THE SPANISH EVENT 2013 (noviembre de 2013)

Baile

Como es de público conocimiento, entre mis múltiples vicios, debilidades y puntos oscuros (tengo muchos) se halla bailar. Sí, lo confieso (probatio probatissima): soy bailongo. Me encanta la danza en diversos estilos y versiones y admiro a los bailarines virtuosos en el ejercicio de su arte; singularmente, a los bailarines de Danza Española. He tenido la fortuna de relacionarme con muchos buenos bailarines y disfrutar contemplando la belleza de su acción dancística. (Aclaración: cuando digo buenos bailarines, utilizo la expresión en un sentido estético y, en contados casos, hasta moral).

En mi adolescencia me gustaba bailar en las fiestas que organizábamos los amigos del instituto. Tengo una hermana que estudió Ballet Clásico, un poco de Danza Española y otras escuelas de danza. Y en Pedagogía Musical se trabajan muchos contenidos relacionados con el ritmo, el movimiento y la danza (pensemos en métodos como La rítmica de Émile Jaques-Dalcroze o la Danza Educativa Moderna de Rudolf von Laban, discípulo del anterior).

La rítmica. Método Jaques-Dalcroze

De modo que desde la edad acneica he estado vinculado al movimiento y la danza de un modo u otro. Al final de esa etapa empecé a inscribirme en diversos cursos (educación no formal) de Danza Española (Estilización y Flamenco, sobre todo, pero también hice un poco de Bolera y Folclore). Asimismo, estudié bastante Baile de Salón y algo de Danza Jazz. Nada con grandes expectativas, considerando que el desarrollo físico-corporal y motor que exige la danza profesional con calidad estética elevada requiere un inicio temprano, base de técnica clásica (colocación-apresto postural, flexibilidad, fuerza, agilidad…), aprendizaje formal, unas diez mil horas de práctica deliberada, &cétera, y en mi caso no se dio ninguno de estos requisitos. Así que, respecto al baile, no he pasado de un estadio aficionado o amateur (es decir, soy amante de la Danza).

Pero el hecho de ser amante de la Danza (¡ojo!, desde la perspectiva práctica, no solo contemplativa) sin grandes expectativas también tiene sus ventajas. No experimento la presión que sufre el alumnado del conservatorio respecto a la obtención de resultados: no estoy obligado a ejecutar una triple pirueta à la seconde sin hacer plié en ningún momento ni cosas así. Con hacer una pirueta sencillita medio bien sin escoñarme, me basta (si llego a hacer dos, pues mejor; y si no, qué se le va a hacer. Maldito eje Tower of Pisa style). Conforme a lo dicho, pongo el acento en el proceso de aprendizaje de la danza, no en su producto (aludo a la muy pedagógica distinción proceso-producto).

He mencionado anteriormente que empecé a bailar en las fiestas adolescentes, con catorce y quince años. Aunque desconozco si fue por influencia de las películas GreaseUrban Cowboy de John Travolta o por otra razón, el caso es que, en la Ibiza de los años ochenta, bailaba danza en línea con mis amistades frecuentemente. Y bailaba danza en línea sin tener demasiada conciencia de que ese era el estilo de baile que practicaba (la típica situación de hacer sin saber lo que estaba haciendo, cual chimpancé; muy mal). Más tarde, la moda cambió, yo crecí… estudio, trabajo, aprendizaje de otros estilos de danza… Lo de la danza en línea & el baile country pasó y quedó en el olvido.

No obstante, no quedó totalmente en el olvido. En distintos momentos de mi vida me he interesado por las clases de danza en línea & baile country aunque, al tratarse de una forma de acción dancística poco conocida y menos practicada en nuestro entorno socio-cultural (se trata de un préstamo cultural importado de Estados Unidos de América), no ha sido fácil rescatar la afición.

Me pregunto si se nota en algo el origen norteamericano del baile country y el rollo cowboy reciclado del look asociado

Pero en los últimos años la he recuperado. El alcance del estilo es limitado: es principalmente baile (psico-) social, no danza de teatro. Aun así, no son despreciables los beneficios que dicha variedad de danza proporciona. Es un medio para moverse un poco y practicar una actividad físico-corporal moderada que evita el sedentarismo. Al estar concentrado en el control del cuerpo en el espacio, uno se ve obligado a desconectar mentalmente de los problemas, preocupaciones y disgustos cotidianos y de las tensiones laborales. Bailar entretiene y contribuye a la generación de encefalinas-endorfinas (neurotransmisores del placer). Al tener que moverse todos juntos en línea, las personas se tienen que integrar en un grupo, coordinando la acción propia con la de los demás. Finalizado el baile, la relación social prosigue con las cañas ulteriores, &cétera. En otras palabras: emergen valores de tipo físico-corporal y motor, psicoafectivos-psicosociales y sociales. Si me animo, en otra entrada de mi ciberbitácora aclararé con más detalle las características de este tipo de danza.

 

The Spanish Event 2013

El madrileño grupo de Line dance & baile country The Crossroaders, liderado por Judy Clericuzzio & Rosa Romero, ha participado en The Spanish Event 2013 celebrado del 15 al 17 de noviembre en Lloret de Mar (Gerona). Se trata de un encuentro internacional anual en el que se reúnen cientos de aficionados y profesionales de la danza en línea & el baile country. Durante el fin de semana se organizan muchas actividades: se enseñan y aprenden nuevas coreografías, hay baile libre a todas horas, shows, conciertos, concursos amistosos y competiciones…

The Crossroaders. De pie: Maribel, Jack, Maguy, Raquel, Judy, Maria. Rodilla al suelo: Ricardo y Malén.

Varios miembros del grupo y el propio grupo como totalidad hemos competido en diversas modalidades de danza individuales y por equipos.

La verdad es que relativizo mucho el valor de dichas competiciones. Observo que gran parte de la gente se las toma muy en serio; yo apenas puedo evitar tomármelas bastante a cachondeo, habida cuenta de que he trabajado durante años con bailarines titulados de conservatorio que darían sopas con honda a casi cualquier participante del Spanish Event, tanto técnica como interpretativamente. Juzgo importante conocer cuál es la situación de cada uno: ¿qué duda cabe de que El lago de los cisnes, El amor brujo o Primavera/Manantial de los Apalaches se encuentran a años luz de la danza en línea & baile country?  (He de advertir que, entre mis principales críticos dancísticos han estado o están Ivars & Julián, la princesa del maestro Granero, el ojito derecho de Elena Algado, la reencarnación de Mariemma, catedráticos y profesores de conservatorios oficiales, titulados de conservatorio y asimilados. Como para consultarles su opinión. Pero como nos caemos bien, son extremadamente benévolos con la crítica: todavía no han declarado abiertamente que mejor me dedico a bailar en el plato de la ducha de mi casa).

Lo de competir no me parece mal. Para empezar, se dan las dos caras de la moneda: cooperación entre los miembros del grupo y competición contra otros equipos. Todo el mundo tiene más o menos un nivel parecido (bastante regular, por decirlo suavemente), así que nadie sale psicoafectivamente perjudicado por la abrumadora superioridad de otros participantes (no hay «humillación»). Y como se rivaliza, hay motivación para progresar y hacerlo mejor (aunque no sea más que para experimentar que no se baila peor que otros), se favorece la creatividad (hay que inventarse coreografías), hay reto, &cétera.

Hablando desde una perspectiva psicológica, también resulta motivador experimentar el orgullo que sigue al éxito en situaciones competitivas. Para pragmáticos gnoseológicos (o sea, para gente que «se lo cree»), debe de ser sumamente gratificante. Como yo soy autocrítico racioempírico, atisbo que en The Spanish Event hay cierta inflación de medallas que, por eso mismo, están sometidas a la ley de Gresham. Pero prefiero ganar, claro está (uno también tiene su corazoncito).

Y, as usually, nos hemos vuelto de Lloret de Mar con unas cuantas medallas. Vencedores en las dos modalidades de competición en las que yo he participado este año.

Ensayo del grupo de baile country madrileño. (Fotografía cortesía de Paloma Flores; me la pasó Raquel Izquierdo)

Por un lado, hemos competido en la categoría teams country, con una coreografía ideada por Rosa Romero. Y por otro lado, en la categoría de coreografía, con una composición realizada por Maria A. Sibila y un servidor. Medalla de oro en ambos apartados, mira qué bien.

Para la competición de teams country, Rosa Romero proyectó una coreografía de unos ocho minutos, en la que combinó ocho fragmentos de diferentes músicas y bailes country y organizó la evolución de los miembros del grupo por el espacio. Formamos líneas paralelas, líneas únicas, cruces diagonales, aspas, puntas de flecha, parejas, etcétera. Aunque, para mi gusto, la coreografía presenta pequeños fallos formales, tales como algunos errores de concertación con la estructura de la música o el abuso de ciertos elementos compositivos en detrimento de otros posibles, 1) donde manda patrón no manda marinero y 2) los intérpretes también metemos la gamba por aquí y por allá (yo me he visto unos cuantos fallos: en un paso, en un brazo, anteversión pélvica al final…). Con todo, el resultado es razonablemente vistoso. Está disponible en este enlace. Hay, además, otro vídeo elaborado por Paloma Flores. Aunque tiene peor calidad, me gusta más, porque hace zooms y se nos ven las caras y la expresión. Es un vídeo editado con mucho cariño —eso se nota— y, por alguna razón que no sé explicar muy bien (tampoco me he parado a pensarla) pero que capto por intuición empática, me resulta especialmente emocionante.

Con relación a la categoría de coreografía, la autora principal de la pieza fue la estadounidense-española Maria A. Sibila. Yo colaboré con ella señalándole algunas cuestiones relativas a la rítmica músico-dancística y sugiriéndole algunas mejoras o cambios en ciertos pasos y en el uso del espacio. También la ayudé con la terminología de los pasos y en la redacción de la hoja del baile. Y, según se comprueba, la cooperación ha triunfado: campeones. Lo cierto es que la obrita presenta unidad y variedad de acciones y es fuertemente cohesiva con la música.

Aunque estaba previsto que presentáramos la coreografía los dos, al final me tocó defenderla a mí (apoyado por el resto del grupo) porque Maria estaba inscrita a la misma hora en una competición individual. En este enlace puede verse el vídeo que enviamos a la organización del evento, en la fase de preselección. Todavía no me han pasado el vídeo de Lloret; lo colgaré más adelante.

En fin, disfrutamos bailando y compitiendo. Y, aunque mis amistades hacen guasa de mi afición a la danza en línea & el baile country (uno me llama el catedrático de country, otro me dice que «dónde me he dejado el caballo»… qué malvados), lo cierto es que últimamente unos cuantos amigos y amigas se han apuntado a clases de baile, y no se les da nada mal. Mucha inhibición es lo que hay. Sobra sentido del ridículo y faltan ganas de divertirse y desparramar. A bailar se aprende, como todo lo demás. Y bailar mantiene el espíritu joven, si lo sabré yo. En suma: una actividad muy recomendable para todas las edades. El año que viene, más y mejor.

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Un comentario

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  1. Cómo me hubiera gustado verte dar una clase de Pedagogía de la Danza tal y cómo estás en la primera foto del artículo!!! qué sexy vaquero! lol 😉

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