NACIONALISMO CULTURAL CATALÁN (septiembre de 2015)

Coincidiendo con las elecciones al Parlamento de Cataluña 2015 y con el conflicto que se ha originado alrededor del separatismo, en este artículo reflexiono sobre diversas formas de nacionalismo. Concluyo mi análisis valorativo poniendo de relieve la importancia que para el nacionalismo musical español han tenido los compositores catalanes, especialmente aquellos que compusieron obras de repertorio para danza española estilizada. La aportación de estos artistas fue clave para el desarrollo de una música y una danza de carácter nacional netamente español y, a la vez, universal.

 

Amigos, cultura y arte

El otro día me reuní con mis amigos Myriam Manso y Álvaro Madrid, titulados superiores y expertos bailarines de danza española. El objeto del informal cónclave era hablar de unas músicas para acompañar ejercicios de danza española; en particular, de danza española estilizada (zapato). Si no estoy equivocado, la denominación de esa escuela o sub-estilo de danza española fue implantada por la bailarina Mariemma en sustitución de dos nombres anteriores: ballet español o ballet clásico español. Juzgo clarificadora la nueva designación porque, puestos a considerar clásico un estilo de baile español, me parece mucho más clásica la escuela bolera (zapatilla).

Ministerio de Cultura: La Escuela Bolera (lámina). Fotografía tomada de un cuadro colgado en las paredes del Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid (Conservatorio Mariemma)

El caso es que estábamos juntos en Madrid una castellana vallisoletana, un andaluz sevillano y un balear ibicenco creando lo que Jerome S. Bruner llamaría un formato de atención y acción conjunta o formato mixto (como los tres somos pedagogos de enseñanzas artísticas y hemos estudiado a este autor, saco a colación al eminente psicopedagogo): los tres participantes atendíamos y actuábamos tanto sobre la danza española como sobre la música española.

Myriam, vallisoletana o pucelana. Álvaro, sanluqueño. Yo, ibicenco. Los tres en Madrid «formateando» sobre la danza española y la música española. (Mapa tomado de Google Maps)

Es decir, el trío operaba conjuntamente (= co-operaba) sobre sendos objetos culturales que todos los miembros reconocíamos como españoles: la danza española estilizada y la música de compositores nacionalistas españoles, siendo cada uno de los componentes del trío originario de una comunidad autónoma del Estado español diferente. Una prueba empírica de que las expresiones danza española o música española no se quedan en pura palabrería, vacía de contenido, sino que apuntan a ciertos referentes culturales concretos de origen nacional (por el contrario, el jazz es distintivamente no-español; y el jazz que se hace en España —tanto danza como música— es una importación cultural estadounidense, principalmente).

Myriam, Álvaro y yo nos entendíamos a la perfección. Myriam se comunica en castellano de Valladolid, no hay nada más que decir. Álvaro proviene de una zona andaluza ceceante, en la provincia de Zebiya, donde se habla una variante regional de castellano, pisha. Yo, tras pasar una temporada en Eivissa, regreso a Madrit y, aparte de quedar con la Myriam y el Álvaro, digo /trezomás/ («tres o más»), con ese sonora (fricativa alveolar sonora) y haciendo liaison, y con la característica musiquilla ibicenco-catalanófona, otra sub-variante regional de castellano (cuando estoy en Ibiza me dicen que tengo acento chulángano de Madrid, y cuando vuelvo de Ibiza, me vengo con el tonillo ibicenco colocado, que se me quita en unos días). Para rematar, Myriam estuvo trabajando un año académico en Menorca, año académico que aprovechó para sacarse el primer curso de catalán —lo aprobó, por cierto—. Echamos muchas risas practicando menorquín por teléfono. Hubo que aclarar que, aunque Menorca estuvo bajo dominación británica y el dialecto menorquín contiene unos pocos anglicismos, no puede decirse que hello sea un vocablo propiamente catalán o menorquín, ja, ja, ja.  A lo que voy: la lengua está primordialmente para entenderse. Y, debatiendo sobre danza española y música española, hablábamos español, no francés, inglés o suajili.

Todo ello prueba que existe una cultura española: hay una lengua española con su correspondiente literatura, una danza española, una música española, &cétera. Precisamente, un par de esos elementos artístico-culturales comunes constituían el motor de la quedada.

 

Nacionalismos

Nacionalismo psicoafectivo y nacionalismo sociojurídico

También hay diversos tipos de nacionalismo. En primer lugar, puedo distinguir un nacionalismo psicológico (psicoafectivo), que se manifiesta en las típicas fórmulas: «Yo me siento x», «yo no me siento x», «yo me siento más x que y». Ejemplos: «Yo me siento español», «yo no me siento español», «yo me siento catalán, pero no español», «yo me siento un poco español, pero más catalán», «yo me siento ligado a mi identidad catalana y española por igual» (grupo que históricamente ha venido constituyendo la mayoría), «yo me siento más español que catalán», «yo solamente me siento español» y expresiones afines. (Digresión: al igual que el filósofo de la mente Thomas Nagel, siempre me he preguntado qué se siente o cómo se siente ser un murciélago, y si Batman se sentirá un murciélago).

Aparte de corresponder a una mentalidad blanda (utilizo la locución mentalidad blanda en un sentido técnico), las proposiciones ‘yo me siento x‘, ‘yo no me siento x‘, ‘yo me siento x, pero no y‘, ‘yo me siento más x que y‘… incurren en un agudo emotivismo. Por principio, jamás discuto con emotivistas fuertes, porque los sofismas patéticos suelen tardar menos de diez segundos en hacer acto de presencia en el diálogo de sordos. Como cabe esperar, los emotivistas radicales no tienen ni idea de lo que es un sofisma patético —tampoco les interesa demasiado saberlo—, y acostumbran a estar en la creencia de que sus preferencias sentimentales tienen valor justificativo o probatorio. Como conclusión, intentar cualquier debate racional con emotivistas fuertes o radicales —cuya visceral «argumentación» se basa esencialmente, cuando no únicamente, en la descripción de sus subjetivas emociones— es, además de irritante, misión imposible.

Una vez mi amigo Paco, todo un sentimental, me preguntó sobre mis sentimientos con relación a ese punto. Cada vez que me formulan esa pregunta, mi respuesta es sistemáticamente la misma: para mí no es un asunto emotivo; es una cuestión de facto y de iure, de hecho y de derecho. Ostento la nacionalidad española —lo pone mi pasaporte, el único que poseo y el único al que tengo derecho hoy por hoy— y, por ende, soy español. Este es un hecho sociojurídico objetivo, tanto si me gusta como si no (que más bien va a ser que no, porque, en general, me inclino a opinar que mi país disparata y frangolla de Norte a Sur y de Oeste a Este, desde la Estaca de Bares a la punta de Tarifa y desde el cabo Touriñán al cabo de Creus, incluyendo las islas Baleares, Canarias, Ceuta, Melilla, el peñón de Vélez de la Gomera, el peñón de Alhucemas, la isla de Alborán, las islas Chafarinas, el resto de islas e islotes habitados adyacentes a la Península y el enclave de Llivia en territorio francés).

Me duele España, como a Unamuno. Personalmente, ignoro cómo uno podría sentirse orgulloso de ser español en nuestros días, al margen de alegrarse por los éxitos deportivos de ciertos compatriotas, o por ser los líderes mundiales en trasplantes de órganos o los terceros en el ranking de patrimonio natural y cultural de la Unesco. Desde luego, no será por la cantidad de premios Nobel que ha aportado este país al mundo. Facts & figures: Reino Unido, 102 premios Nobel; Alemania, 77 premios Nobel; Francia, 50 premios Nobel; Italia, 19 premios Nobel; Países Bajos, 15 premios Nobel; Dinamarca, 11 premios Nobel; Bélgica, 9 premios Nobel; España, 7 premios Nobel. Dinamarca tiene ocho veces menos población que España y casi dos tercios más de premios Nobel. Sin comentarios.

Premios Nobel españoles
Fecha Premiado Categoría Lugar de nacimiento
1904 José Echegaray Literatura Madrid
1906 Santiago Ramón y Cajal  Fisiología o Medicina  Petilla de Aragón (enclave navarro)
1922 Jacinto Benavente Literatura  Madrid
1956 Juan Ramón Jiménez Literatura  Moguer (Huelva)
1959 Severo Ochoa Fisiología o Medicina  Luarca (Asturias)
1977 Vicente Aleixandre Literatura  Sevilla
1989 Camilo José Cela Literatura  Iria Flavia, Padrón (La Coruña)

(Nota bene: Desde el establecimiento de los premios Nobel, solo hemos ganado dos premios científicos. El resto, son premios Nobel de literatura. Esto prueba empíricamente que España es un país fundamentalmente textualista. Yo añadiría que, en nuestros días, es un país posmodernamente textualista).

