MENORCA SUMMER BALLET GALA & BARCELONA (agosto de 2014)

Menorca Summer Ballet Gala (agosto de 2014)

Mi exalumna, brillante bailarina, pedagoga de la Danza, bibliotecónoma y amiga Myriam Manso Izquierdo me ha invitado a la gala de ballet que ha organizado junto con Joel Toledo Mirabal en Menorca.

Ricardo y Myriam en Menorca (de cena el 31 de julio de 2014)

La representación ha tenido lugar el primero de agosto en el Teatro Principal de Mahón. Aparte de haber echado algún cable de última hora con los traslados de los bailarines desde el aeropuerto a sus hoteles, al teatro, &cétera (venían artistas del Stuttgart Ballet, San Francisco Ballet, New York City Ballet, Augsburg Ballet y del Ballet Nacional de España), mientras ellos ensayaban yo me he dedicado a visitar un poco la isla.

Aeropuerto de Menorca

 

Puerto y ciudad de Mahón

El puerto de Mahón, en el extremo oriental de la isla de Menorca, creció desde el pla de Baixamar (hoy muelle de pasajeros), junto al carreró («callejón») Costa de ses Voltes («Cuesta de las revueltas»). La ribera meridional de la rada presenta un relieve de peñascos y barrancos, promontorio sobre el que se asentó el primer núcleo de población. La depresión de Es Freginal, donde se ubicaba la vieja rampa de Baixamar (Costa Vella de Baixamar), era la conexión natural entre el puerto y el centro histórico de la ciudad. Por este repecho circulaban los carruajes con las mercancías. En sustitución de la antigua rampa, a mediados del siglo XX el arquitecto Josep Claret diseñó el carreró Costa de ses Voltes, callejón torcedero rodeado por los jardines del parque de Rochina y atravesado por la escalera con balaustrada enjalbegada que da acceso a la plaza de España.

Mahón. Callejón Costa de ses Voltes y Parque de Rochina (Baixamar)

En la plaza de España (casco antiguo) y mirando al puerto, destaca la casa Mir (1918), de inspiración modernista. Obra del arquitecto mahonés Francesc Femenías y Fábregas, la influencia menorquina se manifiesta en las ventanas de guillotina y los miradores.

Mahón. Casa Mir en la plaza de España (Francesc Femenías y Fábregas)

Se obtienen bonitas vistas panorámicas del puerto de Mahón asomándose desde las prominencias adyacentes. La bahía —tal vez ría— de Mahón, una fosa tectónica inundada, tiene unos cinco kilómetros de largo por un ancho aproximado de quinientos metros, que se amplía a setecientos en su parte central, con sondas de 15 metros de profundidad. Es el segundo puerto natural más grande de Europa. Históricamente, su desarrollo va muy asociado al periodo de ocupación de los ingleses (1713-1782, con siete años bajo dominio francés), para quienes Menorca era Port-Mahon.

Al fondo de la imagen se ve la sucesión de cerros ondulados (40-60 metros sobre el nivel del mar) que configura la arbolada orilla norte del puerto, de fisonomía distinta a la de la riba sur. A la izquierda se observa la poligonal isla Pinto, illa d’en Pinto o del Arsenal. La gran roca situada en la ribera septentrional de la bahía, conocida originariamente con el nombre de isla del Gegant, quedó muy transformada por los británicos en 1768, quienes allanaron el terreno, ampliaron su superficie e instalaron unos almacenes para dar servicio al antiguo arsenal militar. En nuestros días forma parte de la Comandancia Naval de Mahón. Dispone de un varadero cubierto y se conecta con la isla de Menorca por un puente.

Mahón. Puerto. Al fondo, la ribera septentrional con sus suaves lomas, y a la izquierda, la Isla de Pinto

Había un lujoso velero de cuatro palos atracado en el muelle de pasajeros. La fotografía está tomada desde la plaza de la Miranda (ses Tanques del Carme, principios del siglo XIX), espléndido balcón sobre el puerto.

Mahón. Velero de cuatro palos atracado en el puerto

En su aspecto actual, el edificio que alberga el Ayuntamiento de Mahón data del revolucionario año 1789, de nuevo bajo soberanía española (Carlos IV). Es obra del ingeniero militar Francisco Fernández de Angulo, y acusa cierta influencia del barroco francés. La fábrica es de sillares de marès. La que se ve en la fotografía es la fachada meridional caracterizada por un soportal adintelado con tres grandes arcos semicirculares con sus claves decoradas, separados por pilastras. Por debajo de las dos arcadas laterales se abren sendas ventanas de forma cuadrada enmarcadas por orejeras y resaltada moldura. Se accede al porche  por una escalera dispuesta ante la arcada central, sobre la que se ubica la torre del reloj. El reloj es del año 1731 y es de origen inglés: fue traído desde Londres por orden del gobernador británico Richard Kane. La torre está coronada por un carillón. En el ático, sobre los arcos laterales se horadan sendos ojos de buey y se ornamenta con pináculos en las esquinas.

