una serie de circunstancias, tanto profesionales como personales, durante el curso he estado bastante ocupado los fines de semana, con poco tiempo libre.

Este fin de semana pasado sí disponía de tiempo para mí. Coincidiendo con la segunda ola de calor del verano, las alternativas eran: 1) quedarme en casa con el aire acondicionado; probablemente, comiéndome el tarro más de la cuenta o 2) rular en moto por la piel de toro. Opté por la segunda alternativa.

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EN MOTO POR EL OESTE PENINSULAR (julio de 2014)

Acabo de volver de un paseo en moto por el salvaje oeste peninsular. Según el escritor y filósofo Miguel de Unamuno, por «el más bello, más agreste y más impresionante paisaje de España entera» (citado en Francisco Martín Martín y José M. Díez Laplaza: Arribes del Duero. A caballo entre Zamora y Salamanca. Segovia: Artec Impresiones, 1996, p. 26)

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TRAJE DE MOTORISTA BKS LEATHER (noviembre de 2013)

De tierras de Albión me llegó la semana pasada mi nuevo traje de motorista BKS (Brian Keith Sansom) made in England. Andaba tras él desde hacía años, pero entre unas cosas y otras, había ido posponiendo el asunto. Ha costado pero, al final, ha caído.

Traje de motociclista BKS

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ODISEA MEDITERRÁNEA (marzo-abril de 2013)

En esta periégesis contemporánea recojo la información relativa a la geografía, historia, arte, costumbres… y relato las experiencias y observaciones del viaje europeo en motocicleta que he realizado durante la Semana Santa de 2013.

Actualización (9-8-2015): he repetido parte del viaje en julio-agosto de 2015. He incorporado nuevas imágenes a esta antigua entrada.

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RODANDO EN MOTO POR LA COMUNIDAD DE MADRID (octubre de 2011)

(Post recuperado de mi antiguo blog de Myspace [diciembre de 2010 a mayo de 2013])

Aprovechando el buen tiempo, he pasado la mañana rodando en moto por la Comunidad de Madrid. Aunque inicialmente tenía pensado hacer una ruta más larga, como me he estado parando mucho —un café aquí, una foto allá—, al final la he acortado para llegar a Madrid a la hora de comer. Otro día hago el tramo que me falta.

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PASEO EN MOTO POR FRANCIA Y LUXEMBURGO (II. Julio de 2011)

(Post recuperado de mi antiguo blog de Myspace)

[Viene de la entrada «Paseo en moto por Francia y Luxemburgo (I. Julio de 2011)»].

 

Más accidentes naturales

La siguiente visita fue al lago de Hourtin y Carcans, que es el lago natural más grande de Francia (dije anteriormente que esta era una tierra de récords. Matizaré que, en cuanto región natural, seguimos en las Landas; pero, desde la perspectiva de la geografía política, ya no estamos propiamente en las Landas de Gascuña, sino en las Landas del Médoc, al noroeste de Burdeos, en el departamento de Gironda).

Lago de Hourtin y Carcans, Aquitania, Francia

De ahí me fui a la punta de Grave. La punta de Grave está situada en el extremo norte de las Landas, en la desembocadura del estuario de Gironda. Este estuario, común a dos ríos (el Dordoña y el Garona, aguas abajo de Burdeos) es el más largo de Europa (y seguimos con los récords).

Estuario de Gironda. Al fondo, Royan, en el departamento de Charente Marítimo, región de Poitou-Charentes

En este estuario no existe un puente similar al Puente 25 de abril de Lisboa, así que para pasar al otro lado hay que coger un transbordador, apodado le bac. La línea marítima conecta la población de Le Verdon-sur-Mer, la comuna más septentrional de las Landas, con Royan, en el departamento de Charente Marítimo, región de Poitou-Charentes (unos seis kilómetros al Norte, en la orilla opuesta).

Estuario de Gironda (vídeo)

 

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Saintes y Saint-Maixent l’École

Mi siguiente parada fue en Saintes, en el departamento de Charente Marítimo en la región de Poitou-Charentes (seguimos en la vía de Tours del Camino de Santiago). Saintes es una ciudad fundada por los romanos hace más de dos mil años a orillas del río Charente. Este es el arco romano de la ciudad, erigido en 18-19 en la vía romana Lyon-Saintes (vía Agripa), en el puente sobre el río Charente.