Sintetizando, el sentimental Paco me pregunta sobre mi nacionalismo psicoafectivo subjetivo y yo le contesto con un nacionalismo sociojurídico objetivo (me remito al hecho jurídico). Ahí tenemos otro tipo de nacionalismo: existe un derecho internacional (tratados internacionales) y un derecho nacional español, que arranca de la norma suprema, la Constitución española. No todos tenemos mentalidades blandas; algunos preferimos emplear —al menos, buena parte del tiempo— los lóbulos prefrontales racioempíricamente con preferencia sobre el (frecuentemente irracional) sistema límbico.

Respecto a la frase «me siento catalán, pero no español» u otras análogas («me siento ibicenco, pero no español»), dejando de lado el emotivismo más o menos radical que subyace tras todas ellas y del que no participo, ciertos autonomismos regionales excluyentes me parecen incompatibles con la inteligencia lógico-matemática.

Sospecho que quien hace ese tipo de afirmaciones no prestó demasiada atención en clase cuando en la educación primaria le enseñaban teoría de conjuntos; singularmente, la inclusión de conjuntos: dados varios conjuntos A, B, C… N, si todos los elementos del conjunto A pertenecen al conjunto B se dice que el conjunto A está incluido en el conjunto B, y que el conjunto A es un subconjunto de B. Lo mismo ocurre cuando todos los elementos del conjunto B están incluidos en el conjunto C, &cétera. He calculado grosso modo que, por origen, pertenezco a estos catorce subconjuntos o subsistemas progresivamente más comprensivos, o, dicho en otras palabras, soy:

Por lugar de nacimiento, pertenezco a todos esos subconjuntos o subsistemas astronómico-geográfico-sociales. «Vilero» es como se conoce en la isla de Ibiza al nacido o residente en la ciudad de Ibiza, principal núcleo de población de la isla

Desde este punto de vista, la proposición ‘me siento ibicenco, pero no español’ tendría un valor semejante a afirmar ‘me siento barcelonés, pero no español’ (comprensible: véase el siguiente mapa),

 
o ‘me siento europeo, pero no terrícola’ (será que uno proviene del menor de los cuatro satélites galileanos del planeta Júpiter) o ‘me siento ibicenco, pero no de la Vía Láctea’ (será que alguien, habiendo nacido ibicenco, fue abducido a temprana edad por alienígenas provenientes de la galaxia de Andrómeda y ya se crió y pasó el resto de su vida allí).

Naturalmente, me estoy refiriendo a la situación jurídica actual, en la que ∀ x, x ∈ C → x ∈ E; vale decir, C ⊂ E ó E ⊃ C, donde x = ciudadano, C = cualquier comunidad autónoma del Estado español y E = España.

Claro está, un sector de la población catalana desea dejar de pertenecer al quinto de mis subconjuntos, contando a partir del menos extenso. Formalizo esa aspiración: ∃ x, x ∈ C → x ∉ E; vale decir, C ∩ E = ∅, donde x = ciudadano, C = Cataluña y E = España.

Las razones o sinrazones por las que un número indeterminado de catalanes (actualización [1-10-2015]: de acuerdo con los resultados de las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015, el 47,78 % de los catalanes que ejercieron su derecho al voto —35 % del censo— eligieron opciones abiertamente pro-independencia) anhelan ese nuevo statu quo hay que preguntárselas a ellos; pero el subjetivismo emotivista más o menos fuerte o radical no me parece nada desdeñable (= «es que me siento catalán, pero no español». Me = subjetivismo; siento = emotivismo). Lo sé de primera mano, porque mi familia biológica más próxima es originaria de o reside en Ibiza, Mallorca, Barcelona, Tarragona y Madrid, y algún comentario ha surgido al respecto. Las emociones y sentimientos crudos, sin control racional, son demasiado fértiles; una vez que te metes por ese camino, n’importe quoi.

Muchos otros ejemplos de psicologismo emotivista se pueden aducir. El empresario Ramón Carner ha creado una industria de elaboración de «bebidas y comidas autóctonas con componente emocional» y productos gastronómicos «con conciencia nacional»: ahora resulta que la bebida y la comida tienen emociones o conciencia. Entre las bebidas con componente emocional y conciencia nacional hallamos el refresco de cola catalana Alter Cola («Cola lliure!»), Cava 2014 («Catalunya, nou estat d’Europa»), whisky Jaume I («el whisky de la nació catalana»), ron dorado Cristòfor Colom-Almirall Català («homenatge als marins catalans»), &cétera. Independentismo + escaso compromiso con la verdad + psicologismo emotivista + técnicas de mercadotecnia = negocio para algunos.

Un último ejemplo de psicologismo emotivista: en una de mis múltiples visitas a Cataluña (mayo de 2014) me encontré esta placa en el Ayuntamiento de Sant Sadurní d’Anoia, el municipio del cava catalán (Alto Penedés, provincia de Barcelona):

Placa en el Ayuntamiento de Sant Sadurní d’Anoia (provincia de Barcelona)

La placa dice: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por imperativo legal». ¡Anda, qué curioso! ¿Y por qué otra razón distinta al imperativo legal podría izarse la bandera española en el Ayuntamiento de Sant Sadurní d’Anoia? En principio, a mí no se me habría ocurrido plantearme ninguna otra causa distinta del imperativo legal, ni en este ni en ningún otro ayuntamiento español, considerando que hay una clara y vigente Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas.

Como el Ayuntamiento de Sant Sadurní es tan explícito sobre la razón que impulsa a la corporación a exhibir la bandera española en el exterior de la sede municipal, esta circunstancia me ha dado motivo para conjeturar justificaciones alternativas (no me gusta ser axiológicamente reduccionista). Me he parado a examinar las siguientes posibilidades:

  • Valores ecológicos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por la conservación de la biodiversidad».
  • Valores físico-corporales: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por deporte».
  • Valores psicoafectivos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por entretenimiento».
  • Más valores psicoafectivos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por diversión».
  • Valores económicos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por rentabilidad».
  • Valores artísticos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por original creatividad».
  • Valores estéticos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por su belleza».
  • Valores epistémicos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por el método científico».
  • Valores tecnológicos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por ordenador».
  • Valores religiosos: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por obra y gracia del Espíritu Santo».
  • Valores sociales: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por la fama y la popularidad».
  • Valores morales: «En este Ayuntamiento se iza la bandera española por altruismo».

Acabo de hipotetizar sobre no pocas justificaciones alternativas (doce, exactamente) al imperativo legal para izar la bandera española. Pues, así, prima facie, intuyo al menos once de esas motivaciones como exentas de toda plausibilidad. Vuelvo al punto en que lo había dejado.

En lo que concierne al enunciado ‘en este Ayuntamiento se iza la bandera española por imperativo legal’, a mi modo de ver resulta difícil alcanzar un nivel de blandenguería mental equiparable. Y resulta difícil alcanzar un nivel de blandenguería mental equiparable porque esa proposición, o bien es una trivialidad, o bien supervienen altas dosis de psicologismo emotivista. (Estas dos alternativas no agotan la materia; hay más, pero ahora deseo centrarme en las mencionadas).

Por el lado de la trivialidad, yo hago incontables actividades (o me inhibo de hacer otras) por imperativo legal. Pago impuestos por imperativo legal. Conduzco respetando las normas de tráfico por imperativo legal. Acato las órdenes de los agentes de la Autoridad o de los agentes de movilidad por imperativo legal. Aparco la moto a medio metro del bordillo de las aceras, entre los alcornoques, si los hubiera, por imperativo legal. Además de por un imperativo técnico-profesional, programo y enseño las asignaturas que tengo encomendadas por imperativo legal (artículo 91.1.a de la LOE). No robo y no mato por imperativo legal (y moral). Hago (o me abstengo de hacer) todas esas cosas por imperativo legal. Es lo propio en un Estado de Derecho que asegura el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular: eso pone el tercer párrafo del preámbulo de la Constitución española.