Mahón. Ayuntamiento

En el trazado viario que se vertebra en torno al eje constituido por la calle de ses Moreres y la calle Hannover, entre la plaza de s’Esplanada y la marina, se puede comprobar la huella británica, con las calles rectas y la organización en manzanas. La calle del Cós de Gràcia pertenece a la planificación viaria del siglo XVIII.

Mahón. Calle del Cós de Gràcia

La vivienda típica mahonesa es una casa de trast menorquín (unos cinco metros de ancho), de dos plantas más desván, patio interior, fachadas encaladas, persianas de librillo color verde mahón y balcones cerrados y acristalados (bow windows, expresión catalanizada en el menorquín boínders). La casa de mi amiga Myriam responde a esta tipología, la cual confiere un gusto singular a la arquitectura de Mahón.

Mahón. Rincón de la ciudad

 

Monte Toro

Comparativamente hablando, la isla de Menorca es bastante más llana que la de Ibiza. Esto resulta manifiestamente patente desde el avión. Las sensaciones no son las acostumbradas. He perdido la cuenta de las veces que he tomado tierra en el aeropuerto de Ibiza, considerando que, para empezar, me pasé un curso académico volando todas las semanas. Están grabadas en mi cerebro las imágenes que aparecen desde el aire cuando se efectúa la maniobra de aproximación al aeródromo ibicenco. Procediendo de la Península, si el aterrizaje es directo se sobrevuela la isla de Es Vedrà (382 metros) dejando a babor las elevaciones de Llentrisca (414 metros), Jondal y demás, y a estribor el puig des Falcó (eso, suponiendo que el Control de Tráfico Aéreo no te ponga en circuito de espera, porque entonces haces el tour aéreo de Ibiza).

La aproximación al aeropuerto menorquín se realizó por s’albufera des Grau, con elevaciones que rondan los 40 metros de altitud. Desde el avión, el cielo, el mar, las dimensiones, la vegetación… todo tiene un aire familiar. Uno viaja con sus representaciones mentales previas y, debido a las analogías entre las islas, me produjo cierto choque cognitivo las escasas prominencias del terreno. Casi el 79 % de la superficie de Menorca se ubica por debajo de los 100 metros sobre el nivel del mar, y un 20 % más, entre los 100 y los 200 metros de altitud.

Con todo, esa es la impresión que da desde el cielo. Ya en tierra, bien que de alturas modestas, el relieve se percibe bastante accidentado.

Menorca dispone de un mirador excepcional: el Toro, monte de 358 metros de altura (la cota máxima de la isla) situado aproximadamente en el centro de la Gimnesia menor.*  En su cumbre han sido instaladas numerosas antenas de telecomunicaciones, lo que estropea completamente la vista panorámica de la costa meridional. El panorama que se contempla hacia la costa septentrional está despejado, y a él corresponden las siguientes fotografías. La perspectiva alcanza unos doce o trece kilómetros de radio desde el monte Toro hasta el mar.

* Aclaración: Mallorca y Menorca constituyen las islas Gimnesias; Ibiza y Formentera, las islas Pitiusas; y todas juntas, las islas Baleares. En otras palabras: en el archipiélago de las Baleares hay dos subarchipiélagos. O tres, si se considera el subarchipélago de Cabrera independientemente.

La orientación de la primera imagen es hacia el Noroeste, hacia cala Pregonda. Oteamos el paisaje de colinas y altiplanos de la Tramontana menorquina. En las colinas aparecen manchas boscosas de pinar y encinar; las llanuras, roturadas, se destinan a campos de labor de cereal o especies forrajeras (hay bastante ganado caprino y vacuno por la zona). Al fondo, y en el centro de la imagen, el cabo de Cavalleria.

Menorca. Vista desde el monte Toro (358 metros)

Vista hacia el Norte: al fondo a la izquierda, la bahía de Fornells, con la mola de Fornells al Este; un poco más a la derecha, los arenales de son Saura y d’en Castell.

Menorca. Vista panorámica desde el Toro (358 metros)

 

Cabo de Cavalleria

El cap de Cavalleria es un saliente macizo de unos 85-90 metros de altura situado en la parte central de la vertiente septentrional de la isla de Menorca, sector azotado por las furiosas ráfagas de la Tramontana en invierno. La península de Cavalleria constituye el extremo norte de la isla de Menorca, y se conserva en su estado natural, sin apenas urbanizar.

A diferencia de Ibiza, cuya modelo económico tradicional se basaba en la extracción de sal y poco más, la economía menorquina se repartía entre el sector agroalimentario (los quesitos de El Caserío o los helados Menorquina nacieron en la isla), y la industria de la bisutería (cuyo origen está en la fabricación de bolsillos-monederos de plata y a veces de oro, los famosos ridículos de malla de red) y el calzado (las abarcas menorquinas, por ejemplo).