La moto junto al Arco de Germanicus en Saintes. Marcaba la entrada a la villa por la calle principal, el decumanus maximus


Mi interés por la ciudad de Saintes radica principalmente en que hace ahora exactamente 25 años recibí una beca de estudios que me permitió participar en el Festival de Música Antigua de Saintes (era cuando estudiaba clave en Barcelona). Estuve alojado en el actual conservatorio municipal, la antigua Abbaye-aux-Dames. Fue bonito recordar viejos tiempos.


Conservatorio Municipal de Música y Danza de la villa de Saintes, Abadía Femenina. Poitou-Charentes, Francia

 


Salas del Conservatorio de Saintes


En este lugar tuve algunas de las experiencias vinculadas a la música antigua más interesantes de mi vida. No es extraño porque el festival contaba con figuras de primera categoría: Scott Ross, Philippe Herreweghe, William Christie, Jordi Savall… Pero como todo degenera, en la actualidad el festival ya no es de música antigua, y se ha abierto a otras músicas (en plan Carrefour o El Corte Inglés, que tienen de todo). También he visto una tienda en la abadía que, desde luego, no existía en mis tiempos. El economicismo degradando todo a su paso, como siempre.

También fui a ver qué están haciendo en la actualidad en el Festival de Danzas del Mundo de Saint-Maixent l’École, en el que colaboré hace dos décadas. Más o menos siguen en la misma línea.


Festival de Danzas y Músicas del Mundo de Saint-Maixent l’École, Poitou-Charentes, Francia



Isla de Re

La isla de Re es una isla que está frente al puerto de La Rochelle, en el océano Atlántico. Aunque está separada del continente por el estrecho Bretón, desde hace años está conectada a aquel por un imponente puente (2 € de peaje ida-vuelta para las motos, en Francia sí hacen la distinción entre dos y cuatro ruedas).

En este punto las mareas son muy fuertes, tal y como se puede apreciar en la imagen. Esto no deja de sorprender a alguien originario del Mediterráneo (en los puertos ibicencos siempre hay agua, no es «ahora hay agua, ahora no hay agua y ya veremos cuándo vuelve»). Esto de tener que sincronizar la navegación con las mareas no me convence nada.


Isla de Re, bajamar. Al fondo, el puente. Poitou-Charentes, Francia


La isla tiene un precioso faro denominado de las Ballenas. El Gran Faro de las Ballenas es un faro de primer orden de la costa atlántica francesa. Está situado en la punta oeste de la isla (o sea, que te la tienes que recorrer entera para llegar). El nombre proviene de las ballenas que se encontraban varadas en este lugar en el pasado.


Faro de las Ballenas (1854). Isla de Re, Poitou-Charentes, Francia.


El faro es visitable, al igual que un pequeño museo que han instalado en una antigua escuela de torreros de faros, situada junto al faro. En cuanto bisnieto de farero (mi bisabuelo fue uno de los torreros del Faro de Punta del Este, en Uruguay), mi disposición-tendencia-atracción por los faros es muy fuerte (ya se ve que es un rasgo hereditario, sobre todo dada nuestra elevada afinidad genética), de modo que los voy buscando. Por 5 € puedes visitar el faro y el museo (en Francia pagas absolutamente por todo).

Para llegar a la linterna, a 57 m sobre el nivel del mar, te tienes que subir 257 escalones de una escalera helicoidal, pero haciendo paradas en cada piso y echando un vistazo, se hace llevable (en esta ocasión me guardaron el casco y el resto de la impedimenta en la recepción).


Escalera helicoidal del Faro de las Ballenas, isla de Re, Poitou-Charentes, Francia.


Desde la linterna de este faro puesto en servicio en 1854 se ve justo enfrente la antigua Torre de Vauban o de las Ballenas, de 1682. Es el segundo faro más antiguo de Francia, precedido en 1611 por el Faro o Torre de Cordován, en la entrada de la desembocadura del Gironda. El primigenio Faro de las Ballenas, con 29 m, tenía un alcance insuficiente, por lo que fue necesario sustituirlo por el actual.


Torre Vauban o de las Ballenas, isla de Re, Poitou-Charentes, Francia. A la derecha se ve algo de las esclusas para peces, un curioso método de pesca de la isla (sumergidas en la pleamar, los peces quedan atrapados cuando las aguas se retiran en la marea baja. En este enlace uno se hace una idea más clara de su estructura y funcionamiento).

 

Nantes y el Mont Saint-Michel

Continué el viaje con dirección norte, hacia el Monte San Miguel. En la anterior entrada mencioné que viajar en moto implica ciertas molestias e incomodidades. Por ejemplo, las ampollas que te salen en la mano de tanto dar gas (no se deben a lo que algunos malpensados habrán supuesto), y eso que vas con guantes:


Ampollas debidas al roce con el puño del gas. Aquí llevo: una llaga abierta, una ampolla formada y otra formándose. Aparecieron más quemaduras


En el camino hice una parada en Nantes (Loira). La reciente restauración de la Catedral de San Pedro y San Pablo de Nantes ha hecho que la admirable fachada recupere la blancura propia de la toba calcárea.


Catedral de San Pedro y San Pablo de Nantes, Loira, Francia


Y por fin, llegué al Monte San Miguel, Patrimonio de la Humanidad. Voici la preuve documentaire attestant que je suis arrivé à moto après 1.600 km.


Monte San Miguel, La Mancha, Normandía, Francia


Por supuesto, en Francia pagas por todo. Aunque, al menos, distinguen entre las dos y las cuatro ruedas (o más).


Párking del Monte San Miguel. Moto: 2 €. Todo sea por hacer una contribución «a la operación de restablecimiento del carácter marítimo del Monte San Miguel».


Hay que tener algún cuidado porque ese párking es sumergible, de modo que cuando las mareas son vivas y la pleamar es muy alta —por encima de 12,20 m, se dice rápido— el aparcamiento se inunda. En la bahía del Monte San Miguel se dan las mayores mareas de Europa. Llegué dos días antes de la luna llena (sizigia), así que a mí no me tocó inundación, pero casi (12,05 m: por los pelos).

Me hospedé un uno de los alojamientos recomendados por Le journal des motards. Los Relais Motards constituyen una cadena de 354 establecimientos hosteleros dedicados a los motoristas y cuyos propietarios son motoristas o aficionados a las dos ruedas. Teniendo en consideración las características de mi viaje, me pareció de rigueur alojarme aquí.


Establecimiento motero en el Monte San Miguel, Normandía, Francia


Las puestas de sol desde la terraza de la iglesia abacial son soberbias, pues se tiene una visión completa de la bahía. Algunos temerarios no tienen miedo de ser tragados por sus arenas movedizas (la verdad es que iban con guía).


Puesta de sol desde la terraza de la iglesia abacial del Monte San Miguel, Normandía, Francia. Adviértase el grupo de inconscientes que caminan por la bahía con grande peligro para sus vidas


Por la noche hacen un espectáculo de ambientación, luces, diaporama, recitales instrumentales (traverso, violonchelo, arpa)… con toques de chill-out en el Monasterio de la Maravilla de la abadía (en la abacial, solo el recital de arpa) titulado Canto de sombras en la Maravilla. ¡Me aplicaron la tarifa reducida por ser profesor (5,50 €; la tarifa plena es de 9 €)!


Canto de Sombras en la Maravilla, Mont Saint-Michel, la Mancha, Normandía, Francia

Abadía del Monte San Miguel

El desembarco de Normandía

Mi particular tour de France prosiguió por las playas del desembarco de Normandía, en el departamento de Calvados. Esta es la playa de Omaha a la altura de Colleville-sur-Mer, uno de los principales puntos de desembarco de los aliados en la Francia ocupada, a cargo de las tropas estadounidenses.


Playa de Omaha en Colleville-sur-Mer. Sector Easy Red


Justo al lado está el Cementerio y Monumento Conmemorativo Americano de Normandía, gestionado por la Comisión de Monumentos de Batallas Americanas, una agencia estatal estadounidense establecida en 1923 por el Congreso de los Estados Unidos y dependiente del Gobierno Federal. El pueblo francés cedió a perpetuidad un terreno de unas 70 Ha en el que se instituyó este cementerio.