En resolución: hacer (o no hacer) cosas por imperativo legal en un Estado de Derecho es, simplemente, una obviedad y, por consiguiente, el contenido de la placa es una perogrullada. Si el Ayuntamiento de Sant Sadurní quiere hacer pedagogía social (sociojurídica), mi recomendación es que añada en la placa un párrafo introductorio:

Atès que som en un Estat de Dret que assegura l’imperi de la Llei com a expressió de la voluntat popular,
tal i com proclama la Constitució en el seu preàmbul,
en aquest Ajuntament s’hissa la bandera espanyola per imperatiu legal

No obstante, no soy tan ingenuo. Segunda alternativa (y hay más, empezando por la patente voluntariedad política, pero ahora estoy explicando el psicologismo emotivista): «Es que no siento la bandera de España como propia o símbolo representativo de mi identidad nacional». Como si poner las banderas en el Ayuntamiento fuera una cuestión subjetiva, emotiva, «de sentimiento»: una decisión guiada por las emociones. Hoy me despierto con sentimiento español: izo la bandera española. Hoy no me he levantado con sentimiento español: arrío la bandera de España. Hoy he amanecido con sentimiento anti-español: pisoteo la bandera española. Hoy estoy enfadado con el Estado español («¡puta Espanya!»): quemo la bandera de España. Suficiente para ilustrar el nacionalismo psicoafectivo o sociojurídico, ya catalanista, ya pancatalanista, ya españolista, ya anti-españolista, ora incluyente, ora excluyente.

(Aclaración: yo, que soy descendiente de un abuelo ibicenco, una abuela uruguayo-ibicenca, un abuelo vallisoletano, una abuela gallega, un padre ibicenco y una madre gallega criada en Barcelona; que tengo tres hermanos ibicencos y un vicehermano madrileño, tres primos hermanos ibicencos, cinco primos hermanos barceloneses y siete primos hermanos madrileños, y amigos cercanos de Valladolid, Sevilla, Madrid, Plasencia, Ibiza, Coahuila de Zaragoza [México], &cétera, cae por su propio peso que no estoy para mucho nacionalismo excluyente).

 

Nacionalismo económico

Hay más tipos de nacionalismo. Por ejemplo, el nacionalismo económico, que comprende barreras proteccionistas, promoción del consumo interno, «compre cava español y no champán francés» o, últimamente, o bien «no consumas productos catalanes», o bien «consume productos catalanes con componente emocional y conciencia nacional», y cosas así. No hará falta mencionar el peso que la actual crisis económica, la deuda catalana, el incremento de los impuestos, las tensiones entre comunidades autónomas por el reparto del exiguo pastel presupuestario español («España nos roba»)… han tenido en el auge del actual separatismo. Es de libro que va a haber disputa por los limitados recursos económicos en una organización descentralizada y departamentalizada como es el Estado español. A más de esto, cuando todo el mundo está fatal, flaquean los principios de solidaridad interregional y deber de auxilio recíproco entre provincias consagrados en los artículos 2 y 138 de la vigente Constitución española.

 

Nacionalismo político

Por supuesto, existe un nacionalismo político. Teniendo en consideración lo que se está viviendo en este país en los últimos años y, en particular, esta misma semana, el nacionalismo político no requiere ninguna descripción. Todo el mundo sabe perfectamente de qué hablo: que si conflicto de banderas (bandera española —predomina muy mayoritariamente la constitucional, pero todavía se ve alguna preconstitucional— vs. señera estándar vs. estelada blava vs. estelada vermella), que si «l’Estat espanyol ens maltracta», que si «vull votar», &cétera. Sin embargo, los corruptos (3 %, pongamos por caso) se asemejan mucho, sean catalanes, baleares, madrileños, andaluces o de Castellón de la Plana y provengan de donde provengan.

 

 

Nacionalismo artístico-cultural

Pero no es de ninguno de estos nacionalismos de los que pretendo ocuparme en esta ocasión. Quiero enfocar mi análisis en otro tipo de nacionalismo: el nacionalismo artístico-cultural, que es el que nos afecta directamente a Myriam, a Álvaro y a mí. A ellos como bailarines y profesores de danza española y a mí como repertorista con piano para danza, incluyendo en esta la danza española.

Recalcaré que, en la anterior enumeración, he diferenciado entre distintos tipos de nacionalismo (nacionalismo psicoafectivo, nacionalismo jurídico, nacionalismo económico, nacionalismo político, nacionalismo cultural…). Frecuentemente, las diversas formas de nacionalismo se embarullan en un tótum revolútum más o menos coherente (o incoherente). Es corriente que los nacionalistas políticos instrumentalicen la cultura con la finalidad de obtener resultados de índole política. Esto se comprueba a diario en España, hasta el punto de que en el País Vasco se enseña danza clásica y contemporánea en centros oficiales, pero no danza española (y eso que el flamenco es Patrimonio de la Humanidad, según la Unesco). Por ejemplo: en el currículo de las enseñanzas elementales de Danza (Decreto 404/2013, de 30 de agosto), las asignaturas son: Danza académica, Música y Danza Tradicional Vasca, decisión que responde a la consabida instrumentalización política del folclore, harto conocida por estos lares.

 

Nacionalismo artístico-cultural español (danza y música)

Para aclarar de qué estamos hablando rápidamente y sin entrar en grandes profundidades, la danza española es lo que baila el Ballet Nacional de España y lo que se enseña y aprende en la especialidad de danza española en los conservatorios oficiales españoles, salvo en el País Vasco. (En Galicia se enseña danza española [por ejemplo, Decreto 204/2007, de 11 de octubre], y lo mismo en Cataluña [por ejemplo, Decret 24/2008, de 29 de gener], Valencia [por ejemplo, Decreto 156/2007, de 21 de septiembre], Islas Baleares y resto de España).

Asignaturas y horarios de la especialidad de danza española de acuerdo con el currículo propio de las Islas Baleares de las enseñanzas profesionales de danza, aprobado por Decreto 54/2011, de 20 de mayo (Boletín Oficial de las Islas Baleares núm. 81 [2-6-2011], 31-41, anexo 1, p. 32)

Aunque para los guiris y para una buena parte de los habitantes de la piel de toro la danza española se reduce a «sevillanas y flamenco», lo cierto es que, a través de sus producciones, tanto el  Ballet Nacional de España como los conservatorios abordan regularmente las cuatro escuelas de danza española, a saber: danza tradicional (folclore), escuela bolera, danza estilizada y flamenco. (A estas cuatro técnicas se suma la danza académica de base y la danza contemporánea. A los bailarines profesionales de danza española se les exige ser «multifuncionales», pobres; empatizo mucho con ellos).

En Cataluña, la ordenación curricular de las enseñanzas profesionales de danza contempla la especialidad de danza española, con las asignaturas de «Dansa clàssica, Escola bolera, Dansa estilitzada, Flamenc, Folklore, Repertori i pràctica escènica». Es decir, normal; un plan de estudios similar al que se desarrolla en las Islas Baleares o en Madrid. A ver: no es tan fácil cargarse la danza española en Cataluña cuando una barcelonesa como Aurora Pons López-Lamela, medalla de oro del Gran Teatro del Liceo y medalla de plata de la Diputación de Barcelona, además de haber formado parte de la compañía de Antonio Ruiz, el bailarín, fue codirectora del Ballet Nacional de España. Una Aurora Pons profundamente conocedora y transmisora de la Escuela Bolera catalana y española (se jubiló en el Conservatorio Profesional de Danza Fortea de Madrid). Una Aurora Pons discípula del geltrudense Joan Magriñà i Sanromà, al igual que la ripolletenca Emma Maleras i Gobern, la del método de castañuelas de Emma Maleras que se estudia por doquier (en el Conservatorio Superior de Danza de Madrid María de Ávila, sin ir más lejos).

Emma Maleras: Método de Castañuelas. Barcelona: Editorial de música Boileau

Una prueba en apoyo de mi afirmación: en el siguiente vídeo, el Cor de Castanyoles de Barcelona, TOCS Cor de Castanyoles Emma Maleras, Teresa Laiz & Co. interpreta la partitura de castañuelas de José de Udaeta para la jota de concierto Viva Navarra de J. Larregla en el Teatre Auditori Municipal de Sant Feliu de Guíxols (Gerona). Si esto no es cultura española no excluyente, no sé qué será…

 

Cada una de esas escuelas o estilos de danza va acompañado de su repertorio musical específico: 1) música tradicional para el folclore; 2) boleros, panaderos, seguidillas manchegas boleras, seguidillas sevillanas boleras, Cachuchas, Jaleos de Jerez, Olés de las Curras, Macarenas, Madrileñas, bailes de goyescos & company para la escuela bolera; 3) soleares, alegrías, bulerías, seguirillas, tarantos, garrotines, tientos, tanguillos, tangos, peteneras, &cétera con guitarra y cantaor o cantaora para el flamenco (en los últimos tiempos, se han introducido otros instrumentos musicales en el flamenco; típicamente, cajón, flauta y piano, y se llevan a cabo diversas fusiones [o «confusiones», según y cómo, y dependiendo de la actitud más o menos purista que se adopte]). Respecto a la danza española estilizada, hay un antes y un después de la colaboración entre Antonia Mercé, la Argentina, y Manuel de Falla con el bailete español El amor brujo.