Como resultado, Menorca se subió al tren del turismo más tarde, razón por la que sus paisajes naturales están mucho mejor conservados. Es un hecho que en la Menorca que he recorrido no se observan los procesos de balearización (= edificación abusiva de la costa asociada al turismo masivo de ‘sol y playa’, con la consiguiente degradación ambiental y paisajística debido a la enorme presión antrópica, especulación urbanística, corrupción política, &cétera: un modelo de desarrollo no sostenible a la larga), tan evidentes en los litorales de playa d’en Bossa o Port des Torrent en Ibiza, o en Magaluf, Palmanova, can Pastilla o s’Arenal en Mallorca.

La isla de Menorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en el año 1993. O sea, un espacio de conservación y protección de la biodiversidad y desarrollo sostenible. Me han dicho que son los propios menorquines los que no quieren que su isla se convierta en otra Ibiza; eso me tranquiliza. Creo que a mi manera de ser le pega más Menorca que Ibiza. Yo, la discoteca, ni la piso, y lo que menos necesito en mi vida es la marcha ibicenca. Opino que los menorquines son los más listos de todos: no superan la capacidad de carga de su hábitat, un concepto clave en ecología y que, por supuesto, los economistas desconocen (Ibiza, 137 929 habitantes en 2013 para 569,59 km² [densidad de población de 242 hab./km²]; Menorca, 94 280 habitantes en 2013 para 694,79 km² [densidad de población de 136 hab./km²]; ratio 1,8:1, casi el doble de población relativa en Ibiza. La densidad de población de Ibiza supera la de Mallorca [239 hab./km²], la de Formentera [139 hab./km²] y la densidad media de España entera [92 hab./km²]. Ibiza, cada día más cerca de la superpoblación y de desbordar los límites de sostenibilidad de su biotopo. Ejemplo: salinización de los acuíferos por sobreexplotación). En Menorca se puede aparcar sin demasiada dificultad y todo está envuelto en una gran tranquilidad. Calidad de vida.

El entorno de la zona de Cavalleria está dividido por paredes de piedra (tanques) cuyo objeto es proteger los cultivos de la acción de los vientos (la isla no tiene defensas orográficas naturales) y evitar la dispersión del ganado, que anda suelto herbajando por ahí. Los menorquines pusieron puertas al campo en tiempos de Pedro IV el Ceremonioso, en 1373. Se puede circular libremente, pero se ruega que se cierren las puertas del vallado para que las cabras no se escapen. La secuencia es: baja del coche-abre el portillo-sube al coche-pasa con el vehículo-baja del coche-cierra el portillo-sube al coche-sigue tu camino. El proceso no es muy eficiente si se tiene prisa por llegar a los sitios, mas ¿quién tiene prisa en Menorca?

La vegetación de Cavalleria es escasa, prevaleciendo el matorral mediterráneo adaptado al viento y a la salinidad (lentisco, romero, camomila, lirio de mar, cardo marino, hinojo marino y socarrells). En la pequeña península se alternan los acantilados y las pendientes alomadas, que es donde pacen los animales.

Cabo de Cavalleria. Cabras montaraces poniéndose ciegas de lentisco

En el terreno de calizas y dolomías se reconocen procesos karsticos que han dado origen a un paisaje de lapiaces, rocas talladas naturalmente con poros, estrías, acanaladuras y formas agudas, que dificultan caminar por el terreno.

En los alrededores del faro hay una pequeña cantera de donde se extrajo la piedra para levantarlo. Otro tanto se hizo con el faro de Favàritx.

Menorca. Cabo de Cavalleria. Cantera de marès

Con número nacional 35790 e internacional E-0350, el faro de Cavalleria es el más antiguo de Menorca. Comenzó a iluminar el mar el 1.º de marzo de 1857. Su puesta en funcionamiento redujo drásticamente el número de naufragios en la costa norte de la isla, más de setecientos desde el siglo XIV. Situado en el punto más septentrional del peñasco, tiene unos quince metros de altura y su foco está a unos noventa y cuatro metros sobre el nivel del mar, con un alcance luminoso de 26 millas náuticas, equivalente a un alcance nominal de 22 millas náuticas. El diseño de la torre cilíndrica sobre casa corresponde al ingeniero Antonio López y Montalvo, quien también redactó el proyecto del primer faro de la isla de los Ahorcados, en el paso de Es Freus, entre Ibiza y Formentera.

Menorca. Faro de Cavalleria

El aspecto predominante del sector de Tramontana de la isla de Menorca es de una costa acantilada de cierta altura, áspera y hostil. Muchos de los escarpes caen a plomo sobre el mar. Esta estructura se repite en Mallorca y en Ibiza, cuyas costas septentrionales son abruptas y en el Migjorn predomina el litoral de suaves arenales.

Menorca. Cabo de Cavalleria e islote des Pas

Verifico empíricamente que mis experiencias caprinas tienen lugar sistemáticamente en los confines de la geografía balear o europea. Así, en el cap de Berberia de Formentera (punto extremo sur de las Baleares), en la isla de Es Vedrà (casi en el extremo oeste) o en Cavalleria (extremo norte). Más pronto o más tarde, para transitar hay que despejar las cabras. En Noruega, no es inusitado verlas sobre el asfalto de la calzada buscando algo de calor; en Menorca, intentan conseguir un poco de sombra junto a los coches.

Menorca. Cabras buscando un poco de sombra en el cabo de Cavalleria

 

Cala Fornells

La bahía de Fornells forma un abrigado puerto que ofrece gran resguardo a las embarcaciones. De hecho, es el único puerto activo de Tramontana.

Menorca. Cala Fornells. Fondeadero. Al fondo, El Toro (?)

La mola de Fornells cierra la bahía homónima por el Este. La fachada litoral es de acantilado.

Menorca. Cala Fornells. Mola de Fornells

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Menorca. Costa oriental de noche

 

Es Cós des Síndic y cabo Favàritx

Es Cós des Síndic es un estanque temporal mediterráneo que, ubicado junto a la orilla del mar, se alimenta tanto de agua de lluvia como de los rociones que le llegan de la playa contigua durante los episodios de fuerte temporal. Constituye un hábitat de descanso, alimentación y cría de diferentes especies de aves.

Menorca. Es Cós des Síndic. Al fondo, el faro de Favàritx

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Menorca. Cabo de Favàritx

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Menorca. Construcción con fábrica de rústica mampostería y sillarejo (basamento y aristas) en el cabo de Favàritx

Con el número nacional 35900 e internacional E-0352, el faro de cabo Favàritx es una torre cilíndrica blanca con bandas helicoidales negras y casa. La elevación de su foco sobre el nivel medio del mar es de 47 metros. Tiene un alcance nominal de 21 millas náuticas.

Menorca. Faro de Favàritx

 

Ciudadela de Menorca

Ciudadela de Menorca. Puerto/club náutico

Aunque las principales poblaciones de Mallorca, Menorca e Ibiza son conocidas respectivamente como Palma de Mallorca, Ciudadela de Menorca e Ibiza, las denominaciones «payesas» tradicionales han sido Ciutat, Ciutadella y Vila. Como en las islas había un único núcleo de población con funciones urbanas, el territorio se articulaba de acuerdo con la oposición ciudad-campo. Así, en Mallorca se distinguía Palma (o la ciudad, la ciutat, Ciutat) de la Parte Foránea (Part Forana), es decir, todo lo que no era la ciudad. En Ibiza, la payesía ponía el asno a tirar del carro y baixava a vila (esto lo he visto yo con mis propios ojos; es que tengo ancestros payeses. El casament del abuelo era Can Xomeu Cardona, en la vénda des Coloms de Baix, parroquia y término municipal de Santa Eulària des Riu; y el de la abuela, s’Hort d’en Palerm, vénda de l’Horta de Sant Jordi de ses Salines. Eso imprime carácter). Análogamente, los mallorquines anaven a ciutat.

Mis abuelos Juan y Rita y mi bisabuela Esperanza subidos al carro

Por antonomasia, Vila o Ciutat se han llegado a convertir en denominaciones propias; llevar la sinécdoque demasiado lejos puede venir a parar en expresiones cómicas, tales como «he visitado la ciudad de Ciudad [de Mallorca]» o «me he dado una vuelta por la ciudad de Villa [de Ibiza]». (Para liarlo más aún, sucede que la principal población de Ibiza no es una villa; en 1785 Carlos III le otorgó el título de ciudad. Y, por si ello no fuera suficiente, tenemos Vila y Dalt Vila. Yo soy viler [«villano» o, en español argentino, «villero»] de nacimiento —el villano en su rincón—).

Del mismo modo que yo soy, originariamente, un villano de Ibiza (me encanta cómo suena eso, lo utilizo a veces en mi autodescripción) y casi cuatrocientos mil palmesanos son ciudadanos de Mallorca (en catalán hallamos ambos gentilicios: palmesà o ciutadà. Los mallorquines no palmesanos no son ciudadanos, los pobres), 29 629 personas son ciudadelenses de Menorca (ciutadellencs), frente a 28 765 mahoneses (datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al año 2013).

La rivalidad de Ciudadela y Mahón es secular. Ubicadas en extremos diametralmente opuestos de Menorca (Ciudadela al Oeste y Mahón al Este), Ciudadela fue la principal población de la isla hasta la dominación británica; los ingleses dieron un fuerte impulso a Mahón. Ciudadela es la sede de la diócesis de Menorca y la «capital» histórica de la isla —digámoslo así—; Mahón, la «capital» administrativa. Los conciliábulos religiosos se conjuran en Ciudadela; las intrigas políticas se traman en Mahón. Los ciudadelenses hablan menorquín oriental (con la ə neutra y acabando las frases interrogativas descendentemente) y los mahoneses, menorquín occidental (con la e cerrada y finalizando las preguntas con entonación aguda), formando una isoglosa que define si eres del Atlético de Ciudadela o del Sporting de Mahón. En Ciudadela, la nobleza y el clero; en Mahón, la hidalguía y la burguesía. La tradición, en Ciudadela; la modernidad, en Mahón.