Cementerio y Monumento Conmemorativo Americano de Normandía, Colleville-sur-mer, Francia


El ambiente que se respira ahí es muy especial, muy emotivo. A mí se me pusieron los pelos de punta, y en mi cabeza no dejaban de resonar los versos de La Dorotea de Lope de Vega: «Oigo tañer las campanas / y no me espanto, aunque puedo, / que en lugar de tantas cruces / haya tantos hombres muertos». Y es que están enterrados 9.387 militares, la mayoría de los cuales perdieron la vida en los desembarcos del día D y las operaciones subsiguientes. 307 combatientes no pudieron ser identificados; ocupan tumbas de soldados desconocidos.


Tumba del soldado desconocido, Cementerio y Monumento Conmemorativo Americano de Normandía, Colleville-sur-mer, Francia


Como la muerte iguala a todos («Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / qu’es el morir; / […] / allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / e más chicos: / allegados, son iguales / […]»), están juntos sin distinción el soldado, el sargento, el teniente y el capitán.

No paraba de pensar en el valor pedagógico de estos lugares. Cuando a alguien (incluyendo a políticos; mejor dicho, éstos especialmente) le entran ganas de llevar a cabo enfrentamientos armados, yo lo mandaría a este cementerio a reflexionar y ver lo que pasa cuando se hacen guerras (a ver si llega a alguna conclusión).

Toda la zona está llena de museos del desembarco. Este es el de Arromanches-sur-Mer, donde quedan restos del puerto artificial Winston o puerto Mulberry B.


Museo del Desembarco, Arromanches-les-Bains, Calvados, Normandía, Francia.


Como de Francia había visto lo que quería ver (en esta ocasión), tomé dirección oeste hacia la ciudad de Luxemburgo, que no conocía (había pasado, pero no me había detenido).

Ya he dicho que viajar en moto conlleva algunos inconvenientes. Desde luego, no hay equipo de motorista que valga para el sol de justicia y 35º a la sombra de la meseta española, y el frío y la lluvia y los 15º del norte de Francia. Así que, pese a que decidí llevarme la chaqueta de cuero con Gore-Tex y membrana climática, etc., con la humedad y la velocidad el frío se calaba progresivamente. Iba poniéndome cada vez más mangas pero sin demasiado efecto. Los motociclistas acaban desarrollando un robusto estoicismo (pues a ver qué vas a hacer: aguantarte. Y si no, pues a viajar enlatado). La ventaja es que con la lluvia y el frío dejas de despachurrar (y tragarte) bichos y no tienes que estar limpiando las gafas de sol o la visera del casco cada rato (ahora lo que tienes que hacer es retirar el agua).

Tardé mucho en llegar a Luxemburgo porque, además de las inclemencias del tiempo, por carreteras secundarias las medias son muy bajas (me salía a unos 65 km/h aproximadamente). Para empezar, a diferencia de España, en Francia las variantes son raras. Incluso en poblaciones de cierta importancia, no hay alternativa, y te tienes que atravesar todo el pueblo sí o sí (aunque, en general, me gusta mucho hacer eso, en algunos momentos uno acaba un poco harto de los petits villages français —algunos tienen poca gracia—). Para continuar, hay montones de radares: fijos y móviles, de semáforo, de cabina, de tramo, de pórtico. La Gendarmerie Nationale está con frecuencia al acecho (habitualmente, camuflada). En Francia se aplica con todo rigor la legislación de tráfico. La velocidad de travesía en los petits villages es de 30 km/h (es igual para todos los vehículos, pero el hecho es que la energía cinética de una motocicleta no es igual a la energía cinética de un camión de 30 toneladas). Finalmente, a medida que el cansancio aumenta, las paradas son cada vez más frecuentes (el culo y la espalda empiezan a doler un poco más de la cuenta). Pero bueno, con frío, lluvia, viento, gendarmes y tiempo, llegué.

El Luxemburgo belga y el Luxemburgo luxemburgués

Para llegar al Luxemburgo luxemburgués atravesé el Luxemburgo belga (resultado de la división ratificada por el Tratado de Londres de 1839).