Aunque, dado el posmoderno país en el que me ha tocado vivir («todo vale»), he visto no pocos disparates culturales en danza española (Las cuatro estaciones del compositor barroco italiano Vivaldi bailadas en danza española estilizada, zapateando, y cosas así) y muchas propuestas de «fusión/confusión» con resultados más experimentales que felices (¿para cuándo break dance con bata de cola y castañuelas? Ya tarda), en general se conserva el principio artístico de que la danza española estilizada se baila con música de compositores españoles (los zarzueleros, los Albéniz, Granados, Turina, Falla… o más modernos, como Joaquín Rodrigo, Ernesto Halffter, José Nieto, Antón García Abril…) o extranjeros españolizantes (por ejemplo: Capricho español, de Nikolái A. Rimski‑Kórsakov; Carmen, de Georges Bizet; Jota aragonesa, de Mikhail I. Glinka; España, de Emmanuel Chabrier; Boléro, de Maurice Ravel, &cétera).

 

Romanticismo musical del siglo XIX

Como es sabido, el romanticismo musical del siglo XIX se divide en varios periodos: un temprano periodo alemán (Beethoven, E. T. A. Hoffmann, Weber, Schubert…) seguido de un romanticismo pleno y un romanticismo tardío internacional de alcance europeo (Mendelsshon, Chopin, Listz, Schumann, Brahms, Berlioz, Wagner, &cétera).

La corriente central del romanticismo musical internacionalista se basa principalmente en la música de muchos compositores alemanes y, en menor medida, en la música de algunos autores franceses e italianos. Si bien los compositores románticos de esta corriente no le hicieron ascos a materiales musicales folclóricos, regionales o nacionales (Variaciones sobre un aire ruso «Bella Minka» de Weber, Mazurcas y Polonesas de Chopin, Rapsodia españolaRapsodias húngaras de Listz, Danzas húngaras de Brahms…), estas obras folcloristas no constituyen el grueso de su producción.

 

Nacionalismo musical

Hay que esperarse a Glinka y el grupo de Los Cinco o Círculo de Balakirev (Balakirev, Cui, Borodin, Mussorgsky y Rimsky-Korsakov) para que se pueda hablar con propiedad de una música nacional rusa. Algo parecido acontecía a finales del siglo XIX y principios del XX en Checoslovaquia con Smetana, Dvorák y Janácek; en Noruega con Grieg; en Finlandia con Sibelius; en Hungría con Bartók y Kodály; en Inglaterra con Elgar, Vaughan Williams y Holst, &cétera.

«El descubrimiento de los valores culturales de la música y la poesía popular despertó las llamas del orgullo nacional […]». Microcosmos. Introducción al mundo de Béla Bartók. Exposición sobre Béla Bartók en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

El Diccionario Harvard de Música (Don Michael Randel [ed.]: Diccionario Harvard de Música [versión española de Luis Carlos Gago]. Madrid: Alianza, 1997, p. 690)  define el nacionalismo (musical) del siguiente modo:

La utilización en la música culta de materiales que tienen un carácter identificablemente nacional o regional. Puede tratarse de auténtica música folklórica, melodías o ritmos que simplemente recuerdan a la música folklórica, y elementos musicales no programáticos tomados del folklore, los mitos o la literatura nacionales.

 

Nacionalismo musical y dancístico español

Al igual que ocurrió en otros países de la periferia europea, a finales del siglo XIX y principios del XX también se dio un movimiento nacionalista musical español. Ese movimiento tuvo su pope, su manifiesto artístico-estético y su todo (una de las pocas veces en las que, en vez de «l’Espagne, toujours arriérée», íbamos en paralelo sincronizados con lo que ocurría artísticamente en el resto de países europeos. Coincide, por cierto, con una de las épocas de mayor esplendor de la cultura musical y dancística hispana (y literaria: Generación del 98, Generación del 27…).

 

Felipe Pedrell

¿Y quién fue el jefe de escuela, el gurú, el líder, el promotor de la nueva corriente estético-musical nacionalista española? Pues ni más ni menos que el muy catalán Felip Pedrell i Sabaté, nacido en Tortosa, provincia de Tarragona, en 1841 y fallecido en Barcelona en 1922.

Felipe Pedrell: «Por nuestra música». Es el manifiesto artístico-estético del musicólogo y compositor, en torno a la creación de una música propiamente nacional. Nacional de España

Hete aquí que Felipe Pedrell fue maestro de composición de Isaac Albéniz, de Enrique Granados y de Manuel de Falla. Y fue Pedrell quien animó a Albéniz, a Granados, a Falla y al resto de sus discípulos a inspirarse en los cantos y danzas populares españoles para la creación de una música culta de carácter nacional español. Este es un hecho histórico irrefutable. Más brevemente: la música nacionalista española erudita tuvo su origen en la concepción artístico-estética y en la acción etnomusicológica y pedagógica de un catalán. Eran otros tiempos…

 

Isaac Albéniz

«Hacer música española con acento universal» (Isaac Albéniz)

¿Y quién era el célebre pianista y compositor de música nacionalista española (y revoltoso) Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual? Pues un catalán nacido en Camprodón, municipio de la comarca del Ripollés en la provincia de Gerona, en 1860. La madre de Albéniz, Dolors Pascual i Bardera, era oriunda de Figueras, en el Alto Ampurdán. Albéniz, niño prodigio muy precozmente dotado, dio su primer recital en Barcelona a los cuatro años.

En relación con la catalanidad de Albéniz, es significativo que 1) su primera composición publicada estuviera dedicada al conde de Reus y vizconde del Bruch, Joan Prim i Prats; 2) su mejor obra para orquesta fuera una rapsodia titulada Catalonia, 3) el fondo personal del músico se conserve en la Biblioteca de Cataluña y en el Museo de la Música de Barcelona, 4) el conservatorio oficial de música dependiente de la Diputación de Gerona lleve por nombre Conservatori de Música Isaac Albéniz y 5) en su villa natal se haya instituido la Fundació Pública Museu Albéniz de Camprodon, encargada de gestionar el museo dedicado al artista.

En lo tocante a su españolidad y su universalidad, en la presentación de la Fundación Albéniz, bajo la presidencia de Paloma O’Shea, se dice así:

Se eligió el nombre del músico Isaac Albéniz (1860-1909) por ser este gran compositor y pianista un símbolo del renacer de la música española en la Europa de comienzos del siglo XX, características muy acordes con los objetivos de la Fundación.

En 1883, Isaac Albéniz casó en la barcelonesa Iglesia de la Merced con Rosa (Rosina) Jordana y Lagarriga (aunque no lo he comprobado, especulo que con esos apellidos catalans de la ceba su esposa debía de ser más catalana que la llonganissa de Vic o la sopa de galets de Navidad). Una de las hijas del matrimonio, Laura Albéniz Jordana, nacida en Barcelona en 1890, fue ilustradora y pintora catalana del Noucentisme, y precursora del Art Déco en Cataluña junto con Javier Gosé.

Este catalán Isaac Albéniz al que aludo es el mismo Isaac Albéniz de la Suite española, opus 47, serie que se abre con «Granada (Serenata)» como primera pieza de la suite, y prosigue con las piezas «II. Cataluña (Corranda)», «III. Sevilla (Sevillanas)», «IV. Cádiz (Canción)», «V. Asturias (Leyenda)», «VI. Aragón (Fantasía)», «VII. Castilla (Seguidillas)»; «VIII. Cuba (Capricho)» (la Suite española de Albéniz está fechada en 1886. En esa época España todavía no había perdido Cuba y Filipinas). No parece que el compositor catalán Isaac Albéniz tuviera ningún problema ni con Cataluña ni con el resto de España, pues la corranda titulada «Cataluña» está flanqueada por la serenata granadina y por las sevillanas, formando, junto con otras piezas, una colección (= un objeto complejo unitario).

Isaac Albéniz. Suite española. Portada

Este camprodonés músico catalán Isaac Albéniz al que aludo es el mismo Isaac Albéniz del cuaderno España: 6 hojas de álbum opus 165, que incluye las partes «Preludio», «Tango», «Malagueña», «Serenata», «Capricho Catalán» y «Zortzico», con elementos evocadores del País Vasco. O sea: un catalán componiendo música andaluza, catalana y vasca para formar parte de una suite titulada España (el padre de Albéniz, Ángel Lucio Albéniz y de Gauna, era un vasco de Vitoria).

Isaac Albéniz: Iberia & España. Nueva York: Dover Publications

Iberia & España. Nueva York: Dover Publications

Este gerundense Isaac Albéniz al que aludo, hijo de un vasco y una catalana, es el autor de la Suite Iberia (sin número de opus), su obra maestra. Aunque en este trabajo predominan muy mayoritariamente las referencias a Andalucía («Rondeña», «Almería», «Triana», «Málaga», «Jerez»…), «Evocación» es de origen vasco, y «Lavapiés» se basa en las danzas del popular barrio madrileño.

Como solemos hacer habitualmente en este país, mientras el compositor era reconocidísimo allende nuestras fronteras, especialmente en París y Londres, aquí pasábamos a medias de él, porque los españoles somos tan súper-listos que tenemos un genio delante de nuestras narices y no nos damos ni cuenta. Y, las pocas veces que nos percatamos, lo que acostumbramos a hacer es machacarlo a tope, provocando la usual fuga de talentos (exit). Como tantos otros, Albéniz acabó viviendo lejos de su patria (en Niza), y murió en Cambo-les-Bains (departamento de Pirineos Atlánticos, región de Aquitania, Francia) en 1909. Este es el texto del telegrama que envió su sobrino Víctor Ruiz Albéniz para comunicar la noticia del fallecimiento del compositor (citado por Carlos Gómez Amat: Historia de la música española. 5. Siglo XIX. Madrid: Alianza, 1988, p. 310):

Isaac Albéniz ha muerto a las ocho de la noche de ayer en este pueblo francés, sin el consuelo de que nadie de su patria mostrase interés por él. Que Dios se lo perdone a todos.

Los españoles, en nuestra línea… nadie es profeta en su tierra. El gobierno francés concedió póstumamente la Cruz de la Legión de Honor al artista español afincado en Francia. Nosotros le dimos una beca de estudio en 1876 y le nombramos para formar parte de un tribunal de oposiciones de piano en 1886 como juez externo. Desconozco si se le llegó a ofrecer una cátedra extraordinaria de piano en el Real Conservatorio, pero hubiera estado bien.

 

Enrique Granados

¿Y quién era Enrique Granados? Además de ser discípulo de Juan Bautista Pujol (piano) y Felipe Pedrell (composición), y colega y fraternal amigo de Isaac Albéniz, Enric Granados i Campiña fue un catalán de Lérida, comarca del Segriá. Nació en Lérida el 27 de julio de 1867, hijo de un militar de origen cubano, Calixto Granados, y de una cántabra, Enriqueta Elvira Campiña. Su brillante carrera musical se inauguró con un recital de piano en Barcelona en 1890.

Lérida. Seu Vella. Increíble cielo leridano a la puesta de sol

Este Enrique Granados es el que tiene una calle con su nombre en plena Esquerra de l’Eixample de Barcelona. Lo sé muy bien porque mis tíos viven precisamente en esa calle.

Ciudad de Barcelona. Izquierda del Ensanche. Calle de Enrique Granados

Ciutat de Barcelona. Esquerra de l’Eixample. Carrer d’Enric Granados

La catalanidad de Enrique Granados está fuera de duda, pues —en sus propias palabras— el compositor se consideraba «tan catalán como el que más». Con lo que no estaba conforme es con la instrumentalización política del arte musical:

Al Orfeó se le quiere dar un color político catalanista, y en eso no estoy conforme. A mí me parece que el arte no tiene nada que ver con la política… ¡Esto me ha causado algunos disgustos, llegando a recibir desprecios y anónimos en que se me acusa de escribir danzas andaluzas! Como si fuera un pecado… Yo me considero tan catalán como el que más, pero en mi música quiero expresar lo que siento, lo que admiro y lo que me parezca bien sea andaluz o chino (citado en Carol A. Hess: Enrique Granados: a bio-bibliography. Westport, Connecticut, Estados Unidos de América: Greenwood Press, 1991, p. 10, nota al pie 17).

Este Enrique Granados es, junto con Albéniz —pero más Granados— el fundador de la moderna escuela pianística catalana. Granados creó en Barcelona en 1901 la Academia Granados, cuya labor pedagógico-musical fue continuada a partir de 1920 por su discípulo Frank Marshall, de donde resulta el ulterior nombre Asociación Musical Granados-Marshall o Academia Marshall. Uno de mis profesores de piano (de dúo de pianos, específicamente) fue Àngel Soler i Renales, quien estudió ahí. Importantes figuras del pianismo español (Alicia de Larrocha, Rosa Sabater, Rosa María Kucharski y otras muchas) bebieron en la fuente de Granados.

Y este mismo Enrique Granados es el compositor de las Danzas españolas (1892), una colección de doce piezas breves con evocadores títulos tales como «Oriental», «Fandango», «Villanesca», «Andaluza o Playera», «Rondalla aragonesa», «Valenciana o Calesera», «Sardana», «Bolero», &cétera. Vaya: la sardana en la misma colección de danzas españolas que el fandango, la playera andaluza, la calesera valenciana, el bolero y demás. Acendrado españolismo.

Portada del volumen de Dover (Nueva York) dedicado a las obras de Enrique Granados, «one of Spain’s greatest modern composers». Música española con acento universal

Eso por no hablar de Goyescas, la obra cumbre del catalán Granados, inspirada en las pinturas del aragonés Goya expuestas en el madrileño Museo del Prado. En palabras del compositor:

Quisiera dar en Goyescas una nota personal, una mezcla de amargura y de gracia y desearía que ninguna de sus fases no primara sobre las demás en atmófera de refinada poesía… El ritmo, el color y la vida claramente española, la nota sentimental, unas veces repentinamente amorosa y otras dramática y trágica, tal y como aparece en la obra de Goya. (Cita extraída de François -René de Tranchefort (dir.): Guía de la música de piano y de clavecín. Madrid: Altea-Tarurus-Alfaguara, 1990, p. 390).

Ahí pone: «El ritmo, el color y la vida claramente española, […]», no «claramente catalana y excluyentemente española».

Ok, Houston, we’ve had a problem here. Porque, ¿quién no conoce «Asturias» de Albéniz o la «V Danza española [Andaluza]» de Granados? ¿Quién no percibe esas obras como música nacionalista española? Me contaba mi amiga Mar, profesora de piano en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, que todos sus alumnos de intercambio Erasmus, incluyendo los que provienen de Lituania, Estonia, Hungría y zonas muy alejadas de Europa, acuden al centro tocando «Asturias» de Albéniz. «Asturias» del catalán Albéniz, música nacionalista española.

 

Amadeo Vives y Roig

El muy catalán Amadeu Vives i Roig nació al pie de la montaña de Montserrat en Collbató, provincia de Barcelona, el 18 de noviembre de 1871 y murió en Madrid el 2 de diciembre de 1932. Desarrolló un actividad polifacética como compositor, director de orquesta, empresario y escritor.

Fue catedrático numerario de Composición del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid poco más de un año, desde el 29 de agosto de 1922 hasta el 10 de noviembre de 1923. Con motivo de un viaje a América, a finales de 1923 solicitó una excedencia voluntaria por más de un año y menos de diez, que le fue concedida por Real Orden de 10 de noviembre de 1923 de Alfonso XIII (Gaceta de Madrid núm. 318 [14 de noviembre de 1923], 657-658).

Cercano a cumplirse el plazo máximo de excedencia voluntaria, solicitó su reingreso en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación, ya en tiempos de la II República. Sucedió que en el ínterin, la plaza de Composición dejada por el maestro Vives fue amortizada (a la marcha de Vives, Conrado del Campo pasó a ocuparse de las clases de composición). Como no existía vacante de su disciplina en el centro docente, pidió que se le otorgase la cátedra de Armonía, vacante por defunción de D. Pedro Fontanilla, hasta que se produjera una nueva vacante en las enseñanza de Composición. La instancia de Amadeo Vives fue enviada al Conservatorio de Madrid al objeto de que el Claustro de Profesores del centro evacuara un informe. Este es el informe del Claustro de Profesores del Conservatorio Nacional de Música y Declamación de Madrid (Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Orden disponiendo el reingreso de D. Amadeo Vives y Roig como Catedrático del Conservatorio de Música y Declamación. Gaceta de Madrid núm. 328 [24 de noviembre de 1931], 1174):

Que ha sido siempre aspiración del Conservatorio Nacional de Música y Declamación el que en su cuadro de Profesores figuren aquellos prestigios que más contribuyeron al esplendor del Arte nacional, y que siendo indudable que D. Amadeo Vives y Roig reúne todas aquellas circunstancias, ya que su labor ha difundido con el más grande éxito el Arte musical español por el mundo entero, y que habiendo desempeñado con el mayor celo y máxima competencia una Cátedra de Composición, estima el Claustro, con una honda satisfacción, que el solicitante sea reintegrado a su seno, y por aclamación, y con verdadero entusiasmo, acordó, sin tener nada que oponer a las atinadas razones que el solicitante hace en su instancia, el proponer a la Superioridad a D. Amadeo Vives y Roig para el desempeño de la Cátedra vacante de Armonía de que se hace mérito.

Pues, a tenor del contenido del informe, me parece que mucha catalanofobia madrileña y nacional («Espanyansodia») no se aprecia, la verdad…

 

Manuel de Falla

Manuel María de los Dolores (de) Falla y Matheu no era nativo de Cataluña. Era andaluz: nació en Cádiz en 1876, circunstancia que aprovecha el andaluz Álvaro para restregarnos a los demás por la cara que el mejor compositor español fue andaluz, a lo que yo le respondo 1) que no presuma tanto, por cuanto Tomás Luis de Victoria era abulense; 2) que Manuel de Falla era gaditano, no sevillano como él; y 3) que Manuel de Falla fue discípulo del madrileño José Tragó y Arana y del catalán Felipe Pedrell.

Manuel de Falla: Escritos sobre música y músicos. Madrid: Espasa Calpe, 1988

La admiración y el afecto que sentía Manuel de Falla por Felipe Pedrell eran lo suficientemente profundos como para iniciar uno de sus ensayos con estas palabras (Manuel de Falla: Escritos sobre música y músicos. Madrid: Espasa-Calpe, 1988, p. 84):

Pedrell fue maestro en el más alto sentido de la palabra, puesto que con su verbo y con su ejemplo mostró y abrió a los músicos de España el camino seguro que había de conducirlos a la creación de un arte noble y profundamente nacional, un camino que ya a principios del último siglo se creía cerrado sin esperanza.

Escribe Falla: «[…] un arte noble y profundamente nacional, […]». Nacional de España, claro está. A Falla no le importaba mucho que Pedrell fuera un catalán tortosino. Según se desprende de las palabras del compositor, parecía importarle bastante más la calidad de las enseñanzas de su maestro.

 

Antonia Mercé, la Argentina

Antonia Mercé y Luque ni siquiera era española de nacimiento; era argentina, como su sobrenombre indica. Nació en Buenos Aires en 1890. No obstante, era hija de un pucelano y una cordobesa. Pues como mi abuela, que era nativa de Uruguay pero hija de padres ibicencos (en España pesa más el ius sanguinis que el ius soli).

Antonia Mercé y Luque, la Argentina, en el bailete El amor Brujo. Fotografía tomada de un cuadro colgado en las paredes del Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid (Conservatorio Mariemma)

Como quiera que sea, la Argentina renovó por completo la danza española. Supongo que como era de fuera, le daba igual si este músico era gerundense, el otro leridano, ese gaditano, el otro toledano, aquel almeriense y aquel otro sevillano. Haciendo teoría de la mente, conjeturo que para ella todos eran compositores españoles que escribían música española. Así que empezó a montar coreografías ya sobre «Córdoba», «Castilla», «Almería» o «Cuba» del gerundense Isaac Albéniz, ya sobre la «Andaluza» del leridano Enrique Granados, ya sobre El amor brujo o La vida breve del gaditano Manuel de Falla, ya sobre «Sacromonte» del sevillano Joaquín Turina, ya sobre «Lagarterana» de El huesped del sevillano del toledano Jacinto Guerrero, ya…

Con el paso de los años llegaron otros bailarines-coreógrafos (Encarnación López, Pilar López, Antonio Ruiz, Silvia Ivars, Antonio Gades, Mariemma, Alberto Lorca, José Granero, María de Ávila…) y compositores que continuaron esa síntesis de la danza española y esa tradición de música española, las cuales, con el tiempo, desenvolvieron la más moderna escuela de danza española: el bailete español, la danza española estilizada. A propósito: hace pocos años, en una conferencia impartida en el Conservatorio Superior de Danza de Madrid María de Ávila, el compositor Antón García Abril señaló que todavía había mucho que investigar artísticamente en cuanto al folclore español de cara a la composición de obras para danza española estilizada.

 

Max Aub

Según la Wikipedia, Max Aub Mohrenwitz tuvo a su largo de su vida cuatro nacionalidades: alemana, heredada de sus padres; francesa, por nacimiento; española, al afincarse su padre en Valencia en 1914, siendo Max menor de edad, y, finalmente, mexicana, por elección propia, al exiliarse tras la Guerra Civil Española. El escritor hispano-mexicano Max Aub aprendió el castellano en un tiempo sorprendentemente corto. Desde 1922 empezó a pasar en Barcelona cuatro meses al año; según su biógrafo, Ignacio Soldevila, «hablaba [catalán] correctísimamente tanto la variedad valenciana como la catalana».

En 1936 elevó un Proyecto de estructura para un Teatro Nacional y Escuela Nacional de Baile que dirigió al presidente de la II República, Manuel Azaña.

Max Aub: Proyecto de estructura para un Teatro Nacional y Escuela Nacional de Baile dirigido a su excelencia el presidente de la República don Manuel Azaña y Díaz, escritor. Valencia: Tipografía Moderna, 1936

En palabras de Aub: «No existe espectáculo de mayor abolengo español que el baile. Ni otro que despierte fuera de nuestras fronteras interés tan grande. El baile español no ha sido nunca tratado como materia coreográfica susceptible de llevar el nombre de España a un nuevo renombre, a pesar de contener todo lo necesario para ello». En este proyecto se hacía eco de los éxitos de Antonia Mercé, la Argentina, y Encarnación López, la Argentinita, como puntas de lanza para la creación de un gran ballet español. Proponía a las dos grandes artistas antenombradas como directoras de la nueva formación, en unión de algunos músicos. «La realización de esta nueva forma del baile español [= la danza estilizada] sería evidentemente beneficiosa para la música española, y no solamente para los jóvenes. […] Este proyecto puede tener, y tiene, tanta importancia internacional como la que alcanzaría de fronteras adentro», concluye el autor.

 

Román Alís Flores

Román Alís tampoco era exactamente catalán. Era palmesano, nació en Palma de Mallorca en 1931. Empero, su formación fue profundamente barcelonesa: estudió piano, composición y dirección de orquesta en el Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona. A ello se añade la cercanía histórico-cultural que hay entre ses Illes y Cataluña. Las cenizas del compositor, fallecido en 2006, fueron esparcidas en el jardín de la celda número 3 de la Real Cartuja de Valldemossa, en la isla de Mallorca.

El súper-ultra-híper-mega genio musical Román Alís fue mi profesor dos cursos. Uno de los mejores profesores de música que he tenido en mi vida: ese tipo de catedrático que lo sabe todo y te lo explica todo, una rara avis.

Román continuó con la tradición nacionalista musical con sus Ocho canciones populares españolas, análogas a las Seis piezas sobre cantos populares españoles de Enrique Granados o las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla:

Román Alís: Ocho canciones populares españolas», opus 77. Madrid: Unión Musical Ediciones, 1985 y 1996

(De hecho, Román nos hizo analizar las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla en clase de Análisis Musical).

Siendo de origen mallorquín, no es de extrañar que la pieza con la que abre su colección sea una canción mallorquina:

Román Alís: «I. Canción de Olivareros (mallorquina)», en Ocho canciones populares españolas, opus 77

Y, como se ha mencionado, dada la proximidad y cercanía lingüística y cultural entre las Islas Baleares y Cataluña, así como el hecho de que en gran medida la formación de Alís fue catalana, no resulta chocante que el segundo elemento del conjunto sea una archiconocida canción popular catalana:

Román Alís: «II. La pastorcita (catalana)», en Ocho canciones populares españolas. opus 77

El punto que deseo poner de relieve es que el título de la colección es Ocho canciones populares españolas, no «Tres cançons populars dels Països Catalans i cinc cançons estrangeres». La obra contiene, además de las citadas, una pieza leonesa, una burgalesa, otra leonesa, una asturiana, una gallega y finaliza con otra canción catalana: «VIII. El Marinero». Pues no sabía Román lo que escribía ni nada, que tiene en su catálogo obras para cobla. En fin: un ejemplo más de arte y cultura nacional española hecha por gente del ámbito catalano-balear. Por cierto: 1) Román fue, entre otras cosas, catedrático de contrapunto y fuga del Conservatorio de Sevilla y 2) en cuanto profesor, a él no le importaba que tú fueras de Sevilla, de Vigo o de Ibiza, sino que acudieras con los trabajos hechos a clase en el Conservatorio de Madrid. Seguiré haciendo caso a mi Maestro acerca de lo que es la música española, la cual incluye la música catalano-balear.

 

Nacionalismo cultural catalán

He titulado este artículo como «nacionalismo cultural catalán». Sé perfectamente que, para cierto sector separatista, lo que caracteriza el nacionalismo cultural catalán, aparte de la lengua y literatura catalanas, son los castellers y las sardanas (la enumeración no es exhaustiva). Otro día podemos discutir el asunto de la sardana, Joan Llongueres y la Lliga Sardanista, Pep Ventura, &cétera. Pero ahora no toca (avui, això no toca).

 

Habaneras

De las cantadas de habaneras de Palamós y resto de la Costa Brava tampoco voy a decir gran cosa, porque, claro: La Habana está en Cuba, no en L’ Escala o en Calella de Palafrugell.

Frederic Sirés i Puig: Gavina (habanera). Barcelona: Tenora Edicions Musicals, 1981

Y, aunque los cantaires Els Pescadors de l’Escala entonen Gavina de Frederic Sirés i Puig (Palafrugell, Gerona), creo que no anda lejos de la verdad la afirmación de que la habanera más mundialmente famosa es la «Habanera» de la ópera Carmen del compositor francés Georges Bizet. (Nótese que en el vídeo de YouTube se percibe una habanera del compositor francés Georges Bizet basada en la habanera El arreglito del alavés Sebastián Iradier interpretada por una soprano greco-estadounidense [María Callas] acompañada por una orquesta alemana. Es difícil sostener que las habaneras sean 100 % catalanas. De la habanera La Paloma [ca. 1863, Sebastián Iradier y Salaverri], ya, ni hablemos).

Joaquín Turina: Recuerdos de la antigua España, op. 48 (suite pianística). «Habanera». Biblioteca Fundación Juan March

Como tampoco puede afirmarse de buena fe que Recuerdos de la Antigua España. «Habanera», opus 48 (1929) del sevillano compositor Joaquín Turina Pérez sea lo que se dice palmariamente catalanista —el objeto intencional de la obra es España—, lógicamente considero las habaneras de la Costa Brava como expresión de la cultura catalana. Sí: de la cultura catalano-española.

 

Jotas

Dado que la cultura catalana, según algunos, es tan sumamente diferente de la del resto de España, por la cosa del hecho diferencial no diré ni pío —retórica preterición— de la jota catalana, como la jota fogeada o fogueada de Sitges (Barcelona), o en variedad tarraconense o tortosina (el puntxó, punxó, punxonet o punxench es una jota ligera. Destacan la jota de tortas [ball de coques] del Priorato y la jota ebrense). Jotas como las jotas de otras comunidades autónomas españolas. En aras de facilitar el análisis comparativo, colgaré algunos vídeos de YouTube:

Gran Jota tortosina (Tarragona). Colla jove de dolçainers de Tortosa:

 

Desde los cuatro acordes iniciales en la mayor (la-la-la-la) y la entrada de la primera variación en anacrusa «ya se escucha que estamos en otra cultura musical, muy diferente de la música tradicional española». La alternancia regular de los acordes de tónica y dominante cada cuatro compases de 3/4 (realmente, dos compases de 6/4) en la sucesión de mudanzas o variaciones es una armonía «que no me suena de nada». La interrupción de las mudanzas o variaciones por reposadas coplas es una forma o estructura musical «desconocida para mí». Será por el «abismo cultural» que separa el folclore catalán de la música tradicional del resto de España.

Actualización (21 de junio de 2016).—He comprobado que se han caído algunos enlaces de YouTube. Sustituyo el anterior enlace de la Gran Jota tortosina (Tarragona) por estos nuevos. El somero análisis musical lo efectué sobre el viejo link, pero sigue valiendo igual para el nuevo enlace. De paso, añado otro link a una interpretación bailada de la Jota tortosina:

Gran Jota tortosina (Tarragona):

 

Jota tortosina (Tarragona):

 

Con todo, sugiero que se confronte la Gran Jota tortosina con la siguiente muestra de jotas provenientes del resto del territorio español, una hora menos en Canarias (en las clases de Armonía del Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona, Gloria-Isabel Ramos Triano —una canaria bastante simpática y hoy directora de orquesta— y yo solíamos sentarnos juntos):

Jota atlántica (isa canaria). Cuatro acordes iniciales en la mayor (la-la-la-la) y empieza la primera variación en anacrusa, como en la jota tortosina:

 

Jota del Chipirrín (Murcia). Cuatro acordes iniciales en la mayor (la-la-la-la) y empieza la primera variación en anacrusa, como en la jota tortosina y en la jota atlántica:

 

Gran Jota de La Dolores (Bretón). Jota aragonesa. Antología de la Zarzuela. Cuatro acordes iniciales en la mayor (la-la-la-la) y empieza la primera variación en anacrusa, como en la jota tortosina, la jota atlántica y la jota murciana. Ya no sigo:

 

Jota mallorquina (ball de bot):

 

Jota montehermoseña (Montehermoso, Extremadura):

 

Jota de Orense (Galicia):

 

Jota flamenca (alegrías de Cádiz). Canta Mariana Cornejo Sánchez, Mariana de Cádiz. Para quien no lo sepa, las alegrías de Cádiz traen origen de la flamenquización de la jota aragonesa:

 

Suficiente para probar que la jota es uno de los géneros más extendidos por toda España, incluyendo los dos grandes archipiélagos.

Por Acuerdo de 22 de marzo de 2011 (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya núm. 5844 [24-3-2011], 17465-17467) se declara la Jota elemento festivo patrimonial de interés nacional. Estoy de acuerdo: la jota es un componente del patrimonio cultural intangible de interés nacional. Nacional de España, porque está generalizada, con diversas variantes, por todo el territorio nacional español. Naturalmente, cuando la Generalidad de Cataluña utiliza la expresión «interés nacional», se está refiriendo a la «nación catalana»: «Som una nació. Nosaltres decidim». El Tribunal Constitucional ha sentenciado que, jurídicamente, Cataluña es una nacionalidad, no una nación. Pero, como en este país somos profundamente textualistas posmodernos, nos encanta jugar con las palabras, creando caos y confusión.

Acuerdo de 22 de marzo de 2011 (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya núm. 5844 [24-3-2011], 17465-17467) por el que se declara la Jota elemento festivo patrimonial de interés nacional. Nacional de Cataluña

En el texto del acuerdo se sostiene que «el Consejo de la Cultura Popular y Tradicional el 3 de noviembre de 2010 emitió informe favorable sobre el expediente de declaración de la Jota como elemento festivo patrimonial de interés nacional», manifestación cívica y cultural «que ha llegado a convertirse en símbolo de catalanidad dentro y fuera de Cataluña».

Hombre, eso de que la jota sea «símbolo de catalanidad dentro y fuera de Cataluña» puede ser radicalmente constructivista y muy pragmático, pero dudosamente cierto y asaz reduccionista. A continuación, unos contraejemplillos que debilitan no poco esa afirmación:

1) El texto de la «Gran Jota» de La Dolores dice así:

Aragón la más famosa
es de España y sus regiones,
Aragón la más famosa,
porque aquí se halló la Virgen
y aquí se canta la jota,
y aquí se canta la jota,
es de España y sus regiones.

Por de pronto observamos que los aragoneses también piensan algo parecido de la (de «su») jota, bien que ellos no de modo excluyente, sino en el contexto español.

2) Creo que los aragoneses aciertan más que los catalanes. En el siguiente vídeo, música y danza tradicional chilena. La primera copla dice así: «La Virgen del Pilar dice, / y olé, / que no quiere ser francesa; / que quiere ser capitana / de la tropa aragonesa». Esta copla enlaza con otra que alude a la cordillera de los Andes. Mucha catalanidad no se aprecia, la verdad.

 

El comentario del vídeo explica:

Entre las múltiples expresiones musicales llegadas de España tenemos la Jota, danza popular arraigada en Chile, especialmente en la zona centro-sur.
En su proceso de folklorización adopta en su música el género de tonada con estribillo. Reemplaza las castañuelas por castañeteo, que en los campos llamamos cascabeles.

«Entre las múltiples expresiones musicales llegadas de España […]». La jota, símbolo musical de españolidad.

3) Efectivamente, así lo entendió el compositor francés Emmanuel A. Chabrier, quien decidió poner por título España a su rapsodia para orquesta, compuesta en 1883. La rapsodia para orquesta España de E. Chabrier no es otra cosa que una jota.

 

He colgado el vídeo de más arriba no porque crea que es una de las mejores interpretaciones de esta obra, sino porque me hace gracia que el director estadounidense Leonard Edward Slatkin esté dirigiendo la británica Orquesta Sinfónica de la BCC y el conjunto esté ejecutando una jota española compuesta por un francés. A mí esa pieza me suena romántico-pintoresco-española, no símbolo de catalanidad. Qui habet aures audiendi, audiat.

4) Esto de que la jota es símbolo de españolidad lo perciben hasta en Rusia. A continuación, el «Grand Pas Espagnol» del ballet Raymonda, opus 57 (1898), acto II, escena 3, de Aleksandr K. Glazunov:

 

Lo que por ahí fuera se conceptúa como ‘vals español’ es una jota. Pero mientras los austríacos no hacen sino promocionar sus valses straussianos (¿quién no conoce los valses de la dinastía musical de los Strauss?), nosotros, en vez de divulgar la jota o vals español, lo que hacemos es contender acerca de si es símbolo de catalanidad por oposición a símbolo de españolidad. Pathetisch.

 

Otra cultura catalana nacionalista

Sin duda —vengo demostrándolo hace rato—, existió otro nacionalismo cultural catalán. El de mayor calidad artística, de hecho: el que no se quedó en un ámbito doméstico, local o regional, sino que tuvo influencia y proyección nacional e internacional. El de los compositores catalanes de finales del siglo XIX y principios del XX que fueron, no los únicos, pero sí los primeros e importantísimos creadores de la música nacional española, los que abrieron el camino a los que siguieron.

Puesto que la danza española estilizada opera conjuntamente con la música de compositores españoles o extranjeros españolizantes, es muy difícil concebir esa danza desprovista de la música adecuada. Algo así como que no acaba de comprenderse la conexión entre bailarines con castañuelas, abanicos, capas, botas y zapatos de español accionando dancísticamente con música de George Gershwin. Pero cosas veredes.

Y ese complejo concepto relacional de ‘música apropiada para la danza española estilizada’ empieza con un musicólogo y compositor catalán de Tortosa, y prosigue por otro músico catalán de Camprodón, por un tercer músico catalán de Lérida y un cuarto músico catalán de Collbató. Ayer mismo, sin ir más lejos, una maestra de danza española estilizada del madrileño Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma me pidió que tocara «Asturias» de Albéniz para un ejercicio de braceo con castañuelas. Eso, ayer. Mañana, los catalanes votan en sus elecciones al Parlamento de Cataluña, elecciones cuyo resultado se ha venido asociando a una especie de soterrada votación plebiscitaria sobre la independencia tanto por los políticos como por los medios de comunicación. Veremos qué sale.

Ciertamente, es imposible comprender la música española de alta cultura y, subsecuentemente, la danza española de alta cultura sin las aportaciones artísticas de esos catalanes los cuales, lejos de tener una visión estrecha limitada a su pequeño terruño, manifestaron un gran amor por todas las músicas y danzas que latían en la piel de toro, ya fueran de Galicia o de Almería, ya de Mallorca o de Sevilla, ya de Valencia o de Asturias. Esos compositores catalanes que hacían música nacional española.

Y como yo no pienso volverme mico por culpa de los políticos, iluminados, visionarios, ignorantes, trastocados, &cétera, de turno, seguiré leyendo a Pedrell y tocando Albéniz, Granados y Vives en las clases de danza española estilizada del madrileño conservatorio donde trabajo. Y si el día de mañana Cataluña no forma políticamente parte de España, en lo que me atañe esos compositores seguirán estando vinculados artístico-culturalmente a la danza española por varias razones. En primer lugar, porque la retropolación es un fallo lógico: cuando esos músicos establecieron su programa estético-artístico, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, sí que eran españoles y españolistas. En segundo lugar, porque distingo entre el nacionalismo político y el nacionalismo cultural. En tercer lugar, porque, según he comprobado, la gente de danza española no suele conocer o recordar que Albéniz y Granados eran catalanes (con lo que evitamos suspicacias. Todo el mundo asume que son españoles, a secas). En cuarto lugar, porque ya me sé unas cuantas obras de Albéniz, Granados y Vives, y no voy a tirar por la borda el repertorio que me he metido en el cuerpo a base de horas de estudio (esta es una razón de naturaleza práctica). En quinto lugar, porque es una música bellísima. (Esa razón debería estar en primer lugar. Añado que también me hincho a tocar Federico Mompou en el cónser [la entrada del Ball del Ciri es el segundo tema de su Canción y danza IV], y este año me he dado a analizar partituras de Xavier Montsalvatge i Bassols para introducir su música en las clases de danza española estilizada).

Si algún día, en una irracional retropolación, se considera que Albéniz, Granados, Vives… no fueron compositores españoles, sino catalanes, o sea, de otro país/estado/nación o llámese hache, pasarán a pertenecer a la categoría de compositores extranjeros españolizantes, como el Rimsky del Capricho español, y seguirá utilizándose su música para acompañar la danza española estilizada. Pero, la verdad, me gustaría preguntar hic et nunc a Felipe Pedrell, a Isaac Albéniz, a Enrique Granados y a Amadeo Vives qué piensan o, más emotivamente, qué sienten en lo tocante a la situación político-cultural a la que hemos llegado en nuestros días…

Qué decadencia. Qué país, qué paisaje y qué paisanaje.

Actualización (26 de octubre de 2015).—Declaraciones de Xavier Albertí i Gallart, director del Teatre Nacional de Catalunya:

 

Declaraciones entre los minutos 0:50 y 1:34 (mi traducción. Los anacolutos no son míos, son de Albertí):

[…] una de las últimas investigaciones profundísimas y trascendentales investigaciones que [cierta directora de orquesta que atiende por Wanda Pitrowska] está llevando a cabo en las que se demuestra que el origen de todas las músicas del mundo… es catalán.

Ella está estudiando los cuartetos de Haydn, está estudiando las sinfonías de Beethoven, está estudiando los Intermezzi de Brahms… y ha encontrado estructuras melódicas e interválicas que están en el interior de las raíces de las canciones populares catalanas.

Realmente es para nosotros, como catalanes, ver una vez más que de nuestra cultura popular ha surgido una… atmósfera mundial de creación es un privilegio, es un orgullo y una responsabilidad que tenemos a la hora de transmitirlo a nuestros conciudadanos, y esto lo haremos gracias… a Wanda Pitrowska.

Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, &cétera.

1) Estoy deseoso de conocer las canciones populares catalanas que emplean la escala de blues, las escalas pentáfonas china y javanesa, la gama heptáfona de Siam, los 17 intervalos de la música árabe y los 22 s’rutis de la música hindú, de temperamento desigual. 2) Cum hoc ergo propter hoc (‘la correlación no implica causalidad’), y la falacia de la dirección incorrecta (confusión de la causa por el efecto) son conocidos sofismas que refutan los resultados de tales «profundísimas» y «trascendentales» «investigaciones». 3) De acuerdo con el principio de coherencia externa, no puede tomarse en serio un estudio académico que contradice el grueso del conocimiento científico probado precedente. 4) Es «performanceramente» de coña, ha sido una broma muy graciosa. Fin de la actualización.

 

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4 comentarios

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  1. Una página muy interesante, inteligente y documentada, de las que enriquecen el hiperespacio web.
    Enhorabuena y gracias!
    He de volver a este blog.

  2. Gracias, Antonio. Viniendo la palmada en la espalda de un insigne compositor y pianista como tú, mi corazón palpita como una patata frita. ¡Pero si somos compañeros del cónser, anda que…!, ja, ja, ja, ja, ja. Mañana, echamos el pitillo y unas risas junto a la palmera. Cuídate, abrazo fuerte.

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