EXALUMNOS Y, SIN EMBARGO, AMIGOS (diciembre de 2013)

De un tiempo a esta parte me viene pasando algo que se ha intensificado en los últimos meses. A ver cómo me explico yo.

En resumidas cuentas, mi actividad profesional principal (pero no única) ha sido la docencia. He sido profesor de instituto, de conservatorio profesional, de facultad universitaria y de conservatorio superior. En total, he trabajado en seis institutos, dos conservatorios profesionales, dos facultades universitarias y cuatro conservatorios superiores a lo largo de veintisiete años, de los que me he dedicado a la enseñanza directa con grupos de alumnos o con estudiantes individuales veintidós años, y el resto he desempeñado puestos de apoyo a la docencia. La razón por la que me he movido tanto ha sido una combinación de mis propias inquietudes profesionales (he superado varios concursos/oposiciones) y el funcionamiento de la Administración Educativa (destino provisional o definitivo en tres comunidades autónomas, follones con horarios y plazas —lo que te obliga a desplazarte—, etcétera).

Felicitación navideña (2013) del Instituto Conde de Orgaz, en el que estuve destinado el curso 91-92. Después de tantos años, sigo recibiendo christmas. La autora de la ilustración es Irene Martínez Franco, de 4.º C de ESO

El número de alumnos que he tenido en un año académico ha variado mucho: entre un par de docenas y más de trescientos. Hay que tener en consideración que, por un lado, las clases de repertorio con pianista en conservatorio de música tienen una ratio 1/1 (son clases individuales) y, por otro lado, me he llegado a encontrar a noventa alumnos metidos en una clase en la universidad (impartiendo docencia a más grupos-clase…).

También han sido muy distintas las edades de los aprendices: desde niños de ocho años (enseñanzas artísticas elementales) hasta estudiantes de fin de carrera. Pero el rango de edad predominante ha sido el tramo de 14 a 23 años (bien que he tenido, y sigo teniendo, discípulos mayores que yo mismo. Una ex ya es abuela y todo…).

El caso es que, desde el punto de vista del alumno, cada año el aprendiz tiene unos pocos profesores. Pero, desde la óptica del enseñante, cada curso académico el docente tiene muchos alumnos. Conozco la doble perspectiva, porque yo mismo he sido, y sigo siendo, estudiante.

Aunque la valoración del proceso de aprendizaje del alumnado y de la enseñanza corresponde formalmente al profesor (es este quien pone las calificaciones, lleva a cabo los análisis de los resultados, &cétera), a partir del momento en que se planta en una clase ya ante uno, ya ante noventa estudiantes, el docente está sometido a una evaluación informal por parte de aquellos. Esta evaluación informal se ha ido formalizando progresivamente desde que, por obra y gracia de los economistas metidos a (malos) educadores, en los centros docentes se han empezado a implantar modelos clientelares con su «sello de calidad ISO 9001 (o EFQM)», sus encuestas de «grado de satisfacción de los clientes», el «benchmarking» tan caro al Ministro Wert  y otros despropósitos semejantes. Son despropósitos porque 1) los estudiantes son personas, no lavadoras; 2) un centro educativo no es un prostíbulo y 3) la clase de relación que, en cuanto enseñante, guardo con mis aprendices no es de carácter económico (caveat emptor), sino de confianza (credat emptor): citando entre líneas a Goodland, Savatier y Souviron, se concreta en una actividad de medios y se desarrolla a través de un haz de relaciones personales. Distinción que, por supuesto, los economistas de la educación no hacen. Es lo que tiene no saber latín ni humanidades.

Pero, de un modo u otro, los alumnos llevan a cabo una valoración de sus profesores. Y hay que recalcar que, si desde el prisma del profesor el proceso anual es uno evaluando a cientos, desde el punto de vista de los alumnos es cientos valorando a uno (aunque suelen ser valoraciones colectivas, por grupos). Ellos poseen la propiedad de la numerosidad.

He tenido todo tipo de valoraciones a lo largo de estos años. He recibido desde «el Óscar» y la banda «al mejor profesor» y otros regalos hasta cartas y escritos expresando franco rechazo o insulto. He dado clase a personas de refinada sensibilidad (artística y/o humana) y a psicópatas con síndrome del emperador (no elijo a mis alumnos: son los que se matriculan en conexión con mi asignación de docencia. Ellos tampoco eligen a su profesor: es el que les toca).

Uno también desconoce el impacto que ejerce o la huella que deja sobre sus educandos a medio o largo plazo. Recordemos que los he llegado a tener de trescientos en trescientos —en ocasiones, dándoles clase un único año académico: se acaba el curso y adiós— y, por lo que me corresponde, solo he intentado llevar a cabo mi trabajo con honestidad y profesionalidad (con diversidad de resultados en función de grupos, años, centros, circunstancias y contextos educativos…). Esto me conduce a otro punto que deseo analizar.

Como cabe esperar, a lo largo de los años he evolucionado pedagógicamente. Por mor de algunos de mis (malos de-) formadores (pseudo-) pedagógicos, al principio de mi carrera estaba (quasi) perfectamente adoctrinado en la teoría (pseudo-) educativa de moda, a saber: mucho énfasis en la metodología didáctica (todo eran «métodos, métodos, métodos»), reduciendo la noble Pedagogía a un mero tecnicismo didacticista; un exacerbado psicologismo de tercera división (Pinillos: ¡resucita, por favor!); un persistente paidocentrismo naturalista para todas las edades y otros dogmas  que forman parte de cierto discurso supuestamente pedagógico ya agotado pero que se sigue repitiendo psitacísticamente cual disco rayado.

Afortunadamente, también tuve buenos formadores que plantearon alternativas críticas con la «línea oficial». Claro está, aprendí mucho más con y de esos profesores.

De modo que, en mis clases, desde hace mucho tiempo trato de combinar un alto nivel de exigencia con grandes dosis de apoyo educativo y motivación. Desde luego, creo que no desarrollo un currículo anémico, apocado y cobarde, ni trato a mis estudiantes como si fueran de delicada porcelana o la reencarnación de la princesa del Guisante. Mi acción educativa está más cerca de la pedagogía resiliente destinada a gente con garras y fuerte mordedura para hincarle el diente a las materias que de la propagandística utopía-tontería del «aprender sin esfuerzo» y otros eslóganes semejantes. Ejerzo mi autoridad docente (que no autoritarismo) a cara descubierta y no soy «amigo» de mis alumnos: soy su profesor; ese es el rol que desempeño en sus vidas. No empleo engañosas estrategias seductoras ni soy condescendiente con mis estudiantes: «Si no presentas el trabajo en el plazo suficiente y previamente pactado, tienes un cero». «Te doy diez minutos de cortesía; si vas a llegar tarde a clase por sistema, sencillamente no entres». En suma: trato a mis alumnos (mayores de edad) como a adultos, y no como a infantes.

Tarjeta de felicitación navideña del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

A veces pienso que mi vida profesional sería más fácil acomodándome a los gustos, apetencias y costumbres de mis alumnos (a su caprichosa ortografía, por ejemplo), regalando las notas (he visto actas de profesores en las que el 100 % del alumnado obtiene calificaciones de 9 o 10, lo cual es gran maravilla), basando mis clases en el debate día sí y día también sin impartir materia (¿qué es lo que hay que debatir sobre hechos científicos probados?), aceptando sin discusión la opinión de mis aprendices, habitualmente indocumentada y sin fundamento extrasubjetivo («es mi opinión») y haciendo mi pequeña contribución a la expedición de títulos vacíos de contenido: puro papel mojado, credenciales que no certifican nada. Supongo que de esta manera tendría más contentos a mis «clientes». Solo que ni por propensión ni por convicción estoy dispuesto a degradar más aún si cabe mi ya de por sí devaluada actividad. De modo que he tomado el camino difícil, metiéndome yo solo en el berenjenal. Ad astra per aspera, Séneca dixit (¿de verdad alguien cree que no hay que estudiar latín y cultura clásica? Ah, sí: los «fautores» de la Lomce así lo creen).

En fin, la profesión es dura y los sinsabores y batacazos muchos. Pero de vez en cuando pasan cosas. Y de un tiempo a esta parte me están pasando esas cosas.

Ayer mismo estuve chateando largamente con un exalumno, lo que me ha impulsado a escribir este post. Yo estaba expresando los gajes del oficio y él estaba seguro (cosa de la que yo no) de que la docencia tenía muchos más pros que contras. Hablaba con Paco González.

Paco fue una especie de provocador y jaranero sobredotado emocional a quien di clase dos cursos hace unos quince años (ahora tiene 32 y es papá). No había vuelto a saber de él desde que dejé el instituto, al término del curso 98-99. Sigue siendo igual de provocador, jaranero y sentimental. Hay cosas que nunca cambian.

Paco intentando demostrar por medio de pruebas documentales que no está cumpliendo condena en un centro penitenciario. Con todo, no queda claro si el coche es suyo o robado. Prueba poco convincente…

Según me ha confesado, a lo largo de estos años pensó muchas veces en escribirme una carta contándome cómo le iba la vida. (Sotto voce: touché. Lo cierto es que me encanta saber de vez en cuando de los discípulos con los que mantuve una relación más intensa o estrecha, lo cual a veces se ha traducido en pegarles la charla, «quédate a hablar conmigo un momento después de clase», «quiero entrevistarme con tus padres», «este trabajo es impresentable por tal y cual razón» y otras lindezas por el estilo. Pero también les he escuchado y dialogado con ellos en relación con sus dudas, preocupaciones o proyectos personales. Cuando mal, mal; y cuando bien, bien. A la misma persona la he llegado a suspender y poner sobresaliente en el mismo curso, en función de su progreso-rendimiento. Paco fue uno de esos casos —he tenido otros, no ha sido el único— de notas extremas).

Un día, hace unos meses, me buscó por Internet, me encontró (¡tampoco es tan difícil, tengo mi propio sitio web!) y me escribió un cariñoso mensaje, al que yo respondí. Se quedó sorprendido de que le recordara con gran detalle. Hemos reanudado el contacto. Volvemos a hablar de todo, como solíamos hacer.

A lo largo de la charla, retomando una cita de Edison que yo le había lanzado sobre el ingenio y la creatividad (un juego de palabras entre porcentajes de inspiración y de transpiración, que derivó hacia el desodorante… cosas nuestras) me dijo que ese uno por ciento de alumnado agradecido, a quien en un momento dado aporté algo, debía constituir mi inspiración pedagógica (por así decir).

He reflexionado sobre la frase. Paco, como otras personas que conozco (Sergio, Mar…), tiene buenas intuiciones. En la homérica teoría de las Musas inspiradoras, las Musas asisten al artista de forma general impulsándole a desarrollar y llevar a término su trabajo. Es decir: animan («infunden ánimo o energía, dan “alma”») al artista y su obra. Pero eso es ficción poética. En la vida real, no hay musa que valga.

Lo que sí que vale es el ánimo que te infunden las personas reales. Las que te alientan a seguir por el camino emprendido (o sea, la senda ardua). Porque, tal y como están las cosas en este país en general y en la educación en particular, uno tiene ganas de tirar la toalla y salir corriendo varias veces al día. Que ya estoy perfeccionando el noveno trienio y no tengo ninguna sensación de progreso, antes al contrario. Y tampoco puedo dejar de evocar las palabras de Ramón y Cajal: «Hay tres clases de ingratos: los que se callan el favor, los que lo cobran y los que lo vengan».

Por consecuencia, admito que un uno por ciento de reconocimiento de vez en cuando proveniente de tus exalumnos que ya son papás o abuelas tiene un (poderoso) efecto psicológicamente balsámico para un funcionario docente al borde del surmenage y de cortarse las venas. Resulta conmovedor, especialmente en las fechas navideñas en las que estamos, en las que uno se pone un poco más sensiblero de la cuenta.

A esto se añade que en un relativamente corto espacio de tiempo se han acumulado esas muestras de agradecimiento. Será la crisis o la Navidad, yo qué sé.

Así, anteayer el ya en los cuarenta José Antonio Sala (curso 88-89) me envió una felicitación de Navidad que hacía referencia al instituto en el que trabajé impartiendo docencia hace… ¡veinticinco años! José Antonio Sala & Nieves Marí fueron quienes inauguraron la costumbre de mantener cierto grado de contacto con su exprofesor. Nos vemos cuando ellos vienen a Madrid o yo voy a Ibiza. Ellos siempre han sido estupendamente encantadores conmigo, y yo, en reciprocidad, procuro pasearlos por la capital y alrededores cuando vienen. Disfrutamos y nos lo pasamos bien. En palabras de José Antonio, le di aliento en una época especialmente complicada de su vida. Eso, más allá de la enseñanza de la materia encomendada, también forma parte de la función docente (orientación personal y educativa y atención al desarrollo afectivo del alumnado).

Alumnado del grupo 1.º B (curso 1988-1989) del Instituto de Bachillerato Quartó de Portmany. José Antonio es el tercero de la primera fila y Nieves la primera de la cuarta fila

Noviembre de 2015. Una fotografía más reciente de José Antonio, quien vino a Madrid para asistir al clásico Real Madrid-Barça (0-4, qué desastre…). Quedamos a comer con más gente de Ibiza

Hace menos de un mes me invitó a su boda Alberto Martínez, del Instituto de Bachillerato Luis de Góngora de Torrejón de Ardoz (curso 90-91). Alberto tiene 38 años, es papá y va a volver a serlo en breve. Se empeñó en que hablara en su boda. Así lo hice. Fue una situación muy emotiva para ambos.

Originalísima invitación de boda de Alberto Martínez

Maristela Gruber (¡la abuelita!, curso 04-05) me convidó recientemente a una cena con familia y amigos (estaba Teresa Barrientos, otra exalumna de la Escuela Superior de Canto). No parece que nos lo estuviéramos pasando muy mal:

Maristela Mauler Gruber (la sobrina bisnieta de Franz Xaver Gruber, el compositor del célebre villancico Noche de Paz) y un servidor debatiendo sobre su rendimiento académico

Maristela, que es una extraordinaria soprano lírica, me ha dedicado la interpretación de más de una obra en sus recitales. Eso ha sido muy considerado y delicado por su parte, sobre todo porque yo disfruto mucho escuchándola cantar.

Puedo aportar otros ejemplos menos recientes, pero que recuerdo de forma muy vívida estos días. Todo el grupo de Danza Española del Conservatorio Superior de Danza María de Ávila me agasajó con una memorable cena de despedida cuando me destinaron al Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Hubo un afectuosísimo intercambio de regalos.

Grupo de Danza Española del Conservatorio Superior de Danza María de Ávila de Madrid, curso 11-12

Esa cena quedó definitivamente grabada en mi cabeza. ¡Qué grupo más magnífico!

Actualización: seguimos viéndonos de vez en cuando… cenando en casa de Alberto y Sara (enero de 2014)…

Cristina, un servidor, Sara y Alberto

y bailando sevillanas en la sala Almonte (febrero de 2014).

Grupo de Pedagogía de la Danza Española (Conservatorio Superior de Danza María de Ávila, Madrid, promoción 2009-2013)

De entre los miembros del grupo, Álvaro Madrid me invitó hace un año al estreno de Silencios Rotos, de Entredós Ballet Español, en el que actuaba como bailarín solista. (Le dediqué un post en su día, que el inefable Myspace se cargó).

Celebrando con Álvaro Madrid el éxito de crítica y público de Silencios Rotos de Entredós Ballet Español

Y la adorable Myriam Manso me brindó unas amabilísimas y vibrantes palabras en el discurso de graduación de su promoción, en junio de 2013.

Fragmento del «Discurso de Graduación» de Myriam Manso. Acto de Graduación 2013, Conservatorio Superior de Danza María de Ávila de Madrid

En fin, no están todos los que son, pero sí son todos los que están: cito aquellos con los que he tenido algún contacto recientemente. Lo bonito es que todo esto ha surgido libre y espontáneamente de ese uno por ciento (?) de personas a las que, según ellos mismos, aporté algo importante en algún momento de sus vidas como resultado de mi actividad docente y que, de acuerdo con Paco, ha de ser mi fuente de inspiración.

Puesto que una parte importante de mis alumnos se están empezando a convertir a su vez en profesores (desde hace una década soy formador de futuros formadores, profesor de Pedagogía), confío en que alguna vez sus propios (ex-) alumnos (al menos un uno por ciento) se muestren tan afectuosamente deferentes con ellos como ellos lo han sido conmigo, y hallen su propia fuente de inspiración para la tarea artístico-educativa que llevan a cabo (son escultores del cerebro y el cuerpo de sus aprendices).

Puede que Paco tenga razón. Lo hice lo mejor que pude y supe (la Pedagogía dista mucho de ser una ciencia-tecnología dura; ojalá). Como quiera que sea, a todos ellos, gracias y felices fiestas.

Una felicitación navideña docente que me han pasado por el móvil

 
Actualización (mayo de 2014).—La brillantemente talentosa Myriam Manso Izquierdo me ha enviado una foto dedicada… ¡Qué chica más estupenda!

La brillantemente talentosa Myriam Manso Izquierdo, admirable bailarina de Escuela Bolera Española… y estupenda persona

En la siguiente fotografía, un día que nos arrancamos por sevillanas en clase de Pedagogía (noviembre de 2008)…

En clase de Pedagogía de la Danza… estaríamos celebrando algo… bailando por sevillanas con Fátima Moreno González (noviembre de 2008)

Y en esta posando con las alumnas de 4.º de Pedagogía de la Danza al término del curso 2009-2010…

Con el grupo de 4.º de Pedagogía de la Danza a finales del curso 2009-2010 (mayo de 2010)

Últimamente Sara Pérez García y Alberto Marqués Peñalver me han enviado copia de ¡sus títulos superiores de Pedagogía de la Danza Española! ¡Madre mía, la cantidad de trabajo, esfuerzo, sinsabores… que hay detrás de esas cartulinas con escudos, sellos y firmas! ¡Por fin! ¡Muchas felicidades!

Títulos Superiores de Danza en la especialidad de Pedagogía de la Danza Española de Sara Pérez García y Alberto Marqués Peñalver, alumnos del último curso en que impartí clase en el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila de Madrid (curso 2011-2012)

Alberto Marqués Peñalver. Fotografía tomada en una de sus actuaciones, bailando flamenco

 
Actualización (junio de 2014).—La delicada «Pajarita sobre palito envuelta en inspirador papel cósmico» (así he titulado yo la obra de arte-manualidad realizada por la autora) de la sensible pedagoga musical Eva Arranz Fernández es de lo poco que me llevo en claro del emponzoñado curso 2013-2014 en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. (Eva está dando clase a niños de tres años). Me la ha regalado «porque ha aprendido mucho». Nos despedimos con un fuerte y emotivo abrazo acompañado de intenso brillo foveal. Cosas del sistema límbico…

Eva Arranz Fernández: Pajarita sobre palito envuelta en inspirador papel cósmico

El sanote, extravertido y simpatiquísimo flautista Víctor Somoza Arnaiz me ha sorprendido mucho con la botella de albariño que me regaló el último día lectivo, sobre todo porque ni siquiera le he dado clase este año académico 2013-2014. Solo lo tuve en una asignatura optativa el curso pasado. Según parece, algo le aportó —ya va bien—. Nos dimos un caluroso abrazo el día de su graduación, y echamos unas risas de fin de estudios: en la actualidad su vida parece sacada de la película Ocho apellidos vascos. Le deseo mucha suerte con sus proyectos futuros. ¡Gracias por el vino, me encanta el albariño!

El cantorrodante trotamundos Víctor Somoza Arnaiz, de la optativa de Fundamentos de Aprendizaje (curso 2012-2013), flamante Titulado Superior de Música (MECES 2) en la especialidad de Interpretación (Flauta)

 
Actualización (Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, junio de 2016).—

Acto de Graduación de la Promoción 2012-2016

Nota bene: el acto de graduación era general para todas las especialidades del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid; sin embargo, yo solo me referiré a la especialidad de Pedagogía.

Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Acto de Graduación de la promoción 2012-2016

El acto de graduación de la promoción de 2016 estuvo amadrinado por la cantante Teresa Berganza. Teresa Berganza centró gran parte de su discurso en la importancia del solfeo y el lenguaje musical. Repetía machaconamente la idea: ¡La importancia del solfeo… la importancia del solfeo… es nuestro lenguaje! ¡El solfeo es el medio que nos permite acceder autónomamente a la música! Entretanto, yo experimentaba gran placer pedagógico: la enseñanza del solfeo o lenguaje musical es responsabilidad plena de los titulados superiores de música en la especialidad de Pedagogía (= nuestro departamento). Pues cuántas veces no habré dicho yo en clase que somos nosotros, los pedagogos musicales, los que asentamos las bases de lo que será el ulterior desarrollo de la inteligencia musical del alumnado, y como la base no esté bien establecida… uf. La invervención de la Berganza parecía dirigida a nosotros ex profeso.

De izquierda a derecha: D. José Manuel Torralba, Director General de Universidades e Investigación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid; D.ª Teresa Berganza, Madrina de Honor y D.ª Ana Guijarro, Directora del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

Por mi natural, no soy muy dado a participar en actos sociales, ni académicos ni de otra naturaleza. Pero esta ocasión era un poco distinta, por varias razones. En primer lugar, dos de mis ya ex-alumnos y, sin embargo, amigos, me pidieron que fuera su padrino de graduación (volveré sobre este punto más adelante); rollo godfather-Vito Corleone. Luego, obviamente, no podía dejar de acudir al acto de graduación.

En segundo lugar, ha habido un especial buen feeling con esa promoción de Pedagogía. Ha sido un grupo estupendo: sus miembros son trabajadores, estudian, se llevan razonablemente bien entre ellos, colaboran… En primero (en su freshman year o matricola en la tradición goliarda) empecé las clases como hago siempre: «No soy vuestro amigo, soy vuestro profesor: ese es el rol que desempeño en vuestras vidas. Buscáis la pedagogía y la música, pero la pedagogía musical cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar: con esfuerzo. Si no cuesta, no vale la pena. ¿No sois estudiantes? Pues lo propio del estudiante es estudiar, bla, bla, bla». Of course, en tercero (para entonces ya eran estudiantes junior o colonna: cursaban su sexta o séptima asignatura conmigo y me tenían cogido el tranquillo) hacían lo que les daba la gana, qué cruz: «Queremos hacer las prácticas docentes en el centro x» (→ redacta un nuevo convenio de prácticas pedagógicas, con el jaleo de papeles que implica); «queremos venir a clase a esta hora porque es la única que podemos todos» (→ mueve y encaja horarios); &cétera. Prerrogativas de los grupos que funcionan y responden. Se añade a esto la personalización de la enseñanza (fue un grupo pequeño), atendiendo las idiosincrasias, intereses, deseos, preocupaciones, dificultades… de cada alumno en particular («quiero hacer prácticas de orquesta en vez de prácticas de coro», «me pasa x o y: ¿me puedes orientar al respecto?», &cétera).

En tercer lugar, esa promoción y yo comenzamos juntos el curso 2012-2013 en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Yo provenía del Conservatorio Superior de Danza María de Ávila, donde había profesado los ocho años anteriores. Por razones que ahora no vienen al caso, en 2012 fui destinado el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid; vuelta a empezar. Aunque la Pedagogía es la Pedagogía —nótese la trivial tautología, A = A—, no es lo mismo impartir docencia a bailarines que a músicos. Si bien los cerebros de los bailarines y los cerebros de los músicos son igual de buenos para aprender, los contenidos sobre los que operan las capacidades mentales de los jóvenes son diferentes, lo que conlleva un extenso y profundo cambio de las programaciones. Conforme a lo dicho, tanto ellos como yo nos estrenamos en el RCSMM en septiembre de 2012. Les tuve en clase desde primero de carrera: siempre que puedo, imparto docencia a grupos de primeros cursos (freshman, sophomore) porque es cuando se asientan los fundamentos de la especialidad, y yo soy profesor de Fundamentos de Pedagogía y de Fundamentos de Aprendizaje, ergo…

Todos nos maqueamos para el acto de graduación de junio de 2016 (ha de ponerse de relieve que ha sido el momento en que más guapos les he visto en los cuatro años precedentes: ellas y él estaban impresionantes. El contraste es muy fuerte, porque para el día a día tiramos de vaqueros).

Conste que me maqueé por ellos, que yo usualmente voy de motero grunge

Al objeto de conferir realce y solemnidad a la ceremonia, me plantifiqué la venera o medalla profesoral, insignia académica que me identifica como miembro del Claustro del RCSMM; ellos saben de qué hablo (y si no, repasaos los apuntes de Organización Educativa de tercero: asociación, organización, membresía…). Pero lo que no saben es que este pequeño gesto tuvo una especial significación para mí porque la medalla incorpora grabado el año en que accedí al Real Conservatorio, esto es, el mismo que el suyo: 2012.

Venera o medalla profesoral. Claustro de Profesores del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, MMXII. MMXII = 2012 = el año en que la promoción que se gradúa inició sus estudios de Pedagogía conmigo

Así pues, la promoción de Pedagogía 2012-2016 ostenta para siempre la condición de haber sido mi primera promoción de Pedagogía en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, cuatro años después de nuestro común ingreso en el centro (ellos como alumnos y yo como profesor). Bien que escribieron una carta a la Dirección del establecimiento solicitando que les impartiera clase en cuarto de carrera, que me ocupara de la tutoría de trabajos de fin de título y demás, al final no pudo ser, porque no tenía más horario lectivo disponible (me reparto entre dos conservatorios a lo largo de la semana, compartiendo centros). No obstante, esa carta es un indicador objetivo de que, en lo tocante a los procesos de enseñanza-aprendizaje, nos entendíamos. Evaluación global final de la carrera: hemos progresado —juntos— adecuadamente.

 

The godfather (el padrino)

En los actos de graduación del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid es costumbre que los alumnos elijan a un padrino para acompañarles en la ceremonia. En el pasado, les imponías la beca y tal; en aras de agilizar el ceremonial, últimamente el protocolo ha cambiado. Con estos cambios, la figura relacional del padrino ha quedado minimizada; pero, bueno: pienso que, aparte de que los protagonistas del ritual académico son los estudiantes, el quid es estar allí con ellos en un momento tan cargado emotivamente: solo se acaba cada carrera superior una vez en la vida, y son muchas horas, días, meses y años de esfuerzo continuado (macte animo, generose puer: sic itur ad astra). Paula Cantero López y Guillermo Ferrer López me pidieron que les apadrinara en su acto de graduación.

Con mucho gracejo, mi amiga Mar Gutiérrez, profesora del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, me envió vía Whatsapp esta imagen para que la compartiera con mis apadrinados académicos

Mis apadrinados Paula y Guillermo en plena apoteosis de sus respectivos sistemas límbicos

Conste que a mí estas cosas me tocan la fibra porque, desde mi posición de profesor, tengo mucha conciencia de estar esculpiendo los cerebros de mis alumnos (= estar contribuyendo activamente a crear nuevas redes neuronales en sus cerebros por medio de procesos psicopedagógicos superiores interpersonales, Vygotskiy dixit), y hay que andar con bastante cuidado con relación a lo que les metes en sus cabezas. Que no es lo mismo enseñar y aplicar buena pedagogía en clase que transmitir teoría (pseudo-) pedagógica oscurantista («cuerpos biofóricos», «registros akáshicos» y demás pseudociencia barata new age). Que no es lo mismo formarles como ultramodernos y moderados constructivistas epistemológicos (= realista construcción del conocimiento) que como posmodernos y radicales constructivistas ontológicos (= delirante construcción de la realidad). Que no es lo mismo que entren por la puerta el primer día de clase en la etapa de las operaciones abstractas y que salgan el último día con unas bases de sistémico pensamiento postformal a que esto no ocurra, y acaben en el mismo nivel de desarrollo que cuando empezaron. Que no es lo mismo que, en conjunto, la experiencia de su paso por el conservatorio haya sido estimulante, motivadora, gratificante y que les haya abierto nuevas posibilidades de acción, que que haya sido una total pérdida de tiempo y un desastre. En fin: que no todo vale en Pedagogía (los alumnos de la promoción 2012-2016 se han chupado axiología pedagógica por un tubo. Posmodernos relativistas radicales defensores del «todo vale» no son, esto lo puedo asegurar). Claro está, que dos alumnos te designen como padrino de su ceremonia de graduación es indicador de que consideran que algo especialmente significativo les has aportado, y que se ha creado un vínculo intelectual y afectivo singular.

Paula y un servidor posando en el salón de Graduación

Recuerdo específicamente de Paula un brillantísimo trabajo presentado a principios de segundo de Fundamentos de Pedagogía II. También me acuerdo de su «sorprendentemente bien orientado» análisis DAFO de tercero, cuya calidad superaba, en su nivel, la de algunos trabajos de máster universitario. Las prácticas pedagógicas de tercero me permitieron observar a una Paula-docente en acción. La chica tiene carácter, lo cual es una manera de ser ideal para dedicarse a la educación y poner «las pilas» a sus propios alumnos, que sobra ñoñería y blandenguería pedagógica y falta auténtico liderazgo educativo, especialmente en nuestro régimen de enseñanzas. También la orienté de manera más personal en algún momento. En la ceremonia nos fundimos en un afectuoso abrazo.

La guapísima Paula… ¡tan guapa como lista! ¡Si es que lo tiene todo, esta chica! ¡Pobrecitos sus alumnos, ja, ja, ja!

Fue bonito cuando me presentó a sus padres. Estos me agradecieron la influencia positiva que había ejercido sobre su hija durante los últimos años. Bueno; por un lado, fui su padrino en el acto de graduación: estuvimos sus padres y yo embarcados remando en la misma dirección (y no solo en esa ceremonia). Por otro lado, eso casi podría pasar como una definición de educador: el buen educador es aquel que utiliza sus propias competencias y el predicamento que tiene sobre sus discípulos para modificar los cerebros de estos en su beneficio, sin dañarlos; antes al contrario, enriqueciendo sus posibilidades, empoderándolos, expandiendo su campo de pensamiento, acción, sentimiento y voluntad. (Luego Paula me confesó que enseñaba las extensas «cartas de amor» [= las amplias correcciones y comentarios en rojo de los trabajos académicos] a sus padres, ja, ja, ja).

En lo que concierne a Guillermo, Guillermo no tuvo bastante con las materias obligatorias propias de especialidad que impartía en Pedagogía; también se inscribió en la asignatura optativa. Una prueba empírica de que el muchacho tiene más moral que el alcoyano, ja, ja, ja. Obtuvo unos cuantos sobresalientes y alguna mención matrícula de honor conmigo. Aclaro que yo hago sudar las calificaciones a mis alumnos, no soy el profesor más «fácil» del Universo. Asimismo, a Guillermo le di un buen par de achuchones en el acto de graduación.

Guillermo y un servidor en el salón de Graduación del Real Conservatorio

Guillermo y yo posando entusiásticamente ante la verja del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid el día de su graduación. Como la ceremonia había acabado, ya empezaba el degenere…

Guillermo también me presentó a sus padres. Fue divertido porque se ha aludido a la madre de Guillermo —que es psicóloga educativa— numerosas veces en clase a lo largo de tres cursos. Recíprocamente, Guillermo ha comentado de mí en su casa. De resultas, la madre de Guillermo y yo sabíamos del otro por referencias; ayer nos conocimos en persona. La verdad es que los Ferrer-López tienen un hijo genial. Para ser más preciso, tenían un hijo genial; como se mostrará con pruebas documentales en este mismo post, el chico no ha quedado todo lo bien que sería deseable tras su paso por las clases de Pedagogía del Real Conservatorio… pobre, ja, ja, ja.

El vivo, inteligente, avispado y voluntarioso Guillermo ha tenido la deferencia de enviarme una fotografía de agradecimiento por haber atendido a su desarrollo intelectual, afectivo, psicomotor, social y moral, y por mi contribución a hacer de él el pedagogo que es ahora. Con todo, ha sido un esfuerzo compartido

En mi condición de encargado de una cátedra superior de Pedagogía, hago constar que la imagen en la que se pone de manifiesto el «levemente perjudicado» estado de Guillermo no hace «exactamente» justicia al rigor de su pensamiento pedagógico y a la seriedad de su trabajo (Guillermo es un estudiante excelente, un alumno brillante). Lo que pasa es que maneja de un modo pelín radical la diferencia entre actividades serias (= estudio, trabajo) versus su estado ocio-guaseo. Cuando se pone a trabajar en serio, da miedo… pero cuando está de coña, ¡también da miedo! ¡Buenísima la foto, se agradece! ¡Tiene un carro de gracia, ja, ja, ja!

 

Cena de graduación

Como colofón, nos fuimos de cena de graduación ex-profesores y ex-alumnos. He de poner de manifiesto que, por principio pedagógico y personal, yo nunca voy a tomar cañas con mis alumnos. Ellos ya tienen sus compañeros y amigos; un profesor no pinta nada ahí —dejando de lado que les cortas el rollo—. Por decirlo suavemente, me hacen «mucha gracia» esos profesores (o padres) que «coleguean» con o «van de amigos» de sus estudiantes (o hijos); en mi opinión, no han entendido gran cosa acerca del tipo de relación que se debe establecer entre profesores y alumnos. Estos no necesitan otro «colega»; necesitan un maestro, un modelo de madurez intelectual, pedagógica, musical, personal… que «tire» de ellos para promover su desarrollo (Vygotskiy again). También influye que, tras veintinueve años de docencia, he visto en las relaciones docente-discentes muchas «cosas raras» (por ambas partes) que no me gustan; no es necesario ser más explícito.

Conque suelo tardar una media de cuatro años en tomarme la primera caña con esas personas; y me la tomo, si todo ha ido bien —lo que no siempre es el caso, uno también tiene su corazoncito— una vez que abandonamos nuestros roles sociales profesor-alumno y el cambio de contexto nos permite expresarnos de un modo no constreñido por esos roles. Anoche, por fin, cené con mis ex- y nos tomamos la primera copa conjuntamente. Dimos paso a una nuevo forma de relación.

Todo fue muy agradable. Los flamantes pedagogos reservaron mesa en un restaurante. Acudió a la cita alguna alumna antigua de esa promoción que, por diversos motivos, siguió otro camino (Ana María). Fue un vibrante reencuentro; hacía un año que les había perdido la pista y volví a ver a casi todos los alumnos de la promoción de 2016: a Verónica (Vero), Laura, Helena, Paula, Guillermo (Guille) y Ana. Echamos muchas risas y departimos animadamente sobre lo divino y lo humano. Luego nos fuimos a tomar esa copa. Desde luego, pudimos comprobar empíricamente el cordial ambiente de la especialidad de Pedagogía en comparación con el de otras especialidades conservatoriles (ellos ya saben a qué me refiero).

Cena de graduación de la promoción de Pedagogía 2012-2016 (RCSMM). En el sentido de las agujas del reloj, Eduardo, Álvaro (infiltrado de Musicología), Verónica, Paula, José Antonio, M.ª Perpetua, Antonio, Helena, Laura, Guillermo, Ricardo y M.ª Consuelo

En resumen, si en junio de 2012 me despedí del Conservatorio Superior de Danza María de Ávila con la apoteósica cena de los alumnos de la especialidad de Pedagogía (Danza Española) —mi última promoción del CSDMA— a la que se hace referencia en esta misma entrada de mi cibérbitácora, cuatro años después tuve la oportunidad de revivir análogos sentimientos con mi primera promoción de Pedagogía del RCSMM. Gracias a todos por compartir momentos tan gratos.

 
Actualización (noviembre de 2017).— Angélica Pinto García finalizó hace años sus estudios superiores de música en la especialidad de flauta travesera. Consideró que su primera estancia de cuatro años en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, el buque insignia de la música española, no había sido suficiente. Conque el curso 2014-2015 empezó su segunda carrera en la especialidad de Pedagogía. Yo estuve en el tribunal de las pruebas de acceso; me acuerdo de su interpretación de un difícil estudio de flauta con el que obtuvo altas calificaciones en dicho proceso selectivo.

Sigfrid Karg-Elert: «30. Chaconne & Variations», en 30 Studies (flute), op. 107. Leipzig: Steingräber Verlag, n. d. (1918/9?). Este fue el estudio de flauta que presentó Angélica en su prueba de acceso. En la variación 16 observo fusas en aire rapidissimo con cambios de registro, articulación alternante y matices extremos. No le veo más que ventajas

Analizar qué puede llevar a una persona a iniciar su segunda carrera en la Real y Santa Casa ha de tratarse científicamente como un problema inverso, pues vamos de los hechos o comportamientos a los motivos, intenciones o mecanismos cerebrales. Se trata de averiguar el motor de dicha conducta. Formalizaré el problema del siguiente modo:

Dadas las circunstancias C y la conducta CDT del sujeto A, averígüese la motivación o mecanismo M,

siendo el sujeto A = Angélica y la conducta CDT = volverse a matricular en el RCSMM.

La dificultad se halla en que, como todo problema inverso, o bien posee múltiples soluciones, o bien no posee ninguna solución. Para resolver este problema científico y no caer en reduccionismos, hay que empezar generando múltiples hipótesis e irlas verificando o falsando. Comenzaré planteando las siguientes hipótesis explicativas de los motores, ya psicológicos, ya sociales, que impulsaron a Angélica a iniciar su segunda carrera en el buque insignia musical:

  • tiene más moral que el Alcoyano;
  • su optimismo antropológico no conoce límites;
  • es inasequible al desaliento;
  • está intrínsecamente motivada hacia el autodesarrollo de las propias capacidades;
  • está completamente pirada.

En la enumeración anterior he puesto el énfasis en los motivos psicológicos. Para ser más sistemista, sería necesario plantear hipótesis en las que prevaleciera el motivo ambiental, social, económico, político y cultural. Ahí van algunas conjeturas explicativas del reincidente comportamiento angelical desde una perspectiva más externalista:

  • (A) desea disfrutar non-stop del clima de centro, tanto en un sentido psicosocial como natural (por ejemplo, la maravillosa luz natural que ilumina el aula 3C o la estupenda temperatura de las aulas, ora en invierno, ora en verano);
  • (S) su vida gira en torno a integrarse en el coro y la orquesta del RCSMM, formando parte de estos colectivos como un miembro más (repasar el modelo pedagógico sociologista);
  • (E) aspira a hacerse millonaria y ha determinado que la segunda carrera en el RCSMM es el medio más adecuado para conseguir este fin;
  • (P) es una espía infiltrada quintacolumnista que, bajo la apariencia de cursar estudios superiores de música (2.ª especialidad), su agenda oculta tiene por objetivo último el colapso de la comunidad educativa y el cierre del centro (repasar concepto de ‘currículum oculto’ de Diseño Curricular de primero);
  • (C) considera que la música de arte es un bien patrimonial cultural que merece ser identificado, documentado, investigado, preservado, protegido, promocionado, valorizado, revitalizado y, sobre todo, transmitido a través de la enseñanza formal y no formal —razón por la que se inscribió en las enseñanzas de Pedagogía—, de conformidad con lo establecido por la Unesco (repasar variante culturalista de los modelos pedagógicos teleológicos o esencialistas de Fundamentos de Pedagogía II y también el concepto de ‘educare’ [fuera → adentro] de Fundamentos de Pedagogía I. Traer a la memoria la conferencia de Violeta Hemsy de Gainza en el sofá de la Sala de Juntas del RCSMM).

Adviértase el original estilo de decoración de la casa de Angélica, que combina el método icónico de las tareas del hogar (concepto ‘persona-lavadora’) con el esquemático simbolismo sistémico, externalizando ambos brunerianos modos de representación en soportes culturales. Si es que vale mucho esta chica

Alguien podría sugerir que un método para descubrir los mecanismos o motores que la impulsaron a inscribirse en la segunda carrera es preguntárselo a ella directamente. Pero ese método introspectivo-psicologista no necesariamente consigue que emerja la verdad objetiva, pues incurre en un agudo subjetivismo y adopta una posición internalista y reduccionista, por cuanto no se tiene en cuenta la influencia que el contexto social ejerce sobre las personas. Angélica puede autoengañarse, mentir, guardar silencio sobre sus ocultas intenciones, dar una respuesta emotivista, &cétera. Angélica puede estar impulsada por las circunstancias, pues ella es ella y su circunstancia, como enseñó Ortega y Gasset. Comoquiera que sea, valoro como hipótesis más plausible la señalada en el apartado (P).

La Bella y la Bestia. Nótese que la guapísima Angélica es un bellezón de mujer, en tanto que el que suscribe es un ser microcéfalo y macrosómico. Es que tuvimos algunas dificultades con la cámara del móvil para hacer el selfie este

A lo largo de tres años, Angélica me ha padecido en tres asignaturas de primer curso, dos asignaturas de segundo curso y dos asignaturas de tercer curso. Total, siete asignaturas. Esto ha dado como resultado los siguientes efectos: 1) es de las pocas personas que puede comprender los guiños y conoce las claves para interpretar el apartado del post dedicado a ella —ya la veo descojonándose en mi imaginación— y 2) ha generado una profunda teoría de mi mente considerando que, Vygotskyianamente hablando, parte de mis herramientas intelectuales están incrustadas en su cabeza, de acuerdo con la ley de la doble formación de las funciones psicológicas superiores (repasar apuntes de Psicopedagogía de tercero).

Así pues, como despedida y cierre del proceso educativo mantenido estos tres años, Angélica me agasajó con dos regalos que constituyen un acierto total y ponen de manifiesto que ha construido en su cabeza un claro entendimiento de mis gustos (= posee una correcta teoría de mi mente). En primer lugar, me obsequió con una braga de cuello motera, bemeuvera, of course. Para más inri, sucede que Angélica es una motera bemeuvera de pro como un servidor. En efecto, hace no mucho se compró la evolución a mejor de mi propia motocicleta: ella pilota una BMW F 800 R, qué envidia más grande (yo tengo la antigua BMW F 650 SC Scarver). Ello es un indicador objetivo de su buen gusto.

Ignoro cómo alguien puede suponer que yo sea aficionado al motociclismo bemeuvero

Por otro lado, si ya es difícil explicar a los peatones y enlatados la misteriosa conexión que se produce entre los moteros, resulta prácticamente imposible expresar con palabras la arcana comprensión mutua que se da entre moteros bemeuveros. Se trata de qualias que hay que experimentar de primera mano. Ahora Angélica y yo estamos discutiendo el asunto de las mechas rubias. Hay ciertas exigencias que se derivan de la pertenencia al Club de Motoristas BMW como miembro de pleno derecho. Por cierto, una vez que se entra, no resulta evidente cómo se sale; puede que la condición bemeuvera presente analogías con la integración en una secta (repasar apuntes de Organización de Centros Educativos de tercero).

Angélica, toda chula, dándome en los morros con su flamante BMW F 800 R que monta reseñables maletas sport, qué mala leche

¡Pero yo le he dado la vuelta al cuentakilómetros a la mía! ¡Chúpate esa!

Apareció una botella de limoncello amalfitano acompañando mi bemeuvera braga motera. Ni que decir tiene que el limoncello es, con mucho, mi licor favorito. Yo, el güisqui, el coñac y todo eso no lo pruebo, pero con el limoncello la cosa cambia bastante, y aflora el borrachín que puedo llegar a ser. Dicho en términos pedagógicos, mis potencialidades o capacidades alcohólicas se actualizan, deviniendo en reales (repasar apuntes de Fundamentos de Pedagogía I).

Braga de cuello motera bemeuvera y limoncello amalfitano

Ha de ponerse de relieve que Angélica no me ha obsequiado con una botella de garrafón del Lidl, sino que es un producto de importación para connaisseurs elaborado con limones de la Costa d’Amalfi. Lo que Angélica no sabía es que yo he visitado la costa amalfitana, lugar donde le estuve zurrando al limoncello a base de bien, ja, ja, ja.

Italia. Región de Campania. Golfo de Salerno & mar Tirreno. Costa Amalfitana

La Costa d’Amalfi es un lugar ideal para desarrollar la sensibilidad estética con la contemplación de admirables paisajes y sublimes rompimientos de gloria naturales. Pruebas documentales:

Desarrollando mi sensibilidad estética en la Costiera Amalfitana admirando el fenómeno atmosférico de los «dedos del sol», versión natural de un rompimiento de gloria

En síntesis, la niña nos ha salido completita. Lo mismo te encadena cinco tecnicismos en una frase, en plan: «El psitacismo, que se relaciona con el memorismo y no con la memorización, es un planteamiento didáctica y metodológicamente descaminado pues no favorece el aprendizaje significativo, bla bla bla», que te pasa un enlace de una canción ska-punkorra-folclórica (compartimos el gusto por Ñapa Es, del grupo Ska-P), para a continuación tocarse la barroca Sonata en si menor para flauta y clave de J. S. Bach, bajándose de su moto BMW F 800 R y cambiando las botas de motorista por los tacones. Pues, si puede hacerlo todo y serlo todo, ¿por qué habría de conformarse con menos? Han sido tres años de clases productivas. Ánimo y a seguir creciendo y desarrollándose como persona, música y pedagoga. Mucha suerte con tus proyectos presentes y futuros.

 

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12 comentarios

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  1. Eres grande Ricardo!
    Me hubiera gustado mantener más contacto. Un gran beso!

  2. A muchos son los que nos has dejado marca; en numerosas ocasiones, en estos primeros pasos en la docencia, vienes a nuestras cabezas y aplicamos tus enseñanzas dentro y fuera del aula. Quería hacerte llegar mi agradecimiento por todo, y felicitarte por el trocito del premio de Fin de Carrera que me otorgan mañana, que tanto te corresponde. Un saludo afectuoso, Ricardo.