Las patatas fritas son una verdadera institución en Bélgica y forman parte de sus tradiciones culinarias. En cualquier sitio encuentras friteries o baraques à frites. Hay un sindicato profesional belga de la patata frita (sin coña), y hasta un museo de la patata frita en Brujas. Elaboradas por los frituristes, se toman acompañadas de diversas salsas (las salserías madrileñas son un remedo de las friteries belgas). Por supuesto, nada más poner los pies —o, más bien, las ruedas— en Bélgica, cumplí con las exigencias de tan inveterada tradición en una friterie de carretera. La frituriste que me atendió era muy simpática y estuvimos charlando animadamente y bromeando.

En la ciudad de Luxemburgo, en el Luxemburgo luxemburgués (Gran Ducado de Luxemburgo), creo que me despisté un poco en el viaducto (no me he comprado el TomTom Rider, navegador para moto. Viajo al modo tradicional, con mapas y brújula) y Dios sabe dónde me metí con la moto, porque acabé delante de un coche de policía (lo mío con la policía es para hacer un estudio) del que se bajó un agente para preguntarme qué hacía yo allí (¡je cherche l’hôtel!). Con toda amabilidad me dio las oportunas indicaciones (no me pidió documentación ni nada) y por fin llegué. El inexperto recepcionista del hotel no encontraba el cupón de mi reserva, siendo el caso que la tenía confirmada y garantizada, pero bueno, me dio una habitación y el asunto se resolvió al día siguiente con un recepcionista más experimentado.

Más o menos me vi todo lo que había que verse (había planificado la visita desde España): El Palacio Gran Ducal, la Cámara de los Diputados, el Ayuntamiento, el Banco y la Caja de Ahorros del Estado, la Ciudad de la Justicia, Gëlle Fra, etcétera. Todo precioso (la ciudad, como no podía ser de otra manera, es Patrimonio de la Humanidad). Así, como cosa curiosa, me llamaron la atención dos esculturas. Una bola que daba vueltas sobre un colchón de agua sin mecanismo visible y sin hacer ruido (menudos rodamientos debía de tener la bola en cuestión).


Ciudad de Luxemburgo. Estructura móvil. La fotografía estática no le hace justicia, hay que verlo en rotación


Y unas estatuas de músicos y bailantes en la plaza del Teatro de los Capuchinos.


Saltimbanquis (Benedicte Weis). Plaza del Teatro (Teatro de los Capuchinos), ciudad de Luxemburgo

La vuelta


La vuelta la hice por la vía de Limoges del Camino de Santiago, que pasa por Bourges, Limoges, Périgueux… Esto ya lo hice más rapidito, aunque he contemplado catedrales y demás. Prácticamente todo lo que he visto es Patrimonio Mundial (uno de mis criterios de selección de destinos turísticos), así que en realidad uno podría estarse meses visitando estos lugares.

La vía de Limoges acaba en la localidad de San Juan Pie de Puerto, la penúltima población antes de la frontera española (la última es Arnegui, pero esta la cruzas sin apenas enterarte). Desde ahí y por el desfiladero de Roncesvalles, se entra en España pasando por Valcárlos y Roncesvalles. El puerto de Ibañeta es un primer hito para los peregrinos del Camino de Santiago en la parte española.


Puerto de Ibañeta, próximo a Roncesvalles, Navarra


Saliendo de Roncesvalles, había en la carretera un control policial con los nacionales armados hasta los dientes, con subfusiles ametralladores (parecían HK MP5, quizá A5) y demás (todo muy pacífico y sin ninguna tensión, igual que en Luxemburgo, lo mismito). Tras las preguntas gauguiniano-tahitiano-cósmicas habituales (¿de dónde venimos? ¿quiénes somos? ¿adónde vamos?) y las comprobaciones de identidad de rigor,
continué mi camino sin novedad.

Mi singular «motogrinación» acabó en Madrid. Cansado pero contento de la experiencia. A ver cuándo me hago otro viaje en motocicleta.

 

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PASEO EN MOTO POR FRANCIA Y LUXEMBURGO (I. Julio de 2011)

(Post recuperado de mi antiguo blog de Myspace [diciembre de 2010 a mayo de 2013])

Acabo de regresar de mi paseo motorizado europeo anual. Una semana rulando (nunca mejor dicho) con mi BMW F 650 CS Scarver por Francia y un poco de Bélgica y Luxemburgo.

BMW F 650 CS Scarver

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