Las sensaciones que me transmitieron ambas ciudades fueron distintas. En mi condición de ibicenco, la fisonomía de Mahón me pareció «rara», novedosa, diferente. Por el contrario, el aspecto de Ciudadela me resultó familiar. Su casco antiguo, más señorial y con mayor encanto, recuerda vagamente al de la ibicenca Dalt Vila. Aunque a mí ni me va ni me viene (soy ibicenco de origen y vecino de Madrid por residencia), en Ciudadela me sentía más «como en casa». Paradójicamente, el blanco de Mahón se parece más al encalado de las casas ibicencas que los colores tostados de Ciudadela. No obstante, tras recorrer las dos poblaciones, tomo partido por Ciudadela: me gustó más.

Ciudadela de Menorca. Ayuntamiento

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Ciudadela de Menorca. Catedral

Ciudadela de Menorca. Catedral

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Ciudadela de Menorca. Casa-Palacio del barón de Lluriach. Cas Baró

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Ciudadela. Bocana del puerto. Al fondo, la punta de sa Farola

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Ciutadella. Castell de Sant Nicolau

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Desde Ciudadela se vislumbra Mallorca en el horizonte, a más de cuarenta kilómetros de distancia

 

Menorca Summer Ballet Gala

En el pasado, el desconocimiento recíproco entre menorquines y pitiusos era casi proverbial. Para ir de Formentera a Menorca (del sur al norte de la provincia de las Islas Baleares) había que coger una barca a Ibiza, un avión a Palma y otro a Mahón; no había vuelos directos. Y tampoco es que hicieran mucha falta: menorquines y pitiusos nos encontrábamos en Palma o en Barcelona.

En la actualidad, supongo que el conocimiento mutuo entre menorquines y pitiusos ha mejorado porque han puesto vuelos directos Mahón ↔ Ibiza. Como quiera que sea, aunque siempre había pensado ir alguna vez a Menorca, entre pitos y flautas no había estado nunca. A la hora de la verdad, desde la Península uno siempre acaba reservando un vuelo MAD-IBZ. Siendo de allí…

Probablemente, este estado de cosas hubiera seguido igual si Myriam Manso no me hubiera invitado a la gala de ballet organizada por Joel Toledo y ella misma en el Teatro Principal de Mahón.

Fachada del Teatro Principal de Mahon (1829; rehabilitado en 2001)

El Teatro Principal de Mahón data de 1829 siendo, por consiguiente, el teatro de ópera más antiguo de España. Su autor fue el arquitecto italiano Giovanni Palagi. Con forma de herradura, se contruyó según los esquemas y la decoración de los teatros de ópera italianos.  En 2001 fue sometido a una restauración y modernización integral (proyecto de J. Gomila y D. Enrich) que lo ha dotado de las infraestructuras y servicios propios de un teatro moderno. La verdad es que el teatro estaba muy bien y era precioso.

Lámpara y decoración del techo del Teatro Principal de Mahón (Menorca)

Mi hoy amiga Myriam Manso es una de esas talentosísimas estudiantes con la que tuve el placer de trabajar tres años consecutivos en ocho asignaturas distintas. Aparte de bibliotecónoma y pedagoga de la Danza Española (titulada superior), es una extraordinaria bailarina de escuela bolera, la escuela clásica de danza española (zapatilla) equivalente al ballet clásico francés. No solo eso, sino que, de un modo especial, es depositaria en su cabeza y en su cuerpo de dicha tradición, pues es heredera cultural directa de Mariemma. Guillermina Teodosia Martínez Cabrejas, más conocida como Mariemma, era natural de Íscar (Valladolid) y Myriam también es vallisoletana. Myriam estudió en la escuela de Mariemma; adquirió en tal grado su estilo que en el conservatorio la llamábamos la reencarnación de Mariemma.

La relación entre Myriam y yo empezó en primero de carrera con buen pie, hecho premonitorio de lo que sería más tarde: «Yo a la clase de este señor no vuelvo», ja, ja, ja. Lo que nos hemos reído años después con eso. Por alguna causa que debería ser sometida a estudio científico, con ciertos alumnos que, finalizadas sus carreras, han devenido amigos con el tiempo —algunos muy cercanos, como Myriam—, se dieron unos choques iniciales dignos de consideración. Con Myriam: «Yo a la clase de este señor no vuelvo». Con Álvaro Madrid tuve no más allá de la segunda o tercera clase la discusión del pájaro que acabó en una tutoría;* sus compañeros y él ya saben de qué va. Con Maristela Gruber, la cuestión del panettone también trajo cola. Con Paco González, la expresión «después de clase te quedas a hablar un momento conmigo» fue empleada en más de una ocasión. Me acuerdo perfectamente de que con todo el grupo de Danza Española de Myriam (Myriam, Álvaro, Alberto, Sara, Juanma, Mariano, Natalia…) tuve bronca en Escuela Bolera de segundo (yo era el pianista). Es que, si bien era de aplicación general, con los estudiantes de la especialidad de Danza Española se agudizaba la puesta en práctica del muy pedagógico principio dictaminado por Antonio Gades: «Si un hombre se dedica a hacer una cosa, tiene que ser lo suficientemente honrado y honesto para proponerse llegar al máximo de sus posibilidades». La exigencia se intensificaba, precisamente, por provenir dicho precepto del insigne bailarín y coreógrafo de Danza Española.

