EN MOTO POR EL OESTE PENINSULAR (julio de 2014)

Acabo de volver de un paseo en moto por el salvaje oeste peninsular. Según el escritor y filósofo Miguel de Unamuno, por «el más bello, más agreste y más impresionante paisaje de España entera» (citado en Francisco Martín Martín y José M. Díez Laplaza: Arribes del Duero. A caballo entre Zamora y Salamanca. Segovia: Artec Impresiones, 1996, p. 26)

De acuerdo con el computador de viaje TomTom Rider (maravillas de la tecnología), he recorrido una distancia de 2042 kilómetros a lomos de mi montura de metal.

Estadística del viaje. En realidad el viaje lo inicié el martes día 15 de julio; ahí sale el día que me instalaron el TomTom Rider

Me gusta viajar en motocicleta solo: estar uno, la moto y la carretera. En las paradas te sueles encontrar con otros motoristas que hacen lo mismo, momento en el que se comenta qué tal se está dando la ruta y se habla del mundo de la motocicleta, claro está. En la Puebla de Sanabria estuve departiendo con un poseedor de una Yamaha YFZ-R1 que, por motivos psicoafectivos (la parienta se niega a pasar un minuto más encogida en el asiento trasero), está pensando adquirir una BMW más rutera. En Benavente charlé con un propietario de una Yamaha TDM que bajaba de Asturias (ah, qué tiempos en los que a finales de los ochenta y principios de los noventa me desfogaba con una Yamaha XT-600). Yo venía de Orense; a ambos nos estuvo lloviendo todo el trayecto. Conversamos sobre los gajes de circular en moto en esas condiciones. Con impecable lógica, concluyó que esto de la moto, «o te gusta, o no te gusta». Suscribo su parecer.

Una de los tres protagonista de la historia: mi BMW F-650 CS Scarver, con postizo tuneado (para mal)

La motocicleta se portó bien y únicamente se le fundió un fusible, dejándome sin luz de posición trasera. Llevaba repuestos encima (experiencia acumulada de horas, días, meses y años en moto) y, tras su rápida sustitución, continué el viaje sin mayor problema. Sospecho que se le ha fundido ahora porque le han estado toqueteando el sistema eléctrico en el taller recientemente para instalar el «tonto»; pero que estos hechos correlacionen no implica que haya una relación causal. Puede que, simplemente, al fusible le tocara quemarse tras haber resistido más de setenta y cinco mil kilómetros sin protestar.

He tenido buen tiempo hasta el sábado 19 de julio, día en que empezó a llover y desde entonces no paró. Más o menos tenía pensado regresar el domingo o el lunes; como el viaje ya no tenía tanta gracia, decidí adelantar el retorno al domingo. Y aquí estoy, viendo fotos, recordando los lugares visitados y redactando esta entrada de mi blog.

 

Jornada primera

Madrid

Como iba de aventura, he improvisado bastante. De acuerdo con los cánones más rigurosos del motociclismo, salí de Madrid en dirección a Ávila por el camino histórico de El Escorial, atravesando el puerto de la Cruz Verde (1256 m). Está prohibido adelantar y había un taxi delante que iba más lento que el caballo del malo, por lo que la ascensión al puerto la hice a la infrasónica velocidad de 35 km/h, situación que satisfará enormemente a los miembros de mi entorno familiar y amistoso, a quienes les encanta cebarme con consejos prudenciales: «Las motos son muy peligrosas», «no corras», «cuidado», «mucho ojo», «no tumbes mucho, que ya estás como Ángel Nieto», &cétera.

Vista panorámica desde el puerto de la Cruz Verde, en la sierra de Guadarrama (Madrid)

Continuando por la M-505, crucé el puerto de La Paradilla (1342 m) y el viaducto del río Cofio, hasta ingresar en la provincia de Ávila. Hay un tupido pinar en la zona que impregna el entorno con su característica fragancia.

Comunidad de Madrid. Carretera M-505. Término municipal de Santa María de la Alameda. Viaducto sobre el río Cofio

Comunidad de Madrid. Carretera M-505. Término municipal de Santa María de la Alameda. Viaducto sobre el río Cofio

 

Ávila

En la provincia de Ávila, la CL-505 (carretera de El Escorial a Ávila) atraviesa un terreno de bordes quebrados, especialmente en el alto de Valdelavía (estamos en la vertiente meridional de la sierra de Malagón), en el que el pinar, las dehesas y los prados dan paso progresivamente a la aromática garriga (olía a romero y a jara pringosa). En dehesas y prados se veía ganado vacuno —también bravo—; supongo que de ahí salen los filetes de ternera de Ávila. La garriga confiere al paisaje un aspecto bastante desolado (Ávila es tierra de muchas navas). A cambio, el camino apenas tiene tráfico y se puede rodar a buen ritmo (allegro con moto, nunca mejor dicho).

Muralla de Ávila

Tras una parada para repostar, comer y descansar un poco, y un rápido reconocimiento de la muralla de Ávila del Rey, los Leales y los Caballeros, resolví tomar el café en la plaza Mayor de Salamanca. Aunque está en funcionamiento la autovía A-50 (autovía Ávila-Salamanca), sigue en servicio la carretera N-501, que fue por la que me desplacé (haciendo giras turísticas en moto procuro evitar las autovías o autopistas).

Hacía mucho calor, pero con la chaqueta BMW Airflow, que es de color claro, está calada y tiene buena ventilación, y abriendo las tomas de aire del casco, se pilotaba razonablemente a gusto. Por el camino tuve que hacer una parada técnica para encastrar una pieza de la moto que se había soltado; nada de mucha consideración.

 

Salamanca

El trayecto por la comarca de Ávila y la tierra de Peñaranda, a la entrada de la provincia de Salamanca, discurre por un terreno llano con algunas suaves elevaciones, típicamente meseteño, entre encinares adehesados, pastizales y campos de labranza de cereales. A unos quince kilómetros de Salamanca, la influencia del Tormes (principal afluente del río Duero por su margen izquierda) y la abundancia de regadíos se hace patente: te golpea una vaharada que, con las altas temperaturas, me dio la sensación de estar en una sauna húmeda.

Plaza Mayor de Salamanca

Aproveché la pausa para mirarme algún sitio donde dormir, entre las provincias de Salamanca y Zamora. Vagando por esos caminos de la piel de toro, uno nunca sabe dónde va a pasar la noche; si recalo en alguna localidad que me gusta, me quedo ahí; y si estoy cansado y no deseo seguir conduciendo, me adapto a lo que haya.

 

Ledesma

Desde Salamanca tomé rumbo oesnoroeste por la carretera comarcal SA-300, que avanza paralela al cauce del río Tormes, hasta Ledesma, en el extremo norte de la provincia. En las cercanías de la villa, el Tormes fluye con abundante caudal, erosionando la penillanura granítica que la circunda (el campo de Ledesma) y creando los primeros desniveles, anticipo de lo que vendrá después. Como se ve en las imágenes, hay muchos afloramientos de piedra berroqueña. En el paisaje predominan abundantes dehesas cubiertas de encinas y monte bajo y vegetación de ribera (álamos, fresnos, algún olmo, &cétera).

Puente Viejo sobre el río Tormes en Ledesma (Salamanca). El puente Viejo de Ledesma tiene cinco arcos, de los cuales dos ojivales. Al fondo, un lienzo de la muralla de piedra granítica de origen medieval que rodeaba la villa. Destaca la iglesia de Santa María la Mayor de Ledesma, construcción realizada en buena parte en estilo gótico hispano-flamenco o Reyes Católicos entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI

A la entrada de Ledesma sentí un dolor punzante en el cuello y en la horquilla esternal. Se me había colado algún himenóptero (no me puse a investigar cuál en concreto) por la abertura del cuello zhongshan de la cazadora, ya es casualidad. Buscando el camino de salida, me aguijoneó repetidas veces (por lo que infiero que no debía de tratarse de una abeja melífera; tal vez fuera una vulgar avispa). Se impuso una parada de emergencia para quitarme el jodido bicho de encima y aplicarme en las picaduras un poco de bálsamo del Tigre, que era lo que llevaba en la mochila.

Esto que cuento no es nada extraordinario, ya me ha pasado más veces. Recuerdo que en otra ocasión se me metió una abeja por el pantalón y me picó en la cara interior del muslo: a saber cómo se introdujo hasta ahí (cierto es que suelo llevar el pantalón por fuera de las botas). Al menos, descubrí hace tiempo que no soy alérgico…

Remansos del río Tormes en las inmediaciones de Ledesma (Salamanca)

Hacia el Noroeste, la carretera autonómica SA-302 me condujo, bordeando el embalse de Almendra (el tercero más grande de España), a la localidad de Trabanca. El pueblo es una de las puertas para acceder a la comarca natural de las Arribes (en castellano salmantino o habla ribereña) o los Arribes (en castellano zamorano o habla sayaguesa) del Duero, en el límite occidental de España, a caballo entre Salamanca y Zamora y la raya con Portugal (distritos portugueses de Guarda y Braganza).

Carretera SA-316/ZA-316, de Trabanca (Salamanca) a Fermoselle (Zamora). En el centro de la imagen, el Puente de San Lorenzo sobre el Tormes, que marca el límite entre las provincias de Salamanca y Zamora

De Trabanca parte la carretera comarcal SA-316, un tortuoso desfiladero que desciende hasta el puente romano de San Lorenzo, sobre el río Tormes:

Puente romano de San Lorenzo sobre el río Tormes

 

Zamora. Los Arribes

Por el fondo del desfiladero, el Tormes y el Puente de San Lorenzo marcan el límite entre las provincias de Salamanca y Zamora. Desde ahí, la carretera SA-316 se redenomina ZA-316. Seguí la vía trazada por los escarpes del cañón hasta Fermoselle, en la provincia de Zamora, continuando desde Fermoselle a la frontera con Portugal por la CL-527. He de subrayar que la carretera de Salamanca a Fermoselle por Ledesma goza de rancio abolengo: aparece reseñada como carretera de tercer orden en el Plan de Carreteras de 1864.

Arribes del Tormes o cañón del río Tormes, en las inmediaciones del Puente de San Lorenzo, en el límite de las provincias de Salamanca y Zamora

El topónimo Arribes alude a la zona geográfica del oeste peninsular en la que los ríos (singularmente, el Duero), en su fluir encajonados por la penillanura granítica y como resultado de una erosión milenaria, han horadado el terreno creando hondos y estrechos tajos y amplios cañones con desniveles de hasta 400 metros de altura. Más estrictamente, el término arribes se refiere a los cortados fluviales erosivos y laderas lindantes con los ríos.

Arribes del Duero desde la carretera autonómica CL-527 (de Zamora a la frontera con Portugal). Apréciese el enorme meandro que describe el Duero antes de comenzar su tramo internacional. Cultivos de olivar mediterráneo en primer plano

En los arribes se ha generado un microclima mediterráneo que permite el cultivo en bancal de vid, olivo, almendro y otros frutales. En el entorno crece un bosque de encinas y robles —rebollos o quejigos— y, junto a los ríos, hallamos sauces, fresnos y almeces.

Arribes del Duero, entre Fermoselle (Zamora) y el salto de Bemposta (Portugal). A la derecha, la sinuosa carretera autonómica CL-527

Como la profunda hendidura del Duero forma frontera con Portugal a lo largo de 112 kilómetros (otras fuentes señalan 122 kilómetros), la visita al Parque Natural de Arribes del Duero y al homólogo Parque Natural do Douro Internacional conlleva cruzar de un país al otro en repetidas ocasiones por diversos puentes internacionales. El Acuerdo de Schengen, por el que se suprimieron los controles en las fronteras de España y Portugal y se permitió la libre circulación entre estos países, facilita el tránsito por los respectivos espacios protegidos.

Señal S-930, indicadora del país hacia el que se dirige la carretera

Este es el aspecto del ensanchado río Duero en el embalse de Bemposta, en la frontera portuguesa:

Río Duero embalsado en Bemposta (Portugal)

Y en la siguiente fotografía se aprecian los arribes del Duero en el salto* de Bemposta (aguas abajo):

(* El término salto denota, primigeniamente, los saltos de agua de un río [rápidos o cascadas] debidos a desniveles en el terreno. El río Duero es uno de los más caudalosos de España y presenta los mayores desniveles en su curso medio, justo antes de la frontera con Portugal. Los fuertes desniveles, los elevados caudales y condiciones geológicas y topográficas ventajosas propiciaron la creación de un sistema de presas para embalsar sus aguas y producir energía hidroeléctrica. La colección de presas y embalses que compone este complejo hidroeléctrico recibe el nombre de Saltos del Duero o Sistema Duero).

Arribes del Duero en la presa o salto de Bemposta (Portugal). Vista desde la vertiente española. A la derecha de la imagen, el país lusitano

Desde Trabanca hice el recorrido completamente solo; no había un alma por allí. Tiene narices que mi momento extático-zen de contemplación del admirable paisaje en silencio se viera frustrado por la aparición de dos números de la Guardia Civil-Seprona con sus petardeantes motocicletas, dedicándose uno de ellos a hacer sus ejercicios de control y equilibrio sobre moto a baja velocidad en el lugar. La poli, siempre chafándome mis experiencias estéticas. Me miraron inquisitivamente de arriba abajo, mas no me dijeron nada.

Retorné a mi país (dicho así suena sumamente épico, pero la verdad es que apenas anduve unos metros sobre la presa de Bemposta) y, deshaciendo el camino, regresé a la localidad de Fermoselle, en la comarca zamorana de Sayago.

Señal S-920, indicadora de la entrada al territorio español

 

Fermoselle

Me gusta la descripción que hace la Wikipedia de la villa de Fermoselle, así que la cito: «En la tortuosa topografía de peñascos, fallas y despeñaderos, y sobre un cuchillo de peñas, se erige la villa de Fermoselle, capital de Los Arribes y en algunas ocasiones se la denomina como “el balcón del Duero”».

Arribes del Duero desde Fermoselle (Zamora), el «balcón del Duero»

El pueblo se ha levantado sobre un áspero peñascal granítico:

Peñasco granítico sobre el que se asienta la villa de Fermoselle (Zamora)

Como el tiempo pasaba y había que pernoctar en algún sitio, me incliné por trasladarme a la —relativamente próxima— muy noble y leal ciudad de Zamora por la CL-527, anteriormente carretera comarcal C-527 (de Zamora a Portugal por Fermoselle); prolongación, a su vez, del antiguo camino histórico de Zamora a Fermoselle por Bermillo y Sayago. La CL-527 cruza la comarca de Sayago, desde los cortados fluviales del Duero internacional hasta la capital de la provincia.

 

Ciudad de Zamora

Una vez registrado en un hotel céntrico, me dediqué a visitar la ciudad. Me acordé mucho de una de las profesoras que me impartió clase de Lengua Castellana y Literatura en el instituto de bachillerato, Milagros Pierna Belloso, natural de Zamora. Me parecía simpático que la sensible catedrática zamorana hubiera acabado en Ibiza y, muchos años después, el alumno ibicenco deambulara por su ciudad de origen. Aprendí en cantidades industriales con ella (tuve magníficos profesores en el instituto). Si alguna vez en la vida llega a leer esto, confío en que se congratule de mi correcta ortografía. Todavía está grabada en mi cerebro, acompañada de vergonzante sentimiento, aquella vez que en su clase escribí arrollo (de arrollar) en vez de arroyo («caudal corto de agua»). Eso sucedió hace veintiocho años. Uno comete una falta de ortografía y ve su vida irse por la cloaca: desde entonces nunca más he vuelto a levantar cabeza (bueno, a decir verdad, mi vida era un infierno desde antes).

El casco antiguo de Zamora, circundado en buena parte por murallas, se alza sobre una muela rocosa emplazada a orillas del Duero, a manera de vado.

Zamora a la puesta de sol. Silueta (skyline) del casco antiguo desde el Duero

El acceso al recinto cercado puede hacerse por la más antigua puerta de Olivares, Óptima o del Obispo, un sencillo arco abierto en la muralla en el que desembocaba la ruta de la Plata…

Puerta de Olivares, Óptima o del Obispo

… o por la más moderna puerta de Zambranos, de la Reina o de doña Urraca, un triple arco de medio punto de la segunda mitad del siglo XII o principios del XIII flanqueado por cubos semicirculares:

Puerta de doña Urraca (ss. XII-XIII)

La archifotografiada Catedral del Salvador, con su recia torre occidental y su cimborrio gallonado y con escamas, preside la ciudad de Zamora:

Catedral del Salvador o de la Transfiguración de Jesús de Zamora. En primer término, el atrio que antecede la portada del testero norte del transepto, de estilo renacentista (arquitectura clasicista de Juan de Ribero Rada, 1592)

Catedral de Zamora. Detalle de la torre occidental

La portada del Obispo (s. XII), en el brazo meridional del transepto, es la puerta más antigua de la catedral y la única que se conserva de las tres puertas originales. En el nivel superior, apoyado sobre dos esbeltas columnas de capitel almenado que organizan la fachada verticalmente en tres franjas, se observa un gran arco de medio punto con ventanal inscrito. En el nivel central se forma una galería de arcos ciegos decorativos coronados por una cornisa. En la planta inferior se abre en el centro una gran puerta bajo cuatro arquivoltas con arcos de medio punto ornamentados que apean sobre las jambas el interior y los tres restantes sobre columnas acodilladas con capiteles corintios. Flanquean la puerta dos arcos ciegos peraltados con tímpanos labrados.

Catedral de Zamora. Mirando a Mediodía, la portada lateral del Obispo

Precisamente enfrente de la portada del Obispo puede apreciarse la austera fachada norte del palacio Episcopal (reedificado en la segunda mitad del siglo XVIII), «de garbo manierista e ínfulas de tratado de arquitectura», según reza su placa explicativa. No me cuadra mucho el manierismo por la época, seguiré indagando sobre ello.

Zamora. Palacio Episcopal

El Castillo de Zamora, contiguo a la catedral, es un complejo fortificado situado en el extremo sudoccidental de la peña fuerte de la ciudad. Ha sido objeto de sucesivas intervenciones arquitectónicas desde época medieval hasta la Primera Guerra Carlista.

Zamora. Castillo, lindante con la catedral

El Puente de Piedra sobre el Duero (s. XIII, muy reformado durante los siglos XVI y XVII) tiene 16 ojos de arcos apuntados. Dispone de tajamares y óculos para domeñar la crecida de las aguas en invierno y primavera.

Zamora. Puente de Piedra

El puente ofrece incomparables vista del río:

Aguas remansadas del Duero en Zamora a la caída del sol

 

Jornada segunda

Sector nordeste del Parque Natural Arribes del Duero

La villa de Fermoselle está ubicada en el confín sudoeste de la comarca de Sayago. Tenía interés en explorar otros sectores de la parte zamorana del Parque Natural Arribes del Duero, por lo que dediqué el día siguiente al sector noreste del espacio protegido.

Me interné en el paraje desde la localidad de Villalcampo, en la comarca zamorana de Aliste. De nuevo, el Duero forma línea de demarcación, correspondiendo la margen derecha a Aliste y la izquierda al territorio sayagués.

Por la ZA-324, una carretera de la red complementaria trazada por la ladera que baja a los arribes del Duero, se llega al embalse de Villalcampo, un aquietado mar interior (lástima de los residuos flotantes…):

El río Duero embalsado en Villalcampo

En este punto, el río Duero ha recibido los aportes de sus dos principales tributarios por la margen derecha: el Pisuerga y el Esla. Las aguas del río Esla han afluido unos tres kilómetros y medio aguas arriba del Duero. Por consiguiente, el río baja con mucho caudal.

Tras la presa o salto de Villalcampo el Duero vuelve a cortar el terreno, formando su arribe:

Arribes del Duero en el salto de Villalcampo

Torciendo a la derecha por la carretera, se llega a Moralina, otra vez en la comarca sayaguesa. El nombre del pueblo designa un árbol —el moral negro—, y nada tiene que ver con la moralidad inoportuna, superficial o falsa.

Desde Moralina tomé hacia el Norte la ZA-321, una carretera de la red complementaria local. Entre Villadepera (Sayago) y Pino del Oro (Aliste), el río Duero, a modo de escalpelo, disecciona con intransigente precisión el agalístico terreno:

Arribes del Duero entre Sayago y Aliste

El puente-viaducto de Requejo (o Puente de Pino), sobre el Duero, fue inaugurado el 15 de septiembre de 1914; en apenas un par de meses va a cumplir cien años. Con la luz de su arco central parabólico de 120 metros y la altura de su rasante sobre el río de 90 metros fue, en su época, el puente de mayor luz y altura de España. Es obra del ingeniero José Eugenio Ribera (vid. J. Eugenio Ribera: «Puente-viaducto de Requejo, sobre el Duero, en Pino [Zamora]». Revista de Obras Públicas [Madrid], año LXII, núm. 2035 [24 de septiembre de 1914], 471-475).

Puente de Requejo sobre el río Duero, que conecta las comarcas de Sayago y Aliste

Un resonante silencio envolvía el paisaje, solo interrumpido por el esporádico paso de algún vehículo, el canto de unos pocos pájaros y el chirrido de alguna cigarra. El horizonte, la carretera, la moto y yo: «¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida / senda, por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido; […]» (Fray Luis de León: Canción de la vida solitaria o Vida retirada). En este enlace puede verse un vídeo del lugar.

Paisaje, carretera, moto, yo: «Vivir quiero conmigo; gozar quiero del bien que debo al cielo, / a solas, sin testigo, / libre de amor, de celo / de odio, de esperanzas, de recelo».

 

Comarca de Aliste

Desde Pino de Oro me dirigí hacia el Norte para empalmar con la N-122. Esta vía proviene de Zaragoza, constituyendo un gran eje transversal de la Península. No obstante, el tramo que yo recorrí se corresponde con la carretera histórica de Zamora a Alcañices (más tarde, de Zamora a Portugal por Alcañices). Alcañices es la capital de la comarca de Aliste.

El terreno es prácticamente llano, con suaves lomas, y la vía presenta largas rectas que atraviesan barbechos y campos de cultivo de secano (predomina el centeno y, tal vez, la avena); un trayecto poco ameno. No hay masas boscosas, pero se avistan algunas franjas verdes de arbolado siguiendo el curso de arroyos y ríos; y encinas y robles (quejigos o matas de rebollos), aislados o agrupados en pequeñas manchas, salpican la campiña. También se advierte algún castaño y matorral de brezo y jara.

A medida que me desplazaba hacia el Noroeste, iba haciendo más fresco y se nota que llueve más: claramente avanzaba a lo largo de la zona de transición entre la España seca y la España húmeda. Hacia Alcañices y, sobre todo, en la sierra de la Culebra, hay abundancia de pinos de repoblación.

 

Sierra de la Culebra

De Alcañices parte la ZA-912, una vía de la red complementaria preferente que, dejando atrás el campo de Aliste, cruza la sierra de la Culebra desde Mahíde. Esta sierra es de alturas modestas, aunque bastante ancha. La carretera empieza a describir curvas entre pinares de repoblación, rompiendo la monotonía anterior. Se supone que la mayor población de lobo ibérico de la Península se concentra en esta zona, pero yo no vi ningún ejemplar. En cambio, un par de perros sueltos se me abalanzaron a mi paso por sendos pueblos (primero uno y después el otro). El típico caso del chucho con neurosis fóbica acompañada de sentimiento de odio hacia los motoristas. Pues casi atropello a uno que no cejaba en sus acometidas. Reduje la velocidad considerablemente para no hostiarme mientras levantaba la pierna al objeto de evitar su mordedura y/o asestarle un patadón en todo el hocico. Al final, perro ladrador, poco mordedor: me zafé de él y ahí quedó todo.

 

Antigua carretera de Villacastín a Vigo

En su último tramo, la ZA-912 (carretera de Villardeciervos al puente) enlaza con la N-631 (un segmento de la antigua carretera de Villacastín a Vigo).

La antigua carretera de Villacastín a Vigo por Ávila, Salamanca, Zamora y Orense aparece catalogada en el Plan General de Carreteras de 1860 como carretera de primer orden. Salvo el trecho de Villacastín a Ávila y de Salamanca a Zamora, la he recorrido en su totalidad. Dicha calzada fue proyectada como una especie de carretera nacional radial N-VII que nunca llegó a ser puesta en servicio como tal. Sin embargo, el sistema actual de carreteras {N-110, N-501, N-630, N-631, N-525 y N-120} corresponde a su mismo trazado histórico.

La conexión entre la ZA-912 y la N-631 se produce en las proximidades del puente sobre el arroyo Ciervas, cerca de Villardeciervos (comarca de Carballeda).

Puente sobre el arroyo Ciervas, en la carretera N-631, cerca de Villardeciervos, en la cola del Embalse de Nuestra Señora del Agavanzal

Me llamó la atención que un arroyo contuviera tanto caudal. El misterio quedó desvelado cuando, un poco más adelante y antes de cruzar el Puente del Tera, apareció el cartel del embalse de Nuestra Señora del Agavanzal. El zamorano río Tera está represado hasta ocho veces (algo semejante a lo que sucede con el madrileño río Lozoya), por lo que se trata de una masa de agua muy modificada en gran parte de su curso asimilable a una laguna debido a la presencia de los embalses. Así pues, el arroyo queda inundado cuando el depósito artificial almacena suficiente agua.

Confluencia del arroyo Ciervas (0,43 km, por la derecha de la imagen) y su afluente el arroyo Guardalaba (1,08 km, por el centro de la fotografía)

Seguí camino hacia el Noroeste por la mencionada carretera de Villacastín a Vigo trocada en N-525. Ese segmento es especialmente significativo para mí porque en su realización participó como sobrestante de obras públicas el bisabuelo de mi amiga Mariló, Genaro/Jenaro Ugarte († 17 ó 18 de septiembre de 1899). La construcción de la vía fue una condición histórica para la existencia de Mariló —natural de El Barco de Valdeorras—: su bisabuelo echó raíces en la provincia de Orense, se casó y demás (la historia familiar de Mariló posee tintes novelescos).

Tumba del sobrestante de planta (personal de Obras Públicas, Ministerio de Fomento) Genaro Ugarte Rocancio († 18-9-1899) en Verín (Orense). Genaro Ugarte participó en la construcción de la carretera N-525

Aunque por ahí la N-525 tiene todavía un trazado muy recto, en el horizonte se divisan las primeras elevaciones de la montaña sanabresa. La vegetación aumenta progresivamente, apareciendo manchas boscosas de robles carvallos (de donde resulta el nombre La Carballeda dado a la comarca).

El camino pasa por Mombuey (aún en La Carballeda) y llega a la localidad de Asturianos, portal de la comarca de Sanabria.

Por los nombres de algunas poblaciones se colige que estamos en zona de reconquista: Asturianos, Castellanos (en Zamora); Astureses, Casteláns (en Galicia)… conjeturo que estos topónimos aluden al origen de los repobladores de las tierras recobradas. (A propósito: muy cerca de Mombuey se halla la localidad de Santa Eulalia del Río Negro. Uno no puede dejar de acordarse de Santa Eulalia del Río —a secas— en Ibiza).

 

Comarca de Sanabria

La comarca de Sanabria, en el extremo noroeste de la provincia de Zamora, limita al Norte con la provincia de León; al Oeste, con la provincia de Orense, en Galicia; y al Sur, con Portugal. La Puebla de Sanabria es el núcleo principal de población de la comarca.

Puebla de Sanabria, en la comarca de Sanabria, al noroeste de la provincia de Zamora

Puebla de Sanabria es una de las más antiguas localidades zamoranas, documentada por primera vez a principios del siglo VI. La villa se levantó sobre una empinada mole de roca de 949 metros de altura, por lo que desde su cima las vistas son espectaculares. El trazado viario de su casco histórico, muy bien conservado, es medieval.

Desde muy antiguo fue una plaza militar fronteriza con Portugal, razón por la que se fortificó enteramente con murallas. En la actualidad solo se mantienen en pie algunos lienzos junto al castillo, habiendo sido derruido el resto. El renacentista Castillo de los condes de Benavente, uno de los mejor conservados de la provincia de Zamora, data del siglo XV. Su fábrica es íntegramente de sillería de granito, lo que le confiere un aspecto sumamente robusto. Ocupa el punto más elevado del cerro.

En la fotografía se puede observar la torre del homenaje de planta cuadrada en el centro del castillo, conocida como el Macho. El muro del castillo está reforzado por torres esquineras almenadas de planta circular o semicircular. En el paramento que mira al Este se abren ventanas y un balcón. Hacia 1506 sus muros acogieron a Juana la Loca y Felipe el Hermoso, reyes de Castilla. Coincidió que Felipín el Narcisista le puso los cuernos —reales o imaginarios, a saber— a Juana la Neuropsicótica por gugolésima vez, y Juani —que no se había tomado la medicación— tuvo otra de sus peculiares idas de olla, encerrando a una de las damas de la corte en la fortaleza. Juanita, hija: primero, la risperidona y los ansiolíticos están para algo —recuerda cómo acabó la abuelita Isabel— y, segundo, conviene leer un poco más sobre relaciones tóxicas y cínica realpolitik, por lo menos para enterarse de qué va la vaina.

Junto al castillo se perciben las cabeceras de la ermita de San Cayetano y de la iglesia de Santa María del Azogue (románico tardío con reformas posteriores), de la que asoma su campanario.

Río Tera a su paso por Puebla de Sanabria

El río Tera es un afluente del Esla, afluente a su vez del Duero por su margen derecha. El Tera nace a los pies de las peñas Negra y Trevinca, en la confluencia de las sierras de la Cabrera Baja, de Campo Romo, de El Eje (O Eixe), Calva o de Porto y Segundera. Es tributario y emisario del lago de Sanabria. Sus aguas, provenientes de dicho lago, bañan la fachada este de la villa.

Aguas arriba, el Tera inunda una cubeta glaciar excavada en su cauce, originando el lago de Sanabria, en el Parque Natural del Lago de Sanabria y Alrededores.

Lago de Sanabria desde la playa Custa Llago

El elemento de mayor valor en el Parque Natural del Lago de Sanabria y Alrededores es, obviamente, el lago. Éste ha sido conocido con las siguientes denominaciones:

  • lago de San Martín de Castañeda, por estar próximo al monasterio homónimo y haber sido propiedad de sus monjes;
  • lago de Sanabria, por su situación cerca de Puebla de Sanabria;
  • lago del Tera, por constituir en realidad un imponente ensanchamiento del río Tera, el cual le aporta sus aguas y después constituye el emisario del lago;
  • lago de Benavente, por haber sido propiedad de los condes de Benavente;
  • lago de Villachica, porque su último poseedor conocido fue el marqués Manuel de Villachica.

Lago de Sanabria

La altitud del lago sobre el nivel del mar es de entre 911 y 1028 metros (hay discrepancias entre los especialistas). Su longitud máxima, que sigue la dirección Oeste-Este, es de 3178 metros y su anchura máxima es de cerca de mil seiscientos metros. Tiene 318,7 hectáreas de superficie. La sonda marca una profundidad máxima de casi cincuenta y un metros en las proximidades del desagüe, siendo su profundidad media de entre 25-35 metros. Estas profundidades se alcanzan a escasa distancia de las orillas, lo que prueba su origen glaciar por la forma de “U” o artesa de la cubeta que lo aloja. Dicha cubeta se formó cuando, en las glaciaciones del Cuaternario —hace unos doce mil años—, el hielo sobreexcavó las zonas de roca más débil. Es el mayor lago de origen glaciar de España.

Carretera a San Martín de Casteñeda y la laguna de los Peces

Hay una carretera de montaña, con curvas peligrosas (eso advierte el panel situado al inicio de la misma, qué novedad), que pasa por San Martín de Castañeda y finaliza en un altiplano de la sierra de la Cabrera Baja, junto a una laguna denominada laguna de los Peces.

Mirador de Los Ojos (Sanabria)

En el ascenso, hay un mirador a un lado de la calzada (mirador de Los Ojos) que permite alcanzar con la vista toda la extensión del lago de Sanabria.

Lago de Sanabria desde el mirador de Los Ojos

En la fotografía superior se aprecia el lago encerrado en la base de un anfiteatro montañoso y represado por acumulación de materiales de morrenas glaciares. El desagüe se produce por el Sureste (centro de la imagen, un poco a la izquierda), por donde discurre el río Tera.

El pueblo de San Martín de Castañeda se asienta sobre una terraza rellena de depósitos fluvioglaciares de suaves pendientes (correspondiente a las tierras de labor).

En primer término, los árboles son robles rebollos o melojos (Quercus pyrenaica).

Paisaje de brezal (brezos o urces) en la sierra sanabresa

A medida que se gana altura la vegetación arbórea desaparece siendo sustituida por matorral en el que predominan las urces o brezos. Acompañando a los brezos aparecen otras especies como la genista y el enebro rastrero. También abundan los pastos herbáceos.

Carretera de subida a la laguna de los Peces

Laguna de los Peces

La laguna de los Peces, a 1690 metros de altura, es una laguna glaciar de montaña represada por la acción humana con el objeto de aprovechar sus aguas para riego.

 

Hacia Galicia: Alta Sanabria

Finalizada la visita al Parque Natural del Lago de Sanabria y Alrededores, enfilé rumbo oeste hacia Galicia por la carretera nacional N-525. La vía describe atractivas curvas como resultado de estar ubicada en una franja de transición entre la Submeseta norte y las estribaciones montañosas del macizo Galaico: la Alta Sanabria. El itinerario se realiza entre afloramientos de granito, gneis y pizarra, y rebollares y bosques de coníferas.

La A-52 (Autovía de las Rías Bajas) y la N-525 (carretera de Villacastín a Vigo) marchan paralelas hasta Hedroso y Lubián, poblaciones en las que la N-525 se trunca súbitamente, después del túnel de Padornelo. Si se quiere evitar la autovía, se ha de tomar la serpenteante ZA-106, una carretera de la red complementaria local que zigzaguea a través del abrupto relieve de las estribaciones de la sierra Segundera en la cota de los mil y pico metros. Más vale no tener una avería por ahí (son poblaciones aisladas de difícil acceso y el teléfono móvil no tiene cobertura), y hay que ir con cuidado para no despeñarse por un barranco, como resultado de {una insuficiente destreza conduciendo + la huella que ha dejado el glaciarismo en la zona}.

En Lubián me habían hablado del cortello dos lobos, una construcción-trampa para cazar lobos, pero no alcancé a verla. Me encontré con la carretera cortada por las obras del AVE, por lo que me desvié en dirección sur a Hermisende, rodeando la sierra de Marabón. Tanto Lubián como Hermisende lindan con la vecina provincia de Orense, y Hermisende, además, hace frontera con Portugal. De hecho, esta tierra llegó a pertenecer al país vecino entre 1297 (Tratado de Alcañices) y 1640 (Guerra de Restauración Portuguesa).

Castilla y León. Provincia de Zamora. Alta Sanabria. La fotografía está tomada desde el alto de Castrapeiro en la sierra de Escusaña (Trás-os-Montes, frontera portuguesa). Los aerogeneradores que se ven en la cima de la montaña pertenecen a los parques eólicos de San Ciprián y La Gamoneda, en tierras españolas (términos municipales de Lubián y Hermisende)

Castilla y León. Provincia de Zamora. Alta Sanabria. Valle del Tuela, con la villa fronteriza de Hermisende en el fondo del valle. La fotografía está tomada desde el alto de Castrapeiro en la sierra de Escusaña (Trás-os-Montes, frontera portuguesa)

Hermisende está ubicado en el fértil valle fluvial del río Tuela, en un extremo de la sierra de la Gamoneda. El valle del Tuela es poco abierto, semiencajado, y con pendientes marcadas: todo el lugar está en acusada cuesta que baja hasta el río. Había visto una señal de orientación que indicaba «playa fluvial» y me acerqué a echarle un vistazo (en este tipo de viajes en moto, mi principal interés reside en los paisajes, los monumentos naturales y los accidentes geográficos, no tanto en el arte).

Aunque equivoqué el camino, metiéndome en un callejón sin salida en el que termina el pueblo, una lugareña —que me observaba haciendo de medio guiri por ahí— me dio amablemente las indicaciones correctas. Tras cruzar un puente del siglo XVIII, llegué al río donde me refresqué un poco.

Playa fluvial del río Tuela en Hermisende, con su cauce rodeado por un cordón de vegetación riparia

Rebasados Lubián y Hermisende, y poco antes del túnel de A Canda —que marca la línea divisoria entre las provincias de Zamora, en Castilla y León, y Orense, en Galicia—, se puede retomar la N-525 en dirección a La Gudiña. El siguiente trecho de la N-525 (carretera histórica de Villacastín a Vigo) sigue el mismo itinerario que la antigua vereda de Las Portillas a La Gudiña, Verín, Ginzo de Limia y Allariz.

El nombre propio Las Portillas se refiere a la portilla o puerto de Padornelo, en Zamora (donde se unen la sierra Segundera con la de la Gamoneda, a una altura de 1360 metros) y a la portilla o puerto de La Canda, entre Zamora y Orense (donde se unen la sierra Segundera con la de Marabón, a una altura de 1262 metros).

 

Orense

La carretera nacional atraviesa el valle de Monterrey o Verín, por lo que comienzan a aparecer largas rectas. Conforme se sale de la depresión, el camino se dirige al reborde noroccidental del valle, iniciando un ascenso con pronunciadas curvas, algunas de las cuales están señalizadas con velocidades máximas aconsejadas de 40 o 70 km/h. Alcanzado el alto de Las Estibadas (alto das Estibadas) a 848 metros sobre el nivel del mar, se inicia un suave descenso hasta llegar a la fosa tectónico-sedimentaria terciaria de La Limia (a unos 615-630 metros de altitud), una de las llanuras de mayor extensión de toda Galicia.

Galicia. Provincia de Orense. Alto das Estibadas (848 m)

En dicha planicie existía otrora un importante humedal: la laguna de Antela. La laguna de Antela fue desecada en los años cincuenta del siglo XX para poner en cultivo los terrenos que ocupaba. Otra catástrofe ambiental más de las muchas que se han dado por estos lares. Para más inri, con pobres resultados económicos, fruto de la improvisación y de la chapuza typical spanish: los terrenos desecados son de baja fertilidad, y las condiciones climáticas y edáficas solo permiten el cultivo de la patata. Se puede ver desde la carretera el canal que drena el espacio anteriormente inundado.

En esta época del año, en Galicia hay como una hora más de luz que en Madrid; anochece bastante tarde. Con todo, me pareció prudente solucionar el asunto del alojamiento antes de continuar con la ruta y las visitas.

Finalmente hice noche en una casa rural que ocupa una casona del siglo XVIII —con tierras de labor, palomar, arañas y todo— recientemente restaurada y modernizada, ubicada en la orensana comarca natural de la Limia Alta, en el sudsudoeste de la provincia. El inmueble, respetuoso con las características de la arquitectura tradicional de su entorno, presenta en sus paramentos verticales aparejo irregular de sillares de granito (alguno, con marca de cantero) incipientemente labrados con sus juntas de tendel y llaga resaltadas en blanco. Combinando tradición y modernidad, el alojamiento disponía de todas las comodidades. La hospedera era como una madre —pura simpatía— y la cena estaba riquísima (salmón a la miel, queso de tetilla, bica gallega y licor de café casero).

Casa rural en la Limia Alta (Orense). Dormitorio

Casa rural en la Limia Alta (Orense). Baño

Actualización (15-8-2016).—He tenido noticia de que Jorge Rodríguez Chenlo, un descendiente directo del sobrestante Ugarte afincado en Buenos Aires (Argentina), también se hospedó en la misma casona que yo hace poco tiempo. Aprovechando estas líneas, la propiedad le envía un saludo desde España. (Fin de la actualización).

En Galicia, las carreteras son ideales para montar en motocicleta, excepto por una característica que se dirá más adelante. El relieve gallego es el más arcaico de la Península. Debido a su antigüedad geológica junto con la acción modeladora de los factores climáticos, presenta —en general— formas suaves y redondeadas. Las formas más escarpadas, correspondientes a plegamientos más modernos, se dan en las sierras orientales, las que acababa de traspasar. El aspecto global del paisaje gallego es el de un macizo fracturado y muy accidentado en inacabable sucesión de valles, colinas, llanuras, montes, ríos y rías en la costa. Las carreteras presentan incontables rampas, pendientes y revueltas entre espesos bosques de coníferas, carvallos y rebollos, lo que trae consigo una conducción variada y entretenida. Las curvas son suficientemente amplias para rodar a cierta velocidad, oscilando el cuerpo —y, solidariamente, la moto— como un péndulo, salvo cuando uno transita por una recta, que también las hay. La camionada circula preferentemente por autovías; por consiguiente, tampoco se registra mucho tráfico en la red convencional del interior (por la costa este estado de cosas cambia).

 

Allariz

Avanzando por la N-525 hacia el Nornoroeste y dejando atrás Ginzo de Limia, se alcanza Allariz, cuya fundación se atribuye, un tanto legendariamente, al rey suevo Alarico II en el siglo VI. Para llegar a esta localidad se pasa por Sandiás, en castellano Sandianes (= San Dianes). Como en la provincia de Orense hay un pueblo que se llama Melón y otro que se llama Avión (sin coña), y no en todas las señales de orientación aparece la tilde, resulta fácil pensar que se pasa por el pueblo de (las) Sandías (para más tarde dirigirse al del Melón).

Allariz, «llave del Reino de Galicia», se ubica en lo alto de un cerro en el sector centro-occidental de la provincia de Orense, junto al río Arnoya/Arnoia, un afluente del Miño por su margen izquierda. El casco histórico de la villa, de trazado urbano medieval, está declarado conjunto histórico-artístico desde 1971. Allariz fue residencia de reyes en la época Medieval; entre ellos, Alfonso X el Sabio. El pueblo ha servido de escenario para el rodaje de la película La lengua de las mariposas (1999), de José Luis Cuerda.

Calle típica de Allariz

La real villa se ha convertido en los últimos tiempos en una especie de The Style Outlets Las Rozas, o en un Las Rozas Village Chic Outlet Shopping. Outlet Allariz está compuesto por dieciséis tiendas, de las que una ocupa un edificio tan significativo como el que se muestra en la siguiente fotografía:

Outlet shop en Allariz

En 1579 se construyeron en Allariz diversos cruceros en busca de protección contra la peste. Desde el punto de vista mágico-religioso gallego («eu non creo nas meigas, mais habelas, hainas»), el alma del mortal no podrá ser capturada por la Santa Compaña si aquel se halla en los peldaños de algún crucero. Es como cuando en el parchís una ficha situada en el seguro o barrera no puede ser comida.

Cruceiro de Vilanova en Allariz

Al final del paseo de la Alameda, en El Arnado, se encuentra el Puente de Vilanova o de Nuestra Señora de Vilanova, sobre el río Arnoia. Se trata de un puente medieval de arcos ligeramente apuntados.

Río Arnoia a su paso por Allariz, aguas abajo del puente. Repárese en la escalera de la casa adosada al puente, que desciende directamente al río

 

Jornada tercera

Pontevedra

Al día siguiente me dirigí a la provincia de Pontevedra. Llegados a este punto, me permitiré la siguiente digresión: pese a haber nacido y residido en Ibiza durante mis primeros veinte años (me vine a Madrid con 21), mis ascendientes no son todos isleños. Respecto a eso, aventuraré una teoría-hipótesis:

Los ibicencos han utilizado tradicionalmente categorías de análisis antropológico-sociocultural no muy refinadas. Una tipología reduce las posibilidades a tres: «A Eivissa tothom és pagès, pescador o fill de puta». Los dos primeros tipos se establecen en función de la originaria vinculación a la tierra o al mar; dejo al lector la tarea de averiguar cuál es el criterio que fija la pertenencia a la la tercera calaña. Otra taxonomía divide a las personas en dos clases: ibicencos y no-ibicencos. De acuerdo con esta clasificación, ‘ibicenco’ denota usualmente —pero no siempre— al 1) nativo de Ibiza, 2) hijo de padre y madre ibicencos, 3) con ancestros ibicencos de can o cas algo (mejor si tiene ocho apellidos ibicencos, como en la película), 4) que reside en Ibiza y 5) que habla habitualmente ibicenco, con fuerte acento. Cositas de la insularidad. La concurrencia de las cinco propiedades en la misma persona determina su «ibicenquidad» socioculturalmente «pura» (siempre, desde una óptica bastante rural, muy tradicional y dejando de lado los sentimientos subjetivos de cada individuo). A partir de ahí, pueden darse diversas mixturas y combinaciones; y no hay que subestimar la formidable influencia que la insularidad y el entorno socio-cultural ejercen: conozco a unos cuantos extranjeros afincados en la isla superpayeses…

En Cataluña, y con connotaciones peyorativas y hasta xenófobas, para designar al no-català de soca-rel se han utilizado las palabras xarnego o xarnec. En ses Illes pienso que el vocablo más frecuente ha sido foraster (aquest és un foraster es una expresión que yo he oído en las Islas Baleares), junto con otros: peninsular, andalús, murcià, «murciano», castellà (menos común)… y, por supuesto, estranger y turista. Esas voces tenían, en mi infancia y adolescencia, connotaciones variadas dependiendo de los contextos (desde neutras a despectivas). Como no vivo en Ibiza desde hace muchos años, no sé cómo está el tema en nuestros días.

Un servidor, en Cataluña, sería medio charnego; y, radicado en Ibiza, solo cumpliría las propiedades de «ibicenquidad» en un 65 %, según mis cálculos. (No valoro esto ni como bueno ni como malo; ni me siento orgulloso ni me dejo de sentir. Es un hecho social objetivo y ya está). Mi «no-ibicenquidad» me viene por parte de madre. Tanto mi abuela materna como mi madre nacieron en la provincia de Pontevedra (por cierto: la combinación de padres {ibicenco + gallega} no debe de ser en absoluto frecuente: solo conozco mi caso). Pienso que, de pinta, el más «gallego» de los cuatro hijos soy yo, empezando porque soy el único que heredó de nuestra madre el color pelirrojo de su cabello, un gen recesivo. Aunque mi galleguidad pilosa hace mucho que dejó de ser patente, por alopecia y encanecimiento de la barba, puedo demostrarla —al menos parcialmente— basándome en documentos gráficos «no tan actuales»:

Documento gráfico «no tan actual» en el que se prueba, siquiera sea parcialmente, la presencia de variantes en la región MC1R del cromosoma-16 de posible influencia céltica

El caso es que, pese a mis antecedentes, nunca había estado con anterioridad en Galicia; entono el mea culpa. Ibiza y Vigo distan 943,79 kilómetros en línea recta: más o menos, como ir de Gerona a Huelva por territorio peninsular, aunque con mar de por medio. En rigor de verdad, he recorrido en mis viajes una distancia máxima de 7824,79 kilómetros en un solo sentido (y una cifra equivalente para la vuelta), pero, bueno, es de eso que lo vas dejando y al final visitas antes el cabo Norte en Noruega (3864,51 kilómetros en linea recta desde Formentera) que el cabo Silleiro en Galicia (471,69 kilómetros en línea recta desde Madrid).

Recorrí la provincia en dos rutas, desde el centro y desde el Sur. Parte del eje conductor de mi primera excursión a la provincia fue pasar por las localidades de origen de mi abuela y de mi madre: Redondela y Vigo, respectivamente.

En el primer itinerario, partiendo desde La Limia, tomé la consabida N-525 hasta Orense, donde no me detuve. Tras cruzar el Miño, me dirigí hacia el Oeste por la carretera N-120 (de Orense a Vigo) que discurre paralela al curso del río. Justo en el fin del poblado de Santa Cruz de Arrabaldo, donde se inicia el ramal de salida, aparece el panel con las indicaciones de la N-541 a O Carballiño (Carballino) y Pontevedra.

La N-541 sigue hacia el Norte el curso del río Barbantiño —un afluente del Miño por su margen derecha—, alejándose de aquel cauce cuando se dirige a Maside y Carballino. Desde esta población, la vía deja de ser tan «fluvial» y deviene más «serrana», por así decir: remonta hasta el alto del Paraño, una de las cimas de los montes do Testeiro, exactamente a mitad de camino entre Pontevedra y Orense (46 kilómetros en ambos sentidos). Se asciende desde los aproximadamente cien metros de altura en la confluencia del Miño con el Barbantiño a los 800 metros sobre el nivel del mar del alto del Paraño en unos treinta y cuatro kilómetros.

Alto del Paraño, en Boborás (Orense). Altitud de 800 metros

Desde ese culmen, aunque la altura va decayendo a medida que nos acercamos al Atlántico, no se pierden de vista las sierras hasta la misma ría de Pontevedra.

Alto del Paraño (Boborás, Orense). A mitad de camino entre Pontevedra y Orense (46 kilómetros en ambos sentidos)

Las carreteras nacionales {525 + 541} son una verdadera gozada para la conducción en motocicleta, tanto por las propiedades de la calzada como por las del paisaje en el que se desenvuelve: incluso hay parajes que parecen de dominio subtropical húmedo. Lo único negativo reseñable fue la abundante niebla (un mar de nubes) que me acompañó un trecho del camino; el resto, tiempo bastante nublado, pero aguantó sin llover. Por último, ese trayecto tiene más de ciento cincuenta años: aparece mencionado en el Plan de Carreteras de 1860 como carretera de primer orden (Barbantiño a Pontevedra por Carballino).

 

Ciudad de Pontevedra

X

Pontevedra. Real Basílica de Santa María la Mayor. Portada

El de más abajo es el Instituto de Educación Secundaria Valle-Inclán de Pontevedra, cuyo edificio alojó al Instituto de Segunda Enseñanza o Instituto de Enseñanza Media «de toda la vida».* Con semejantes infraestructuras educativas, a ver a qué niñato de la ESO se le ocurre actuar cual vándalo asdingo y va y llena las paredes de grafitos. A la vista del inmueble que ocupa la organización educativa y de su ubicación, flanqueado por el palacio de la Diputación Provincial en plena Gran Vía de Montero Ríos, resulta evidente que los poderes públicos se mostraron sensibles a la importancia de la educación secundaria, instalándola en un edificio con valor histórico y arquitectónico inaugurado en 1927.

* El instituto histórico de Pontevedra es, propiamente, el IES Sánchez Cantón. Se dio la circunstancia de que la organización educativa de educación secundaria más antigua de Pontevedra se trasladó de su antiguo edificio —el que vemos en la fotografía— a su sede actual en la avenida de la Reina Victoria, y el antiguo inmueble fue ocupado por otra organización educativa análoga, el Valle-Inclán. En este caso concreto, no se debe identificar el edificio con la organización educativa que alberga. La descripción se torna difícil, porque nos obliga a abstraer conceptualmente la organización educativa (personas, estructura de relación, actividades...) del edificio que la cobija. Todavía no he podido determinar la fecha exacta en que se produjo el traslado.

Pontevedra. Instituto de Educación Secundaria Valle Inclán, ex Sánchez Cantón

El instituto histórico Sánchez Cantón también es ilustre por un motivo más conectado con mi actividad profesional y de interés para la Historia de la Educación Musical española. A iniciativa de dos alumnos (Manuel Fernández Cayeiro y José Antonio Sánchez Pachú) y del director del centro (Xosé Filgueira Valverde) y con el apoyo del claustro de profesores, en ese instituto se creó en 1955 un conjunto coral, integrado únicamente por alumnos del centro no universitario, que pasó a ser conocido como el Coro del Instituto. El concierto inaugural tuvo lugar el 16 de marzo del mismo año, cuando el coro se presentó públicamente en el Monasterio de Poio. A lo largo de su existencia, los cantores realizaron actuaciones memorables, con una calidad artística superior a la de coros universitarios, y el Coro del Instituto de Pontevedra se convirtió en un modelo de actividad y enseñanza musical para la adolescencia, a juzgar por las palabras de Federico Sopeña, catedrático del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid («Las dos enseñanzas de la música». Revista de Educación [Ministerio de Educación, Madrid], año XIII, vol. LV, núm. 159 [enero de 1964], 1-4, p. 3):

[…] así ha sido posible, por ejemplo, un modelo de estructura musical para la adolescencia como el que vimos y del que disfrutamos en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pontevedra. Por muy central que deba ser el sistema y el instrumental, no deberíamos dudar en partir de esa experiencia de Pontevedra, periférica geográficamente, pero bien conocida en el mismo Madrid. Es una experiencia que prolonga su eficacia hasta la música religiosa. Valga un ejemplo: […] fué el coro de ese Instituto el que nos lo dió todo, desde los «tropos» litúrgicos del medievo hasta la «Pasión según San Juan» de Tomas Luis de Victoria.

De la lectura de las críticas y noticias en prensa se desprende que la labor educativa realizada con el Coro del Instituto de Pontevedra fue excepcional, tanto en el plano musical (recuperación de repertorio polifónico español, estrenos de obras, investigación musicológica y etnomusicológica) como en el personal de los cantores (la actividad coral tuvo impacto en sus vidas) y en el de la sociedad pontevedresa (el coro participaba en ceremonias religiosas y actos sociales, las sociedades musicales de Pontevedra se nutrían de sus cantores cuando abandonaban el instituto, &cétera).

El Instituto tiene un himno propio, sobre la música de un coro de la ópera verista en un acto Die Rose von Pontevedra del compositor vienés Josef Foster y con letra latina de Aquilino Iglesia Alvariño, catedrático de Latín del centro.

Pontevedra. Gran Vía de Montero Ríos. Vista hacia el Noreste

El proyecto del Puente de los Tirantes sobre el río Lérez en Pontevedra es del consulting Carlos Fernández Casado. El puente —quinto de Pontevedra— se puso en servicio en junio de 1995. Su longitud es de 126 metros y su anchura total de 20 metros. De estilo contemporáneo, consta de un solo vano con estribos en ambas márgenes del río y de una única torre inclinada de 63 metros de altura a partir de los cimientos.

Río Lérez, en Pontevedra. Al fondo, el Puente de los Tirantes

Desde esta torre se atiranta el tablero con 17 pares de cables (los que en la imagen superior están a la izquierda del pilono). Las fuerzas de estos se compensan por dos haces divergentes de tirantes que se anclan a sendos contrapesos por el lado opuesto. La resultante de fuerzas equilibra la inclinación de la torre.

Pontevedra. Puente de los Tirantes. Sistema de atirantado asimétrico (detalle)

La ciudad de Pontevedra ha estado muy ligada a sus puentes: etimológicamente, se ha querido conectar su nombre con la toponima latina Pontem Veterem («Puente Viejo», 1243), además de con los latinajos Ponte Veteris («por el Puente del Viejo», 1103), Pontis Veteri («del Puente para el Viejo», 1141), Vetula Ponte («con la Vieja por el Puente», 1165), Pontem Veteram («el Puente no se Sabe», 1211), Ponteveteri («Porelpuenteparaelviejo», 1169, 1262), Ponte Veteri («por el Puente para el Viejo», 1243), Pontis Veteris («del Puente Viejo», 1243),  Pontus Veteris («no se Sabe del Viejo», 1618), Ponte Veteram («por el Puente no se Sabe»); qué dominio de la declinación clásica. Más probablemente, el étimo de Pontevedra sea el románico medieval Ponte Vedra («Puente Vieja», 1264, 1347. De alguna manera hay un paso progresivo del latín clásico Veterem al latín vulgar próximo al romance Veteram, pérdidas de la -m final y de la -e- interna, y sonorización de la sorda t, que pasa a d. Algo así como Ponte[-m] Veterem > Veteram > Vetera > Vetra > Vedra = Ponte Vedra > Pontevedra. Lo dejo en manos de los especialistas). El icono que aparece en su escudo también se refiere a un antiquísimo puente milenario.

Pontevedra. Puente del Burgo

Si hacemos caso del nombre, como creo que deberíamos hacer, el Puente del Burgo es el Puente del Burgo. Esta tautología, exenta de tacha lógica (A = A, vamos bien, no hay ni rastro de pensamiento posmoderno), es menos trivial de lo que parece. Quiero decir que el Puente del Burgo no es la Puente Vieja (= Ponte Vedra; B ≠ V, donde B = el Puente del Burgo y V= la Puente Vieja), sino que se trataría de dos puentes distintos. Esto, por las siguientes razones: porque el Burgo lo es de Pontevedra (un núcleo pequeño de población dependiente de la villa principal, lo que nos permite distinguir la villa de Pontevedra y su burgo, que estaba extramuros, al otro lado del río Lérez) y porque el Puente del Burgo tiene un origen bajomedieval, reemplazando la puente Vieja primitiva que tal vez se arruinó o quedó inutilizada y que estaría más abajo del actual Puente del Burgo.

La fecha de su construcción se fija aproximadamente hacia el siglo XIV. Fue reparado en 1564 y renovado en el periodo de 1697-1702. El puente sufrió una gran reconstrucción a cargo de Pedro de Acuña en 1804-1823. En 1890 se sutituyeron los antiguos pretiles de piedra por una barandilla metálica. Una modernización contemporánea (Juan LLansó de Viñals, 1953-1954) determina su aspecto actual.

 

 Isla y Balneario de La Toja/A Toxa

La Toja es una marca de productos de baño (sales, jabón de manos, geles de ducha, cremas de afeitar y lociones aftershave) del grupo Henkel Ibérica. Esto lo sé muy bien porque yo utilizo crema de afeitar La Toja y para explicar algo hay que partir de lo que se conoce. Todos los productos de esta firma son «hidrotermales» y su eslogan publicitario es, con dos mayúsculas que no vienen a cuento, «expertos en Cuidado Termal».

 

Balneario de La Toja

Mercadotecnia aparte, la frase tiene una gota de verdad. ¿Quién no asocia en su cabeza La Toja al termalismo? Las propiedades curativas de los manantiales de agua minero-medicinal de Loujo o La Toja fueron descubiertas fortuitamente a principios del siglo XIX; la leyenda cuenta que por consecuencia de la casi milagrosa curación de un asno sarnoso que, abandonado por un hombre en la isla, sanó revolcándose en el barro de unas ciénagas. Lo cierto es que a lo largo de todo el siglo XIX —especialmente, a partir de 1830— acudieron enfermos a tomar los baños termales de La Toja, los cuales surtían buenos efectos para el alivio de determinadas dolencias —desde las paperas (acudían muchos niños) hasta las enfermedades de la mujer, pasando por raquitismo, las enfermedades de los huesos y las afecciones de la piel—. Ello fomentó que el número de pacientes creciera con el paso del tiempo y la extensión de la noticia. En 1842 se autorizó oficialmente el balneario.

Las aguas minero-medicinales brotaban en un predio denominado Juncal de Loujo, en el extremo meridional de la isla, razón por la que los hoteles-balneario también están allí. Las aguas emergen entre las hendiduras del sustrato granítico que conforma la roca, con temperaturas diferentes según el pozo de que se trate, oscilando entre los 20º-30º C y los 60º C. Las fuentes principales del balneario eran La Asunción (templada) y La Burga (muy caliente), a las que se añadían lodos o barros colorados. El complejo balneario de La Toja fue uno de los primeros de España, y sigue plenamente activo en la actualidad.

Al principio el establecimiento se limitaba a las charcas naturales, sin edificios alrededor. Había una miserable choza de paja en la que se refugiaban los enfermos y eso era todo. Ya en los años cuarenta del siglo XIX surgieron voces que defendían la necesidad de construir una casa de baños con las pertinentes instalaciones y condiciones de salubridad. Los sedicentes propietarios del balneario vieron posibilidades de negocio y empezaron la explotación del mismo como «empresarios de Loujo». Las malas condiciones que reunían los baños para la salud de los bañistas forzaron cierres (1882) y hasta una expropiación forzosa.

La situación hacia finales del siglo XIX era la que sigue: había en el balneario algunas instalaciones rudimentarias en deplorables condiciones de higiene —sucias y nauseabundas, con enfermos contagiosos y no contagiosos juntos en un tótum revolútum— y un director médico, que era quien denunciaba el statu quo, bien por él. En 1895 los copropietarios —todos contendiendo y pleiteando entre sí— aún no habían levantado ni el edificio para suministro de baños, duchas y demás medios hidroterapéuticos ni ninguna clase de hospedaje, tal y como había ordenado el Gobierno un año antes. Ante este estado de cosas, en 1896 se incoó un expediente de expropiación forzosa del balneario cuyas aguas, a la sazón, ya habían sido declaradas de utilidad pública (en 1902 fue reiterada esta declaración respecto a la nueva estación termal).

El expediente se tramitó con numerosas dificultades administrativas, reclamaciones, resistencias y de todo. En el contencioso, los dueños cerraron el balneario, los usuarios protestaron, hubo —y no me lo estoy inventando, tengo fuentes documentales primarias— hasta hombres armados con garrotes para amedrentar a los bañistas y cobrarles por duplicado la utilización de las aguas y baños (todo muy spanish style), y el asunto devino en una cuestión de orden público e interés sanitario. Los tratamientos y las terapias se aplicaban en un apacible y relajante ambiente SPA, según induzco, con los gañanes de las garrotas ahí plantados. Dicho en otros idiomas: montouse un follón de carallo, vaia/es va muntar un merder de ca l’ample, vaja. En julio de 1899 el Gobierno decide cortar por lo sano y nombra un delegado gubernamental para que se encargue de la incautación y administración del balneario en nombre del Estado. La orden fue firmada por el que en aquel tiempo era Ministro de Gobernación, Eduardo Dato.

Entre 1901 y 1902, Eulogio Fonseca presenta la memoria descriptiva de un proyecto de establecimiento de baños con su correspondiente edificio de administración y diversos hoteles, firmado por el arquitecto Daniel Vázquez-Gulías. Este proyecto de Nueva Toja coexistía con el antiguo balneario de La Toja, todavía sub iúdice. En 1903 se constituyó la sociedad anónima La Toja, cuyo gerente era Fernando Rodríguez Porrero, y se llevó a cabo la construcción de un pabellón de baños, duchas, piscinas, restaurante y otras obras de mejora de la estación termal, comenzando su periodo de esplendor y su vinculación a la aristocracia (nobleza y alta burguesía). La sociedad La Toja representaba a los antiguos propietarios; con su creación cesaron las divergencias entre estos, divergencias que fueron la causa de la incautación de los baños por parte del Estado. La sociedad quedó compuesta por tres personas: Fernando Rodríguez, Laureano Salgado y Eulogio Fonseca, este último avalado por el primer marqués de Riestra, José Riestra López, un magnate del momento que se hizo con la práctica totalidad de los terrenos de la isla. En 1904 nació el primer jabón de La Toja, con las sales de las aguas minerales, y en la temporada de 1908 se inauguró el suntuoso Gran Hotel Balneario. Además del Gran Hotel, había otros alojamientos más modestos.

La mayor parte de la sociedad anónima La Toja fue vendida a la muerte del marqués de Riestra († 1923) a Pedro Barrié de la Maza, siendo el Banco Pastor el actual propietario del Gran Hotel. Por lo que atañe a la fábrica de cosméticos, previamente independizada de la actividad del balneario en los años setenta del siglo XX, desde 2007 los productos de La Toja ni siquiera se fabrican en Galicia, sino en factorías extranjeras de Alemania y Eslovenia. Vete tú a saber qué sales de La Toja-Schwarkopf & Henkel le meterán al jabón o a la crema de afeitar…

 

Isla de La Toja

Geográficamente, La Toja es una pequeña isla de 1,18 km² de extensión situada al este de la península y de la localidad de El Grove (O Grove). El relieve de la isla es aplanado, con una pequeña elevación en el centro y otra más al norte, en el campo de golf. La temperatura es suave y llueve mucho (1200-1400 milímetros al año). La isla está sometida a una intensa explotación turística, por lo que su paisaje está muy modificado (campo de golf, campo de tiro). Las urbanizaciones siguen el perfil de la costa y los hoteles se concentran en el sur de la isla. Se accede a esta por un puente.

En septiembre de 1909 el puente estaba en plena ejecución, siendo el mayor puente de cemento armado de la época. Así dice una noticia de entonces («El mayor puente de cemento [Grove-La Toja]». Vida Gallega [Vigo], núm. 9 [1909], p. 45):

Galicia va á tener en breve el mayor puente de cemento armado que se ha construido en el mundo.
Esta obra se ejecuta actualmente y tiene por objeto unir con la carretera de Pontevedra al Grove el famoso balneario de La Toja.
Mide este puente unos 400 metros y está tendido sobre un brazo de la ría de Arosa, en la parte de ella más apacible.
Construye la obra, que es costeada por el Estado, la Sociedad de Cementos Portland de Sestao (Bilbao).
Se calcula que esta gigantesca obra, que embellecerá uno de los parajes más pintorescos de Galicia, estará terminada antes de la primavera próxima y que para el verano podrán correr sobre el nuevo puente los automóviles que todos los días llegan á La Toja conduciendo bañistas y paseantes.
El día que este puente se abra al servicio público la península del Grove doblará su importancia y el balneario de La Toja habrá resuelto completamente el problema de sus comunicaciones terrestres.
Entonces el Gran Hotel estará á diez minutos ó menos de la playa de Lanzada, que es, sin disputa, una de las más bellas y grandes del mundo. Seguramente se instalará allí casas de baños de mar y el veraneo en Galicia constará con uno de los mejores alicientes.

Estado de las obras del puente El Grove-La Toja en septiembre de 1909

Con el paso de los años y el aumento de vehículos el puente se deterioró y se quedó pequeño, por lo que fue reconstruido más ancho y con aceras, y reinaugurado en 2002.

Isla de La Toja. Puente entre El Grove y la isla (2002)

El balneario de La Toja permite tanto baños en instalaciones de hidroterapia de agua minero-medicinal como baños de agua de mar. Bajo estas líneas, la playa de Covadelo, inmediata al puente, en la costa occidental de la isla.

Isla de la Toja. Playa de Covadelo

La Toja se encuentra en el complejo intermareal Umia-O Grove, una ensenada de poca profundidad, resultado de los intensos procesos de sedimentación fluvio-marina, con bancos arenosos intermareales. Tiene poco movimiento de aguas. Las corrientes de marea entran y salen por el canal de La Toja. La isla cuenta con playas de arena y playas de roca. Entre las rocas crecen multitud de almejas.

Isla de La Toja. Almejas

Hay una carretera que rodea la isla y un atracadero deportivo al Este. Dada su reducida extensión, me recorrí el perímetro de la isla íntegramente a pie. Todo está cuidado y bonito.

Isla de La Toja. Praia dos Fornos (vídeo)

 

Quedé muy decepcionado con los hoteles de La Toja. Tenía in mente el Gran Hotel de estilo Ritz-Belle Époque de principios de siglo. Desconocía que el edificio fue reformado (por no decir estragado) a finales de los años treinta del siglo XX, perdiendo torreones, cúpulas, pináculos, decoración original, &cétera. El Gran Hotel de La Toja reinaugurado en 1939 o 1945 (no he logrado determinar la fecha exacta) sufrió una renovación tan radical que apenas es reconocible algún vestigio de su antigua silueta. El aspecto actual es bastante corriente, no me dijo nada.

El de más arriba es el hotel que yo tenía en mi cabeza. El actual no se parece gran cosa, la verdad. A la derecha, el inmenso y lujoso comedor, comunicado con al hotel por una amplia galería. (Imagen tomada del artículo «Por los Balnearios. La Toja». Revista Médica [Madrid] año III, núm. 86 [20 de junio de 1913], p. 13, bajada de la Biblioteca Nacional de España)

A cambio, unos cuantos ricos se han levantado sus chalés en la isla, y hay viviendas unifamiliares de diseño contemporáneo.

El casino de juego de la isla de La Toja fue adjudicado en noviembre de 1977. Junto con los de Madrid, Ibiza, San Sebastián, Marbella… forma parte de los dieciocho primeros casinos que se abrieron en España tras la legalización del juego, en los inicios de la etapa democrática, y fue el primero Galicia. Empezó a funcionar de forma restringida el día 2 de julio de 1978. Está al lado del reciclado Gran Hotel de La Toja.

Isla de La Toja. Casino

La isla de La Toja cuenta con una pequeña pero exótica ermita del siglo XII en la que se venera a San Caralampio y a la Virgen del Carmen. Acabo de decidir que desde el próximo curso, como nomen nescio (N. N.), basaré mis ejemplos hipotéticos en Caralampio Pérez, sustituyendo a los ya trillados Pepito Pérez, Fulanito, Menganito y resto de identidades inespecíficas. Ya me estoy viendo en clase: «Supongamos que Caralampio Pérez…».

La construcción llama la atención porque todas las fachadas están enteramente recubiertas de conchas de vieira, razón por la que también se la conoce con el nombre de capilla de las Conchas. Mariano Rajoy se casó aquí.

Isla de La Toja. Ermita de las Conchas

Las conchas no son del siglo XII; la decoración de la fachada es posterior. Como cabe esperar —Ñapa es—, la fachada ha sido vandalizada y está llena de pintadas, mensajitos de amor, «aquí estuvo Juan Palurdo», «no distingo una capilla románica de un váter público porque soy así de cateto», &cétera. De verdad que en este país tenemos un problema serio con el patrimonio histórico y artístico-cultural. Esto no pasa en Francia ni en Inglaterra. Pasa aquí. Me pone enfermo.

Isla de La Toja. Pinar

Un parque forestal de pinos centenarios y cubierta de helechos ocupa una de las dos elevaciones de la isla, la del centro (26 msnm). A mediados del siglo XIX la isla no contaba con masas arbóreas. El pinar fue recuperado a principios del siglo XX.

Finalizada la visita a La Toja, recorrí la fachada marítima de O Grove, que es un turístico pueblo marinero con encanto. Después de comer, deshice el camino con algunas variaciones por el interior para dirigirme hacia el Sur.

 

Redondela

Entrada a la villa de Redondela

Aquí nació mi abuela Nieves.

Redondela. Paseo da Xunqueira

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Redondela. Una calle de la villa. Porción de viaducto

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Redondela. Hórreos

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Redondela. Viaducto ferroviario

Cito de la Wikipedia: «La marca característica de la villa es su cielo presidido por dos grandes viaductos ferroviarios construidos en el siglo XIX: el Viaducto de Madrid y el Viaducto de Pontevedra. Desde 1978 ambos están catalogados como Bien de Interés Cultural. Su estampa tradicional ha motivado que Redondela sea conocida como la “Villa de los Viaductos”». El de la imagen es el más moderno, el viaducto de Pontevedra, inaugurado el 30 de junio de 1884, como prolongación del trazado de Pontevedra hasta Redondela y Vigo. Es un viaducto de tres vanos, con cajón de celosía metálica tubular sobre estilizadas pilas metálicas de figura piramidal truncada con estrecha planta rectangular. Es obra del arquitecto e ingeniero de caminos oscense Mariano Carderera y Ponzán (1846-1916).

Redondela. Jardines de la Alameda

En la Alameda de Redondela se alza un monumento a Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao, figura central de la cultura y la política de principios del siglo XX y padre del nacionalismo gallego. La construcción conmemorativa fue erigida por suscripción popular e inaugurada el 17 de mayo de 1987. Es obra del escultor Alfonso Vilar.

Redondela. Monumento a Alfonso Castelao en los jardines de la Alameda

 

Teis (Vigo)

Procediendo de Redondela por la N-552 y su ramal de salida PO-323, la entrada a la fiel, leal, valerosa y siempre benéfica ciudad de Vigo se hace velis nolis por el barrio-parroquia costero de Teis, contiguo al centro de Vigo y situado en el extremo nornoreste de la ciudad. Los municipios de Redondela y de Vigo son colindantes. No hay mucha distancia entre el lugar de nacimiento de mi abuela y el de mi madre.

Entrada a la ciudad de Vigo por Teis (PO-323, avenida de Galicia)

En lo concerniente a los datos de mi madre, en mi partida de nacimiento figura el siguiente tenor literal: «[…] nacida en Teis – Vigo». Siempre he tenido interés en aclarar este punto.

He cruzado datos del blog El Vigo oculto y los míos propios, con los siguientes resultados: según he leído en el artículo «El Ayuntamiento de Teis» del referido blog, Teis fue municipio independiente y tuvo ayuntamiento propio dos veces. He comprobado que, efectivamente, en el Repartimiento General entre los 47 partidos que comprende esta provincia de los 1759 hombres que corresponden á ella para el reemplazo del Egército según Decreto de las Cortes de 14 de mayo de este año (Coruña: Imprenta de Iguereta, 1821) se encuentra el Ayuntamiento de Teis como perteneciente al partido de Vigo, diferenciado del propio Ayuntamiento de Vigo. En el libro de Francisco Rodríguez Iglesias y María del Mar Pérez Negreira Galicia. Historia. Volumen V: La sociedad gallega contemporánea (La Coruña: Hércules, 1991), también se enumera el Ayuntamiento de Teis en el partido de Vigo como ayuntamiento independiente. Sin embargo, el Ayuntamiento de Teis desaparece en 1823, incorporándose a Vigo.

En una segunda época, entre 1849 y 1935, Teis vuelve a separarse de Vigo, integrándose en el municipio de Lavadores. En la Gaceta de Madrid núm. 347, del 13 de diciembre de 1935, p. 2261, se publica un anuncio de la Subsecretaría del Ministerio de la Gobernación comunicando que por Acuerdo firme del Ayuntamiento de Lavadores, de fecha 21 de junio de 1935, se dispone conceder la segregación de la parroquia de Teis de aquel término municipal, para constituirse en municipio independiente (que, a la sazón, contaba con un censo de población superior a ocho mil habitantes). Poco después, el Ayuntamiento de Lavadores entabla un pleito contencioso-administrativo contra la constitución como municipio independiente de la parroquia de Teis. Por tanto, la segregación de esta de aquella corporación municipal queda como no definitiva hasta la resolución del contencioso. Ello origina una fugaz existencia de un nuevo Ayuntamiento de Teis entre diciembre de 1935 y diciembre de 1937 (periodo en el que le dio tiempo a tener dos alcaldes: Manuel Martínez y Julio Quirós). En diciembre de 1937 es otra vez disuelto, reintegrándose en el municipio de Lavadores, el cual queda compuesto por las parroquias de Teis, Candeán, Cabral, Bembrive, Zamáns, Valadares, Beade y la propia parroquia de Lavadores, ocho núcleos de población en total.

Finalmente, por Orden de 31 de marzo de 1941 (Boletín Oficial del Estado de 5 de abril de 1941, p. 2252), se aprueba el expediente incoado por los Ayuntamientos de Vigo y Lavadores para la fusión de ambos en uno solo con la denominación y capitalidad en Vigo. El 16 de abril de 1941 culminó el proceso de unificación de los dos ayuntamientos con la disolución de la corporación de Lavadores.

No es extraño que, con tanta mudanza del estatus administrativo de Teis (ora soy municipio independiente, ora estoy anexionada a Vigo como una de sus parroquias; ya vuelvo a ser municipio independiente, ya estoy incorporada a Lavadores, ya formo parte de Vigo), el juez del Registro Civil decidiera poner los dos topónimos en la partida de nacimiento y, hala, a correr. Sea lo que fuere, mi madre nació viguesa a todos los efectos, porque para 1942 —año en que vino al mundo— la entidad colectiva de población-parroquia civil de Teis estaba incorporada al municipio de Vigo como una de sus demarcaciones.

Teis (Vigo). Parque de A Riouxa

En la parroquia de Teis hay un hermoso parque llamado A Riouxa. Copio de la web del Ayuntamiento de Vigo: «Ubicado en la Av. de Galicia (en el barrio de Teis). Este parque se realizó entre 1990 y 1991. Es obra del arquitecto catalán Ricardo Bofill. Tiene una extensión de casi 60 hectáreas. Lo más destacable son las pérgolas de hormigón de más de 50m de largo. Son pérgolas muy pulidas y realizadas con un tratamiento especial. Existe gran variedad de especies arbóreas: castaños de indias; robles del país; abedules y pinos». En la fotografía superior se ve la pérgola con una fuente en el centro y en la inferior el aspecto general del parque, que mira —por encima de los muelles, diques, rampas, astilleros, varaderos, frigoríficos… del industrializado puerto— a la ensenada de Teis, resguardada por el monte de A Guía al Oeste y flanqueada por la playa de O Mende al Este (con aguas de baño de excelente calidad).

Teis (Vigo). Parque de A Riouxa

En el parque hay un hórreo de piedra sobre base cerrada (celeiro) de considerable tamaño. Solo he visto los hórreos en la provincia de Pontevedra; en la Limia orensana y otras comarcas de esa provincia no parece frecuente su utilización (ojo, en el municipio orensano de La Merca está una de las mayores concentraciones de hórreos de Galicia). La cornisa curvada (tornarratos) a los pies de la cámara tiene la función de que los roedores no puedan trepar y comerse el grano; asimismo, protege de la humedad. Los grafiti, sobran. Amén de ilegales, son signos inequívocos de degradación socio-cultural y de cero educación artístico-estética, y ningún argumento me convencerá de lo contrario. ¿Tanto cuesta respetar un poco el patrimonio histórico-artístico y nuestro legado cultural? Uy, he dicho respeto, tonto estoy.

Teis (Vigo). Hórreo vandalizado en el parque de A Riouxa

Cerca del parque reparé en un peto de ánimas ubicado, según es costumbre, en un lugar de paso: donde se encuentran los caminos de Teis (Vigo) y Chapela (Redondela). Por cierto: la carretera que unía Vigo con Teis se construyó, con cargo al Ayuntamiento de Vigo, en 1852.

Teis (Vigo). Peto de ánimas

Esto de los petos de ánimas me resulta tan chocante —es el primero que veo en mi vida— que comentaré ampliamente.

Sobre un basamento que contiene una caja metálica (que supongo será una hucha para recoger limosnas y pagar las misas en sufragio por las almas penantes del Purgatorio, o acaso sea un relicario), aparece un panel con imágenes en relieve tetracromado (negro, blanco crema, gris, rojo), cubierto por cornisa ondulada y coronado por una bola o globo con la figura de una Virgen sobre la que se asienta una cruz con un Cristo crucificado.

Compositivamente, el campo escultórico se organiza en diferentes niveles. En el vértice superior, más cerca de la Virgen, se sitúa la figura de un fraile o clérigo, probablemente monje franciscano a juzgar por su hábito. En los niveles inferiores se distribuyen siete bustos, abrasándose en un mar de llamas destacadas en rojo. Dicha distribución se puede percibir gestálticamente como 2 + 1 + 4 ( = 1 + 2 + 1) o, alternativamente, 2 + 5 (= 1 + 3 [en triángulo] + 1), en virtud de su situación espacial, actitud y/o dirección de la mirada.

Desde el punto icónico-expresivo, no hay demonios, solo fuego, lo cual sugiere que se trata del Purgatorio y no del Infierno (aparte de que del Infierno no se sale —cadena perpetua in aeternum— y del Purgatorio, sí). Los bustos representan las almas de los condenados cumpliendo pena por sus pecados. La escena pretende ser de gran dramatismo (cuestión distinta es que lo consiga o no): hieráticos rostros de dolor, las almas de los extremos del piso inferior agonizantes, en un grito y medio desnucada la de la derecha… todo de dudoso efecto y realizado con un gesto muy naíf —para mi gusto, un tanto friki: me produce bastante rechazo—, que responde a una —a mi modo de ver, cuestionable— estética popular.

Las almas del purgatorio no están todas en el mismo grado de pena. El monje está asiendo a las dos que ocupan el espacio más alto por sus manos; están en trance de ser salvadas de su condena provisional y de ganar su libertad en el Cielo. Hay una figura central que —en un nivel intermedio— parece estar más cerca de alcanzar esta situación, un alma candidata al tercer grado (esto me lo monto yo en mi cabeza, le estoy echando inventiva hermenéutico-posmoconstructivista a la interpretación de la escena por un tubo). Las dos almas centrales de abajo parecen estar clasificadas en un segundo grado (régimen ordinario), y las dos de los extremos son las que lo tienen peor: primer grado (con medidas de sufrimiento aumentadas). La de la izquierda manifiesta grandes deseos de salir de esa situación, agarrando desesperadamente la mano de la que ya está en proceso de excarcelación (expurgación). En consecuencia, dos parecen ser los ejes temáticos de la obra: 1) si pecas y no te redimes, pagas: nadie queda sin ser juzgado y condenado y 2) hay buenos abogados ante el Juez Supremo: frailes-clérigos en la Tierra (especialmente, los religiosos de la orden de San Francisco de Asís) y la Virgen y Jesús en el Cielo para sacar a los condenados del Purgatorio. Para ello, hay que llevar a cabo obras pías, como construir petos de ánimas, ofrecer misas y rezar por sus almas, dar limosna, hacer ofrendas, &cétera. Desde una perspectiva psicológica, esta plástica religiosa inserta el miedo en la gente en relación con el futuro que le aguarda según y cómo (una especie de técnica aversiva mental diferida).

Para concluir, hay una ofrenda floral en el peto, tal vez dirigida a las almas del Purgatorio en general o tal vez dirigida a alguien específicamente.

Me di una vuelta por los alrededores. La avenida de Galicia se prolonga por la rúa Sanjurjo Badía, que es la calle principal de la población. A la altura de la calle Sanjurjo Badía, número 82, se instalaron unas escuelas de primera enseñanza gratuitas (Escuelas San Ignacio), en una finca incautada y más tarde devuelta a la Compañía de Jesús, para hijos de obreros y para las familias sin poder económico del barrio de Teis. Se alfabetizaba a niños (por la mañana) y a adultos trabajadores (por la tarde).

Y sí, aunque muy modernizado, al entorno todavía le queda el regusto de su pasado obrero. Según me contó mi abuela materna, su marido era transportista, conducía un camión. Hacía habitualmente la ruta Valladolid-Vigo (mi abuelo materno, al que apenas conocí, era vallisoletano) y, en Vigo, se alojaba en la pensión que ella llevaba junto con otros hermanos en el puerto. Allí se conocieron; se casaron y se instalaron en la ciudad durante los convulsos finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado, pero no precisamente en la plaza de Compostela o en la calle Príncipe, sino en un barrio de clase trabajadora. Pasado un tiempo, se unieron a la tradicional diáspora que ha afectado secularmente a Galicia, y emigraron con sus hijos a Barcelona.

Con todo, está bien conocer los difíciles orígenes de la mitad de la familia. Como dice Marina: «Cuando las realidades que tienen una génesis larga se estudian estructuralmente, sincrónicamente, prescindiendo de su genealogía, se hacen opacas e incomprensibles» (José Antonio Marina: La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Barcelona: Anagrama, 2006, p. 41).

Por lo que toca al barrio, los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO) salieron de aquí. Eso me disgusta: el terrorismo, sea popular o de estado, viola toneladas de derechos; entre ellos, el derecho a la vida. Atentar contra la vida de las personas es inmoral.

Pero también se hacen cosas bellas en Vigo y sobre Teis. Por ejemplo, el videoclip dirigido por el director gallego Alberto Baamonde de la canción «El tiempo futuro», incluida en el álbum Están ustedes unidos (Esmerarte, 2011) de Eladio y los Seres Queridos. Las localizaciones del vídeo se centran en buena medida en Teis: se muestra la parte rural de la parroquia inserta en la urbana, el puerto, las grúas, los contenedores, las embarcaciones, el mar, los silos de almacenamiento, las vías del tren que lo dividen, edificios singulares del barrio… Las técnicas utilizadas para la elaboración del vídeo se denominan tilt-shift («efecto miniatura o maqueta») y timelapses (planos acelerados), lo que crea una sensación de irrealidad, como de juguete, a lo que de hecho es real. El resultado visual es novedoso, sorprendente y entrañable.

 

No visité más; se hacía tarde. Dejé la incursión al centro de Vigo para otro día y emprendí camino de regreso a Orense (he pasado por Orense un montón de veces), haciendo una parada en Celanova, en la comarca homónima.

 

Orense

Celanova

La villa de Celanova da nombre a su tierra. La tierra de Celanova, situada en el extremo oeste de la provincia de Orense, está bañada por el río Arnoya/Arnoia y su afluente el Ourille. La población es cabeza de su comarca. El monasterio de San Salvador, fundado por San Rosendo el 12 de septiembre de 936, está en el origen de la población: el casco urbano de la villa surgió y se desarrolló a su alrededor.

El monasterio de San Salvador de Celanova señorea la plaza Mayor de la localidad. La monumental fábrica que contemplamos en la actualidad se levantó a partir de 1550, tras la incorporación de la congregación a la Orden de San Benito en 1506. El conjunto monástico es el resultado de diversos agregados constructivos a lo largo de los siglos, entre los que podemos destacar la originaria capilla de San Miguel Arcángel (siglo X), una iglesia diseñada conforme a lo pactado en un contrato de 1661 (reconstruyendo un arruinado templo medieval) y dos claustros de aproximadamente igual tamaño, el principal renacentista-barroco y el nuevo erigido hacia 1727.

Eran como las ocho y pico de la tarde y en ese preciso instante estaban cerrando la iglesia, por lo que no fue posible acceder a su interior. Con la excepción del claustro norte o principal, todo lo demás estaba cerrado. Me perdí la capilla u oratorio de arte mozárabe o de repoblación de San Miguel. Qué se le va a hacer, otra vez será.

Celanova (Orense). Monasterio de San Salvador (ss. XVI-XVIII). Fachada de la iglesia barroca (s. XVII)

La iglesia, al principio conventual y desde el siglo XIX parroquial, fue renovada sobre la primitiva traza medieval por el arquitecto cántabro Melchor de Velasco y Agüero en 1661 y se coronó con la cúpula alzada por el arquitecto pontevedrés Pedro de Monteagudo, finalizando la construcción del templo en 1685.

La enérgica fachada de la iglesia parte de un estilo clasicista de influencia herreriana que evoluciona, con modificaciones y aditamentos, hacia un ostentoso barroco. A una primera etapa parecen pertenecer el friso, las ventanas y los nichos laterales con las efigies de San Rosendo a la derecha y San Torcuato a la izquierda, las pequeñas pilastras del segundo cuerpo, el escudo abacial coronado —que estaría ubicado más o menos donde ahora se abre la ventana central— y los pináculos con bolas estriadas y obeliscos del remate. Remodelaciones y añadidos ulteriores serían la sustitución en el primer cuerpo de las cuatro columnas de arte dórico sin basas ni capiteles inicialmente proyectadas por cuatro pares de columnas de orden compuesto con basas y capiteles, la decoración de la hornacina de San Benito (sobre la puerta), el aumento de altura de la calle central y la adición de más pináculos.

Como hemos dicho, el monasterio posee dos claustros contiguos. Las fotografías corresponden al conocido como claustro Reglar, de las Procesiones, de los Medallones o Barroco. Fue la primera dependencia renovada. El nombre claustro de los Medallones se debe a que bajo los soportes de la arquería (muy) tardogótica se conservan medallones con bustos de personajes históricos (Carlos I, Felipe II, Juan de Autria…), figuras oníricas y monjes benedictinos. Con la exclaustración de 1835, la construcción albergó el consistorio, una cárcel y dos escuelas, para niños y para niñas.

El claustro de los Medallones del monasterio de Celanova está cubierto por bóvedas de crucería o nervadas construidas a finales del siglo XVI y principios del XVII. Dichas bóvedas son estrelladas, con una clave mayor en el centro y cuatro claves secundarias en cruz, conectadas por ligaduras rectas. Asimismo, las ménsulas están enlazadas por una moldura que recorre horizontalmente el interior de la galería.

Celanova (Orense). Claustro de los Medallones del convento de Celanova. Bóveda de crucería estrellada

En las bóvedas de tracería de los rincones del claustro aumenta el número de nervios y de claves; en el centro contamos 12 claves secundarias, más 4 con tallas de caras o ángeles, más la central.

Vista general de la tracería gótica de las bóvedas de los rincones del claustro

En la siguiente imagen se presenta una visión general del claustro principal del convento, con el cuerpo inferior renacentista y el cuerpo superior barroco. En la construcción de este claustro Reglar participaron diversos maestros de obras o arquitectos: Juan de Badajoz el Mozo, Rodrigo Gil de Hontañón, Juan Ruiz de Pámames, Mateo López, Juan de Coterón, Benito y Francisco González de Araujo, fray Plácido Iglesias y otros.

El recinto responde a un modelo renacentista de claustro apilastrado con contrafuertes primásticos rematados por jarrones. En el siglo XVIII el cuerpo superior fue cerrado y ornamentado exteriormente por fray Plácido Iglesias siguiendo el estilo final del barroco gallego.

Celanova (Orense). Claustro del convento

Los capiteles están decorados con motivos geométricos (círculos, cuadrados, rectángulos), muy frecuentes en esa variante regional del barroco:

Detalle del capitel con motivos geométricos

Detalle de una gárgola:

Detalle de una gárgola

 

Jornada cuarta

Orense

Destiné la cuarta jornada del viaje a visitar la ciudad de Orense y la Ribeira Sacra, al norte de la provincia.

 

Ciudad de Orense

La ciudad de Orense, capital de la provincia, es la tercera ciudad de Galicia por número de habitantes, tras Vigo y La Coruña. Es una ciudad con una larga tradición intelectual y literaria que se puede remontar hasta el padre Feijoo. Más recientemente, ilustres escritores del Rexurdimento del siglo XIX (Valentín Lamas Carvajal, Manuel Curros Enríquez) o del grupo Nós de principios del XX (Vicente Martínez Risco y Agüero, Antonio Losada Diéguez, Florentino López Alonso-Cuevillas, Ramón Otero Pedrayo) nacieron en Orense o estuvieron estrechamente vinculados a la capital.

Las imágenes reflejan unas cuantas piedras con las que fui topando durante mi pedestre paseo urbano-orensano.

 

Iglesia de Santa Eufemia

Orense. Fachada de la iglesia de Santa Eufemia

La iglesia de Santa Eufemia pertenecía al antiguo convento de los Jesuitas. Iniciada a mediados del siglo XVII, la construcción de su fachada se extendió cerca de un siglo. En un ejemplo arquetípico del barroco gallego. Debido a la estrechez de las calles, el arquitecto fray Plácido Iglesias la diseñó con una fachada cóncava para lograr así un efecto monumental y que pudiera ser mejor apreciada.

En el cuerpo central superior descuella un gran ventanal flanqueado por pares de columnas corintias a derecha e izquierda, con escudos en los intercolumnios. Este cuerpo está coronado por un frontispicio de factura reciente (1937) y cornisa con pináculos decorativos. Las columnas superiores están alineadas con las del cuerpo inferior (de capitel jónico), las cuales apoyan sobre pedestales exornados con motivos geométricos, ornamentación semejante a la que vimos en el claustro Reglar de Celanova ya que el autor es el mismo. La puerta está decorada con marcada moldura de amplias orejeras, sobre la que se dispone una hornacina.

 

Catedral de San Martín

La Catedral de Orense es de estilo tardorrománico. Su construcción data de finales del siglo XII (consagración del altar mayor en 1188) y mediados del siglo XIII. Se trata del segundo edificio medieval más relevante de Galicia, tras la Catedral de Santiago de Compostela.

En la imagen siguiente se ve la fachada occidental que antecede y cubre el pórtico del Paraíso, a los pies de la iglesia, y que puede considerarse como la principal del templo. La amenaza de ruina obligó a realizar importantes reformas en la portada del Oeste, quedando deslucida. En su constitución actual, está flanqueada a la izquierda por la torre de las Campanas, cuyo pináculo alcanza la altura de cuarenta metros, y a la derecha por el primer cuerpo de otra torre que no llegó a terminarse.

El espacio interior de la Catedral de Orense se estructura conforme a la planta tradicional de cruz latina, con tres naves y largo transepto. En la fachada principal, separados por contrafuertes, hay vanos cubiertos por arcos semicirculares levísimamente apuntados apoyados sobre pilares que dan paso a cada una de las tres naves. La arcada del centro es la más amplia; presenta tres arquivoltas exornadas (la interior, con estatuillas bajo arquillos trebolados) rematadas con una moldura. El tímpano del arco está ocupado por un ventanal dividido por arcos concéntricos y compartimentos radiales. Bajo la arcada central se abren dos puertas formadas por sendos arcos de medio punto. Los portones están separados por un pilar a modo de mainel, coronado por una estatua del rey David tocando el arpa.

Los otros dos arcos, de luz más estrecha, también presentan archivoltas sin tanta ornamentación.

En el paramento de la fachada principal se horadan un gran rosetón sobre el arco mayor acompañado por dos pequeños rosetones en los extremos inferiores, así como parejas de rosetones superpuestos en los tímpanos de las arcadas menores. El muro se remata con una cornisa con cuatro gárgolas.

El acceso al templo se hace por una escalinata con balaustrada ejecutada contemporáneamente (1975-1981). Los segmentos de la balaustrada quedan acotados con pináculos.

(N. B.: la puerta de la fachada sur, precedida por un atrio con balaustrada, es la del Patín [= patio, atrio] Viejo, en la plaza del Trigo. La puerta del Patín Nuevo («patín» por el atrio y «nuevo» por ser de factura más moderna) es la de la fachada norte más próxima a la torre, a la que también se accede por una escalera. Esa es la escalinata del Patín [Nuevo], y no la de la fachada oeste).

Orense. Escalinata con balaustrada y fachada occidental de la Catedral de San Martín. A la izquierda, el campanario

La catedral estaba abierta, lo que nos permitió visitar su interior; particularmente, la capilla del Santo Cristo (barroca, muy recargada y enteramente labrada en oro) y el pórtico del Paraíso.

El pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago no consigue eclipsar al soberbio pórtico del Paraíso de la Catedral de Orense, pues recientemente ha sido sometido a un proceso de restauración que, entre otras cosas, le ha devuelto la policromía original.

Orense. Pórtico del Paraíso en la Catedral de San Martín

Uno está tan acostumbrado a ver la escultura del siglo XII con el color natural de la piedra —de ordinario, cubierta por una pátina de suciedad acumulada durante siglos— que cuando el románico luce así de esplendoroso impacta los sentidos y el intelecto. Aunque, a decir verdad, la pigmentación es del siglo XVIII.

Orense. Pórtico del Paraíso en la Catedral de San Martín

A continuación se puede contemplar el conjunto de la bóveda ojival que cubre el pórtico del Paraíso, con complicadas nervaduras y vistosos florones en las claves.

Orense. Bóveda del nártex e interior de la catedral desde el pórtico del Paraíso

La siguiente fotografía capta el interior de la iglesia con las tres naves, más alta la central, lo que permite que se abran ventanales románicos que iluminan el templo. La ausencia de coro cerca del crucero nos da la oportunidad de admirar la edificación en toda su longitud hasta el altar mayor. La bóveda ojival, de crucería simple (cuatripartita con dos arcos cruceros, siglo XIII) se asienta sobre arquería formera del siglo XII: se comprueba el estilo de transición del románico al gótico.

Los arcos descansan sobre columnas adosadas a pilares cuadrados. Una columna se prolonga hasta el arco perpiaño, recogiendo además el empuje de los arcos cruceros por medio de ménsulas. En las otras tres, no tan largas, apean el arco formero y el arranque del de la nave lateral. Ésta y otras características (arcos formeros ligeramente ojivales, naves laterales de menor altura que sirven como contrafuertes de la bóveda de la nave central, imposta que recorre longitudinalmente la base de la bóveda de la nave central, iluminación monocroma blanca…) revelan la influencia del arte cisterciense en la arquitectura de la catedral orensana.

Orense. Nave principal con bóveda de crucería

De nuevo en el exterior del edificio, detalle de la imposta que corre horizontalmente por la fachada decorada con el motivo de perlado o bolas abulentes, de la época de los Reyes Católicos (gótico isabelino, siglos XV-XVI). Fíjate que me gustan a mí, las bolicas estas…

Orense. Detalle de la decoración con perlado o bolas abulenses (estilo Reyes Católicos) de la Catedral de San Martín

 

Plaza Mayor

La plaza Mayor de Orense está en declive, caso único entre las plazas mayores españolas. De planta cuadrada, el núcleo de población medieval creció en sus inmediaciones. De frente, la casa consistorial (Casa do Concello, 1888), con soportal, al igual que las viviendas.

Orense. Plaza Mayor

 

Las Burgas

El origen de la ciudad romana se sitúa en torno a las termas de Las Burgas, en la zona baja del casco histórico. La palabra burga, de origen céltico, significa «caliente, termal».

Orense. Termas romanas de As Burgas

De las fuentes termales de Las Burgas todavía mana agua a alta temperatura muy rica en sales. A estas fuentes acudían antiguamente los orensanos a escaldar pollos para quitarles las plumas más fácilmente. Constatado: el agua quema. La que se muestra en la fotografía es la Burga de Arriba, del siglo XVII.

Orense. Fuentes termales de Las Burgas. Burga de Arriba (siglo XVII)

 

Pazo-palacio de los Oca Valladares (Liceo de Ourense)

El Liceo de Ourense, una sociedad artística, literaria, deportiva, cultural y recreativa decimonónica, ocupa el pazo-palacio renacentista de los Oca Valladares, construido en la primera mitad del siglo XVI. El edificio es un importante ejemplo de la arquitectura civil gótico-renacentista gallega. En la fotografía se muestra la parte de la fachada de dos plantas que corresponde al portón adintelado de entrada a la sede, adovelado y encuadrado por molduras ornamentales a modo de delgadas columnillas, las dos interiores con capitel. Sobre el portal, balcón con balaústres labrados con repisa apoyada sobre ménsulas o modillones (canzorros) tallados con figuras. El vano geminado se abre en la fachada con arco ajimezado sin mainel o parteluz. El hueco está rodeados por cinco escudos de armas correspondientes a sendos linajes gallegos, y todo enmarcado por un sencillo alfiz.

Orense. Pazo-palacio de Oca-Valladares, actual Liceo Recreativo orensano

 

Puentes sobre el río Miño

Reza el dicho popular: «Tres cosas hay en Orense que no las hay en España: el Santo Cristo, la Puente y la Burga hirviendo el agua». Cruzan el río Miño numerosos puentes, pero hay dos especialmente significativos: uno muy antiguo, el puente Romano, Mayor o Viejo, y el contiguo y moderno Puente del Milenio.

La Puente, puente Vieja, puente Mayor o puente Romano data de los tiempos de Trajano (siglo I o II), según la tradición (alternativamente, de la época de Augusto). Reconstruido varias veces por problemas de cimentación y derrumbamientos, las pilas del basamento son originales romanas, pero los arcos ojivales y el perfil de lomo de asno son medievales (siglo XIII). De sillería granítica, por sus dimensiones (370 metros de largo, luz de su arco central de 43,70 metros y flecha de 38 metros) es uno de los puentes de piedra más señalados de España.

Aunque antaño se situaba a las afueras de la ciudad, en una barriada chunga, con el crecimiento de la urbe ha quedado integrado en la misma. Este puente es símbolo de la ciudad: figura en su blasón. Formaba parte de las calzadas romanas secundarias (ramales de la Via Nova o Via XVIII del Itinerario de Antonino) que pasaban por Orense (Chaves-Lugo, Baños de Bande-Orense).

Orense. Puente Vieja sobre el río Miño

Desde el puente Viejo, corriente arriba: en primer término, la pasarela peatonal sobre el Miño. Detrás, el puente Nuevo (1918), que atraviesa con un solo arco parabólico de hierro todo el cauce del río. Al fondo, el viaducto ferroviario, de hormigón, con arcos de 46 metros de altura.

Orense. Río Miño aguas arriba del puente Viejo, hacia el Noreste. Diversos puentes y viaductos ferroviarios

Una vista del río Miño desde el puente Viejo, aguas abajo (hacia el Oeste). Al fondo, el Puente del Milenio:

Orense. Río Miño, aguas abajo del puente Medieval, mirando hacia la desembocadura. Al fondo, el Puente del Milenio

El Puente del Milenio es obra del arquitecto Álvaro Varela y el ingeniero Juan M. Calvo. Se trata de una estructura curva que desciende en ligera pendiente desde la margen derecha hacia la margen izquierda del Miño, en la confluencia con el río Barbaña. El puente tiene cuatro vanos cuyas luces son de 60, 110, 60 y 45 metros, respectivamente, y una plataforma de 23 metros de anchura. Los pilonos desde los que se atirantan las siete parejas de cables obenques de sujeción están inclinados hacia el vano central, lo que da al conjunto una forma de arpa. La cinta pasarela, como las alas de una gaviota, confiere a la construcción gran impacto visual.

Orense. Puente del Milenio sobre el río Miño

 

A Chavasqueira

En Orense abundan los manantiales de aguas termales. Además de Las Burgas, nos dimos una vuelta por La Chavasqueira.

Orense. Pozas de A Chavasqueira

En el barrio de La Chavasqueira, a la salida de la ciudad de Orense, se ubican unas pozas termales en la margen derecha del río Miño. Las aguas brotan en la ribera a una temperatura de 64º y son recogidas en grandes pilas. Estos baños son públicos y gratuitos. El lugar estaba lleno de familias con niños; siendo así, no hice ninguna foto (no me gusta que aparezcan menores en mi blog).

Junto a esas pozas se ha levantado un templo-SPA orientalizante de estilo sintoísta japonés (ambiente zen) de gestión privada, que recupera unas antiguas termas del siglo XIX, As Caldas do Bispo. Así es que hay pozas públicas (A Chavasqueira, a orillas del Miño) y termas privadas (As Caldas do Bispo, hoy Termas Chavasqueria, un poco más alejadas de la orilla).

 

Ribeira Sacra

Se conoce con el nombre de Ribeira Sacra un área entre las provincias de Lugo y Orense en la confluencia de las riberas (= Ribeira) del Miño y del Sil caracterizada por «la gran cantidad de monasterios y templos ubicados en los monumentales cañones y escarpadas laderas que jalonan la zona» (Wikipedia), lo que califica de ‘Sacra’ la ribeira. El relieve es muy áspero, con fuertes pendientes producto de las fracturas y fallas tectónicas en el basamento granítico por las que discurren encajonados los cauces de los ríos. Todo esta cubierto por un espeso bosque con muchas especies autóctonas.

Orense. Ribeira Sacra. Bosque

Ribeiras Sacras, de hecho, hay dos: la Ribeira Sacra Orensana y la Ribeira Sacra Lucense, según nos hallemos a uno u otro lado del río Sil, frontera natural entre las dos provincias. Mi recorrido se limitó a la Ribeira Sacra Orensana; he dejado las provincias de La Coruña y Lugo para otra ocasión.

 

Monasterio de San Esteban de Ribas de Sil

El monasterio de Santo Estevo o de San Esteban de Ribas de Sil, situado al norte del municipio de Nogueira de Ramuín, en la ladera meridional del cañón del río Sil, fue el monasterio benedictino más destacado de la Ribeira Sacra. Ha sido recuperado en su aspecto original para su uso como parador de turismo tras una relevante obra de reconstrucción y decoración. Las nuevas instalaciones se inauguraron en 2004. Se ha hecho un trabajo espléndido y el resultado es impresionante, volviendo a poner en valor un edificio cuyo origen es anterior al siglo X.

Orense. Monasterio de San Esteban de Ribas de Sil e iglesia

El monasterio cuenta con tres claustros: el claustro dos Cabaleiros, el claustro dos Bispos y el claustro do Viveiro.

El claustro de los Caballeros recibe este nombre porque en sus celdas se alojaban los nobles que visitaban el cenobio. También se denomina claustro Grande, claustro de la Portería y claustro de la Hospedería. Desde el siglo XVI albergó a los colegiales que estudiaban en el Colegio de Artes fundado por la congregación en 1530 y que prosiguió hasta la exclaustración de 1835. De tres cuerpos, es uno de los claustros más amplios de toda Galicia y, cronológicamente, el segundo del monasterio.

En el patio contrasta la arquería del piso inferior con la galería adintelada del segundo cuerpo, de arquitectura arquitrabada. Las obras de reforma de estos dos niveles comenzaron en el último tercio del siglo XVI. La planta superior del claustro es una añadido de 1721.

Orense. Monasterio de San Esteban de Ribas de Sil. Claustro dos Cabaleiros

El claustro de los Obispos es el más complejo y el que sufrió más modificaciones constructivas a lo largo de los siglos, con actuaciones que se extienden entre los años 1220 y 1722, aparte de la restauración-reconstrucción de 2004.

Orense. Monasterio de San Esteban de Ribas de Sil. Claustro dos Bispos

El claustro del Vivero o del Abad es el más pequeño y temperado. De estilo renacentista (contratado el 31 de diciembre de 1595, inicio de las obras en enero de 1596), fue realizado por el maestro cantero vizcaíno Diego de Isla. El nivel inferior está formado por una arcada de medio punto sobre esbeltas columnas toscanas de fuste liso y cuidada éntasis. Un cornisamento sin ornamentación separa los pisos. En el nivel superior, una serie de arcos ciegos, en cuyos tímpanos se abre un sencillo óculo, está sostenida por otra columnata de menor altura. La galería del segundo piso se cierra parcialmente con un antepecho resaltado por casetones. El todo se remata con un friso decorado con triglifos, rosetas y gotas bajo la tenia que queda cubierto por las molduras de la cornisa.

Orense. Monasterio de San Esteban de Ribas de Sil. Claustro de Viveiro

Uno de los restaurantes del parador ocupa las antiguas caballerizas del monasterio. Se sitúa bajo una elevada bóveda de catorce metros de altura, que se explica porque se han eliminado los altillos que ocupaban la parte superior, donde se almacenaba la paja y otros alimentos para los mulos y demás animales que los monjes utilizaban para trabajar el campo y transportar las mercancías. Amplísimos ventanales permiten que comas con vistas al frondoso bosque que rodea el establecimiento.

Orense. San Esteban de Ribas de Sil. Antiguas caballerizas, actualmente restaurante Dos Abades del parador de turismo

Encuentro que este comedor está resuelto con muchísimo gusto y es una auténtica delicia:

Orense. Parador Monasterio de Santo Estevo. Restaurante Dos Abades

Según se explica en los folletos informativos, el claustro de los Obispos fue construido en el siglo XIII con una sola planta y cubierta de madera. En el siglo XVI se le añade otro nivel, de estilo gótico flamígero, y la cubierta con bóvedas de crucería.

Monasterio de San Esteban. Bóveda de crucería del claustro dos Bispos

Copio de los paneles interpretativos:

El “Claustro Dos Bispos” es el más antiguo de Santo Estevo. Comenzó a erigirse en 1220 para exaltar la memoria de los nueve obispos santos. […]
[…] El cuerpo inferior es románico, con arquería apoyada sobre columnas gemelas con capitales de galibo [sic] decorados. [No sé lo que son los «capiteles de galibo». La internet tampoco lo sabe; para mí que quien haya escrito eso se lo ha inventado. Creo que quiere decir «capiteles elegantes» o algo así]. La bóveda inferior es de crucería y el cuerpo superior, ojival decadente (s. XVI) con pares de ventanas gemelas en carpanel, coronadas por una hermosa crestería calada. Los muros cuentan con gruesos contrafuertes, adornados con pináculos, gabletes y agujas góticas.

Orense. Monasterio de Santo Estevo. Claustro dos Bispos

Bueno, veamos. Por el desgaste de la piedra, se nota que el cuerpo inferior es mucho más antiguo que el superior, aunque hay que tener en cuenta que el monasterio-parador ha sido sometido a varias ampliaciones, reconstrucciones y restauraciones. En el cuerpo inferior se observan los arcos románicos sostenidos por columnas dobles separados en grupos de a tres por los contrafuertes. Esos contrafuertes prismáticos son un añadido posterior: cuando se levantó el segundo nivel, el primero no soportó bien la carga y empezó a deformarse; de ahí el refuerzo de los estribos. Se comprueban los frontones ornamentales puntiagudos (= gabletes), culminados por pináculos o agujas tardogóticas, en dos cuerpos de los machones y separando segmentos de la crestería del techo, en alineación con los contrafuertes. Los vanos pareados del piso superior se revisten con sendos arcos carpaneles y en los entrepaños, superando las ventanas, se abren óculos elipsoidales moldurados. Una crestería calada corona el claustro por encima de la cornisa con gárgolas. Finalmente, en la tracería de la bóveda inferior, las claves están decoradas con florones y, bajo las ventanas del nivel superior, el bocel que cubre el antepecho se embellece con unos chirimbolos que no sé lo que son (las bolas que me gustan, no).

Había en el parador una pintoresca exposición cuya temática permitía exhibir juntos objetos tan diferentes como los que siguen:

Un vetusto ciclomotor Mobylette, ays…

Viejo ciclomotor Mobylette

… una licencia oficial de castrador (!) expedida por la Escuela Superior de Veterinaria de León (¡!)…

Licencia oficial de castrador expedida por la Escuela Superior de Veterinaria de León

… y una antigua y un tanto tosca, aunque seguramente todavía útil y recomendable, camisa de fuerza (¡!). No comentaré.

Antigua camisa de fuerza

 

Iglesia de San Esteban de Ribas de Sil

La iglesia de Santo Estevo está adosada al monasterio-parador, formando un ángulo recto con este. El templo fue consagrado en el siglo XII. De planta basilical, la cabecera y el siguiente tramo de las naves son románicos, pero progresando hacia los pies de la iglesia hace su aparición un gótico avanzado.

Bajo estas líneas se observa 1) el ábside románico en el centro de la cabecera, orientada hacia Levante según costumbre, con un rosetón situado en la zona alta; 2) el altar con un retablo del siglo XII en el que están representados Jesucristo y los doce apóstoles y 3) dos tramos de la nave principal. Apréciese la compleja composición de los pilares cruciformes, con columnas adosadas y columnillas acodilladas. La bóveda de crucería es del siglo XVI; sustituye la cubierta original del templo, que era de madera.

Orense. Iglesia de Santo Estevo. Ábside con retablo, nave central y amiga en actitud contemplativa

La bóveda del primer tramo de la nave es de tracería con terceletes, ligaduras y combados, nervaduras ornamentales que refuerzan la plementería y adoptan la forma de cuadrifolio.

Orense. Iglesia de Santo Estevo. Bóveda de tracería

Las otras bóvedas son más sencillas. Las nervaduras unen los terceletes de las caras transversales. No hay terceletes ni ligaduras en las caras longitudinales. La bóveda apoya sobre pilares cuadrados con columnas adosadas. Bajo el rosetón de los pies de la iglesia se sitúa elevado el coro en la nave central, que se prolonga por las tribunas en las laterales.

Orense. Iglesia de Santo Estevo. Coro y tribunas

 

Iglesia semirupestre y monasterio de San Pedro de Rocas

Mi atavismo troglodítico quedó satisfecho con la estadía en la iglesia semirupestre y monasterio de San Pedro de Rocas, al suroeste del monasterio e iglesia de Santo Estevo. El paraje empezó siendo habitado por anacoretas (vida en solitario) y acabó poblándolo una comunidad monacal (vida grupal). El monasterio consta de varias edificaciones, entre las que destacan la espadaña-campanario, la iglesia y la casa prioral. Extinguido el culto, la casa prioral de finales del siglo XVII —levantada sobre las ruinas de un cenobio anterior— es en nuestros días el Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra y de la Vida Monástica de San Pedro de Rocas.

San Pedro de Rocas es el monumento cristiano más antiguo de Galicia y fue declarado monumento arquitectónico-artístico oficialmente en septiembre de 1923. Se accede a él por una torcida carretera que atraviesa un frondosísimo bosque húmedo, casi de película de misterio. Su emplazamiento queda muy aislado, por lo que resultaba ideal para la práctica del cocooning eremítico («¿qué parte de “que me dejéis en paz” no habéis entendido?»). No obstante, de acuerdo con la inscripción de una lápida hallada en el lugar y que se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Orense, la ermita/el cenobio (vida en soledad vs. vida en comunidad) fue ocupado en el siglo VI (año 573) por 6 monjes 6, horror pleni & terror terrorum: malo solari quam perversio sociari, ἀδίκοις φίλοισιν ἢ κακοῖς μὴ συμπλέκου, Лучше быть одному, чем с кем попало, DaH vIneH nIteb, HI’uchHa’!; dónde vamos a parar con esa densidad social, Virgen del Pompillo, con lo bien que estábamos en el eremitorio; si es que todo degenera.

El conjunto monástico presenta características muy peculiares que no se admiran de manera usual. La primera de ellas es que las tres capillas del templo primitivo están excavadas en peña viva, de donde resulta el calificativo (semi-) rupestre de la iglesia. La segunda particularidad es la existencia de sepulcros antropomorfos.

La espadaña, con dos vanos para las campanas —en nuestros días en otra iglesia—, data del siglo XVI y prolonga verticalmente la enorme piedra sobre la que se asienta. En esta se ha horadado un hueco con forma de medio arco para franquear el paso y abrir el camino a la fuente de San Bieito (San Benito). Se puede subir al campanario por unas escaleras traseras.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas. Espadaña

Las capillas cavernarias traen origen de las cuevas de los ermitaños y su antigüedad se remonta como mínimo al siglo VI. En épocas posteriores, los espacios anacoréticos se comunicaron entre sí abriendo vanos románicos; más tarde fueron añadidas nuevas estructuras arquitectónicas. La siguiente fotografía capta el lateral izquierdo de una nave cuadrangular situada transversalmente por delante del frontispicio de la iglesia altomedieval, conformando una especie de vestíbulo de esta. La nave transversal, que es a la que se ingresa cuando cruzamos la puerta exterior del templo, sigue una dirección norte-sur y fue construida en el siglo XV. Lo que se distingue al fondo, tras el arco de medio punto, es la capilla norte de dicha nave, en su extremo izquierdo, donde existía un altar. En primer término vemos restos arqueológicos de sepulcros antropomorfos.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas. Nave-vestíbulo

Mirando de frente, hacia el Este: al añadirse la nave perpendicular del siglo XV, la antigua fachada de la iglesia con las puertas que dan acceso a las capillas quedó como un muro interior. En la roca se abre un vano con forma de arco rebajado bajo el que se cobija una puerta del siglo XII realizada en fábrica de sillería irregular y abocinada con arquivoltas de medio punto. La incongruencia entre la roca natural y la cubierta artificial de la nave perpendicular se resuelve rellenando el espacio con muro de fábrica de piedra.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas. Puerta de acceso a la capilla principal

La imagen de abajo corresponde a la «nave principal» o capilla central, al frente de cuyo ábside y flanqueado por hornacinas se sitúa el altar mayor del templo, una rústica mesa. Siguiendo la tradición, la cabecera de la iglesia está orientada hacia el Este. Los fustes de las pilastras, capiteles, arco, imposta y hornacinas de la cabecera e incluso el techo de la capilla, que simula una bóveda de cañón, están labrados en la roca. El arco de refuerzo de la bóveda, de sillares, es del siglo XVI.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas.

Dentro del templo también hay sepulturas antropomorfas, pero las más llamativas son las del exterior. Al estar inundadas a causa de la lluvia, el contraste de color permite que su forma y profundidad sean percibidas claramente. Estas sepulturas, situadas en un corredor entre la casa prioral y el templo, pertenecen al primitivo claustro suevo. Según se cree, cada monje debía cavar su propia tumba —en un sentido literal, no metafórico—. El cadáver del fenecido se introducía en el hoyo (ya se sabe: el muerto al hoyo y el vivo al bollo) y la fosa se cubría con una tapa (adviértase el rebaje para encajarla). Las cabezas están orientadas hacia el Oesnoroeste.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas. Sepulcros antropomorfos

Bajo estas líneas, el sepulcro que más me gustó. Este sepulcro, levantado del suelo, es más tipo sarcófago egipcio para meter la momia o rollo conde Drácula. A propósito: he dado instrucciones precisas a mis allegados para que cuando la espiche (a la tercera va la vencida), aparte de la fiesta y tal, me incineren para que no se les acumulen los cadáveres en el armario y evitar de paso los malos olores —la putrescina y la cadaverina no perdonan—. Además, así nadie bailará siniestro-totalmente sobre mi tumba y no habrá posibilidad de que por arte de brujería vudú se me reanime transmutado en zombi, que os conozco y sois unos guasones y os entusiasma vacilarme. Como me hagáis volver de entre los muertos hecho una piltrafa necrótica, os la cargáis; advertido queda.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas. Sepulcro antropomorfo

En la siguiente fotografía se aprecia el frondoso bosque que envuelve el monasterio en su espesura. El camino desciende hacia la fuente de San Bieito.

Orense. Ribeira Sacra. San Pedro de Rocas. Bosque y camino hacia la fuente de San Bieito

Tras estar todo el día vagando por la ciudad de Orense y la Ribeira Sacra, me retiré a mis aposentos para organizar fotos, escribir algunas notas, analizar urnas funerarias ecológicas y descansar (todavía no en paz ni para la eternidad).

 

Jornada quinta

O quinto día, o tempo fodeuse, pero o plan de viaxar polo sur e a costa atlántica da provincia de Pontevedra seguiu en pé. El gallego suena precioso, se comprende que vaya tan bien para la poesía lírica. Empezou a chover a cachón; no entanto, isto non amilana a un motorista curtido. Así que, coma se nada: púxenme o impermeable e a montar. Estoy casi por traducir toda la entrada del blog al gallego, pero no me fío de los traductores automáticos, que son una birria. En fin, seguiré en romance.

 

Pontevedra

El curso bajo del Miño se extiende desde la presa de Frieira hasta su desembocadura por La Guardia. En este tramo, el río es la frontera natural entre España y Portugal. Sucesivamente, encontramos bañadas por el curso bajo del Miño las comarcas pontevedresas de Paradanta (municipios de Crecente y Arbo), El Condado (municipios de Nieves y Salvatierra de Miño) y Bajo Miño (municipios de Tuy, Tomiño, El Rosal, La Guardia y Oya, ya en la costa atlántica).

Para hacer las cosas bien, me desplacé por la carretera autonómica OR-412 al lugar de A Frieira, en la parroquia de Desteriz (municipio de Padrenda, provincia de Orense), hasta el puente que hay junto a la presa de Frieira, la cual queda a mano derecha. El puente está a unos ciento cincuenta metros de la frontera de España con Portugal y franquea el río Miño, conectando las provincias de Orense y Pontevedra. En este punto, el río sigue encajado y no se distinguen rellanos detríticos o playas fluviales; el Miño cae rápido por su desfiladero.

Se ingresa en la provincia de Pontevedra por el municipio de Crecente, en la comarca de Paradanta. A un kilómetro, la OR-412 empalma con la carretera PO-400, que discurre más o menos paralela al Miño por su margen derecha. Viajé hacia el Oeste por esta vía, dirigiéndome a Salvatierra de Miño, en la comarca de El Condado. En el camino hay viñedos, pues estamos en una zona productora de Albariño.

 

Salvatierra de Miño (Comarca de El Condado)

Bien que la carretera PO-400 es la más cercana al Miño, el río, más que verse, se intuye. La carretera está un poco retirada hacia el interior y, además, hay tramos rodeados de bosque (de eucalipto, creo), por lo que no se alcanza a ver el curso de agua, lo cual es una contrariedad. Uno de los lugares donde la calzada más se acerca al río es la parroquia de Salvaterra, cabeza del municipio de Salvatierra de Miño, en la comarca de El Condado del Tea (el río Tea es un afluente del Miño por su margen derecha. Desciende por la comarca de El Condado hasta su desembocadura, al oeste de Salvaterra).

Los montes de Paradanta han quedado atrás; en Salvatierra el terreno se vuelve más llano y bajo, pues el municipio mantiene una altura de 100 metros sobre el nivel del mar en casi todo su territorio. El río Miño gana anchura y su talud de ribera se suaviza.

Salvaterra (Salvatierra de Miño). Río Miño

La villa-fortaleza de Salvatierra se ubica enfrente del municipio de Monção, en Portugal, otra villa igualmente fortificada. Salvatierra de Miño tiene un marcado carácter fronterizo, que también se plasma en su escudo de armas, y en ella han tenido lugar varias contiendas con el país vecino. En 1337 fue asediada durante ocho días por el rey Alfonso IV de Portugal y defendida por Vasco Ozores, sin que la plaza fuera tomada, pero los portugueses quemaron los lugares que estaban sin fortificar.

También fue ocupada entre 1643 y 1659, en el contexto de la Guerra de Restauración Portuguesa. La Guerra de Restauración fue un enfrentamiento armado entre los reinos de Portugal y España que finalizó con el Tratado de Lisboa de 1668, por el que se acordó la independencia de Portugal de la Corona Española.

Para la defensa de Salvatierra y otros menesteres tales como emprender campañas contra tu hermanastra por un quítame allá esos condados, se alzó en los siglos X-XI un castillo sobre un montículo que domina el río. La fortificación fue sometida a ampliaciones y reconstrucciones posteriores. Los portugueses edificaron las murallas que se ven en la siguiente imagen durante las hostilidades del siglo XVII, y se restauraron en 2008.

Salvaterra (Salvatierra de Miño). Castillo de Salvatierra o de Doña Urraca

En el valle del Bajo Miño, las plazas con mayor valor estratégico eran las de Tuy y Salvatierra. Como se acaba de mencionar, la villa-fortaleza de Salvatierra tuvo un papel destacado en la Guerra de Restauración Portuguesa. El conde de Salvatierra, García Sarmiento de Sotomayor, no podía hacerse cargo del lugar fortificado. Acerca de por qué no podía hacerse cargo del lugar, he leído dos justificaciones alternativas: 1) porque estaba combatiendo en la campaña contra Portugal en Extremadura al mando del conde de Monterrey y 2) porque había marchado a América para tomar posesión como Virrey de Nueva España desde el 23 de noviembre de 1642. Por la fechas, encaja más la segunda que la primera.

El caso es que Sarmiento de Sotomayor encomendó Salvatierra a su amigo portugués Gregorio Lopes de Puja, quien quedó en la plaza como su gobernador desde 1642. Esto no ha de sorprendernos tanto, porque entre 1580 y 1640 (o un poco más), mientras España y Portugal estuvieron unidos, militares portugueses servían en el ejército español.

Señor, protégeme de mis amigos, que de mis enemigos ya me encargo yo. El amigo Gregorio tomó partido por sus compatriotas sublevados contra la Corona de España. Cual espía, informaba a Portugal de los movimientos de las tropas españolas y en 1643 llamó al conde de Castelo Mellor, João Rodrigues de Vasconcelos e Sousa, para entregarle el castillo y la villa. Con esa traición Gregorito se pasó tres pueblos, qué cabrón (las cosas no se hacen así: primero restituyes el castillo que se te ha dejado en confianza y luego ya te pones de parte de quien te dé la gana, declaras la guerra y te matas a gusto en buena lid. Apuñalando por la espalda… mucho pragmatismo utilitarista de baja estofa es lo que hay), pero Sarmiento tampoco estuvo muy avispado que digamos. Aunque es muy fácil opinar a toro pasado, y todavía faltaba un poco para el Pacto Briand-Kellogg y las Convenciones de Ginebra.

El mariscal Vióle Datis andaba fabricando desde tiempo atrás algunas barcas cerca de Monção para intentar ganar Salvatierra. Con 500 soldados embarcados en dos tandas porque no cabían en un solo viaje (qué cutre todo), el conde de Castelo Mellor pasó a Salvatierra, donde halló las puertas del castillo abiertas, pero para tomar la villa encontró resistencia. Las tropas portuguesas saquearon Salvatierra y pegaron fuego a las casas de los rendidos gallegos (apropiación y destrucción de bienes. Todo muy pacífico y civilizado, mi optimismo antropológico aumenta por momentos, lo noto). Los españoles se tomaron su tiempo para recuperar el lugar pero, al final, los portugueses capitularon ante el ejército comandado por el marqués de Viana en 1659 y la plaza de Salvatierra regresó a manos españolas.

A lo largo de las centurias, los dos países peninsulares (Andorra se autodefine como el país de los Pirineos y no posee ejército, no lo incluyo) han mantenido alrededor de una decena de episodios o conflictos bélicos. Los últimos acaecieron a principios del siglo XIX: la Guerra de las Naranjas y el pequeño affaire de Fontainebleau entre Godoy y Napoleón, quienes en 1807 estipularon la invasión conjunta franco-española de Portugal para trocearlo y repartírselo. Aunque históricamente no se salva ni el apuntador, los dos últimos follones se los montamos nosotros a los portugueses, si bien los vecinos se vengaron en las Misiones Orientales.

Parece que en los últimos dos siglos hemos dejado de enredar y, en vez de invadirnos y hacernos putadas mutuamente, erigiendo fortalezas defensivas en ambas margenes del Miño, lo que hacemos es eliminar fronteras, crear eurorregiones y tender puentes, que es mucho más constructivo. Como el puente internacional sobre el río Miño entre las localidades de Salvatierra y Monção, de resultas del convenio hispano-luso firmado en Madrid el 3 de julio de 1989. Por supuesto, aproveché la ocasión para evadirme al extranjero. Tuve suerte, los agentes de la Autoridad de mi país decidieron que no había que echar mano del Tratado de Compostela.

Salvaterra (Salvatierra de Miño). Puente internacional sobre el río Miño

Junto al puente hay un restaurante-asador que se llama A Canuda en el que trabaja una chica supersimpática. Para mí que le di pena cuando, como espalda mojada, me bajé de la motocicleta chorreando lo más grande a la vuelta de mi breve expatriación (una amistosa incursión); debí de activar la etapa 2 de su gilliganiana ética del cuidado. La verdad es que estuvo muy amable y atenta conmigo. A propósito: el vinho verde de Monção y el albariño gallego se elaboran con la misma variedad de uva.

 

Tuy/Tui

Desde la Edad Media, la comarca del Bajo Miño gravitó entre los señoríos eclesiásticos de Tuy (sede episcopal, en la ribera del Miño) y Oya (con un renombrado monasterio a orillas del Atlántico). A estos dos polos de influencia se añade La Guardia, en un emplazamiento geográfico privilegiado. Tuy, La Guardia y Oya son los vértices del abierto triángulo bajomiñoto en los que desmonté de la moto —me salen versos sin esfuerzos—. O día estaba de cairos e as bategadas sucedíanse.

La carretera PO-404 conecta Salvatierra y Tuy. En la Edad Contemporánea, la primera noticia que tenemos de una vía pública pavimentada entre estas dos localidades es una carretera de tercer orden (de La Guardia a Salvatierra por Tuy) que se menciona en el Plan General de Carreteras de 1860. Sin embargo, ese plan fue rápidamente derogado y sustituido por el de 1864, que tuvo una duración de trece años, hasta 1877. En el Plan General de Carreteras de 1864, el tramo de Salvatierra a Tuy queda como de interés local, desapareciendo del proyecto y asignándose su construcción a instituciones no estatales.

 

Puente internacional sobre el río Miño

Los ejércitos romanos de Augusto concluyeron la conquista de Hispania a finales del siglo I a. n. e. El territorio noroeste de la provincia romana Tarraconensis se organizó en torno a tres grandes urbes, capitales de sus respectivos conventos jurídicos: Bracara Augusta (Braga, Portugal, 16 a. n. e.), Lucus Augusti (Lugo, 25 a. n. e.) y Asturica Augusta (Astorga, provincia de León, 14 a. n. e.). Poco después, hacia el 11 d. n. e., para poner en comunicación estas tres capitales se crean la Via XIX y la Via XX del Itinerario de Antonino. Estos caminos compartían algunos trechos. As usually, los arqueólogos no se han puesto de acuerdo acerca de su traza exacta; se conoce solo de forma aproximada.

Tude (Tuy) era un importante núcleo urbano y una mansio de la calzada romana (una mansio era un lugar de parada y descanso situado al lado de la vía); un punto crucial de paso de uno de los principales ejes viarios de Galicia en época romana. No acabo yo de estar seguro al 100 % de que una vía romana del siglo I pasara ni más ni menos que por un puente del siglo XIX… le echaremos imaginación. Se non è vero, è ben trovato.

Via XIX del Itinerario de Antonino, calzada romana de la época de Augusto

En la guía de ruta Vías Romanas XIX-XX de la Diputación de Pontevedra se expone muy bien qué es una mansio y se aquilata la pujanza de Tuy en época romana:

Una «mansio» o «mansión» era una infraestructura destinada a cobijar y dar descanso a los usuarios de las vías en época romana. Dependiendo de su importancia, algunas contaban con más o menos servicios, entre los que se encontraban cuadras, talleres, almacenes, tabernas e, incluso, estancias termales.
La actual villa de Tuy guarda en su subsuelo los restos de la mansio viaria conocida como «Tude», […].
Tude se encontraba a XLIII millas (unos 69 km.) del punto de partida Vía Romana XIX, y en ella se llevaba a cabo una gran actividad comercial y administrativa, y además era centro recaudador de tasas y gravámenes, por lo que esta mansio era enormemente frecuentada. Aquí los viajeros podían tener cubertas todas sus necesidades antes de volver a ponerse en camino por la Vía XIX.

Dice mi amiga Mariló que en vez de pedagogo musical tendría que haber sido ingeniero de caminos, canales y puertos. Algo de razón no le falta. Lo cierto es que los caminos, carreteras, canales, puentes, puertos… me encantan. Mi frikismo entraña estudiar hasta la evolución de los planes de carreteras, y siempre que puedo circulo con la moto por caminos históricos. Será que, para un profundo sistemista como yo, carreteras, canales, puentes, &cétera, materializan las conexiones entre componentes de sistemas geosociales. Al fin y al cabo, excepto el Universo, todo es un sistema o forma parte de un sistema. La idea de ‘tender puentes’ también es preciosa, ¿no?

Tuy-Valença. Puente internacional sobre el río Miño

En marzo y mayo de 1881, respectivamente, los Gobiernos de España y Portugal aprobaron la construcción de un puente metálico internacional sobre el río Miño entre Tuy y Valença do Minho. El puente internacional Tuy-Valença se inauguró el 25 de marzo de 1886, aunque ya había entrado en servicio un año y medio antes, el 10 de octubre de 1884. También se previó que un ramal de la carretera de Redondela a La Guardia por Porriño y Tuy se desviara hacia el puente internacional.

El proyecto corrió a cargo del ingeniero de caminos riojano Pelayo Mancebo y Ágreda. La solución de tablero-cajón que adoptó permite el tránsito de vehículos (por el tablero inferior), peatones (por una acera volada exterior) y trenes (por encima del cajón de vigas en celosía pasa una vía férrea). En la fotografía, tomada desde la parte española, se ve el estribo de sillería granítica con arcos de medio punto entre pilastras y las cuatro pilas sobre las que se asientan los cinco tramos de celosía metálica tubular.

Examiné la idoneidad del puente exiliándome a Portugal y dándome una vuelta por Valença. Ascendí por un ramal de la N-101 hasta el monte do Faro, con el objetivo de otear el Miño y Tuy desde la parte portuguesa. Llegué hasta la altura donde está la capela da Senhora do Faro, un poco antes de la cúspide. No continué porque chovía a caldeiros, estaba todo cubierto por las nubes y no se divisaba gran cosa.

Tras atravesar el puente como por cuarta vez —estuve revolviendo en la frontera, puente p’allá, puente p’acá—, reentré en España. Menos mal que ya no hay policía de aduanas, porque con tanta salida y entrada del país, a lomos de mi caballo de metal y campando por mis respetos, a lo peor van y se piensan que yo soy contrabandista, como en El Poeta Calculista de Manuel del Pópulo Vicente García.

Reentrada en España por Tuy

Con sus trescientos metros entre orillas, el cauce del Miño a su paso por Tuy se percibe muy ancho desde el centro del puente:

Río Miño a la altura de Tuy, corriente arriba del puente internacional

 

 Ciudad de Tuy/Tui

Una impetuosa regla filológica que he inferido de mi experiencia gallega es que todo lo que en castellano se diga y escriba con y griega, en gallego se dice y escribe con i latina: Arnoya = Arnoia, Tuy = Tui, Oya = Oia, Bayona = Baiona. Oie: desde hoi, i sin aiuda, io ia falo galego, ¡qué guai! (Esto me recuerda a cuando Susana Aranda, la catedrática de francés del instituto, nos pegaba la bronca por nuestro francés basado en el principio de chaqueta = «chaqueté»).

La muy noble y leal ciudad de Tuy, aparte de ser una localidad donde yo me quedaría a vivir un tiempo —tanto me gustó—, tiene una historia compleja. Como ya sabemos, fue una notable mansio romana. Tras la caída del Imperio romano, ostentó la capitalidad del Reino suevo con el caudillo militar Requimundo (459-463) o Remismundo (459-469), y del Reino visigodo con el rey Witiza, quien tuvo su corte y palacio en el lugar conocido como Monterreal-Pazos de Reis (a 1,5 kilómetros de la actual catedral) entre el 698 y el 702, antes de su traslado a Toledo. La sede episcopal fue creada en época visigoda.

Tuy padeció invasiones árabes (expulsados por Alfonso I de Asturias en 740) y normandas (vencidos en 844 por Ordoño I de Asturias, gobernador provisional de Galicia en sustitución de su padre, el rey Ramiro I). Durante las invasiones se producían despoblamientos y saqueos, seguidos de repoblaciones y restauraciones de la sede episcopal. Hubo ulteriores ataques: en 926-930, 997, 1014-1015… tanto de musulmanes como de normandos (los normandos eran medio vikingos). En 1071 la sede episcopal se instala en el monasterio de San Bartolomé de Rebordans, en los arrabales de la ciudad. En 1170 el poblamiento fue trasladado del barrio de Santa Eufemia, hoy parroquia de San Bartolomé de Rebordans, a la acrópolis, que fue fortificada con murallas y torreones. En esta época comienza la construcción de la catedral-fortaleza en el punto más alto de la ciudad. Las obras se extenderán durante un siglo (consagrada el 30 de noviembre de 1225), porque hubo constantes refriegas entre los tudenses y los valencianos del Miño, por efecto del nacimiento de Portugal como reino independiente en la primera mitad del siglo XII (Salvatierra de Miño vs. Monção = Tuy vs. Valença do Minho, villa también fortificada). El caso es que el obispo de Tuy también lo fue de Valença do Minho hasta 1386; todo muy coherente. En el siglo XV, valencianos del Miño atacaron la catedral-fortaleza, destruyéndola parcialmente.

Me he bajado de Wikipedia Commons un facsímile del Livro das Fortalezas (1509-1510), un manuscrito de Duarte de Armas que contiene los diseños de 56 castillos fronterizos del Reino de Portugal, visitados en persona por el autor para la confección del libro. En el grabado se ve en primer término el Castillo de Valença do Minho, en Portugal, y  al otro lado del río, la plaza de Tuy, presidida por la catedral-fortaleza y rodeada de murallas con torreones y un bastión semicircular. A la derecha figura otra iglesia que, conjeturo, debe de ser la original de San Bartolomé de Rebordans. Se muestran naves en el río. Analizando el dibujo, uno puede intuir en qué plan estaban los dos reinos en la época…

“Livro das Fortalezas 112- Valença” por Duarte de Armas – Arquivo Nacional Torre do Tombo. Licenciado sob Creative Commons Attribution. En primer plano, el Castillo de Valença do Minho (Portugal). En la otra margen del Miño, la plaza de Tuy, presidida por la catedral-fortaleza y rodeada de murallas

Se conservan restos del primitivo recinto amurallado de los siglos XII y XIII. Éste es el aspecto actual de la ciudad:

Vista general de la ciudad de Tuy

Durante la Edad Moderna, entre 1550 y 1833, Tuy fue capital de la provincia del mismo nombre, recibiendo los tributos de Vigo.

 

Centro histórico. Catedral de Santa María

La Catedral de Santa María de Tuy es una catedral-fortaleza que, emplazada en el ápice de la acrópolis, domina la ciudad. La originaria ciudad de Tuy fue sitiada por el príncipe don Sancho, hijo de Alfonso I de Portugal, durante las invasiones de 1166-1169 (recuperada en 1170 por Fernando II de León). Fue Fernando II el que ordenó trasladar en 1170 la población de San Bartolomé de Rebordans a un lugar más seguro, protegido por murallas y torres defensivas. Es lo que hoy constituye el casco antiguo de Tuy, en el entorno de la catedral.

El aspecto general del edificio es románico, con adiciones góticas. Tomé un par de fotografías de la cabecera gótica, pero me han quedado un churro (y venga a llover), no las cuelgo. La que se ve es la portada románica de la fachada septentrional. Predomina el aspecto de fortaleza, con pocos vanos. A la derecha está la torre de las campanas, con saeteras y contrafuertes, y a su derecha un torreón almenado y con matacán, con robustos estribos escalonados y un reloj en el cuerpo superior. En la portada de acceso al transepto se observa un gran arco de medio punto bajo el cual se inscriben otros dos, unidos en el centro. Sus arranques centrales apean sobre otro arco semicircular con tres arquivoltas con sobria decoración. La arquivolta interior apoya sobre las jambas, y las otras dos, sobre columnas acodilladas de fuste liso y capiteles ornamentados con motivos vegetales. El tímpano descansa sobre mochetas con forma de animales que cubren los dos ángulos de la puerta de acceso al templo. En el espacio que hay entre los arcos superiores se inserta una estatua de un obispo. En el cuerpo superior se abre un gran rosetón de transición al gótico. El todo se corona con frontón sobre el que se elevan pináculos ornamentales.

Tuy. Portada románica de la Catedral de Santa María de Tuy

El centro histórico conserva muy bien su trazado urbano medieval de calles estrechas y laberínticas con empinadas cuestas.

Tuy. Calle del centro histórico

 

Capilla de San Telmo

Tuy. Capilla de San Telmo

La construcción de la capilla de San Telmo de Tuy fue promovida el año 1769 por el obispo Juan Manuel Rodríguez Castañón y finalizó en 1803. La influencia del Barroco-Rococó portugués en la edificación no es que sea palpable; es que el proyecto elegido fue de un maestro de obras de origen tudense afincado en Portugal: fray Mateo de Jesús María. El profesor Andrés Rosende Valdés, de la Universidad de Santiago de Compostela, ha hecho notar que la fachada de la capilla de San Telmo es una versión simplificada de la capilla de Santa María Magdalena de Monte Falperra (Braga, Portugal). La profesora M.ª Carmen Folgar de la Calle, de la misma universidad, refina la anterior afirmación considerando la fachada de la iglesia de San Telmo quizá como una solución intermedia entre la portada del santuario de Falperra y la fachada de la la capilla de Nossa Senhora da Lapa de Arcos de Valdevez. Una y otra son obras de André Soares, y presumiblemente ambas eran conocidas por el maestro de la capilla de Tuy.

El anterior análisis se entenderá mejor con una visión comparativa de las tres iglesias examinadas:

1) A la izquierda, santuario de Santa María Magdalena de Falperra (distrito de Braga, Portugal, 1753-1755), obra del arquitecto portugués André Soares (1720-1769). 2) En el centro, la capilla de San Telmo (1769), de fray Mateo de Jesús María (nacido en Tuy, afincado en Portugal). 3) A la derecha, iglesia de Nuestra Señora de Lapa (Arcos de Valdevez, Portugal,1767), proyecto atribuido a André Soares. Las fotos de los extremos están bajadas de la Wikipedia, y la del centro es mía. No debería haber problema con los derechos de autor

La iglesia rococó de Nuestra Señora de Lapa (3, derecha) está atribuida a André Soares, pero pertenece a otra fase estética del autor. En su última etapa —desde 1760 hasta su muerte, acaecida en 1769—, al artista le dio un arrebato de «tranquila simplicidad», abandonando la profusa ornamentación rocaille áulica que utiliza en muchas de sus obras anteriores (pensemos por ejemplo en el suntuoso Palacio Raio, en San José de San Lázaro [distrito de Braga, Portugal]). En la iglesia de Lapa se percibe mayor contención formal, sobriedad y líneas más depuradas, sin tanto dinamismo. Hablando en cristiano: que el arquitecto pierde fogosidad y está más apagado. En el frontis de Nuestra Señora de Lapa ya no hay tanto follaje, rocaille, coquille, voluta, torre fingida, motivo sinuoso o exuberante decoración naturalista como sí se observa en el santuario de Falperra (1, izquierda), aunque siguen siendo reconocibles formas curvas (curiosa planta rectangular redondeada) y otros elementos característicos de la escuela como las paredes blancas enmarcadas o divididas por pilastras graníticas de su color natural.

La analogía que comenta Rosende Valdés entre las fachadas de las capillas de la Magdalena (1, izquierda) y de San Telmo (2, centro) resulta muy pertinente. Diríase que la de Tuy es la versión «limitada» de la iglesia bracarense. Limitada en varios sentidos: limitación económica, limitación de recursos decorativos, limitada libertad imaginativa. La capilla tudense viene a ser un trasunto más pobre de la iglesia de la Magdalena. Aunque la similitud de la iglesia de San Telmo de Tuy (2, centro) con la de Lapa (3, derecha) me parece más vaga (a mi modo de ver la semejanza entre los templos 1 y 2 es mayor que la que hay entre los templos 2 y 3), sí creo que Folgar acierta cuando sostiene que la solución de la fachada de San Telmo (2) está a medio camino entre las otras dos (1 y 3). Aunque yo añadiría que no equidistante; opino que la realización de fray Mateo de Jesús María se inspira, de forma más directa, en el santuario de Falperra. Haré mi propia aportación, apuntando otra posible influencia: la capela das Malheiras en Viana do Castelo, con la que también abstraigo puntos de conexión. Existe debate entre los especialistas sobre si esta capilla es obra de André Soares (la tradición señala el nombre de este autor como el más probable) o bien de un discípulo suyo, José Álvares de Araújo. La capilla, que forma parte de una edificación civil (Casa da Praça de Viana do Castelo) fue iniciada en 1758, once años antes que la capilla de San Telmo de Tuy.

Puntos de conexión: a la izquierda, capela das Malheiras (a partir de 1758, Viana do Castelo (norte de Portugal) y a la derecha, capilla de San Telmo (a partir de 1769, Tuy, Pontevedra)

 

Ribera tudense

Una perogrullada topográfica que he colegido de mis paseos gallegos es que, siempre que vas para abajo, es que vas hacia el río (o la ría). Callejeando sin rumbo llegué a la plaza de la Armada Española, en la que ocupa un lugar destacado un cruceiro que protege el camino. Este crucero es contemporáno, del siglo XIX. Fue traído del cementerio al emplazamiento actual. Hay otro junto a la capilla de San Telmo.

Conjeturo que la plaza recibe ese nombre porque ahí está la oficina de atención al público de la Comandancia Naval del Miño (el inmueble que tiene el escudo y la bandera, a la izquierda). Hay otro edificio, que debe ser el propiamente militar, junto al embarcadero.

Tuy. Crucero en la plaza Armada Española

El crucero está muy cerca de la rúa Baixada ó Embarcadoiro (el embarcadoiro se supone que es el de Santo Domingo, antiguo porto de San Xoan del siglo XII). Por conseguinte, por esta rúa baixeime ao embarcadoiro.

Tuy tiene una playita fluvial urbana denominada A Mariña (La Marina) junto al puerto deportivo. Se cree que en tiempos de los romanos la Via XIX atravesaba el río a través de un puente, cuyos soportes eran barcas, por esta zona.

Pontevedra. Tuy. Playa fluvial urbana de A Mariña

El Club Náutico San Telmo gestiona las instalaciones del puerto deportivo de Tuy, con pantalanes de reparto y atraque con cien puntos de amarre para embarcaciones de hasta 8 metros de eslora (y digo yo que con un calado apropiado, el cual supongo no podrá exceder de un metro o por ahí). También tienen escuela náutica, esquí náutico, &cétera. Cuando vi el amarradero recordé aquello que nos repetían en la escuela en clase de Geografía: el río Miño es navegable hasta Tuy…

Pontevedra. Tuy. Pantalanes de reparto y atraque para embarcaciones deportivas del Club Náutico San Telmo

Pude entrever atracado en el embarcadero de Santo Domingo el patrullero Cabo Fradera (P-201), el único buque de su clase y el único patrullero fluvial de la Armada Española. Según reza una placa colocada en la Comandancia Naval del Miño, el 13 de septiembre de 2013 se conmemoró el 50.º aniversario de la presencia en Tuy del patrullero Cabo Fradera, siendo, por consiguiente, el segundo buque más antiguo de la Armada en servicio después del buque escuela Juan Sebastián de Elcano, el que transporta alijos de cocaína (estoy muy quemado con la noticia aparecida recientemente de los marineros presuntamente narcos. Por lo menos, las «mulas» comunes no trafagan con cargo a los presupuestos del Estado, algo es algo. De deontología militar profesional, ni hablemos). Ya el pasado año 2013 dos cabos del patrullero P-114 con base en Ceuta fueron condenados por el Tribunal Supremo a cinco años de prisión por traficar con 224,937 kilogramos de hachís que los militares estibaron en el barco. Pues qué bien, el mundo al revés. No le veo más que ventajas.

Cabalmente, en analogía con el resto de patrulleros, el Cabo Fradera tiene encomendadas funciones de vigilancia y policía en el río, colaborando con otras instituciones en operaciones contra narcotráfico, terrorismo, contrabando, inmigración ilegal, caza o pesca ilegal (angula, lamprea) o construcciones ilegales en las márgenes o en el cauce del Miño que afecten a la navegabilidad de su tramo internacional, entre España y Portugal, de conformidad con los tratados suscritos por ambos países.

Fuera de poder ametrallarte con solera, llegado el caso (las dos ametralladoras MG-42 de 7,62 milímetros con las que el buque está armado son la versión actual OTAN de la mortífera Maschinengewehr 42 de la Segunda Guerra Mundial), la dotación del Cabo Fradera también se dedica a cooperar en tareas de salvamento fluvial, de retirada de árboles y escombros que obstaculizan la corriente y de lucha contra la contaminación marina, al estar el patrullero encuadrado en la Fuerza de Acción Marítima (FAM).

Un rasgo muy singular del buque es su escaso calado de unos ochenta y pico centímetros, adaptado a la navegación fluvial. Al prestar servicio en agua dulce, no sufre tanta corrosión por el salitre y se conserva mejor que sus homólogos de agua salada. Otra particularidad de la nave es que estuvo al mando de la segunda dama comandante de la Armada. Cosa que no me extraña tanto, porque buceando he conocido a unas cuantas patronas de embarcaciones de recreo, y ya hay capitanas de la marina mercante y hasta prácticas de puerto, según tengo entendido. A propósito: el otro día volé con una copilota de aviación.

Pontevedra. Tuy. Comandancia Naval del Miño. Patrullero Cabo Fradera (P-201)

 

La Guardia. Monte y castro de Santa Tecla/Trega y desembocadura del río Miño

La carretera PO-552, paralela al río Miño, enlaza Tuy con La Guardia. Hunde sus raíces en una carretera de tercer orden (de La Guardia a Salvatierra por Tuy) que se menciona en el Plan General de Carreteras de 1860, pero que no llegó a realizarse. En el Plan General de Carreteras de 1864, el trazado de la actual PO-552 aparece dividido en dos tramos: 1) de Redondela a La Guardia por Porriño y Tuy, que se correspondería con segmentos de la actual N-550 (de La Coruña a Tuy), N-551 (ramal de acceso a Tuy y puente internacional, ex C-550) y la propia PO-552. 2) De Pontevedra a La Guardia por Redondela, Vigo y Bayona. De Pontevedra a Redondela sería la N-550; de Redondela a Vigo, la N-552, y de Vigo a La Guardia por Bayona, la PO-552. En tiempos más recientes, la PO-552 sustituye parcialmente la carretera comarcal que iba por la costa atlántica rodeando las Rías Bajas, desde Finisterre a Tuy, la C-550.

Todo este monumental cacao cabalístico, cuyo esotérico sentido solo es accesible a los sumos sacerdotes del Ministerio de Fomento y de la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras de la Xunta de Galicia, se simplifica no poco si retrocedemos dos mil años. La mansio de Tude está en un cruce de caminos, y en la localidad convergen tres vías. Una que proviene del Este y, orillando el Miño, cruza los puentes romanos de Fillaboa sobre el Tea (a la salida de Salvatierra) y de Veiga sobre el Loiro (rúa Loureiro, a la entrada de Tuy). Otra que va hacia el Norte por la depresión Meridiana en dirección a Redondela, pasando por Porriño. Y una tercera que, hacia La Guardia, prosigue por la costa atlántica (per loca maritima) hasta Vigo, comunicando las villas marítimas. Éstas son las que los hispanorromanos denominaban vías XIX & XX —con algún ramal o vía secundaria—. Los hispanorromancistas las han apodado de mil formas; en los últimos tiempos las designaciones han sido {PO-412, PO-404}, N-550 y C-550/PO-552.

El municipio de La Guardia se ubica en una de las esquinas del país. Limita al Sur con el estuario del Miño y Portugal (Caminha) y al oeste con el océano Atlántico. Ahí se acaba Galicia y, por ende, la España peninsular: ¡qué me gustan a mí los puntos geográficos extremos! Con propiedad, y en relación con los puntos cardinales, La Guardia no es ningún punto extremo: el punto más occidental de la Península se encuentra en el cabo Touriñán (La Coruña), y el punto más meridional, en la punta de Tarifa (Cádiz). Eso, sin contar con el archipiélago de Canarias. Por lo que afecta al territorio nacional, la isla de El Hierro está pelín más al Oeste y al Sur (unos 9º más al Oeste y unos 14º más al Sur, retirada alrededor de 1785 kilómetros en dirección Sudoeste por el Sur). Pero, aunque A Guarda no sea técnicamente un punto extremo, en el lugar uno nota que está en algún finis terrae.

Si bien ya había previsto personarme debidamente motorizado en este rincón pontevedrés, mi amiga Mariló fue particularmente insistente en que no dejara de conocerlo. M.ª Dolores es una catedrática jubilada de Geografía e Historia. Es una suerte que tu guía turística pueda hablarte de plegamientos del macizo Hercínico o de escaleras de fallas erosivas sobre materiales de zócalo en vez de contarte que en los restaurantes del lugar la fabada está de muerte; la ciencia básica y las humanidades también alimentan (el espíritu, no las vísceras. Perdón por el dualismo, es una façon de parler). Y como a mí me encanta la Geografía, Mariló y yo congeniamos bastante entre atlas, mapas y análisis geomorfológicos. Si Mariló dice que hay que ir, se va; no hay que darle más vueltas.

El camino entre Tuy y La Guardia avanza por las terrazas aluviales del bajo Miño, una tierra llana. En la villa de La Guardia se toma una carretera a mano izquierda que conduce al monte de Santa Tecla/Trega (344 metros), donde se ubica el castro homónimo. El ascenso se hace el consabido camino torcedero…

Ascendiendo el monte de Santa Tecla por el consabido camino torcedero…

Antes de llegar a la cima del monte aparece el castro de Santa Tecla/Trega. Un castro es un poblado de viviendas circulares celta prerromano o celtarromano (?), amurallado y situado a altura (por lo que he podido comprobar, monasterios y castros están asentados en unos lugares con vistas sensacionales). La importancia de los castros en la península Ibérica generó el concepto de ‘cultura de los castros’, ‘cultura castreña’ o ‘cultura castreja’ que alude a la cultura que se desarrolló en el noroeste peninsular y al norte del Duero: Galicia, Asturias, León, Zamora, Soria… en este tipo de hábitat.

Para ubicarnos, un poco de prehistoria ibérica acelerada (aprovechando que disponía de tiempo, me he hecho este resumen y así ya lo tengo para otras veces): en la Península no había gente, que sepamos. O bien por el estrecho de Gibraltar, o bien desde Oriente Próximo, hace 800 000 años llegan los primeros especímenes de Homo antecessor. Nos vamos a Burgos y nos metemos en la cueva de Atapuerca. Allí, aparte de cazar, también nos dedicamos a comernos los unos a los otros descuartizándonos con cuchillos de piedra (el caso de canibalismo más antiguo conocido en la historia de la humanidad es de aquí. No, si ya empezamos fatal). Como le zurrábamos a la antropofagia —pero el hombre es bueno por naturaleza, sin comentarios—, la especie se extingue. Ignoramos lo que pasa durante los 500 000 años siguientes.

Ahora estamos en el 300000 a. n. e. y nos hemos convertido en Homo heidelbergensis (preneandertales). No hemos salido de la cueva de Atapuerca y nos dedicamos a la recolección de raíces y frutos y a la caza nómada de leones por Burgos (¡leones pululando por Burgos!) y elefantes por Soria (¡elefantes sueltos por Soria!), para lo que empleamos útiles de piedra tallada o madera. La novedad es que hemos descubierto el fuego, conque hacemos torrades en el campo. Otra vez faltan registros, así que desconocemos qué es lo que se cuece a continuación por estos pagos, pero da igual porque esta especie también se extingue.

130 000 años después hacía un frío que pelaba —estamos inmersos en la Era Glacial, como en la película El día de mañana— y, no se sabe cómo ni por qué, los ibéricos somos Homo neanderthalensis (170000-28000 a. n. e. Todos los neandertales europeos descienden de un compositor alemán de música religiosa nacido en 1650 llamado Joachim Neander. Bueno, esto último quizá habría que explicarlo un poco mejor, pero no me voy a detener en ello. Prosigamos). Vivíamos en Asturias, País Vasco, Santander, Huesca, Burgos y Guadalajara; en todo el arco mediterráneo: Gerona, Barcelona, Castellón, Valencia, Alicante, Murcia, Granada y Málaga; en Gibraltar y en Portugal. Cazábamos elefantes y rinocerontes lanudos, bueyes almizcleros, bisontes, ciervos y caballos. O sea, dieta Dunkan con mucha proteína cárnica, y por eso estábamos muy cachas. (A propósito, en Málaga empezaron las mariscadas hace 150 000 años). Hicimos mejoras con los instrumentos de piedra y madera (cuchillos, raspadores y hachas), diseñamos una tecnología de segundo orden, nos cubríamos con pieles, en vez de gruñir hablábamos con un primitivo lenguaje articulado… mas no está demasiado claro que aquí enterráramos intencionalmente a los muertos y no nos dedicábamos al arte. Además, tenemos pendiente el discutido asuntillo del canibalismo (ya antropofágico, ya ritual). En el centro de Europa los neandertales se extinguieron hacia el 30000 a. n. e., pero los neandertales ibéricos duramos un poco más: anduvimos por la piel de toro hasta el 28000 a. n. e. Es que siempre hemos tenido mejor clima que en Polonia, pongamos a modo de ejemplo (recordemos que seguía haciendo un frío que calaba hasta el tuétano). La causa de que los neandertales la palmaran es que, hacia el 35000 a. n. e., irrumpió en el escenario europeo el Homo sapiens.

Actualización (9-2-2015).—Las fechas dadas más arriba parece que ya no valen. Ahora resulta que «los neandertales desaparecieron de la Península Ibérica hace unos 45 000 años, es decir, antes que en el resto de Europa». La Arqueología es una ciencia que me encanta: no cuadra nada. En primer lugar, en el estudio publicado en la revista Journal of Human Evolution, se indica que hasta ahora se atribuía la desaparición de los neandertales en Europa en torno a hace 40 000 años. Hay una diferencia de 10 000 años respecto a otras fechas propuestas. En segundo lugar, de acuerdo con la nueva investigación, los neandertales ibéricos no solo no duraron un poco más que en el resto de Europa, sino que en la Península Ibérica se localizó el principio del fin de la especie. Me parece que habrá que seguir investigando… (Fin de la actualización).

Los sapientes eran africanos más tirillas que los neandertales europeos, pero con más mala leche y con más inteligencia para el mal. Bueno, sobre esto hay dos teorías: la épico-dramático-peliculera, según la cual los sapientes aniquilaron a los neandertales en duros enfrentamientos y encarnizadas luchas por la supervivencia, y la más sosa: ni siquiera tuvieron contacto directo, la extinción de los neandertales se produjo por presión indirecta. La cuestión de si los neandertales y los sapientes se enrollaron sigue motivando una encendida controversia entre los especialistas, lo que no deja de ser una versión bioantropoarqueológico-científica del Sálvame (inflamadas discusiones sobre asuntos de cama).

Sea como fuere, los sapientes se impusieron a los neandertales, lo que prueba el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza bruta (chupaos esa, Sergio y Paco). Los sapientes tenían mejor lenguaje, habían desarrollado un pensamiento más complejo, con capacidad de abstracción y representación simbólica; los neandertales eran más cazurros y nada artísticos.

Los sapientes seguían siendo cazadores-recolectores nómadas, pero más hábiles en todo. Tenían una tecnología de piedra tallada, madera, hueso, asta, varillas, agujas de coser… más elaborada, se movían según las estaciones del año al mar o a la montaña, dejan estar el tema del mamut y el rinoceronte y cazan piezas más pequeñas (bisonte, ciervo, corzo, rebeco, peces). Cuando tenían frío, en el año 22000 a. n. e., se metían en la cueva de Altamira y se dedicaban al arte rupestre (= pintar en la roca). En las paredes de la cuevas, en vez de grafiti, representaban figuras de animales y manos. También decoraban sus herramientas (huesos, astas). Estaban mejor organizados socialmente, había más cooperación e intercambio entre los grupos y enterraban a sus muertos rodeados de ofrendas (cuentas, conchas, instrumentos de piedra…). Después de unos pocos miles de años, en la península Ibérica somos todos Homo sapiens, hombres sapientes. El valor se le supone, a ver si se nota.

Los 10 000 o 12 000 años siguientes no pasó nada, salvo que se acabó el último periodo glaciar. Eso provocó la fusión de los hielos, la subida del nivel del mar, la desaparición de la flora y la fauna propia del clima frío preeexistente y el resto de movidas asociadas al cambio climático (de aquellos polvos, estos lodos).

Estamos en el año 10 000 a. n. e. y hace más calor, el clima es más suave. Seguimos utilizando herramientas de piedra, pero en vez de tallarlas, las pulimentamos, por lo que son más resistentes (la chorrada esta de la piedra tallada-piedra pulimentada tiene más alcance de lo que parece). Del metal, ni flores: nada de nada. Progresivamente, nos volvemos más sedentarios (estar todo el día de la Ceca a la Meca no mola). El arte evoluciona, y empiezan a aparecer en las paredes de las cuevas levantinas escenas de caza con arcos y flechas, danzas, ritos y luchas entre grupos. Como en el videojuego de estrategia Age of Empires I, comienza a desarrollarse la agricultura y la ganadería. Y al igual que en el Age of Empires, durante un tiempo hay que mantener conjuntamente la recolección en los arbustos, la caza de animales, la pesca y, simultáneamente, cosechar granjas para obtener la máxima bonificación; quien solo siga con la caza y la recolección o solo obtenga el alimento de las granjas, va a ir muy pillado de recursos de comida (¡que al principio del juego las granjas no son tan productivas!).

Sigamos con el Age of Empires I peninsular. En torno al 7000 a. n. e. ya estamos engordando ovejas, cabras, vacas o cerdos en las granjas, y plantando trigo, cebada, centeno, lentejas y guisantes. Tenemos una economía de producción, aunque seguimos viviendo en cuevas en el levante y en el sur de la Península. Comienza la alfarería (como cuando de niños modelábamos con arcilla en la escuela): cuencos, botellas y vasos fabricados en arcilla —al principio secada al aire y después cocida en hornos (= cerámica)— y decorados con una motivación estética. En el V milenio a. n. e. trenzamos sandalias de esparto y, además de vestir cuero, tejemos en toscos telares con fibras de origen vegetal o animal: lino o lana, dejando atrás la incomodidad de fibras vegetales más ásperas. Elaboramos peix sec, como en Formentera y cecina, como en León. Recogemos miel de los panales y empinamos el codo con el hidromiel fermentado (de vino, nada). Bebemos leche de cabra y hacemos los alimentos más untuosos con grasas animales (de aceite de oliva virgen extra arbequina, nada). Creamos música y bailamos. Por fin, salimos de la cueva y entre el V y el III milenio a. n. e. comienza la arquitectura en la Península, porque los de aquí empiezan a establecer aldeas. Dejamos de ser hombres de las cavernas (trogloditas) con hábitats estacionarios y nos volvemos aldeanos con residencia permanente. Fabricamos tortas de pan cocido y una primitiva cerveza. Ya casi estamos en el castro de Santa Tecla.

De las canteras extraemos grandes bloques de piedra. Clavamos una única piedra alargada verticalmente en el suelo, convirtiéndola culturalmente en un menhir funerario (Obélix carga todo el tiempo con un menhir). El Menhir de Meada (Portugal), con más de 7 metros, es el más alto de la península Ibérica, y hay menhires por Cantabria, Palencia, Badajoz, Gerona, Toledo, Burgos y por toda España. Para no entretenerme con los pedruscos, solo diré que hay otras formaciones con grandes piedras: en círculo (crómlech), como una mesa (dolmen), dolmen cubierto (túmulo), túmulos con corredores y cámaras, como los de Antequera y Navarra, tholoi… generalmente, con una función ritual funeraria de inhumación o incineración o una función de observatorio astronómico para fijar el calendario.

Por fin, sin abandonar el tema de la piedra, empieza la metalurgia. Comenzamos a fabricar objetos de metal fundido, inaugurando la Edad de los Metales. La Edad de los Metales ibérica se inicia con la cultura de Los Millares (Almería), que trabajaba el cobre local. Lo de fundir el cobre lo descubrimos nosotros solos, no se lo copiamos a los estadounidenses (¡que inventen ellos!). Este hecho corrobora que, aunque parezca increíble, la ciencia y la tecnología son posibles en nuestro país. A nuestro nivel (no había aleaciones), pero posibles. Estuvimos con la piedra y el cobre entre el 3000 y el 2150 a. n. e. La cultura de Los Millares interesa porque 1) aparece un sistema defensivo con recintos amurallados, torreones, bastiones y hasta fortines exteriores (los castros también están forticados con murallas de piedra) y 2) emerge un poblado asentado en un lugar estratégico a altura compuesto por una amplia comunidad (mucho mayor que las aldeas anteriores) que habita en viviendas de planta circular, con diámetros comprendidos entre los 4,5 y 7 metros, adosadas frecuentemente a las murallas. Muchos de estos rasgos también aparecen en los castros del norte. Dice Jaime Alvar: «Se trata de espacios multifuncionales, con un hogar en el centro, en el que se llevan a cabo todas las actividades de la vida cotidiana que no se realizan a la intemperie» («De la nada al útil de metal», en Fernando García de Cortázar (dir.): Memoria de España, cap. I. Madrid: Aguilar, 2004, p. 31).

Más tarde, entre el 2300 y el 2200 a. n. e., la cultura de El Argar (2300-1500 a. n. e. aproximadamente) logró alear el cobre, al principio con arsénico y posteriormente con estaño, inaugurándose la Edad del Bronce en la Península por Almería, Murcia y parte de Granada, Jaén y Alicante. Lo del bronce tiene su aquel, porque el bronce es mucho más duro que el cobre (→ mejores escudos, espadas, alabardas y puñales, que es de lo que va esto). En Galicia también hubo Edad del Bronce (horizonte arqueológico de Montelavar-Atios-Caldas de Reyes). En las excavaciones realizadas por el norte de Portugal y Galicia se encuentran puñales de remaches, hachas planas y de bordes curvos, alabardas, arcos y brazaletes de arquero y espadas que confirman relaciones con la cultura de El Argar y contactos irlandeses y bretones. También se fabricaron adornos como diademas y gargantillas… y más armamento.

Surge el comercio, la división del trabajo, el distinto reparto de la riqueza y las clases sociales. Hay ricos y pobres, así como una organización social estatal con gobernantes, gobernados y coerción física e ideológica (de ahí la importancia del armamento para las guardias pretorianas de turno). El primer estado conocido de la Península fue Tarteso, que ocupó el territorio de las provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y parte de Córdoba y Málaga. Con el Estado Tartésico debuta la protohistoria hispánica.

La cultura tartésica germinó desde el 1200 a. n. e., por lo que su existencia precede a la llegada de los fenicios y los griegos a las costas peninsulares. Hubo contactos entre los tartesos y los fenicios (en Madrid, al ser ibicenco, más pronto o más tarde los que saben Historia me tratan de medio fenicio. Inmediatamente puntualizo que fuimos los que difundimos el alfabeto y trajimos la escritura a Occidente. Los comerciales ferengi de Star Trek, bribones siempre ávidos de riquezas, son claramente la versión extraterrestre-ficticia de los fenicios históricos). Los fenicios comerciaban con los tartesos ya en la primera mitad del siglo X a. n. e. (por el novecientos y pico a. n. e.), estimulando procesos exógenos de cambio cultural. Al parecer, fueron fenicios los que introdujeron la metalurgia del hierro en Tarteso. Con el tiempo, los fenicios y los griegos establecen colonias y enclaves comerciales en las costas peninsulares e islas adyacentes, como por ejemplo Ibiza, colonia fenicio-púnica fundada en el 654 a. n. e. o Ampurias, emporio comercial griego, instaurado en el 575 a. n. e. En torno al 500 a. n. e., la cultura tartésica se desvanece (las civilizaciones también entran en decadencia hasta el punto de colapsar y desaparecer. Nosotros estamos en fase de decadencia [económica, por ejemplo. De la cultural, no diré nada]).

Mientras por el sur de Hesperia última se producía el auge y la decadencia de Tartesos, y fenicios y griegos comerciaban y fundaban colonias por el litoral mediterráneo, comenzaron a llegar contingentes humanos indoeuropeos al norte y al centro peninsular.

Los pueblos indoeuropeos eran jerarquizadas tribus guerreras de Europa Central* (más bien, de las estepas euroasiáticas, pero vale). Todos los pueblos indoeuropeos hablaban lenguas derivadas de un mismo idioma común ancestral, el protoindoeuropeo, que a partir del 2500 a. n. e. se fragmentó en griego clásico, latín, sánscrito, persa, germánico, celta, &cétera. El indoeuropeo suena igual que el idioma klingon: «Jau, eijiosmei. Joj maj ne jest, […]», no se entiende ni papa. Me he escuchado la grabación adjunta como diez veces y solo reconozco auditivamente «potis», «agnutor» y «equos». Lo de los «equos» es correcto, designa un caballo. Pero, claro, lo de los «equos» me lo sé por el latín, que si no, de qué.

* La Cultura de los Campos de Urnas era originaria de Europa Central, y es de la que proceden los celtas de Europa Central y del norte de Italia (celto-ligures).

Los indoeuropeos montaban a caballo (como instrumento de guerra) y conocían la metalurgia, al principio del cobre y del bronce, y más tarde del hierro. Con el caballo conformaron una elitista clase ecuestre. Con una aleación de hierro y una pequeñísima proporción de carbono (= acero) fabricaron armas más exterminadoras que las de bronce, porque el hierro ofrece mayor dureza y tenacidad. Otras costumbres que tenían eran: estructura familiar patriarcal, culto a los antepasados, creencias solares, adoración de dioses celestes (Urano, Varuna), ofrendas de armas a las aguas (ríos, sobre todo) y sacrificios simbólicos de animales (cerdo, oveja, toro). La ofensiva civilización hitita que sale en Age of Empires I, la que tiene las catapultas con el doble de puntos de resistencia, es un pueblo indoeuropeo; pero como los hititas se instalaron en la península de Anatolia, esa civilización no cuenta. La celta era otra etnia de estirpe indoeuropea.

Total, que los indoeuropeos penetran en la Península no se sabe bien cómo ni cuando; se dice que 1) por vía atlántica, entablando contactos, instituyendo colonias o enclaves análogos a las de los fenicios y griegos o 2) a caballo a través de los Pirineos, en diversas oleadas sucesivas, como infiltraciones o invasiones masivas desde el año 1200 a. n. e. Se conjeturan secuencias de invasiones: tres (Campos de Urnas, Hallstatt o Hierro I y La Tène o Hierro II) o dos (indoeuropea precelta e indoeuropea celta propiamente dicha). Hay una tercera hipótesis, que después comentaré. (Atención: es importante no confundir esas migraciones de pueblos centroeuropeos pre-romanos con las invasiones de pueblos centroeuropeos post-romanos. Lo de los celtas es pre-romano; lo de los suevos y los vándalos asdingos, post-romano).

Estimo más factible la llegada por vía marítima desde las costas de Bretaña, Cornualles e Irlanda que por tierra cruzando los Pirineos —si así fuera, ¿qué pasó con los nada indoeuropeos vascones?—, pero eso es mi opinión subjetiva, no la verdad objetiva. Como quiera que sea, los indoceltas se desparraman por Iberia, mezclándose con la población autóctona y dando lugar a la formación de nuevos grupos étnicos con culturas propias (etnogénesis): en el cuadrante noroeste, galaicos (sobre esto diré una cosa ahora), astures y puede que cántabros. Hay muchos más grupos en la península, celtas y no celtas o autóctonos: vacceos, carpetanos, celtíberos (pelendones, arévacos…), lusitanos, vetones, iberos (ilergetes, indigetes, layetanos, edetanos, bastetanos…), turdetanos, túrdulos, vascones, &cétera, pero para nuestros objetivos (llegar al castro de Santa Tecla) no es preciso continuar.

Y no es preciso continuar por la razón siguiente: la tercera teoría es que no hubo celtas en Galicia. Esta sorprendente tesis creo que merece un poco de análisis (no la ha defendido mi vecina del segundo, que no es arqueóloga):

La última vez que estudié Historia de España de una manera sistemática fue en el bachillerato, hace treinta años (en estudios superiores tuve asignaturas de Historia del Arte, Historia de la Música… pero no Historia de España). La investigación no para y, en tres décadas, se hacen nuevos descubrimientos, por lo que los conocimientos van quedando desfasados con el tiempo (ni Atapuerca, ni fósiles de homo antecesor u homo heidelbergensis habían sido descubiertos cuando yo cursaba el BUP). El neandertal y el sapiente eran dos subespecies, no dos especies, y todavía se utilizaba la denominación cromañón (hombre de Cro-Magnon).

Aprovecho los viajes para leer sobre los sitios que veo y ponerme al día de Geografía e Historia (mototurismo cultural). Uno dispone en su cabeza de los esquemas generales aprendidos en el instituto y sobre ellos va refinando, enriqueciendo, revisando y construyendo. De hecho, este viaje me ha servido para enterarme de un particular respecto a Ibiza. En la isla, toda la vida se había enseñado que fue fundada por los cartagineses (vale decir, que Ibiza fue una colonia «de segunda generación», una colonia instituida por colonos). La investigación de los últimos veinte años ha puesto de relieve que el primer asentamiento de la isla fue fenicio, el cual, posteriormente, dará paso a una verdadera colonización de todo el territorio, que será llevada a término por contingentes púnicos en la segunda mitad del siglo V a. n. e. Está bien, sin problema: esta idea no me rompe los esquemas, me los perfecciona. Nuevo planteamiento: que el origen de ‘Ybshm no se debe a los púnicos (fenicios tirios de Cartago), sino a los fenicios de Fenicia. Pues, mira: casi mejor, trato directo sin intermediarios.

El poblado fenicio de Sa Caleta guarda moderadas analogías con el castro de Santa Trega. Consiste en una yuxtaposición de estancias de arquitectura recta, de planta cuadrangular más o menos alargada o trapezoidal, al principio de una o dos células con algún ejemplo que llega hasta siete. Cierto número de dependencias se compartimentaron, creando varios cuartos o habitaciones en la misma célula, comunicadas interiormente. Los habitáculos se distribuyen por el terreno sin ningún tipo de orden, con espacios intermedios a modo de callejones y pequeñas plazas comunales, y tienen una superficie interior útil que varía entre 2,9 m² y 29,5 m², con una gama de medidas intermedias. Ello sugiere funciones diversas: vivienda propiamente dicha, almacén… Los zócalos y los muros de las viviendas son de mampostería. La cultura material hallada en Sa Caleta incluye cerámica a torno: ánforas, jarras y jarros, platos, lucernas, &cétera; cerámica a mano importada del sudeste ibérico propia del Bronce final, anzuelos de bronce, pesos de plomo para redes de pesca, piezas de telar y molinos de piedra arenisca para la obtención de harina. Se ha constatado metalurgia de plomo, plata, bronce y hierro forjado. No se observan diferencias de estatus entre los habitantes del asentamiento dignas de consideración. En él vivieron más de quinientas personas. El yacimiento trae origen de finales del siglo VIII a. n. e. (como hábitat estacionario y campamento base) y se desarrolla a lo largo del siglo VII a. n. e., convirtiendo el territorio en un espacio suburbano o urbano. Los fenicios abandonaron definitivamente el lugar de modo planificado hacia el 590 a. n. e. para, probablemente, trasladarse al puig de Vila en la bahía de Ibiza, fundando la ciudad en el 654 a. n. e. Por lo que toca a los grupos indígenas previos a la llegada de los fenicios, parecen haber sido eliminados o absorbidos rápidamente, porque no hay testimonios posteriores al siglo VII a. n. e.

En el caso de Ibiza se tiene uno de los raros ejemplos de relativa coincidencia entre las fuentes escritas y los datos arqueológicos. La veracidad del origen fenicio-púnico de los primeros poblamientos históricos ibicencos se admite pacíficamente y es de conocimiento común, lo sabe cualquier habitante de la isla con un epidérmico barniz cultural, máxime cuando pasa por delante de la Necrópolis Púnica de Puig des Molins, que ha quedado cercada por el casco urbano de la ciudad de Ibiza. Desde luego, estamos ante hechos de naturaleza histórica, no política.

Con el tema de los celtas y los castros gallegos me he encontrado con una situación bastante desalentadora. He leído unos cuantos artículos universitarios y, en síntesis, el asunto se ha politizado (por no decir que celtas y castros se han convertido en un arma de lucha política). No estoy hablando de enriquecedores matices como el que he comentado en el caso fenicio-púnico ibicenco, sino de polémicas disputas —con un trasfondo acre, me da la sensación— entre investigadores de cualificación equiparable que sostienen conclusiones que llegan al extremo de la mutua contradicción. Como muestra, algunos botones:

  • Galicia fue profundamente celtizada/no hay apenas vestigios de celtización de Galicia/la celtización de Galicia es un mito;
  • los castros gallegos pertenecen a la cultura castreña de influencia céltica/los castros gallegos pertenecen a la cultura castrexa («castreja») que no guarda relación con los celtas (la palabra «castrexa» no es únicamente el vocablo gallego del término castellano «castreña»; por el contrario, denota un concepto diferente);
  • las fortificaciones de los castros tienen una función defensiva/las fortificaciones de los castros no tienen una función defensiva;
  • los castros gallegos fueron habitados por belicosos pueblos de naturaleza post-hallstáttica de origen celta con estructuras sociales jerarquizadas/los castros gallegos fueron habitados por pacíficos galaicos muy remotamente emparentados con los celtas centroeuropeos con estructuras sociales igualitarias.

Desde la Universidad de Upsala («Celtic Legacy in Galicia», de Manuel Alberro) se afirma lo que desde la Universidad de Santiago de Compostela se ridiculiza. Hasta el topónimo del monte y del castro (Tecla/Tegra/Trega) es objeto de controversia, y no solo filológica, sino política. En resolución: a la vez se afirma y niega sobre lo mismo y al mismo respecto. La disensión me empieza a parecer una contienda entre los Celtarras del Celta de Vigo y los Riazor Blues del Deportivo de La Coruña, entre celtistas y anticeltistas.

Para una persona que viene de fuera y está de turismo, que el asunto ni le va ni le viene, y que lo único que pretende es poder insertar unas ruinas arquitectónicas (muchos zócalos de piedra circulares apiñados, lienzos de muralla algo desmochados i prou/e abonda, no vayamos a pensar que son las ruinas de Pompeya —las cuales he visitado—) en un contexto histórico y cultural (contextualista que es uno), el panorama desconsuela.

Personalmente, me la bufa si indoeuropeos preceltas, celtas, extraterrestres, criaturas del inframundo o el sursuncorda llegaron a Galicia navegando por el Atlántico, cruzando a caballo los Pirineos, desembarcando de naves espaciales, apeándose de patinetes o bajándose de un carro volador tirado por dragones alados, del mismo modo que me resulta indiferente que Ibiza haya sido fundada por tirios o por troyanos. Vivo en el año 2014, he leído filosofía griega, bebo Coca-Cola, el padre de dos de mis sobrinas es kurdoiraquí, de vez en cuando me escribo con unos primos uruaguayos por internet, tengo un alumno coreano, me han regalado un cinturón mejicano y ostento un pasaporte de la Unión Europea que pone «España». Fíjate tú lo que acontecimientos de la Edad del Bronce o de la Edad del Hierro afectan a mi vida hic & nunc, si no es por el puro placer intrínseco de saber. Pues nada, es una lástima, pero sobreviviré sin este conocimiento. En fin: como decía Wittgenstein, «whereof one cannot speak, thereof one must be silent», de modo que no diré gran cosa del castro. No obstante, lo intentaré de nuevo. Ahí va: junto a la desembocadura del Miño hay un monte que se llama Santa Tecla en castellano y Santa Tegra o Santa Trega en gallego y en este monte, al que para acceder se paga un euro, se hallan los restos de un poblamiento primitivo denominado genéricamente castro.

Pontevedra. La Guardia. Castro de Santa Tecla

En las fotografías se ve la reconstrucción de un par de viviendas, reconstrucción científicamente muy cuestionada —of course—. Se cree que los paramentos se alzaban con piedra unida con barro. La choza podía ir revocada con arena y cal, de color blanco, azul o rojo. La cubierta, de material vegetal, tendría forma cónica, o a una o dos aguas. Algunas puertas aparecen profusamente decoradas.

En el interior se encendía un hogar en el centro, que proporcionaba luz y calor. Podría haber un sencillo mueble para guardar los objetos más valiosos. Los habitantes dormirían en el suelo, en bancos de piedra o en hamacas colgadas de las paredes.

Pontevedra. La Guardia. Castro de Santa Tecla. Reconstrucción de una vivienda, con vestíbulo de acceso

Aunque no alcanzan la antigüedad de la cultura de Los Millares, los castros gallegos son ejemplos de arquitectura peninsular muy primitiva, que continúa hasta bien avanzada la etapa de la dominación romana.

El castro de Santa Tecla ocupa una extensión de unos 210 000 metros cuadrados. Su situación le proporciona una gran visibilidad y control sobre el entorno. En el poblado llegaron a vivir más de 3000 personas. La zona que se muestra fue construida en los siglos II-I a. n. e., y es solo parte de un yacimiento mucho mayor. El asentamiento perdió relevancia cuando las calzadas terrestres disminuyeron la importancia del tráfico fluvial y marítimo, y las reformas de la administración romana promovieron la ocupación de zonas más bajas, despoblándose lentamente.

En la imagen de abajo observamos las bases de las viviendas circulares u oblongas, y un lienzo de la muralla exterior que rodea el poblado, en el que se abre una puerta. La Wikipedia dice: «La distribución urbanística se caracteriza por la presencia de grupos de construcciones formando conjuntos perfectamente individualizados. Se trata de las conocidas como Unidades familiares […]». Hombre, tanto como «perfectamente individualizados»… yo más bien diría que en la organización interna del poblado hay yuxtaposiciones de chozas que dan a una plazoleta común… Ni que fuera el plano de Sekhem-Senousret, la villa antigua junto a la pirámide de Sesostris II, el cuarto faraón de la dinastía XII de Egipto (siglo XIX a. n. e.).

Pontevedra. La Guardia. Castro de Santa Tecla

Tras mi parada «castrense», seguí ascendiendo hasta la parte alta del monte. El camino es una via crucum, y no lo digo en un sentido metafórico, sino estrictamente literal: todo el borde de la carretera está atestado de cruces (hay dos vía crucis, uno más antiguo de los siglos XVII-XVIII y otro más moderno del siglo XX), lo que produce cierto sobrecogimiento. Se realiza una fiesta de subida al monte al son de gaitas y tambores en agosto, y en septiembre es tradición celebrar otra romería a la ermita de Santa Tecla, que corona la elevación. La subida a la ermita se hace por el vía crucis.

La explanada de la cima está turísticamente bien organizada. Hay espacio para aparcar, un hotel-restaurante, puestos de venta de bebidas y un mercadillo posmoderno. En los expositores de las tiendecillas se vende: a) camisetas, llaveros, souvenirs, &cétera, de temática celta (multitud de trisqueles, espirales, rosetas, «Galicia celta», tarots celtas, amuletos y piedras celtas… rollo bruja Lola y sus velas negras, pero en interpretación céltica) y b) lo mismo (llaveros, estampas, recuerdos…) de Santa Tecla, con la figura de la santa y demás. Digo que el mercadillo es posmoderno porque 1) «todo vale», lo pagano y lo religioso (sin objeción, que cada cual compre lo que le plazca; yo no me compré nada); 2) la celticidad de Galicia, científicamente considerada, puede que no tenga fuste; sin embargo, la celticidad de Galicia, desde el punto de vista socioeconómico, vaya si lo tiene: se ha convertido en toda una industria turística, por lo que vi. Probablemente, el pragmático economicismo posmoderno no ganaría el certamen mundial del compromiso con la verdad, pero sin duda ganaría el campeonato del compromiso con los €€€; 3) la coexistencia de todo lo anterior en el mismo espacio físico y cultural no le chirría a nadie, porque cada uno «se contruye su realidad» sin complicarse la vida. A ver quién es el excéntrico que se va a poner a leer artículos universitarios sobre pueblos peninsulares prerromanos, hay que estar guillado.

Desconozco si hubo invasiones celtas en el pasado, pero puedo dar testimonio de que en el presente hay «invasiones» lusitanas. Hordas de portugueses descendían en tropel de los autocares de turismo. No es casual: la perspectiva que se tiene de la costa portuguesa desde ese punto es inigualable.

El paisaje natural es sublime, de una belleza que aturde. Lo que hay ahí es un desenlace: por el Este se ve la arribada de las aguas del Miño quien, después de erosionar el macizo granítico galaico con bravura formando los cañones de la Ribeira Sacra y los rápidos de Arbo, agoniza tranquilo y noblemente desprendido, otorgando en herencia las islas arenosas, marismas y playas de su estuario, antes de morir en el Atlántico. Hacia el Sur, la punta de Santa Tecla (margen derecha, parte española) y la punta de Cabeledo (margen izquierda, parte portuguesa) escoltan al río, acompañándole y honrándole en sus últimos momentos (joder, si me emociono solo de recordarlo). Lo que a duras penas logran los hombres (vincularse armónicamente) lo consigue un curso de agua en su desembocadura, que a todos nos congrega en el mismo sitio y por el mismo motivo. Al Oeste, el infinito océano Atlántico vuelve a acoger en su seno las mismas aguas que engendró en su perenne ciclo hidrológico. Reconforta saber que el Océano, padre de todos los ríos, volverá a fecundar a Tetis para que su hijo azarcón renazca. Por el Sur, la cumbre de Santa Tecla y el alto de El Facho, unidos en respetuoso silencio, son testigos mudos del aciago instante.

Pontevedra. Desembocadura del Miño. Estuario de La Guardia

Se puede culminar el monte accediendo a pie hasta donde está enclavado el vértice geodésico. Hay un tramo de escalera y un trozo áspero; aunque han puesto pasamanos para apoyarse en la subida, se ha de hacer un poco la cabra montés. Era un show ver a portuguesas con ceñida falda de tubo —que no podían ni moverse—, los tacones y el bolso, todas peripuestas ellas, trepando y matándose por el roquedo granítico, y al personal perdiendo por el camino las chancletas tipo flip-flops, que tan bien sujetan el pie y tanto agarre proporcionan en terrenos escabrosos.

La Guardia (Pontevedra) desde el monte de Santa Tecla

Mirando hacia el Nornoroeste se contempla el puerto y la villa de La Guardia, en la costa atlántica, entre el monte Torroso (se ve un poco al fondo y a la derecha de la fotografía) y el monte de Santa Tecla.

 

Oya/Oia

Por si no había quedado suficientemente afectado con la experiencia estética de Santa Tecla, para rematar la carretera autonómica PO-552 (sentido Vigo) va muy pegada a la costa hasta la ría de Bayona. La calzada se abre paso entre la montaña, a la derecha, y el océano, a la izquierda, a tan solo unos trescientos metros de la recortada línea litoral. A veces la vista del mar está despejada y a veces queda oculta por un bosque en galería.

En Oia me detuve para contemplar el Real e Imperial Monasterio de Santa María de Oia, que está junto al mar. Junto al mar significa que la fachada de su iglesia —la que se ve en la instantánea— está a menos de treinta metros de la cala que tiene enfrente. El cenobio se convirtió en los siglos XVI y XVII en un baluarte, al igual que otras iglesias-fortaleza, para defender la costa de los ataques y saqueos de piratas y corsarios. A tal fin, estaba dotado de una batería costera antibuque, arsenal y guarnición. Los monjes artilleros del Císter, entre laudes, visperas, completas y maitines, se dedicaban a hundir bajeles turcos (bajel pirata le llaman…) con descargas de artillería: a Dios rogando y con el cañón disparando.

El monasterio es de propiedad privada y, hoy por hoy, no se puede entrar. Se ha elaborado un proyecto de rehabilitación y reforma para convertirlo en un hotel de lujo. La iglesia sí parece visitable (estaba cerrada, pero había un cartel anunciando que se podía pedir la llave). Con todo, se puso a llover con fuerza again, todo el día igual, de modo que en vez de intentar averiguar cómo hacerme con la llave, preferí acercarme a Bayona para descansar y tomar algo, no sin antes cumplimentar al faro de cabo Silleiro.

Pontevedra. Oia. Monasterio de Santa María de Oia

 

Cabo Silleiro

Conectando las villas de Oya y Bayona, el Cabo Silleiro se adentra en el mar formando un ángulo recto, entre el océano Atlántico y la ría de Vigo. Por el lado de la costa atlántica, sigue una dirección norte-sur hacia Oya. Por el lado de la ría, la dirección del litoral es este-oeste hacia Bayona. Silleiro constituye el límite de la ribera sur de la ría de Vigo, la más meridional de las Rías Bajas.

El cabo presenta relieves acantilados de escasa potencia (200 metros de altura que, desde el Alto do Cabo Silleiro, descienden con gran inclinación hasta el mar en tan solo 500 metros), áreas de plataforma rocosa y playas de piedra. Un rosario de islotes y lajas (Polveiras, Carral, Lobo de Silleiro…) orientado en dirección sudeste-noroeste constituye la prolongación natural del saliente. Con alturas de 1 a 4 metros sobre el nivel del mar, algunas rocas del arrecife quedan al descubierto durante la bajamar y cubiertas en la pleamar. Es uno de los puntos en los que la mar rompe con más fuerza. La vegetación de la zona está constituida por brezales costeros. Se percibe un paisaje natural, apenas modificado por la acción humana, salvo por la destacada presencia del faro Cabo Silleiro.

El faro Cabo Silleiro es una imprescindible ayuda a la navegación marítima toda vez que el pasado 6 de enero de 2014, durante un temporal en el Atlántico, la boya de cabo Silleiro batió su récord histórico registrando 11,5 metros de altura significante de ola (altura significante de ola es una media estadística) y unos veinte metros de altura —como un edificio de seis plantas— en el caso de olas individuales. Los datos fueron recogidos en la estación de registro del faro.

Moto + faro = excelente combinación

Según el cartel explicativo que hay en la puerta, el faro está situado a una altura de 30 metros sobre el terreno, con el plano focal a 85 metros sobre el nivel del mar y un alcance de 35 millas náuticas (35 M).

Un alcance (= distancia desde la que puede ser percibida la señal) de 35 M es mucho, y no me lo creo. Según mis cálculos, para conseguir un alcance geográfico —ya no digamos nominal— de 35 millas náuticas, en números redondos el observador tendría que estar encaramado en la cofa del barco, en plan vigía, a unos diez metros sobre el nivel del mar, el plano focal estar situado a unos doscientos metros de altura, y la linterna rutilar con millones de candelas de intensidad luminosa. Por si alguien quiere repasar mi trigonométrica cuenta de la vieja:

Rg = K · (√ho + √Hm); Rg = 2,03 · (√10 + √200); Rg = 2,03 · (3,16 + 14,14); Rg = 2,03 · (17,3); Rg = 2,03 · 17,3; Rg = 35,119 M; siendo Rg el alcance geográfico expresado en millas náuticas, K el coeficiente de refracción atmosférica, ho la elevación del ojo del observador en metros y Hm la elevación del foco luminoso en metros.

Es como si el faro de cabo Silleiro pudiera atisbarse desde Ribadavia o mi casa de Madrid desde Segovia. Encenderé la luz de la terraza y treparé al Acueducto, a ver qué tal.

Pongámonos serios: conociendo el coeficiente de refracción atmosférica, la altura sobre el nivel del mar del plano focal y calculando la altura de los ojos del observador a 16 metros, que es la cota de referencia para faros de gran radio de acción, el alcance geográfico estimado para el faro de Silleiro es de 26,83 M. Esta cifra es relativa y puede cambiar en función de la altura del puente del barco y de las olas, del nivel del mar —que oscila con las mareas— y de variaciones climáticas que alteran el índice de refracción atmosférica, cuyos valores típicos se encuentran entre 2,03 y 2,12 (un valor frecuente es 2,08, pero para España 2,03 es más recomendable). Con todo, por 26,83 millas náuticas de alcance geográfico anda la cosa.

Faro de Cabo Silleiro

Lo mismo que digo una cosa, digo la otra: desde lo alto del mástil del Vosper Thorneycroft Mirabella V (88,5 msnm, 3,5 metros por encima de la altura del foco luminoso del Cabo Silleiro) o del Vitters Aglaia (con un mástil de carbono de 83 metros, 2 metros por debajo) igual sí que se columbra el faro a 35 millas náuticas de distancia, en días radiantes y gastando mucha luz de noche, claro (ley de la inversa del cuadrado). Uno puede darse una idea con este vídeo:

 
Hay otras opciones que salen más económicas. No pagas los cuarenta y cinco millones de euros que cuesta el yate y ahorras en el recibo de la luz (del faro), que ha vuelto a subir y el kilowatio-hora está muy caro. Una es utilizar unos prismáticos. La más barata de todas es conceptual.

Consiste en establecer que hay diferentes clases de alcance: alcance geográfico, alcance óptico meteorológico, alcance visual, alcance luminoso, alcance nominal; que la visibilidad de la ayuda depende no solo de la altura del sistema observador-faro y del coeficiente de refracción atmosférica, sino también de la intensidad y el color de la luz, de la transmisividad atmosférica, de si la luz está afectada por resplandor de fondo, de si el cielo está claro, nublado o brumoso, de si hay luz crepuscular o es noche cerrada, del envejecimiento de las lámparas, de si las lámparas son incandescentes o han sido sustituidas por LED de alta potencia y de otros factores, algunos tan elementales como 1) si el torrero ha limpiado a conciencia los cristales de la linterna (pérdida por acristalamiento) o 2) si el observador está un poco cegato (mi caso). No hace falta decir que la materia es bastante embrollada y un tanto empírica, con ciertas dosis de resbaladiza psicofísica y, posiblemente, unas gotas de emotiva exageración (¿a quién no le gustaría que su faro fuera el que más luz diese de todos? Y es que el asunto llega a cobrar un cariz goethiano: mehr Licht! [«¡luz, luz, más luz todavía!», en traducción de Unamuno]).

Lo esencial es que, por definición, un faro proporciona un haz de luz de señalización marítima con un alcance de hasta 25 millas náuticas (lo malo es que las definiciones no son más que meras convenciones socioculturales y pueden modificarse a voluntad, como ha sucedido últimamente, già cominciamo). El faro de cabo Silleiro tiene un alcance nominal de 24 millas náuticas. De este modo, su alcance geográfico (Rg = 26,83 M) es mayor que su alcance nominal (Rn = 24 M), que es lo suyo (Rg > Rn). La intensidad luminosa de esta ayuda a la navegación debería ser de alrededor de 520 000 candelas, bien que probablemente con un chorreo de 505 000 candelas provenientes de lámparas LED ya se las apañe para alcanzar nominalmente las 24 millas náuticas (como sucede con el faro de Punta Cumplida en La Palma).

En cuanto a los orígenes del actual faro de Silleiro (el segundo del lugar, precedido por otro del que luego se dará cumplida noticia), he leído en prensa (Faro de Vigo del 21 de octubre de 2012, sección especial) lo siguiente:

«La apariencia del faro era de grupo de dos relámpagos seguidos de un relámpago aislado. La intensidad de estos relámpagos era de 330.000 bujías, viéndose el faro a 33 millas de distancia».

Se reitera el baile de cifras y la ambigüedad. Por de pronto, las 35 millas de alcance han decrecido a 33 (y sigue sin aclararse de qué clase de alcance estamos hablando, aunque medio sé desde el principio que se alude implícitamente al alcance luminoso [nocturno]). En lo que atañe a las bujías, ya estamos otra vez con lo mismo: como el patrón fotométrico no se normalizó hasta 1948, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX la unidad de intensidad de luz podía ser:

  • bujía Hefner, estandarizada en 1895 (alemana; en origen, vela de parafina y desde 1884 lámpara de llama Hefner que quemaba acetato de amilo );
  • bujía decimal, adoptada por el Congreso Internacional de Electricidad de 1899 (francesa; inicialmente vela de estearina. Vid. más abajo unidades Carcel y Violle);
  • unidad inglesa (bujía o vela de blanco o esperma de ballena, espermaceti; a partir de 1898, lámpara de llama Vernon Harcourt que quemaba pentano, con una intensidad luminosa de 10 bujías o candles inglesas);
  • unidad o bujía estadounidense (lámpara incandescente) o
  • bujía internacional,

cosa que no se explicita. Para acabarlo de arreglar, también estaban las unidades francesas carcel (lámpara de llama de aceite de colza, hacia el año 1800) y el patrón de platino de Violle de 1881 (1 violle = 2,08 carcels = 20 bujías decimales; 1 bujía decimal = 0,104 carcel; 1 carcel = aprox. 9,62 bujías decimales). La bujía decimal era un 1,6 % menor que la bujía estadounidense (1 bujía decimal = 1,016 bujías estadounidenses).

Con el paso del tiempo, en Francia las unidades carcel y violle se abandonaron; a principios del siglo XX el Laboratorio Central de Electricidad de París tenía como unidad luminosa la bujía decimal. El patrón francés y el inglés enseguida se equipararon; posteriormente, los estadounidenses redujeron su unidad un 1,6 % para converger con el estándar franco-inglés. Para el 1.º de julio de 1909, 1 bujía francesa = 1 bujía inglesa = 1 bujía estadounidense = 1 bujía decimal. Los alemanes, con más luces, iban por libre: 1 bujía decimal = 0,9 bujías Hefner, y así siguieron hasta 1940. Como 1 bujía decimal = 1 bujía francesa, inglesa y estadounidense, se propuso cambiarle el nombre a bujía internacional.

El faro moderno de Silleiro se inauguró en 1924. El aparato óptico se construyó en Berlín y la linterna en España. Teniendo todo en consideración, mis candidatas son la bujía Hefner (patrón de unidad luminosa vigente en Alemania por aquel entonces) y la bujía internacional, que fue acordada como patrón de intensidad luminosa en la quinta sesión de la Comisión Internacional del Alumbrado de 1921, reduciendo las unidades fotométricas a dos (bujías Hefner e internacional).

Falta un factor de conversión más: el paso de las bujías Hefner o internacional a la candela (unidad básica del Sistema Internacional de intensidad luminosa desde 1948, acabáramos):

  • 1 candela = 1,02 bujía internacional = 0,92 bujía Hefner;
  • 1 bujía internacional = 0,98 candela = 0,90 bujía Hefner;
  • 1 bujía Hefner = 1,11 bujía internacional = 1,09 candela.

Por fin hemos llegado a donde queríamos: 300.000 bujías internacionales = 294.117,64 candelas; 300.000 bujías Hefner = 333.333,33 bujías internacionales = 326.797,05 candelas.

Concluimos que la intensidad luminosa originaria del faro estaba comprendida en un rango de entre 294.117,64 y 326.797,05 candelas. Con esa intensidad de luz máxima su alcance nominal nocturno era de unas 22,5 millas náuticas; en todo caso, por debajo de 23 M.

Las cifras van cuadrando: alcance nominal < 23 M; alcance geográfico = 26,83 M y alcance luminoso = 33 M en las mejores condiciones meteorológicas de visibilidad. Como la tecnología evoluciona, de 1924 a hoy las lámparas y ópticas pueden haberse perfeccionado, aumentando de esta forma la intensidad luminosa y llegando a las 35 millas náuticas que menciona el maldito cartel del principio. En razón a esto he de recalcar 1) que si bien en el pasado lejano las limitaciones eran evidentes —estoy pensando en las antorchas y fogatas que alimentaban los faros antiguos—, con la tecnología actual es corriente que el alcance luminoso supere el alcance geográfico, incluso en mucho; 2) lo inútil que resulta incrementar desaforadamente el brillo del haz luminoso si los navegantes no pueden advertirlo por hallarse fuera de su radio geográfico, que se convierte en el alcance real del faro y 3) el alcance que se toma como referente común para los cálculos y en la documentación oficial es el nominal (en nuestros días, alcance nominal del faro de Cabo Silleiro = 24 millas náuticas).

Explicado burdamente, el alcance nominal viene a ser lo que da de sí el faro observado de noche en condiciones atmosféricas no perfectas (se toma como valor estándar una visibilidad meteorológica homogénea de 10 millas náuticas que equivale a un coeficiente de transmisión o transparencia atmosférica de T = 0,74, y eso con independencia de las características reales del cielo local en un momento dado y de la sensibilidad individual del observador). Y ahora, los récords de la piel de toro: el faro con mayor alcance de España es el de Cabo de Peñas, en Asturias, con un alcance nominal nocturno de 35 millas náuticas, ahí es nada. El faro con mayor alcance del Mediterráneo español es el del Cabo San Sebastián, en Llafranc (Gerona) —he buceado unas cuantas veces con l’ Emili y la Lotti ahí—, con un alcance nominal nocturno de 32 millas náuticas, que también es una pasada. Con sus 28 millas náuticas, la señal luminosa del cabo Villano, en la Costa de la Muerte camariñana, es la que tiene mayor alcance nominal nocturno de Galicia. Otras primeras espadas gallegas son el Faro de Ons y Punta Estaca de Bares, ambos con 25 millas náuticas de alcance nominal nocturno.

Todo esto tiene —para mí— un palmario interés teórico (me gustan los faros, por si no se nota), pero nula relevancia práctica. En primer lugar, yo, ni soy farero (pero sí tataranieto de uno), ni patrón de yate (pero sí hijo de uno) ni nada por el estilo (es un mero hobby, yo soy de letras puras). En segundo lugar, otras fuentes bibliográficas («Los puertos gallegos: radiofaro de Silleiro». Revista de obras públicas, I, núm. 74 (1926), 407-408, p. 407) ofrecen los siguientes datos en 1926: altura de plano focal sobre el nivel del mar de ¡45 metros! (y no 85), alcance de 37 millas y «potencia lumínica, fuera de lentes, de 320.000 bujías»; datos que, de ser veraces, echan por tierra todo el análisis realizado hasta este momento (lo cual, dicho sea de paso, no tiene ninguna importancia porque para mí esto no es más que un puro divertimento intelectual que no va a ninguna parte).

Empero, me parece increíble la falta de rigor que tenemos en este país con las informaciones de todo tipo (no paramos de inventar), cuando la precisión es un valor epistémico. A decir verdad, todavía no sé a ciencia cierta la fecha exacta de alumbrado del primer faro: el cartel de la puerta pone «[…] o faro antigo que funcionou por primeira vez o 31 de Marzal de 1862 e que daba unha luz branca fixa de 17 millas náuticas de alcance»; la Gaceta de Madrid, núm. 272, de 28 de septiembre de 1868, p. 7 especifica que la fecha en que se iluminó este faro fue el «31 de marzo de 1864» y el artículo «Los 150 años del faro de Silleiro», del periódico Faro de Vigo, publicado el 21 de octubre de 2012, sección especial, p. 1, sostiene que se inauguró en 1866. Un caos, vaya. (La fecha más plausible de encendido del faro primigenio, indicada por la mayoría de los documentos, fue el 31 de marzo de 1862).

Ejemplo de rigor (1). Cartel informativo junto al faro Cabo Silleiro. El faro antiguo funcionó por primera vez el 31 de marzo de 1862

Ejemplo de rigor (2). Gaceta de Madrid, núm. 272, de 28 de septiembre de 1868, p. 7. La fecha en que se iluminó el faro primitivo fue el 31 de marzo de 1864

Ejemplo de rigor (3). «Los 150 años del faro de Silleiro». Faro de Vigo, 21 de octubre de 2012, sección especial, p. 1. El antiguo faro se inauguró en 1866

En tercer lugar, el DGPS y el ECDIS ya están inventados y al Galileo (GNSS) no le queda nada. Te compras uno y, hale, a surcar los mares. ¿Faros? Son piezas de museo, los sistemas de radionavegación por satélite es lo que se lleva, hay que estar en la onda. Dejando a salvo lo anterior, los faros se vuelven especialmente atractivos cuando se te descoña/acaba la batería del DGPS/ECDIS y, recalando a costa en medio de la oscuridad, reparas en el sector rojo de su luz, que por alguna misteriosa razón no dejas de ver. Hasta que descubres que es la destellante invitación, llena de colorido, a que te sumerjas en una discotequera fiesta de bienvenida que te inunda de refrescantes sensaciones acuosas (tipo fiesta de la espuma de Amnesia-Ibiza o fiesta del agua water party de Es Paradís-Ibiza).

Vuelvo al principio de la exposición. Tal y como se ve en la fotografía adjunta, el actual faro de Cabo Silleiro, con número nacional 05280 e internacional D-1916, consta de una torre octogonal de sillería blanca con bandas horizontales rojas embebida en la fachada marítima del edificio de servicios y vivienda del técnico en sistemas de ayudas a la navegación, es decir, el farero (Cabo Silleiro es uno de los pocos faros habitados de Galicia). Su linterna está cubierta con una cúpula roja y protegida por una celosía. Se alza 30 metros sobre el terreno, la elevación sobre el nivel medio del mar de su foco luminoso es de 85 metros (?) y tiene un alcance nominal nocturno de 24 millas náuticas. Emite un grupo complejo de destellos cuyo heteróclito ritmo (13 y 31 son números primos), en compás de 75/8 (13/8 + 31/8 + 31/8) es ║: ♩{{{{{,|♩{{{{{{{{{{{{{{,|♩{{{{{{{{{{{{{{, :║, con un periodo de 15 segundos (♩ = 150 BPM), lo que le da una apariencia de «dos relámpagos seguidos de un relámpago aislado». El color de su luz es blanco.

Ritmo de los destellos del faro Cabo Silleiro expresado como encadenamiento de compases decimales batiendo tiempos a negra, con la parte decimal añadida (la corchea) al final de cada compás parcial del ciclo métrico. Pulsar en la imagen para oír

Como se ha dicho, fue levantado en sustitución de otro anterior, ayuda de menor elevación y alcance. El primer faro de cabo Silleiro nació como baliza de la ría de Vigo con el Plan General de Alumbrado Marítimo de las Costas y Puertos de España e Islas Adyacentes de 1847. Con un presupuesto de 72 028 reales de vellón, el 4 de abril de 1830 tuvo lugar la adjudicación en subasta pública de las obras correspondientes a la torre de un faro de cuarto orden. La torre primitiva estaba situada en el mismo cabo junto a la orilla del mar, distante de la línea de pleamar 25 metros. Constaba de tres cuerpos, el primero cuadrado y los otros dos octogonales, de granito color claro. El faro estaba unido a la habitación de los fareros; servían en esta señal dos torreros. La elevación de su foco luminoso era de 21,96 metros sobre el nivel del mar y de 10,27 metros sobre el punto de emplazamiento, con un alcance aproximado en el estado ordinario de la atmósfera de 17 millas. Para enero de 1862 la construcción de la ayuda estaba finalizada; la Real Orden de 14 de Enero de 1862 (Gaceta de Madrid núm. 21, del martes 21 de enero) dispone que el faro de cuarto orden levantado en el cabo Silleiro, provincia de Pontevedra, se ilumine el 31 de marzo de 1862. Emitía una luz fija natural blanca. Documentos de principios del siglo XX declaran que este faro tenía un alcance geométrico de 14 millas y un alcance óptico de 13 millas.

Con el paso del tiempo surgieron nuevas necesidades derivadas del incremento del tráfico marítimo y del mayor porte de los buques que hacían escala en el puerto de Vigo, transatlánticos con destino a América. Para dar satisfacción a estas demandas, se inicia un proceso que, con la hispana eficiencia administrativa que nos caracteriza, se extiende a lo largo de casi dos décadas.

En mayo de 1905 se consigna un presupuesto para el establecimiento de un nuevo torreón, linterna y aparato luminoso para el cabo Silleiro, pero no se hace nada. Han de pasar diez años para que a mediados de 1915 se disponga la adquisición del aparato y linterna del faro moderno, y a principios de 1916 se apruebe definitivamente el proyecto de camino de acceso, torre y edificio de Silleiro, con un presupuesto de 158 253,13 pesetas. Hacia finales de 1921 está próxima la terminación de las obras del edificio y la torre; se impulsa la compra del aparato —que, por aquel entonces, aún no había sido adquirido— por un valor de 198 238,53 pesetas. (Los costes finales parecen haber sido 240 000 pesetas por la obra completa y 160 000 pesetas por el total aparato. Como es bien sabido, la desviación presupuestaria al alza y el sobrecoste en las obras públicas es una de las cualidades de la marca España).

Para conseguir un mayor alcance de luz (que, por su ubicación y propiedades técnicas, el antiguo faro no podía proporcionar), la nueva ayuda se edificó en la ladera del promontorio, aumentado la altura del plano focal y colocando un aparato luminoso de mayor potencia. Dicho aparato contaba con óptica hexagonal Fresnel alumbrada con una lámpara alimentada por petróleo. En 1924, poco antes de la puesta en funcionamiento de la señal marítima, se mejoró el conjunto con la instalación de un radiofaro anejo a la señal visual de Cabo Silleiro. El actual faro se inauguró el día 8 de agosto de 1924, y guía la navegación en la bocana sur de la ría de Vigo.

Cuando la ayuda llevaba unos cinco meses funcionando, en la noche del 21 al 22 de diciembre tuvo lugar un incendio en la cámara de servicio causado por la caída de un quinqué sobre unos algodones de limpieza empapados en petróleo, qué mala pata. El fuego causó grandes desperfectos en el torreón y los encargados resultaron heridos. Apagado el incendio, como había temporal se intentó poner en marcha la lámpara de socorro, pero ello resultó imposible pues la linterna había quedado completamente inutilizada. Se rehabilitó a toda prisa el faro antiguo mientras se reparaba el moderno, cuyo servicio se restableció el 13 de julio de 1925. En septiembre de 1932 fue electrificado y en 1955 se convirtió en aerofaro: se le acopló un juego de lentes que le permite emitir un haz de luz hacia el cielo, el cual sirve de indicación a los aviones.

Desde el cabo Silleiro se reconocen las islas Cíes en la lejanía. Las islas Cíes defienden la ría de Vigo y la comunican con el océano Atlántico por su boca norte (al norte de la isla de Monteagudo), su boca sur (al sur de la isla de San Martiño) y a través del freo da Porta (entre aquella y la isla de O Faro).

Pontevedra. Islas Cíes desde el cabo Silleiro

 

Bayona/Baiona

La real, noble y leal villa de Bayona de Miñor se extiende por el litoral meridional de la ría de Bayona, en la ría de Vigo, entre Monte do Boi o Monterreal y el estuario del río Miñor. Es una animada localidad turística con muchos veraneantes.

Lo más destacado de Bayona es el Castillo de Monte Real, situado en el antiguo monte de Buey (monte do Boi o monte Boi), que pasó a llamarse monte Real por privilegio de los Reyes Católicos dado en la ciudad de Burgos el 15 de Enero de 1497. Entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVII la villa de Bayona se asentó en el interior del castillo para protegerse de los numerosos asaltos, saqueos y ocupaciones a las que se veía sometida. Progresivamente, y sobre todo a partir del XVIII, la población se restablece extramuros.

La península de Monterreal es un peñón de unas dieciocho hectáreas que protege el puerto de Bayona. Por su estratégica ubicación, Bayona sufrió invasiones de sarracenos, normandos, portugueses, ingleses, franceses y ataques de piratas (turcos, berberiscos) y corsarios —raid de Francis Drake en octubre de 1585 incluido—. En el monte de Buey han existido fortificaciones desde tiempos de los romanos, hace más de dos mil años, arrasadas, reconstruidas y modificadas a lo largo de los siglos. El castillo actual consiste en un recinto de tres kilómetros de murallas almenadas, salpicadas de garitas y torres, que rodea el perímetro del monte. Las construcciones defensivas que se contemplan en nuestros días fueron erigidas entre los siglos X (torre del Príncipe, 966) y XVII. En los años sesenta del siglo XX la fortaleza fue reconvertida en parador de turismo, inaugurado en 1966.

Pontevedra. Baiona. Fortaleza de Monterreal

La torre que se ve en la imagen (sobre estas líneas) es la torre del Reloj, junto a la puerta del Sol, una de las más antiguas de la fortaleza. El maestro de cantería Gonzalo Lorenzo recibió el encargo de su realización en 1544. Para su diseño tomó como modelo la torre del Reloj de Redondela. Contenía la campana que servía para dar la alarma en caso de ataques enemigos.

En su tornaviaje de América, la carabela La Pinta, comandada por Martín Alonso Pinzón, arribó a Bayona el 1.º de marzo de 1493. El puerto de Bayona fue el primero del continente europeo en recibir la noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo, antes de que Cristóbal Colón atracara en Rastello (Restelo, Belém, Lisboa) a bordo de La Niña el 4 de marzo de 1493. En su trabajo de maestría (Universidad de La Coruña), dice Beatriz López Otero: «La citada carabela bordeó el castillo hasta la playa de A Ribeira, en el lado oriental, desembarcando Pinzón en territorio español». Por la playa que se muestra en la siguiente fotografía, que está junto al puerto de Bayona, tuvo lugar el primer desembarco americano en suelo español. Digo en suelo español porque Colón tocó tierra el 18 de febrero de 1493 en la baía dos Anjos (bahía de los Ángeles), en la isla de Santa María, la más meridional de las Azores (Portugal).

Pontevedra. Baiona. Playa de A Ribeira

Las figuras heráldicas que aparecen en el escudo de Bayona son un buey y una carabela, en referencia a monte de Buey y la arribada de La Niña. Su blasón resume los elementos más importantes que configuran la identidad local de la villa.

 

Otra vez, Vigo

Como colofón de la jornada, me acerqué a Vigo, esta vez con intención de pasar por el centro de la población. Después de haber estado jarreando todo el día, en Bayona escampó, por lo que el recorrido hasta Vigo fue más agradable. No me quité el traje de agua por si las moscas, y bien que hice, porque despedí el día con una última mojadura.

Como empezaba a hacérseme un poco tarde, programé el TomTom Rider para que me guiara directamente al corazón de la ciudad. Yo pensaba que me iba a llevar a la plaza de la Constitución, a la calle del Príncipe o algo así. Me hizo gracia que, no lejos del centro, me condujera a un taller de neumáticos para motocicletas…

Centro de Vigo según el TomTom Rider: una taller de neumáticos para motocicletas… pues tal y como está el de la rueda delantera, no me venía mal

Vigo —en mi opinión, solo comparable en ese aspecto a Montecarlo— me parece una de las ciudades donde más eficaz resulta la función auto-hold (asistente de frenado electromecánico para arrancar de forma reiterada en rampa sin que el coche se te vaya para atrás) con la que cuentan los automóviles actuales. Estamos hablando de pendientes que llegan al 15 % e incluso superan este porcentaje, cágate lorito, y no hay ni una ni dos: es la ciudad de las mil cuestas y escaleras, especialmente por detrás del Real Club Náutico y por el barrio histórico, en los alrededores de O Castro. Con la motocicleta no hay problema: metes freno trasero con el pie derecho y sales, pero me gustaría ver un tren de carretera de 40 toneladas calado en medio de una de esas calles un día lluvioso… Y ya no digamos para andar. Los vigueses no tienen que trabajar cardio con la máquina de step: deben de tener los glúteos y piernas más tonificados del país. Naturalmente, estuve paseando por el centro urbano sin bajarme de la moto; no llevaba equipo de escalada.

 

Jornada sexta (la vuelta)

He dicho que en Galicia, las carreteras son ideales para montar en motocicleta, excepto por una característica. Los primeros días me llamó la atención el menguado número de motos que se veían rodando por las provincias gallegas, a diferencia del arco mediterráneo, que está plagado de motoristas.

La característica es que, en Galicia, cuando empieza a llover, no para, tal y como pude experimentar el 19 de julio. Y no orvallaba, propiamente; la precipitación era copiosa, constante y con poca tregua. Los ratos que escampaba solo parecían anunciar la entrada del siguiente frente. Llegué a pensar que me iba desplazando en paralelo con el ojo de la tormenta.

A estas alturas, no me arredra pilotar la moto bajo un manto de agua, pero es un coñazo. La carretera se pone resbaladiza; en consecuencia, hay que conducir con mayor precaución, «leer» más la calzada, frenar con cuidado y acelerar suavemente (especialmente en curva, que se te va la rueda trasera), prevenir derrapes, estar concentrado… Luego está el problema de la visibilidad: con las gotas de agua y el empañamiento de la visera, no ves un pimiento; olvídate de correr. Y si alzas un poco la pantalla, a mojarse tocan. Eso por no mencionar que la mano izquierda se convierte en un limpiaviseras biomecánico (por cierto: el labio de goma que varios fabricantes adhieren al pulgar de algunos de sus siniestros guantes es de muy escasa efectividad, según he comprobado).

Estar húmedo todo el día enfundado en el «chuvasqueiro» de PVC, cual desmesurado preservativo, es desagradable (y todos sabemos que el Gore-Tex aguanta un tiempo, pero acaba calando. Además, para el verano hispánico con los cuarenta grados, como que no). De todos modos, al final acabas empapado por fuera y por dentro: entre la que está cayendo, el sudor, la condensación, el agua que se te cuela por las aberturas de las prendas, el quita y pon de guantes y casco cada vez que haces una foto… mantenerse seco me parece un imaginativo ideal no alcanzable en el mundo práctico de las dos ruedas (si en cuanto te quitas el casco y te mojas la cabeza la primera vez ya la has cagado… Y en lo tocante a los pies, mejor preterir el chof, chof, chof que notas por dentro de las botas cuando desmontas y caminas un poco).

Con décadas de motociclismo a mis espaldas, mi resignación y estoicismo ante las inclemencias atmosféricas raya con la ataraxia. He llegado a ser como el patio particular de mi casa: cuando llueve me mojo como los demás, y punto. Lo único bueno es que, siendo verano, no hacía demasiado frío. Visité todo lo que deseaba visitar, sin lluvia o con ella. No obstante, dos días de ese jaez me resultó algo excesivo. Para el domingo 20 de julio, las agencias meteorológicas (la nacional y la gallega) anunciaban más de lo mismo. Se estropeó el tiempo; el viaje dejó de ser tan divertido. De manera que decidí regresar a la España seca. Comprendo por qué apenas se ven motocicletas en Galicia.

Para no repetir camino, volví por las provincias de León y Valladolid, con pocas paradas.

 

Villafer (provincia de León)

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León. Villafer. Puente sobre el río Esla

«El Esla lleva el agua y el Duero la fama», asegura el dicho popular. A juzgar por lo crecido que estaba el río en pleno mes de julio, la afirmación no debe de andar lejos de la verdad. Lo cierto es que el Esla es el afluente más caudaloso del Duero. La imagen corresponde al tramo final de su curso medio, en Villafer.

León. Villafer. Río Esla

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Tierra de Campos

La Tierra de Campos es una comarca a caballo entre las provincias de León, Zamora, Palencia y Valladolid, en la comunidad autónoma de Castilla y León. La carretera y el paisaje responde plenamente al concepto «duro» que tenemos de la Meseta: una interminable recta que discurre por una altiplanicie —en la que, todo lo más, se divisa una delicada elevación del terreno en el horizonte— entre inmensos campos de cereal homogéneamente desarbolados y áridos (no por casualidad el río que irriga el país es el río Seco, denominación que designa un escaso caudal).

Ahora bien, en el granero de España había una luz y unos colores espectaculares. Además de los tradicionales cultivos de trigo candeal y chamorro, cebada y demás (todo esto es un suponer: yo no distingo el trigo y sus variedades de la cebada, la avena o la alfalfa, pero me lo anoto para fijarme e ir refinando mi percepción de la campiña), había plantados campos de girasoles (estos sí que son fáciles de reconocer). De resultas, contrastaban los colores verdes y amarillos del girasol con los pardos y ocres de la estepa cerealista, el centelleante azul del cielo y la algodonosa blancura de las nubes cumuliformes (¡por fin, tiempo seco!).

Me da un poco de rabia no saber nada de fotografía (yo pongo el automático, enfoco, disparo y que sea lo que Dios quiera. Me gustan las postales) porque si supiera sería competente captando el juego de luces y color al que hago referencia. La siguiente instantánea no le hace justicia:

Tierra de Campos. Paisaje meseteño. El árbol que asoma por el horizonte hacia la izquierda es la excepción que ablanda el concepto

 

Valladolid

Dado que el río Duero y otras corrientes de agua así como mi familia materna habían sido algunos ejes temáticos de mi periplo, para ir concluyendo el circuito se me ocurrió echar una ojeada al río que riega la tierra en la que nació mi abuelo, el Pisuerga a su paso por Valladolid.

Se presume que durante el estiaje veraniego, el caudal del Pisuerga en Valladolid es del 44 % de su valor medio anual (62,76 metros cúbicos por segundo). Pues yo lo vi llevando mucha agua. Algo parecido pasaba con el Esla en Villafer, cuyo estiaje debería ser aún más acusado.

Mi vallisoletano-menorquina amiga Myriam, que ha visto la foto, me ha dicho que no tengo ni idea de ríos, lo cual es bastante cierto teniendo en consideración que mis referentes más cercanos han sido 1) el río de Santa Eulalia en Ibiza, con sus exorbitantes 17 kilómetros de longitud y su actual caudal medio de 0 m³/s (desde que se secaron sus fuentes ya no corre agua de manera regular; la presión antrópica ha degradado el río a torrente) y 2) el río Manzanares en Madrid —arroyo aprendiz de río—, con un ingente caudal medio anual de 3,412 m³/s (ojo con la coma que separa el entero de la parte fraccionaria) en el Parque Deportivo Puerta de Hierro (antiguo Parque Sindical). El caso es que he cruzado unas cuantas veces el Ródano (1690 m³/s de caudal medio anual en Beaucaire) por Ginebra, Lyon, Aviñón y Arles; se sigue que he visto algún río potente. Pero eso es ‘Europa’ y esto es ‘España’, yo ya me entiendo.

Myriam me ha confirmado que el Pisuerga se ve normal, como siempre en verano. Con la desecante evaporación de mi fantasía, yo me lo representaba mermado y devenido en regato. Sea como fuere, aunque no salen bien parados en confrontación con el Amazonas, el Congo o el Yangtsé, es bonito ver los ríos españoles con agua.

Río Pisuerga a su paso por Valladolid. En primer término, los «estéticos» cables de la red eléctrica

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4 comentarios

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  1. Ya estás aquí?. No le dejaré leer tu entrada a David no sea que decida adelantar la compra de la moto, ahora que tiene el coche estropeado 😉

    Me alegro que todo fuera bien.

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