MARTE, ESCORPIO & SATURNO (mayo de 2016)

En este artículo expongo las fotografías que obtuve del cielo de Madrid la noche del 30 al 31 de mayo de 2016 en el momento en que Marte y la Tierra alcanzaban su punto de máxima cercanía de los últimos 11 años (75,3 millones de kilómetros).

Había leído en el periódico que Marte alcanzaría su máxima aproximación a la Tierra de los últimos 11 años la noche del 30 al 31 de mayo de 2016; exactamente, a las 23:35 (hora peninsular) del día 30. La distancia se acortaría hasta los 75,3 millones de kilómetros. De resultas, el planeta Marte presenta un brillo incrementado estos días, pudiéndose apreciar a simple vista el tono rojizo de su reflejo (en comparación, el planeta Venus se observa de color más blanco-azulado). La oportunidad de divisar Marte en estas condiciones no se repetirá hasta el 31 de julio de 2018. Como para el 31 de julio de 2018 a lo peor la he palmado —tan largo me lo fiáis—, esta noche tocaba montar guardia avizorando el cielo para localizar el planeta rojo. Creo que lo conseguí.

El espectáculo celeste marciano se completaba con dos números más: que Marte se hallaba en la constelación de Escorpio (escena de lucha entre el belicoso planeta Marte y su antagonista Antares, de luz igualmente rojiza), y que todo el show se desarrollaba ante la presencia del anciano Saturno, el dios de la agricultura y la cosecha, visible cerca de Marte y Antares.

Me gusta contemplar el cielo y las estrellas, como al resto de los siete mil quinientos millones de habitantes del planeta Tierra (con la excepción del pitufo Gruñón: siempre hay un pitufo Gruñón para poner la nota discordante. Tanto peor para él). Lo malo es que no tengo ni idea de astronomía, con lo cual no percibo gran cosa.

Esto de la percepción tiene su intríngulis. Los años que imparto la asignatura de Educación Auditiva en el conservatorio, siempre doy principio a la materia explicando que la teoría guía la observación y que el concepto es clave para una correcta percepción auditiva (no estoy seguro de que mis alumnos comprendan de entrada el alcance de la afirmación). La diferencia entre un oído educado y uno ineducado está en que el oído inexperto advierte, pero no percibe. Advierte porque no está sordo, y de este modo, oye algo, sonidos. Pero los oye como un engrudo, no distingue un fa de una chistorra, no identifica nada, esos sonidos no significan gran cosa para el oído y la inteligencia musical. Un oído educado no solo advierte (= oye), sino que, además, percibe (= escucha) tal o cual sonido como un si bemol o un do sostenido; percibe esta o la otra armonía como un acorde perfecto mayor o un acorde de quinta aumentada; distingue el timbre de un trombón y de un violín, reconoce una combinación de duraciones como un ritmo de bolero o de beguine. Eso, por la parte de la percepción.

En lo tocante a la observación, como la teoría guía la observación, si yo sé que, debido a las atracciones y tensiones melódicas y armónicas, en un acorde de quinta disminuida de sensible el si tiene que subir al do y el fa bajar al mi, pues ya aplicas el oído «buscando» (intelectualmente) esas atracciones, tensiones y resoluciones, abstrayéndolas de la maraña sonora. En cambio, si no sabes armonía, tienes un acorde de quinta disminuida de sensible «delante de tus narices», por así decir, pero no te enteras de nada de lo que ocurre musicalmente.

En el mar, con los centelleos del litoral pasa lo mismo. Si no tienes ni idea, adviertes destellos en la costa y nada más, no significan nada para ti. En cambio, si dispones de una carta de faros (= la teoría), percibes esta luz como el faro de recalada de la Mola de Formentera, y esta otra luz como la baliza de estribor del puerto de la Sabina.