  3. Muchas gracias, María, por tus cariñosas palabras. Con respecto a lo primero, la didáctica general que os enseñé funciona (¡comprobado empíricamente!); parece un progreso que aplicando cuatro principios científicos de enseñanza la gente pueda aprender más, mejor y con mayor facilidad, aparte de lo intrínsecamente motivador que esto pueda resultar (de eso va la Pedagogía, ¿no?). En tu caso, además, creo que resulta especialmente interesante, porque nuestra disciplina es hija de la Filosofía. Y al hilo de esto, Graham McFee fue durito (¿te acuerdas del esfuerzo con las traducciones, del trabajo de comentario de texto filosófico?). Pero bueno, no sabes cuánto me alegra que el Premio de Fin de Carrera recaiga en un trabajo que pone de manifiesto que la Danza (con mayúscula) es un objeto digno de investigación filosófica tan profunda y rigurosa como cualquier otra. La Danza es algo (mucho) más que un mero moverse acompasadamente, como ya sabemos… (maldito conductismo). Algo que os corresponde transmitir a los —¡por fin!— titulados superiores de Pedagogía de la Danza que ya estáis circulando por el país y por el mundo.
    Como digo en esta entrada de mi blog, per aspera ad astra. A través del esfuerzo, el triunfo. Disfruta mucho de tu merecido Premio de Fin de Carrera; sin duda, te lo has ganado. Abrazo fuerte y recuerda las palabras de José Limón: utilizar el cuerpo para hablar de la dignidad del hombre. «Un hombre puede, con dignidad y torrencial majestuosidad, bailar». Baila y enseña a bailar dignamente. Otro abrazo.

  4. Hola Ricardo
    Llevaba tiempo queriendo localizarte y he encontrado una buena ocasión para escribirte porque he conseguido algo que me animaste a hacer.
    Mi proyecto fin de carrera del CSDMA trató sobre Juan Pavón Suárez. Recuerdos de un cantaor. Me animaste a que yo investigara a la familia Pavón partiendo desde la mítica Niña de los Peines, Pastora Pavón.
    La noticia es que he conseguido publicar este trabajo, transformándolo y adaptándolo para finalmente hacer un libro sobre la biografía de un Pavón más: mi bisabuelo Juan Pavón Suárez. Se presentará el próximo mes de mayo en Cádiz. Solo quería informarte y ponerte en conocimiento de todo, además de agradecerte tus ánimos para emprender este proyecto que ahora da sus frutos.
    Gracias.
    Un abrazo.

  5. Mariana Pavón Almagro… empezaste conmigo el curso 2007-2008… Hace siete años, ya. Más tímida en primer curso, «floreciste» académicamente en segundo, cuando empezaron a caerte los sobresalientes. Ya te dije en su día que tu tía-tatarabuela, la Niña de los Peines, estaría orgullosa de su sobrina-tataranieta… ¡aunque fuera una clásica! Anda, que salir clásica con tus ancestros… vaya tela. Ahora va a haber más familiares orgullosos de ti. Porque una bisnieta humanista está, entre otras cosas, para revitalizar la memoria de sus antepasados. Bien por ti. Muchas felicidades. Per aspera ad astra. Disfruta de tu éxito y sigue cosechando otros.
    Recibe un fuerte abrazo, Ricardo.

  6. Qué alegría encontrarte por aquí, solo te tuvimos en nuestro primer año y la mayoría hemos acabado. Cada año me he acordado de ti y he echado de menos tus charlas sobre la danza contemporánea, la improvisación… Jajaja
    Gracias por hacer un primer año inolvidable.

  7. En primer lugar, felicidades por tus éxitos académicos. Cuando uno empieza, ve el final muy lejos… pero todo llega. En segundo lugar, gracias por tus cariñosas palabras. Estuve bastantes años en el CSDMA, pero el año que entraste tú empezaron los nuevos planes, y se redujo mucho el horario lectivo de Pedagogía… a los responsables de su elaboración les pareció que un Pedagogo de la Danza no ha de estudiar demasiado esa matera… en fin.

    Según parece, esta entrada de mi blog va a acabar siendo el lugar donde convergéis aquellos alumnos que pasasteis por mi aula y a los aporté algo. Gracias por tu comentario de nuevo. Que sigas cosechando éxitos académicos y artísticos.

  8. Ricardo!!! No sé muy bien cómo (bueno, en realidad, sí; buscando información de calidad, con criterio, altamente justificada y con pruebas empíricas, tal y como mi profesor de Pedagogía me enseñó) me he encontrado contigo y este blog!!!!!!
    Es un gusto leerte (como siempre) y seguir aprendiendo de ti. Aún me quedan muchos artículos por leer pero me alegro muchísimo de haber topado con este tesoro virtual, lleno de sabiduría, con el que poder seguir aprendiendo de ti.
    No sabes cuáaaaaantas veces (prácticanente a diario), me acuerdo de ti en mis clases, y me consta que mis compañeras también.
    Espero que no te importe que publique aquí directamente pero no sabía a que email escribirte (el mío sigue siendo el mismo)
    Un abrazo muy especial, Marta Otazu.

  9. Ricardo, muchas gracias por “esculpir” nuestras mentes con pensamiento racioempírico y de polaridad axiológicamente positiva durante los tres años que fuiste nuestro profesor (pena que no pudieran ser cuatro al final). Para mí, más que profesor, casi fuiste un guía en muchos otros momentos y aspectos de mi vida, los cuales viví y entendí de forma diferente a la que supongo que habría experimentado sin tu formación. Muchas gracias por tu atención y orientación en el plano tanto profesional como personal. Sé (también gracias a ti en Organización de Centros me parece, qué novedad…) que esa atención es una de las funciones que aparecen en el artículo 91 de la vigente LOE, pero muchos profesores no lo cumplen (incluso pienso que muchos profesores ni lo saben); por tanto, encontrarse con alguien que sí que lo hace es, cuanto menos, reconfortante. Y me refiero a ese aspecto pedagógico por citar uno, pero no sólo en ese punto fuiste diferente a los demás profesores. Creo que me extendería demasiado si escribiese todos, pero, sólo por poner algún ejemplo más: las “cartas de amor” de las correcciones de trabajos, el “warming-up” de las clases (no se hace muy a menudo), tu exigencia en la expresión lingüística (oral y escrita), tus diferentes formas de enseñar cada aspecto de un tema en base a fundamentos pedagógicos: por ejemplo, enactivo, icónico o simbólico; o la reiteración sobre un mismo campo de conocimiento para refinar el conocimiento sobre el mismo (currículo en espiral de Bruner); el análisis y comentario racional de textos, llevarnos al sistema de pensamiento postformal (Gardner) gracias al análisis de la relación entre diferentes esquemas epistemológicos después de analizar cada uno por separado…
    Y aún me dejo cosas, pero no me extenderé más, porque creo que lo más importante que tengo que escribirte es un enorme GRACIAS.

    Es un verdadero placer aparecer en esta entrada.

    Fdo.:
    Tu ex-alumno Zombie…MUAJAJAJAJA

  10. Ja, ja, ja, ja, ja… claro, con toda la caña que te he dado, no me extraña que hayas acabado en tan lamentable estado… ja, ja, ja… esa fotografía va a volverse legendaria… es una verdadera suerte poder acabar una carrera echando tantas risas… abrazo fff y que coseches enormes éxitos en la vida. Gracias a ti, ¡menudo tándem (= colección de dos personas para desarrollar una actividad en común aunando esfuerzos)!

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