* Digresión-actualización: La que ha liado el pollito

Ayer, 15 de noviembre de 2014, estuve viendo bailar a Myriam, a Álvaro y a otros de sus compañeros en el Teatro Municipal de Tres Cantos (Centro Cultural Adolfo Suárez). Cuando acabó la función nos fuimos a tomar unas cañas… y volvió a salir el asunto del pájaro, que colea desde hace años. Prometí que iba a hacer una actualización en mi blog sobre el problema: aquí está.

El punto es si cuando los canarios y otras aves construyen sus nidos, lo hacen con conciencia e intención o, por el contrario, se trata de una conducta estereotipada. Atribuir intencionalidad consciente a lo que es un patrón de comportamiento heredado incurre en abusivo teleologismo. Es como si afirmáramos que las arañas construyen sus telarañas para cazar a sus presas (para cazar a sus presas = teleologismo). El sistema nervioso de una araña no da para resolver problemas prácticos pensando: «Soy una araña y mi naturaleza arácnida me posibilita elaborar estructuras con la seda que producen mis hileras. Si tejo una red en forma de embudo, hoja o espiral, podré atrapar insectos y comérmelos, resolviendo de este modo mi necesidad nutricional básica». ¿Qué hacemos, atribuirle a la araña una capacidad de abstracción y un nivel de desarrollo del pensamiento propios de las operaciones formales piagetianas? Como dice Mario Bunge: «La conducta innata o estereotipada no puede estar orientada a objetivos porque el animal se limita a efectuarla» (El problema mente-cerebro. Un enfoque psicobiológico. Madrid: Tecnos, 2002, pp. 165-166).

Así pues, la araña entrelaza sus hilos sin conciencia, sin finalidad y de forma indeliberada; lo que ocurre es que este comportamiento instrumental o instintivo —no aprendido— tiene valor para la supervivencia del individuo y la continuidad de la especie. Pero de este carácter supervivencial la araña no tiene ni idea. Somos los seres humanos los que tenemos conocimiento de este extremo, no la araña.

La construcción de nidos por parte de los pájaros también responde a pautas fijas de acción. Se trata de patrones de conducta estereotipados que, consiguientemente, no pueden estar sometidos a deliberación ni guiados por metas. Los pájaros no razonan: «Pronto voy a poner los huevos; habrá que ir pensando en construir un nido en el que depositarlos para poder proceder a su cuidado en condiciones que favorezcan la supervivencia de los polluelos». El pájaro se limita a fabricar el nido y ya está; no se para a analizar la cuestión y sus consecuencias. Aun aceptando que 1) los animales adaptan estas estereotipias a las circunstancias concretas en las que se dan (esto es, para la construcción del nido los pájaros tirarán de lo que ofrezca el entorno: ramitas, espigas, trocitos de papel o tela, hojas, barro, hierba, musgo, pelos, plumas, fibra de celulosa de los filtros de los cigarros… depende de lo que haya disponible) y, aun concediendo que 2) la determinación exclusivamente genética de dicha conducta puede ser excesiva en el caso de los pájaros (pues las aves tienen capacidad de aprendizaje y hay otros factores en juego como la maduración del animal), creer que cuando el volátil realiza su nido conoce los intríngulis, ha dedicado un tiempo a elaborar «mentalmente» el proyecto arquitectónico y sabe para qué lo hace (sabe para qué lo hace = teleologismo), es ir demasiado lejos y confundir las películas de dibujos animados Bichos¡No, Harry, no!… ¡No mires a la luz!») o For The Birds con los insectos y aves reales.

Análogamente, las «danzas» de aves del paraíso, peces espinosillos (Gasterosteus aculeatus), &cétera, son ejemplos inequívocos de pautas fijas de acción sin conciencia ni intención, muy distintas de la danza humana —la cual es consciente e intencional—. Lo mismo puede predicarse del «canto» de la cigarra y del canto del tenor de ópera. ¡Acabáramos! (Es que con tanto antropocentrismo, tanto teleologismo y tantos dibujos animados vamos a terminar diciendo que las amebas tienen sentimientos [¿sentimientos sin sistema límbico?] o que la causa de hallar grupos de cochinillas en entornos húmedos es que les gusta la compañía y organizarse en colectivos, explicando como una manifestación de la voluntad lo que no pasa de ser una mera kinesia).

 

La comunicación didáctica con Myriam se suavizó tras la corrección de su primer trabajo académico, cuya calificación fue de 10 diez 10. Puesto que la perfección es un ideal no realizable en la vida práctica, la calificación de 10 no es exactamente la que más prodigo a mis alumnos: uno siempre va encontrando objeciones. Pero aquel trabajo, sin duda, lo merecía. Así es Myriam: una inusual combinación de disciplina y rigor intelectual y estético-artístico equiparable a la de un Sargento de Hierro acompañados de una sensibilidad humana y cultural y una afectividad fuera de serie. Sus propios alumnos la adoran —algo fácilmente comprensible— y, en la actualidad, yo soy como el presidente de su club de fans a la vez que la versión masculina de doña Ana, la madre de la Pantoja.

Myriam es esteticista perdida, no; lo siguiente. Es «esteticista de nacimiento», cualidad ciertamente muy deseable en una artista digna de este nombre. Respecto a este rasgo, le pasa lo que explicaba Abraham Maslow:

[…] al menos, en algunos individuos hay una necesidad estética verdaderamente básica. Se ponen enfermos (de una manera especial) con la fealdad, y se curan con los entornos hermosos; anhelan activamente, y sus anhelos sólo se pueden satisfacer con la belleza (Maslow, 1967). Esto se aprecia casi de manera universal en los niños sanos. Muestras de tal impulso se encuentran en cada cultura y en épocas tan remotas como la de los habitantes de las cavernas (Abraham H. Maslow: Motivación y personalidad. Madrid: Díaz de Santos, 1991, pp. 37-38. Cursivas en el original).

Myriam me conoce y sabe perfectamente que yo no disfruto viendo castañas sobre el escenario. Con estos antecedentes, tenía ciertas sospechas acerca de lo que iba a ser la calidad de la función; mis expectativas se cumplieron con creces. El espectáculo fue sencillamente soberbio: sobre las tablas del Teatro Principal de Mahón se congregó de lo mejorcito del panorama dancístico mundial.

Los bailarines y organizadores de la Menorca Summer Ballet Gala. De izquierda a derecha: Yadil Suárez & Aline Schürger (Augsburg Ballet); Diego Cruz (San Francisco Ballet); Joaquín de Luz (New York City Ballet); Ruben Martín & Ellen Rose (San Francisco Ballet), Pablo von Sternenfels & Elisa Badenes (Stuttgart Ballet); Sergio Bernal (Ballet Nacional de España); Myriam Manso (mi Myriam) & Joel Toledo (the supreme boss, ha sido miembro de la Compañía Nacional de Danza)

Estuvimos desayunando, comiendo, cenando… con los bailarines. Íbamos a buscarles al aeropuerto y los trasladábamos de aquí para allá (hoteles, restaurantes, teatro…). Aunque me relacioné prácticamente con todos, con quien más conversé fue con Yadil y Aline, del Augsburg Ballet; con Joaquín de Luz, del New York City Ballet; con la técnica de iluminación Olga García y, sobre todo, con el simpatiquísimo Sergio Bernal, solista del Ballet Nacional de España y amigo de Myriam. Conozco a diversos miembros del Ballet Nacional de España por mis clases del conservatorio (Eduardo, Débora, Xavi, Alfredo, Pablo…); Sergio Bernal y yo habíamos oído hablar el uno del otro por los compañeros y amigos comunes, pero no nos habíamos visto nunca. Myriam, Joel, Sergio y yo estuvimos largas horas de charleta, cotilleo y echando unas risas. Hay que recalcar que uno de los números de Sergio (coreografía propia, se la ha montado él mismo), poseía una musicalidad fuera de lo común.

Menorca Summer Ballet Gala. Mi programa con autógrafos y dedicatorias de los bailarines… bonito recuerdo

Menorca Summer Ballet Gala: saludo y despedida (vídeo)

 

Menorca Summer Ballet Gala. Crítica

 

Actualización (22 de marzo de 2015): Myriam Manso Izquierdo rodando un spot publicitario para Mediaset

Mi Myriam fue seleccionada recientemente en un casting organizado por Mediaset España para grabar un spot. Ser el presidente de su club de fans conlleva ciertas ventajas, tales como figurar entre los primeros que se enteran de las cosas que va haciendo profesionalmente. Además, como sabe que soy racional-empirista fuerte —una actitud epistémica que he procurado contagiar a las personas que han estudiado conmigo—, asume que ha de aportar pruebas documentales y/o empíricas en apoyo de sus afirmaciones. O sea, que las fotos, los vídeos y demás van y vienen en los dos sentidos por Whatsapp (así es mucho más chulo, y yo voy acumulando recuerdos).

Como es sabido, desde 2012 Mediaset España (Telecinco) retransmite el Campeonato del Mundo de Motociclismo MotoGP. Anunciando el inicio de las carreras el próximo 29 de marzo de 2015, la plataforma ha estrenado una campaña publicitaria. Bajo los lemas #lavidaesemoción y #lavidaesunacarrera, en las últimas semanas se han emitido una serie de cortinillas en las que aparecen diversos artistas pertenecientes, en parte, al sector de las artes escénicas y la música junto con motos y motociclistas: una violinista, un acróbata, una bailarina… Myriam es la bailarina.

Aunque los hashtag incurren en evidente emotivismo y reduccionista rivalidad, ahora no toca un análisis pedagógico de los eslóganes en profundidad. Solo apuntaré que en la vida real se da una mixtura alternante entre la competición y la cooperación; no todo es viva competencia: la gente (al menos, ciertas personas) también colabora en la consecución de fines comunes (yo es que soy más de la cosa de la cooperación). No obstante, el objeto intencional del anuncio publicitario es una competición, conque bien está que se ponga el énfasis en la pugna. En cuanto al emotivismo exacerbado, la vida es emoción, pero también razón (aunque algunos individuos tienen la racionalidad adherida a sus cerebros con un pósit; se les desprende con gran facilidad), y acción, y volición, y deseo, y expectativas, y…

Myriam Manso Izquierdo en pleno grand jeté. Spot para Mediaset España

Ayer, Myriam y yo nos tronchábamos de risa comentando la realización del anuncio: lo que quería el director, lo que decía ella…. Ha de recalcarse que, como la niña nos ha salido sobredotada, Myri es elegantemente fina a la par que recia (pero en modo alguno vulgar). En otras palabras, siendo —como es— una artistaza como la copa de un pino (e igualmente sobresaliente en calidad de pedagoga de la danza: me lo han cotilleado sus alumnas), Myri se muestra distinguida y sutil a la vez que anti-cursi. Una especie de teniente O’ Neil bailando en zapatillas; una mujer de armas tomar. Adorable. Congeniamos, por si no se nota (similitudo morum coniungit amicitiam).

Con los oros de Parfois que me lleva, ya se le ve a Myriam que es finísima. En la imagen, la bella y la bestia de fiesta por sevillanas

Aclaro este rasgo mansiano-izquierdista porque, a diferencia de otros «artistas» con un discurso afectadísimo (diríase que mean colonia), Myri te hace un grand jeté como el que se aprecia en la primera fotografía de esta actualización del post mientras te explica que acabó con agujetas cinco días y medio intoxicada con las puñeteras cenizas tras largo tiempo de rodaje, ja, ja, ja,…. pobre (la verdad es que, en el vídeo, las cenizas quedan muy bien, tanto desde la perspectiva formal como simbólica [el mundo de la moto está lleno de «quemados». Todo sea por la estética…).

Myriam Manso Izquierdo. Spot para Mediaset España. Larguísimos brazos a la segunda con épaulé-escorzo, mirada penetrante y todo. Aparte de sobredotada, encima la niña nos ha salido guapísima

Como ya he mencionado en alguna otra ocasión, ver a mis amigos artistas actuar me produce doble placer: psicoafectivo, por ser mis amigos, y estético, por verles actuar. En este caso concreto, el placer ha sido triple, porque el spot tiene que ver con las motos.

Como creo que ha quedado patentemente demostrado (en mi propio blog, sin ir más lejos), soy motero hasta las trancas. Nunca me he parado a pensar por qué me dio por ahí, pero el caso es que, desde que heredé el ciclomotor Vespino GL de mi padre premuerto allá por mi adolescencia, quedé subido a las dos ruedas motorizadas y nunca más me bajé. Al coche le tengo que cargar regularmente la batería y darle la vuelta de vez en cuando porque pueden transcurrir meses sin usarlo. Como me descuide, se le ponen las ruedas cuadradas.

En el vídeo que Myriam me ha pasado, en unos diez segundos quedan aunados el motociclismo, la danza y la amistad. ¡Me encanta! Le he dicho a Myriam que la próxima vez que nos veamos nos vamos a hacer una foto con ella subida a la moto para ser la envidia de todo quisque. Prerrogativas de ser el presidente de su club de fans.

El vídeo y las imágenes están tomadas en plan guarrindongo con el móvil directamente de la televisión. Cuando acabe la campaña publicitaria, tal vez la gente de Mediaset España le pase el vídeo original a Myriam (eso espero, ojalá). Si es así, colgaré la nueva versión. Por el momento, hay que conformarse con ésta:

Myriam Manso Izquierdo para Mediaset España (vídeo wmv)

 

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 (Fin de la actualización)

 

Barcelona

Barcelona. Plaza de España. Complejo Comercial Arenas de Barcelona (2011)

Barcelona. Arco de Triunfo (1888)

Barcelona. Torre Agbar (2005)

Barcelona. Hotel Meliá Barcelona Sky (construido a finales de 2007, inaugurado en 2008)

Barcelona. Torre Telefónica Diagonal Zero Zero (2011)

Con ocasión de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, en la Villa Olímpica del Poblenou se construyeron dos rascacielos vecinos, pero no gemelos: la torre Mapfre y el hotel Arts, de estructura metálica. Ubicados en el paseo marítimo del Puerto Olímpico, estos dos edificios se encuentran separados por la plaza de los Voluntarios Olimpicos, de forma circular, y la calle de la Marina, que se prolonga hasta el puerto Olímpico.

Barcelona. Villa Olímpica. En primer término, la Torre Mapfre (1992) y detrás el Hotel Arts Barcelona (construcción: 1990-1991; inauguración, 1992)

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