Con las luces del firmamento ocurre otro tanto. Sin una guía del firmamento, sin conocer las diferencias entre el brillo fijo de los planetas y el titilante de las estrellas, sin discriminar colores y magnitudes, sin organizar las estrellas en asterismos… ves luces, y ya está. Uno puede tener a Antares refulgiendo delante de sus narices y no reconocerla. Así pues, hay una diferencia entre ver el cielo y mirar el cielo percibiendo su contenido.

El cielo de Madrid presenta mucha contaminación lumínica; es uno de los municipios con mayor contaminación lumínica de Europa, y el segundo de España por detrás de Valencia. Esta circunstacia conlleva que el cielo nocturno madrileño se vea muy pobre. Para una correcta observación del inusual fenómeno astronómico, lo suyo hubiera sido desplazarse a Robledo de Chavela, donde se halla la estación de la NASA, o al puerto de Navacerrada, uno de los lugares más oscuros y limpios de la Comunidad de Madrid. Pero eso es más bien para profesionales del telescopio.

Mis objetivos eran mucho más modestos: detectar Marte, Saturno y las principales estrellas de la constelación de Escorpio desde la terraza de mi apartamento y, si era posible, tomar alguna foto del cielo madrileño con mi cámara de fotos normal. (A diferencia de mi amigo el Dr. Javier Martín, hago gala de un ostensible analfabetismo fotográfico [mi ignorancia en diversos campos del saber no conoce límites]. Mi vicefamilia madrileña me regaló una cámara Canon para dummies. Se pone en modo ‘auto’, se pulsa el disparador y salga el Sol por Antequera o Marte por Escorpio. Me ha sorprendido que el tecnológico artilugio haya captado algo; ello prueba que Sergio & co. no me donaron una castaña de máquina).

Y, a decir verdad, la contaminación lumínica es una ayuda para alguien lego en la materia, porque elimina del panorama todos los astros menores; solo son detectables los más importantes, lo cual facilita su reconocimiento. Estos son los resultados de mis pesquisas. Si se hace clic en las imágenes, se abre una pestaña nueva con las fotografías en tamaño muy grande.

Desde luego, el cuerpo que sobresale por su fulgor en todas las instantáneas de esta parte de la bóveda celeste es el planeta Marte, situado en el ángulo superior derecho de la imagen:

Cielo de Madrid la noche del 30 al 31 de mayo de 2016

Cielo de Madrid la noche del 30 de mayo de 2016

Antares (α Scorpii) es la estrella más luminosa de la constelación de Escorpio. También es conocida como corazón del Escorpión. Su color rojizo (se trata de una supergigante roja) compite con el aspecto del planeta rojo (Marte). Etimológicamente, la denominación Antares alude a su condición de ‘adversario o rival de Marte’. Hacia el Sudeste (a la izquierda) y un poco más alto sobre el horizonte, hallé el planeta Saturno (creo):

Cielo de Madrid la noche del 30 de mayo de 2016. Marte, Saturno y Antares (α Scorpii)

Lo de Antares se entenderá mejor explicado de otra manera. Si Marte es el dios romano de la guerra, su homólogo griego es Ares. El antagonista de Ares es anti-Ares; es decir, Antares. La causa de la contienda es que ambos cuerpos celestes se caracterizan, en líneas generales, por una brillantez rojiza equivalente (pero no esta vez por las razones conocidas; la reverberación de nuestro protagonista Ares-Marte era claramente mayor).

Supongo que estos tres cuerpos celestes son correctos porque fueron los únicos capturados por la cámara en alguna fotografía. Este hecho es indicador de que se trataba de los tres astros más resplandecientes. En la imagen pequeña apenas se vislumbra Antares —aparte de que yo estoy cegato perdido—, pero en la grande (haciendo clic sobre aquella) se ve bien:

Cielo de Madrid la noche del 30 de mayo de 2016. Marte, Saturno y Antares

Pasada la medianoche, el contraste aumentó:

Cielo de Madrid la noche del 30 al 31 de mayo de 2016

Yo no soy astrónomo, pero me parece que las descripciones no deben de andar lejos de la verdad. Si alguien detecta algún fallo, que me lo diga y lo corrijo cuando tenga tiempo:

Cielo de Madrid la noche del 30 al 31 de mayo de 2016. Marte, Saturno y principales estrellas que se veían de la constelación de Escorpio

La estrella principal de la constelación de Escorpio, Alfa de Escorpio (α Scorpii), Antares o «el corazón del Escorpión» (tres nombres para la misma realidad) tiene dos estrellas brillantes a su lado: una más elevada respecto al horizonte y otra más baja. La estrella más alta sobre Antares es Sigma de Escorpio (σ Sco), y la más baja, Tau de Escorpio (τ Sco). Si Antares es el corazón del escorpión, σ y τ constituyen «las arterias del Escorpión» (del árabe Al-Niyat, «las arterias»); pero con la denominación Al Niyat se suele denotar más a Sigma que a Tau Scorpii (pues si σ Sco es la sección ascendente de la arteria aorta, τ Sco será la sección descendente, digo yo). Tau, Alfa y Sigma (= Tau, Antares y Al Niyat), así como el resto de las estrellas que se muestran en la instantánea, están ubicadas en el sector septentrional del asterismo de Escorpio. La estrella de la parte central de la constelación sería Épsilon de Escorpio, pero esa quedaba por debajo del horizonte cuando hice las fotografías.

Cielo de Madrid la noche del 30 al 31 de mayo de 2016. De abajo hacia arriba de la imagen: Tau, Alfa y Sigma de Escorpio

Las estrellas de Escorpio Ni (ν Scorpii), también llamada Jabbah; Beta (β Scorpii), conocida como Akrab o Acrab; Delta (δ Scorpii), apodada Dschubba; Pi (π Scorpii) y Rho (ρ Scorpii) —entre las visibles— conforman y delinean la cabeza y la pinza meridional del Escorpión. Para situarnos, ν Scorpii está hacia el Este y δ Scorpii se desplaza en declinación sur-suroeste. La colección de estrellas {ν, β, δ, π, ρ}, o quizá solo el grupo constituido por las de mayor magnitud {β, δ, π}, fue designado como Gis-gan-gu-sur por los antiguos babilonios. Esta designación probablemente apunta al relato del Jardín del Edén. Ni que decir tiene que las constelaciones constituyen uno de los más claros ejemplos de socioconstructivismo radical: cada grupo sociocultural ha «visto» (= imaginado) en la disposición geométrica de los grupos de estrellas lo que le ha dado la gana. Hay las mismas razones para «reconocer» en la constelación de Escorpio tanto un alacrán como una serpiente de cinco cabezas.

Cielo de Madrid la noche del 30 al 31 de mayo de 2016. Constelación de Escorpio. Delineación de los astros visibles a simple vista que conforman el Árbol del Jardín de la Luz babilónico (Ni, Beta, Delta, Pi y Rho)

Kakkab Gis-gan-gusur kakku sa ili Êa / sa ina libbi-su absi iskun: «El asterismo del Árbol del Jardín de la Luz, arma del dios Êa, / que fue plantado por él en medio del abismo» (Robert Brown: Researches into the origin of the primitive constellations of the greeks, phoenicians and babylonians. Vol. II. Oxford: Williams and Norgate, 1900, p. 87).

Marte, Saturno y el asterismo de Escorpio

Se supone que, de los astros que conforman el asterismo Gisgangusur babilónico, Akrab (β Scorpii) es el más brillante de todos. De hecho, la constelación de Escorpio toma su nombre de esa estrella (del árabe Al Aqrab, «el alacrán»). Por alguna misteriosa razón que desconozco, anoche tenía la impresión de que δ Scorpii o Dschubba, contigua a la anterior, rutilaba una chispa más (por el estilo, pero una gota más).

Bueno, pues visto. Muy chulo.

 

Este artículo ha sido leído

90

veces. Gracias por el interés

Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA *