Visitando a mi amigo Javier Watson Martín López en Plasencia


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Introducción

Durante estas Navidades de 2014, me monté en la motocicleta —en plena ola de frío, pero es que a uno le gusta la moto— e hice una visita de un par de días a mi amigo Watson (Javier Martín López).
(Digresión: cual prudentísima y furibunda madre, mi amiga Myri me ha preguntado que para qué tengo el coche. Mi respuesta ha sido: «Para dejarlo aparcado en el garaje e ir a Plasencia en moto». Si es que sarna con gusto...).

Teníamos esa visita pendiente desde hacía algún tiempo y, siendo el caso que los dos estábamos de vacaciones y que Javier se hallaba en Plasencia (suceso no demasiado frecuente, ya que trabaja en Valencia), me animé a acercarme a la ciudad en la que pasó su infancia y adolescencia, que no ciudad natal (Javier nació en Salamanca).

Pese a que habían empezado a caer las temperaturas, el cielo estaba despejado. Ni llovía ni había nieve en la carretera. Me puse todo el equipo (camiseta térmica, forro polar, el traje de cuero con forros térmicos, calcetines y guantes de invierno, &cétera). Con semejante equipación, estuve razonablemente a gusto. A la ida, el viaje fue relativamente cómodo y no pasé frío (es decir, no me congelé).

Fui por la carretera M-501/CL-501 hasta Arenas de San Pedro y Candeleda, ingresando en la provincia extremeña de Cáceres por la comarca de la Vera y alcanzando Plasencia por la carretera comarcal EX-203. El camino presenta animadas curvas y tiene algunos trozos propios de un circuito de competición; pero, desafortunadamente, en la comarca de la Vera hay un rosario de pueblos que distan pocos kilómetros entre sí —poblaciones que se extienden a lo largo de la carretera— por lo que hay que conducir muy despacio a causa de la limitación de velocidad y los resaltes y, aparte de ser un engorro, se te baja mucho la media. Al final, entre paradas y demás, tardé como cuatro horas en hacer unos doscientos cincuenta kilómetros. Vaya tela.


Plasencia

Llegué a Plasencia a la hora de comer. Comí con la familia de Javier. Su madre puso de primero una crema que estaba muy rica. Aparte de mí, nadie quiso repetir. Según parece, me gané en ese instante la simpatía de Alicia, la madre de Javier. Tras el café y la sobremesa, Watson se dedicó a hacerme de cicerone por Plasencia, enseñándome piedras y contándome lo más relevante del lugar. A continuación, un resumen de la visita y de las explicaciones de Javi:

Plasencia. Plaza Mayor. Casa Consistorial con el Mayorga en la torre del campanario.—La plaza Mayor de Plasencia es una plaza porticada. El Abuelo Mayorga es un autómata que se encarga de dar las horas. En otros tiempos, esta función la realizaba una persona, que debía subirse por unas escaleras hasta el campanario.

Plasencia. Plaza Mayor. Casa Consistorial con el Mayorga en la torre del campanario

Plasencia. Plaza Mayor. Casa modernista.—Una casa de estilo modernista que hay en la plaza Mayor.

Plasencia. Plaza Mayor. Casa modernista

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI).—Plasencia es una de las pocas ciudades españolas que tiene dos catedrales (Javier recalcó este punto insistentemente. Salamanca y Zaragoza son otras ciudades bicatedralicias). En la imagen se muestra la fachada principal renacentista de la Catedral Nueva, en estilo plateresco.

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI). Fachada principal

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI).—Portada plateresca. En el tímpano del arco, apréciese la inscripción mural roja del vítor o víctor, emblema conmemorativo de la obtención del título de doctor (confío en que sea el vítor de Salamanca y no la versión franquista).

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI). Portada plateresca

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI).—Detalle de la calavera de la Orden Jerónima (tópico del memento mori).

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI). Detalle de la calavera de la Orden Jerónima

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI).—Estructura sin rematar.

Plasencia. Catedral Nueva (siglo XVI). Estructura sin rematar

Plasencia. Catedral Vieja (siglos XII-XIII).—Portada románica del siglo XIII con arco de medio punto y arquivoltas coronadas por hornacina y rosetón. A la izquierda, espadaña con nido de cigüeñas.

Plasencia. Catedral Vieja (siglos XII-XIII). Portada románica

Plasencia. Casa del Deán (siglo XVII).—Fábrica de sillería. Portada adintelada con columnas toscanas y balcón en esquina coronado con escudo monumental.

Plasencia. Casa del Deán (siglo XVII)

Plasencia. Casa del Deán (siglo XVII).—Balcón neoclásico de orden corintio en ángulo. Por detrás y hacia la izquierda se distingue, anexa a la Casa del Deán, la Casa del Doctor Trujillo (palacete gótico)

Plasencia. Casa del Deán (siglo XVII). Balcón en ángulo

Plasencia. Casa del Doctor Trujillo (Palacio de Justicia).—Ventana con el motivo ornamental de las bolas abulenses.

Plasencia. Casa del Doctor Trujillo (Palacio de Justicia). Ventana con el motivo ornamental de las bolas abulenses

Plasencia. Palacio de Monroy o Casa de las Dos Torres.—De las dos torres, solo queda una en pie; la otra, amenazando ruina, fue demolida. Data de principios del siglo XIV.

Plasencia. Palacio de Monroy o Casa de las Dos Torres. Torre

Plasencia. Casa de las Dos Torres.—La portada gótica es original del siglo XIII; el resto de la fachada, una reconstrucción neogótica-modernista de principios del siglo XX.

Plasencia. Casa de las Dos Torres. Portada gótica

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo y Convento de San Vicente Ferrer.—La fachada de la iglesia de Santo Domingo es del año 1577. El Convento de San Vicente Ferrer, que data del último tercio del siglo XV, alberga actualmente un parador de turismo.

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo y Convento de San Vicente Ferrer

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Órgano.—El organero Francisco de Yustas construyó el órgano de la iglesia en 1756. El instrumento necesita una profunda restauración. Conforme a los usos de la organería ibérica, la llamativa trompetería o registro de lengüeta está dispuesto horizontalmente y dirigido hacia el exterior.

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Órgano

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Retablo del altar mayor.—El retablo del altar mayor de la Iglesia de Santo Domingo es un buen ejemplo de composición manierista de finales del siglo XVI.

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Retablo

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Exposición «La Semana Santa de Plasencia».—La Iglesia de Santo Domingo o de San Vicente Ferrer contiene una exposición permanente de la unión de cofradías de la ciudad titulada «La Semana Santa de Plasencia».

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Exposición «La Semana Santa de Plasencia»

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Exposición «La Semana Santa de Plasencia».—La exposición «La Semana Santa de Plasencia» muestra una de las colecciones de imaginería religiosa más importantes de Extremadura. Los ciudadanos de Plasencia viven la Semana Santa con gran devoción.

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Exposición «La Semana Santa de Plasencia». Imaginería religiosa

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Bóveda de tracería.—La iglesia es de estilo gótico (muy) tardío. El abovedamiento se realiza por medio de nervios rectos y curvos con diferentes soluciones para cada tramo.

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Bóveda de tracería

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Nacimiento (belén).—Conforme a las fechas en las que realicé la visita, en la Iglesia de Santo Domingo tenían montado un belén con faraón egipcio y todo.

Plasencia. Iglesia de Santo Domingo. Nacimiento (belén)

Plasencia. Convento de San Vicente Ferrer. Claustro y artesonado.—En el claustro del convento (actual parador de turismo) se conservan restos del primitivo artesonado mudéjar.

Plasencia. Convento de San Vicente Ferrer. Claustro y artesonado

Plasencia. Convento de San Vicente Ferrer. Javier posando en el claustro.—Una fotografía que hice de Javier en el claustro del Convento de San Vicente Ferrer, antes de irnos a tomar un café y ver la «escalera al aire» (se me olvidó hacerle una foto al cuerpo de escalera renacentista volada, ¡maldición!). Nótese que el kravmagista y mortífero Javier tiene tan interiorizada la posición de defensa que pone la barbilla baja hasta para posar.

Convento de San Vicente Ferrer. Javier posando en el claustro

Plasencia. Río Jerte.—El río Jerte a su paso por Plasencia. Tengo entendido que en la otra orilla del río se extiende una barriada chunga...

Plasencia. Río Jerte

Plasencia. «Monumento al contribuyente».—Javier y yo ignoramos el título de la obra escultórica; no figura ninguna placa ni inscripción en ella. Conque Javi bautizó el monumento con el grupo preposicional «Al contribuyente», ja, ja, ja. (Yo añadí que el que está de pie es el Ministro Montoro). El título lo dice todo...

Plasencia. «Monumento al contribuyente»

Plasencia. Plaza Mayor. Ambiente nocturno.—Había ambiente por la noche en la plaza Mayor de Plasencia. Cenamos en un restaurante de la plaza. A propósito: según el color del cielo de la imagen, la noche placentina es una noche americana.

Plasencia. Plaza Mayor. Ambiente nocturno

Plasencia. Plaza Mayor. Ricardo posando ante un árbol de Navidad.—En la imagen poso ante un árbol de Navidad «plantado» en la plaza Mayor de Plasencia. Obsérvese el rompimiento de gloria que se vislumbra por el lado izquierdo.

Plasencia. Plaza Mayor. Ricardo posando ante un árbol de Navidad

Plasencia. Plaza Mayor. Ricardo tocado por los dedos de Dios.—En esta instantánea se aprecia mejor el rompimiento de gloria y como soy tocado por los dedos de Dios (las ráfagas de luz que me apuntan y descienden sobre mí desde el ángulo superior izquierdo). Esta situación se repetirá, como veremos más adelante. Es porque soy un ser de luz (perfundet omnia luce), no como otros que yo me sé...

Plasencia. Plaza Mayor. Ricardo tocado por los dedos de Dios

Valle del Jerte

La penetración en la Península de un frente polar causó durante la madrugada del martes 30 de diciembre de 2014 un acusado descenso de las temperaturas, las cuales registraron valores bajo cero en la zona. Nueve comunidades autónomas estaban en alerta por riesgo de temperaturas muy bajas y heladas intensas. El tiempo no era precisamente el ideal para circular en moto. Tampoco teníamos intención de hacerlo, pues preferíamos ir en coche de charleta y comentando.

El amabilísimo padre de Javier nos prestó su (motorizado) Jaguar para recorrer diversas poblaciones por los alrededores de Plasencia. Bien que Javi tiene coche propio, la verdad es que uno va muy a gusto en una lujosa berlina de casi cinco metros de longitud con cambio de marchas automático, tapicería de cuero, climatizador diferenciable para el conductor y el acompañante, y resto de gadgets que el vehículo incorpora (y dando no poco el cante: ¡menudo cochazo! Javier y yo parecíamos un par de potentados).

Desmonté el «tonto» (TomTom Rider) de la motocicleta y ejercí mis funciones de copiloto con responsabilidad y destreza, mientras Javier pilotaba la máquina con gran pericia. En plata: que Javi conducía y yo programaba el sistema de navegación, como hemos hecho otras veces (por ejemplo, en nuestro viaje por Italia con Sergio). Nuestra singladura comenzó por la comarca del valle del Jerte.

Valle del Jerte. Jerte. Río Jerte.—Plasencia es la puerta del valle del Jerte. Plasencia y la localidad de Jerte distan casi cuarenta kilómetros por una carretera que discurre por el interior del estrecho valle, la N-110. Desde esta vía se contemplan magníficas vistas de la comarca.

La fotografía capta el río Jerte a su paso por la villa de Jerte, enclavada en el valle del Jerte. Más homonimia, imposible. Mi cara de foto con sonrisa sardónica se debe, aparte de que no ganaría el campeonato mundial de fotogenia, a que de buena mañana hacía una rasca tremenda.

Valle del Jerte. Jerte. Río Jerte

Nos dimos una vuelta por la localidad, que no tiene nada digno de mención, salvo el río (el interés del municipio reside en sus valores naturales). No obstante, hay que destacar la acogedora amabilidad de los lugareños cuando nos paramos a desayunar en un café del pueblo.

Valle del Jerte desde Casas del Castañar. Vista panorámica.—Sin salir de la provincia de Cáceres, nuestro siguiente destino era el Monasterio de Yuste, junto a la localidad de Cuacos de Yuste, en la contigua comarca de la Vera, al otro lado de la montaña.

Recreando el tramo final del último viaje del rey Carlos I, Javier hubiera preferido trasladarnos por la torcedera carretera de Garganta la Olla, la cual, trazada por lo alto de la sierra de Tormantos en el macizo de Gredos, atraviesa el puerto de Piornal. Sin embargo, las bajas temperaturas desaconsejaban esta opción, pues existía un elevado riesgo de encontrar placas de hielo en la calzada y no era plan derrapar con el Jaguar paterno y despeñarnos por un barranco (no por nosotros, sino por el coche). Así pues, en un alarde de prudencia y savoir-faire, Javier tomó la decisión de deshacer parte del camino andado y desplazarnos al Monasterio de Yuste por la más segura carretera CC-86, que pasa por Casas del Castañar y Cabrero, en las estribaciones de Gredos.

En Casas del Castañar hay un mirador desde el que se contemplan panorámicas vistas del valle del Jerte.

Como es sabido, en el valle del Jerte predomina el cultivo de cerezas con denominación de origen. La época adecuada para visitar la comarca no es diciembre, sino primavera, cuando los cerezos están en flor y cubren el valle con un manto blanco que evoca un paisaje japonés y permite practicar una variante patria del nipón hanami. (Digresión: en el pla de Corona [Ibiza] existe una versión payesa de lo mismo, pero con almendros en vez de con cerezos).

En invierno, el aspecto del valle era un poco desolado, porque se advierten los resultados de varios incendios forestales, que traen origen de la sequedad de la vegetación y la caída de rayos, y no se deben tanto a la acción humana («cuando un bosque se quema, algo tuyo se quema». Por razones ambientales, jurídicas, estéticas, &cétera, hay que estar muy tarado para pegarle fuego al bosque voluntariamente). Conforme a lo dicho, predominaban las tonalidades marrones y cenicientas en el paisaje.

Valle del Jerte desde Casas del Castañar. Vista panorámica

Monasterio de San Jerónimo de Yuste

Aunque ya no andaba muy fino desde 1543, en el trienio 1554-1556, a Carlos I de España le dio el típico arrebato ese de la senectud. Su estado físico, su salud y su estado psicológico no eran buenos: desgastado por tanta guerra, aquejado de gota (con crisis agudizadas por un estilo de vida poco saludable y una nutrición desequilibrada —demasiado alcohol [era bastante cervecero], demasiada carne roja, demasiado marisco, demasiados alimentos ricos en purinas—) y desencantado, abatido y cansado de tanto conflicto político-religioso-militar (esto es España, es decir: dos españoles, tres opiniones), entró en un periodo introspectivo, haciendo balance y cuestionándose casi todos los aspectos de su vida y sus creencias y valores. La verdad es que, examinado el retrato de sus cincuenta años, se le ve muy envejecido: desdentado y con aspecto de un anciano de setenta años.

Total, que el Viajero decide abdicar y apartarse del mundanal ruïdo. En el monasterio hay un cuadro que plasma la escena del acto oficial de abdicación. Con relación a lo de apartarse del mundanal ruïdo, lo hizo a medias, porque seguía informado de los acontecimientos sociopolíticos, despachaba de vez en cuando, escribía cartas en las que tocaba asuntos de Estado y daba consejos de gobierno a su hijo Felipe II frecuentemente, &cétera.

El motivo que impulsó a Carlos I a retirarse concretamente al Monasterio de San Jerónimo de Yuste fue que le habló de él su chambelán, compañero de armas y fiel amigo personal Luis de Ávila y Zúñiga, marqués consorte de Mirabel. El placentino Luis de Ávila vivía en el palacio de Mirabel (Plasencia) y, por consiguiente, conocía el Monasterio de Yuste, cerca de su localidad de origen. Es un hecho empírica y documentalmente comprobable que Plasencia y los placentinos han tenido su peso en la historia de España (esto que pongo le gustará a la madre de Javier, que siente cariño por su patria chica). Dado el buen clima de la zona, a de Ávila le pareció un lugar adecuado para mejorar la gota de Su Majestad Cesárea y, debido a lo apartado del convento, Carlos I podría descansar y dedicarse a la vida monástica, leer, oír misa a diario —se abrió una ventana que conectaba directamente su dormitorio con el altar mayor de la iglesia—, &cétera. Lo entiendo a la perfección porque yo hubiera hecho algo parecido (por lo general, suelo estar más a gusto relacionándome con objetos ideales o constructos que con sujetos materiales o individuos), pero aquí o aquí (a mí me va más la ermita que el cenobio). Y sin séquito humano, claro está (aunque, en lo que me atañe, mi posible séquito humano = Ø, {}). Ahora bien: me traslado entera mi biblioteca.

El Monasterio de San Jerónimo de Yuste no estaba preparado para recibir a el Ausente y a sus criados, por lo que trabajos de ampliación y reforma fueron acometidos, incluyendo obras hidráulicas de consideración (abastecimiento de agua, fuentes, estanques). La población de Cuacos de Yuste, en las cercanías del cenobio, fue el lugar de asentamiento del séquito en parte extranjero (las esponjas chupadoras, según certero dardo del cronista Pedro Mártir de Anglería, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, me troncho de risa con el apodito), razón por la cual en la zona queda un residuo cultural flamenco-borgoñón (flamenco de Flandes, no de arsa que toma y olé) visible en ciertas casas del pueblo y en algunos apellidos que han tenido continuidad. El séquito estaba constituido por entre treinta y cincuenta personas.

Acompañado de un reducido número de servidores (entre los que destacaré al matemático e ingeniero Juanelo Turriano, encargado de fabricar relojes y otros artefactos mecánicos a los que era aficionado el ex-soberano), Don Carlos llegó a Yuste la tarde del 3 de febrero de 1557, tras una estancia de casi tres meses en el vecino Castillo de los Condes de Oropesa (actual Parador de Turismo de Jarandilla de la Vera) esperando a que sus aposentos de Yuste fueran acondicionados para alojarle (ya se sabe que, en nuestro país, las obras duran el doble y cuestan el triple de lo proyectado). Pese a albergar a tan egregio huésped, el ya Monasterio y Casa Real de Yuste, perteneciente a la ibérica Orden de San Jerónimo —estrechamente vinculada con la Corona—, es bastante austero en comparación con otros reales sitios (estoy pensando en una «Sala de Porcelana» de Aranjuez, por ejemplo). El argumento de que se trata de una construcción religiosa es muy débil porque 1) hay edificaciones religiosas realizadas y decoradas con un lujo exuberante y 2) la naturaleza del inmueble devino mixta (religiosa y civil); y tampoco se debe a una cuestión de estilo, porque el estilo Príncipe Felipe se caracteriza por una prolífica decoración (véase, sin ir más lejos, la decorada portada de la Catedral Nueva de Plasencia, en esta misma página web de fotos comentadas). Es que el edificio es más sobrio y ya está; desde luego, no alcanza la magnificiencia del Real Monasterio y Palacio de El Escorial ni de lejos, pero es coherente con el estilo de vida sencillo que deseaba Carlos I para el fin de sus días. Cercado por un muro de mampostería granítica (la «Cerca de San Jerónimo»), se accede al recinto por el portón que hay detrás de mí:

Monasterio de Yuste. Entrada

Maravilla de las maravillas: accedí gratuitamente porque me aplicaron la tarifa reglamentaria «profesores en visita individual con carné de docente». Por consiguiente, solo pagamos la entrada de Javi (9 €uros por visita guiada). La visita guiada merece la pena porque la guía te lo explica todo bastante bien y con cierta gracia (va salpicando los hechos históricos con anécdotas, comparaciones actualizadas y, de forma más discutible, alguna opinión personal, pero se nota que ha estudiado el tema).

Monasterio de San Jerónimo de Yuste. Claustro gótico.—Se pueden distinguir dos partes en el edificio: la religiosa, correspondiente al primitivo y posteriormente ampliado monasterio, y la palaciega, constituida por el Cuarto Real (Gaspar de Vega, Alonso de Covarrubias, Fray Antonio de Villacastín y Fray Juan de Ortega, 1554-1555) adosado al muro meridional del convento y destinado a residencia del abdicado rey (don Carlos se hizo construir un chalé adosado). Aparte del refectorio, las celdas de los monjes y demás, en el monasterio destacan tres elementos constructivos: el claustro gótico de finales del siglo XV, y una iglesia (1508-1525) y un claustro renacentistas, ambos del siglo XVI. Como ya se ha especificado, las dependencias reales también son del siglo XVI, pero de mediados de siglo.

En la siguiente imagen, tomada por Javier mientras yo hago de modelo fotográfico, me solazo apoyado en una fuente del siglo XVI ubicada en el primigenio claustro gótico. La galería porticada presenta una arquería resuelta con arcos carpaneles o apainelados, ligeramente más rebajados los de la planta superior. Precisamente, el origen y la mayor difusión de esta clase de arco se dieron a finales del gótico. Los pilares cilíndricos en los que apoyan los arcos no disponen de capitel y el conjunto está prácticamente exento de decoración.

De planta rectangular, el patio se estructura en cuatro ajardinados rectángulos inscritos —tres de ellos realzados por sendos cipreses— que convergen en dicha fuente central, probablemente realizada por el ingeniero Juanelo Turriano cuando llevó a cabo la reforma de la conducción de aguas.

Monasterio de Yuste. Claustro gótico

Monasterio de San Jerónimo de Yuste. Claustro renacentista.—Por el Este y contiguo al claustro gótico se halla el claustro renacentista, también llamado nuevo o plateresco. Es asimismo de dos pisos, como el gótico, pero de planta más cuadrada. Parafraseo de una placa explicativa: se construyó a mediados del siglo XVI (refino: según he leído en otras fuentes, aunque trae origen del primer cuarto del siglo XVI, sufrió algunos cambios importantes al incorporar los frentes meridional y oriental a la residencia de don Carlos). Las obras se realizaban progresivamente en función de los recursos económicos disponibles. Para su terminación fue fundamental el aporte de Felipe II. Una vez terminado, pasó a ser el claustro principal o procesional, y el gótico quedó como claustro secundario. Cito:

En la planta baja tiene arcos de medio punto y en la superior arcos rebajados [exactamente, del tipo escarzano o corvado] y columnas con capiteles jónicos de motivos vegetales. Las enjutas de ambos pisos se decoran con blasones con los símbolos de la orden jerónima —el león y el capelo cardenalicio de San Jerónimo—; con los atributos de la Pasión, y con los emblemas heráldicos de las familias protectoras del Monasterio de Yuste: los Zúñiga (banda con cadenas), los Toledo (jaqueles orlados de castillos y leones), los Figueroa (hojas de higuera) y los Guzmán (calderos).

Monasterio de Yuste. Claustro renacentista. Escudos de familias protectoras

En la fotografía superior se distinguen los escudos conservados de las familias protectoras del monasterio —Zúñiga, Toledo, Figueroa y Guzmán— justo encima de los capiteles de la planta baja, decorados con volutas y guirnaldas renacentistas. El patio está presidido por la fuente que se dirá a continuación.

Prosigo citando:

En el centro vemos la fuente de planta octogonal, con taza sobre columna con capitel jónico y cabezas de angelotes de los que surgen los surtidores. Posiblemente fue realizada durante la estancia de Carlos V.
En el lado norte de la galería baja destaca un pequeño pórtico con arco de medio punto sobre pilastras y remate de tres pináculos.

Monasterio de Yuste. Claustro renacentista. Pequeño pórtico con pináculos

Ese pequeño pórtico con arco de medio punto sobre pilastras y remate de tres pináculos es una especie de puerta a otra dimensión, un artefacto extraterrestre o sobrenatural que pone de manifiesto la verdadera esencia de los individuos. Cuando pasaban otras personas, no ocurría nada especial; mas cuanto atravesé yo el portillo, mi cabeza empezó a refulgir con extraordinario esplendor. Siempre he dicho que soy un ser de luz (el principal lema [incompleto] de mi profesión es perfundet omnia luce, [...] «irradie/irradiará todas las cosas con su luz»), no como otros, que se sienten profundamente atraídos por lo oscuro (Darth Vader, el Padrino y análogos). Por fin dispongo de pruebas documentales de mi capacidad lumínica y mi luminosa potencia:

Monasterio de Yuste. Ricardo refulgiendo

Compárese la luminosidad de la arcada cuando yo no estoy bajo el arco y cuando lo atravieso. Por si hay alguna duda, Javier hizo zoom con la cámara. Se observa de forma manifiestamente patente que todo mi alrededor está mucho más oscuro y mi deslumbrante aura o parapsicológico halo rutila con fulgor. Las fotografías no han sido manipuladas ni está el Photoshop de por medio. A mí no me sorprende tanto: como digo, soy un ser de luz (aunque apagándose por momentos, rollo enana blanca).

Monasterio de Yuste. Ricardo envuelto en luz

La rampa que aparece en la siguiente instantánea constituía el acceso privado de don Carlos a su vivienda, en la planta noble del edificio. El inclinado puente comunica el Cuarto Real con los jardines, la huerta y el estanque. Se construyó para poder bajar al jubilado rey en litera, dado que presentaba una movilidad reducida debido a los recidivantes ataques gotosos. (A propósito: el arcón imperial con el que Carlos I fue trasladado a hombros desde Laredo [Cantabria] a Yuste [Cáceres] y que está expuesto en las habitaciones de la casa-museo es como el clásico cochecito de bebé, con su cubierta y todo, pero sin ruedas y a escala adulta).

Al fondo, aparezco descansando (stand at ease) cual guardia imperial de tercera división (el letal es Javier; yo es que soy como más conciliador de natural. Pero si hay que batirse... calamus gladio fortior, «¡cuánta diferencia vaya de mojar la péñola de la tinta a teñir la lanza en la sangre, y estar rodeados de libros o estar cargados de armas, de estudiar cómo cada uno ha de vivir o andar a saltear en la guerra para a su prójimo matar!» (Antonio de Guevara: Reloj de príncipes) y «la pluma es más poderosa que la espada».

A mi espalda, de fábrica de ladrillo y sustentado por dos filas de cinco columnas graníticas de orden toscano sobre pedestales de ladrillo, el porche o terraza cubierta de la casa-palacete, obra del maestro Gaspar Hernández. Desde esta adintelada logia doble (abierta al Oeste y al Sur) se contemplan agradables vistas del paraje, por lo que era muy del gusto de don Carlos.

Monasterio de Yuste. Ricardo descansando en la rampa del Cuarto Real

¡Mira qué guapo sale Javier con esa cara de actor hollywoodiense que pone...!

Monasterio de Yuste. Javier con cara de actor hollywoodiense</i>

Carlos I murió el 21 de septiembre de 1558 (año y medio después de su llegada al monasterio) de malaria o paludismo, enfermedad transmitida por una mosquita del género Anopheles proveniente del estanque cercano en el que el ex-monarca se dedicaba a la pesca de tencas y truchas. Tiene su aquel que, habiendo sobrevivido a no sé cuántos conflictos armados y a las conspiraciones de la intrincadísima política europea, una magnicida mosquita fuera el vector que se acabara con la vida del Emperador-Rey de las Españas.

Prosiguiendo con la teoría conspiratoria (en realidad, una radicalmente constructiva hipótesis, pero es que la visita al monasterio ha estimulado mi imaginación desenfrenada), en el regicidio estuvieron implicados, además de la mosquita, el relojero Juanelo Turriano (el relojero siempre es sospechoso. El más tonto fabrica relojes, o sea), que fue quien se encargó de las obras hidráulicas del sitio (sin aguas estancadas no hay paludismo, pues el bicho no resiste la sequedad. El maldito estanque recibió el nombre de «Quadrante de Janelo»), así como Luis de Ávila, por cuanto el lugar era una zona endémica de malaria, y de Ávila debía de saberlo. Ya estoy viendo la maquinación en mi mente: Luis: —Traemos a Charlie [nombre en clave] a Yuste, una zona endémica de malaria. [A Juanelo]: —Tú le montas un ameno estanque para su recreo y, de paso, para favorecer la reproducción de Anopheles y dejamos que la naturaleza haga el resto. Creativamente retorcido, pero eficaz, a la par que paranoicamente inverosímil —pero ya tenemos tema para un thriller, ahora que están tan de moda las películas y series históricas (Juana la Loca, Isabel, Alatriste, el thriller sobre la peste en Sevilla en el siglo XVI de Movistar TV...). El arte consiste en hacerlo creíble. Dejo a Javi la redacción del guión, que le gustan estas cosas. Echamos mano de Sergio y Javier Naya y se lo vendemos a Mediaset España.

En la siguiente imagen contemplo el «Quadrante de Janelo», el estanque diseñado por Juanelo Turriano para regar los huertos, para la pesca recreativa de Su Majestad Cesárea y del que emergió, malhadadamente, la funesta mosquita.

Monasterio de Yuste. «Quadrante de Janelo». Estanque del que emergió la magnicida mosquita <i>Anopheles</i>

Con el respeto, miramiento, consideración y admiración que hemos sentido históricamente y sentimos en la actualidad los españoles por nuestro patrimonio artístico-cultural (en alto porcentaje, grafiteado, vandalizado y hecho polvo: una vergüenza nacional. Mira que hay que ser cateto, palurdo y egocéntrico), as usually lo que estamos viendo en nuestros días es una reconstrucción del conjunto arquitectónico llevada a cabo a mediados del siglo XX por la Dirección General de Bellas Artes atendiendo al proyecto original, porque el edificio estaba completamente arruinado y era percibido como una mera cantera, convenientemente saqueada o expoliada.

En honor a la verdad, hay que apuntar que los principales autores del ignominioso estrago fueron las tropas de Napoleón huyendo en retirada después de la batalla de Talavera de la Reina (una prueba más de la irracionalidad de la guerra). Pues te retiras y ya está, no hace falta que quemes el monasterio-cuarto real. Pero, no: hay que vengarse y ensañarse y hacer todo el máximo daño posible, para joder y en plan política de tierra quemada. O como cuando el gobierno islamista talibán ordenó la destrucción de los Budas gigantes de Bāmiyān en 2001, después de haber permanecido en pie casi intactos durante unos mil quinientos años.

Todo esto me enciende y me pone enfermo. Me supera. Es algo visceral, físico-corporal y psicológico. Me hiperactiva el sistema límbico. Me excita la amígdala cerebral. Me irrita profundamente No cuidemos o destruyamos todo nuestro patrimonio histórico-artístico-cultural y, al final, lo que tendremos será nada. Destruir, se destruye en un día, si no en minutos; construir, cuesta mucho. Preservar, proteger, promocionar, valorar, transmitir y revitalizar nuestro patrimonio cuesta más. Ya no digamos reconstruirlo-restaurarlo. Bien por el insigne Doctor Arquitecto-Restaurador José Manuel González-Valcárcel. No sigo porque me da el ataque. Hala, ya me he explayado, que para eso esto es mi sitio web y vivo en un país en el que se supone que hay libertad de expresión (sobre lo que habría mucho que discutir, pero vale).

No dejan hacer fotografías más que de los espacios exteriores, por lo que no pudimos tomar ninguna foto ni de la iglesia, ni de las dependencias de Carlos I, decoradas con los tapices, pinturas y objetos con valor sentimental que se hizo traer (un reloj, una ballesta, una espada ceremonial, &cétera).


Jarandilla de la Vera

Para completar nuestra reconstrucción de la parte final del imperial-regio-holohispánico viaje, a iniciativa de Javier comimos en el Parador de Turismo de Jarandilla de la Vera. Como se ha mencionado, la organización y las instalaciones del actual parador ocupan el antiguo Palacio-Castillo de los Condes de Oropesa. (Atención: no confundir este con el homónimo Palacio-Castillo de Oropesa en Toledo [he editado y corregido la denominación en el correspondiente artículo de la Wikipedia, que estaba equivocada. La Wikipedia tiene muchísimos errores y su fiabilidad deja epistémicamente bastante que desear]. En el siglo XV, Fernando Álvarez de Toledo y Herrera era señor de Oropesa (Toledo) y señor de Jarandilla (Cáceres); al fin y al cabo, ambas poblaciones solo distan unos cuarenta y siete kilómetros en línea recta. El señorío de Oropesa devino condado el 30 de agosto de 1477 por concesión de los Reyes Católicos. Consiguientemente, el hijo de Álvarez de Toledo y Herrera —Fernando Álvarez de Toledo y Zúñiga— ostentó los títulos de Conde de Oropesa y Señor de Jarandilla. El señorío de Jarandilla fue ulteriomente promovido a marquesado, pero eso sucedió el 8 de marzo de 1599 bajo el reinado de Felipe III, con posterioridad a las fechas que nos interesan. El punto es que los títulos nobiliarios de Oropesa y Jarandilla han estado históricamente vinculados; que, además, en ambas poblaciones la Casa de Álvarez de Toledo —los Alba mayores— erigieron sendos castillos-palacios y que ambos castillos-palacios devinieron paradores de turismo con el tiempo: el de Oropesa se ha convertido en el Parador de Oropesa Virrey Toledo; y el de Jarandilla, en el Parador de Jarandilla Carlos V).

Según parece, el 30 de mayo de 1360 la ciudad de Plasencia compró al monarca Enrique II de Trastámara la villa de Jarandilla, junto con Jaraíz, Segura y la Gargantilla, por 19 700 maravedís. Imagino que fueron los pastos; antiguamente, la Vera era conocida como la Vera de Plasencia. Conjeturo que se alude al alfoz de Plasencia porque he leído que en 1369 Enrique el de las Mercedes concedió el señorío de la villa a los Álvarez de Toledo (no he comprobado el dato) y, de hecho, en 1390 hubo pleitos entre la ciudad de Plasencia y el II Señor de Oropesa y Jarandilla por una cuestión de términos: la ciudad extremeña se quejó al rey Juan I de Castilla (el último rey coronado, no proclamado) «[...] de los abusos y usurpaciones a que se ve sometida por parte del Señor de Oropesa: [...]. Juan I resolvió la situación inclinándose a favor de las reivindiaciones de Plasencia y ordenando a Fernán Álvarez de Toledo que [...] no molestara a los vecinos de esa ciudad» (Alfonso Franco Silva: La fortuna y el poder. Estudios sobre las bases económicas de la aristocracia castellana [s. XIV-XV]. Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1996, pp. 144-145). Para seguir mejor la evolución de los Álvarez de Toledo, he elaborado la siguiente tabla:


Cuadro 1. Evolución de la Casa de Álvarez de Toledo
Número Nombre Oropesa (Toledo) Jarandilla (Cáceres) Observaciones
I Garci/García Álvarez de Toledo y Meneses I señor I señor 1339-1370
Gran Maestre de la Orden de Santiago (1359-1366)
II Fernán/Fernando Álvarez de Toledo y Loaysa II señor II señor † 1398
En 1390 tuvo pleitos con la ciudad de Plasencia
III Garci/García Álvarez de Toledo y Ayala
(hijo de Leonor de Ayala)
III señor III señor † 1.º de febrero de 1430
IV Fernán/Fernando Álvarez de Toledo y Herrera IV señor y I conde (1477) IV señor Condado de Oropesa: 30 de agosto de 1477
V Fernán/Fernando Álvarez de Toledo y Zúñiga
(hijo de Leonor de Zúñiga Manrique de Lara)
II conde V señor † 1504
VI Francisco Álvarez de Toledo y Pacheco III conde VI señor
VII Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa
(hijo de María de Figueroa y Toledo)
IV conde VII señor † 1572
Este es el que recibió y dio cobijo a Carlos I en Jarandilla
VIII Juan (Garci) Álvarez de Toledo y de Monroy (y Ayala)
(hijo de Beatriz de Monroy y Ayala)
V conde VIII señor Oropesa,1550-Jarandilla, 1619
IX Fernán/Fernando de Portugal (o Braganza) y Álvarez de Toledo (por inversión, Álvarez de Toledo y Portugal), el Santo
(hijo de Beatriz Álvarez de Toledo Pimentel, † 1599;
nieto de Luisa Pimentel Enríquez, † 1621)
VI conde (1619) I marqués (1599) 1597-1621
Marquesado de Jarandilla: 8 de marzo de 1599

Me encantan los paradores porque recuperan nuestro patrimonio histórico y preservan los entornos naturales. En los paradores, el tipismo gastronómico (cocina tradicional del lugar) combina con propuestas más modernas. Yo quería comer unas patatas revolconas desde el día anterior y Javier por fin me complació (soy tan fácil de complacer...), llevándonos aquí:

Jarandilla de la Vera. Parador Carlos V. Patio

Quedé un poco decepcionado con las patatas revolconas. Un plato que no pasaba de correcto; nada del otro mundo. En Arenas de San Pedro (Ávila) las he comido bastante mejores. El trato del servicio del restaurante era amable tirando a amistoso.

El actual Parador de Jarandilla de la Vera, antes Palacio-Fortaleza de los Condes de Oropesa, fue edificado en el emplazamiento de un castro celtíbero preexistente. Dejando de lado otros pueblos prerromanos, romanos, árabes y hasta a los caballeros de la Orden del Temple, llegamos a la Casa de Álvarez de Toledo.

Tenemos noticias de dos cartas fechadas el 10 de junio de 1409 en las que se dice: «Veraneaba a la sazón en su palacio señorial de Jarandilla el poderoso señor de Oropesa Garci-Álvarez [...]». En la tabla aparecen dos Garci/García Álvarez de Toledo: el I señor de Oropesa y Jarandilla y el III señor de Oropesa y Jarandilla. En época del III, el palacio fortificado ya estaba levantado. Estamos hablando aproximadamente de finales del siglo XIV-principios del XV.

La entrada al parador se produce a través de un patio-terraza (antiguo patio de armas) amurallado con muros cortina y presidido por una fuente; desde el que se accede al resto de las dependencias Hacia el interior, y flanqueada por torres prismáticas a derecha e izquierda, hay una galería tardogótica de dos pisos con arquería rebajada: arcos carpaneles muy planos en el piso superior y arcos escarzanos en el inferior. Ambos tipos de arco se dan a finales del gótico y principios del renacimiento. El antepecho del piso superior es de tracería calada.

Jarandilla de la Vera. Parador Carlos V. Porche

Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa, IV conde de Oropesa y VII señor de Jarandilla, hijo de Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa y de María de Figueroa y Toledo (he tenido que hacerme la tabla para no perderme con el ordinal del título y los apellidos, tan enrevesado es el asunto si quieres hacerlo un poco bien) fue quien recibió y dio cobijo a Carlos I en su Palacio Fortificado de Jarandilla de la Vera temporalmente mientras se preparaban los aposentos definitivos del rey en Yuste. Conforme a lo dicho, estuvimos compartiendo, 458 años después, las murallas, torres, patios, galerías y estancias en las que se alojó el Emperador-Rey de las Españas. Me mola la experiencia.

Cuadro 2. Digresión: cultura y economía

Esto de los paradores de turismo me parece un grandísimo invento. Es como estar en un hotel de Las Vegas (Estados Unidos de América) pero en versión fina, no kitsch: los palacios y castillos españoles son los originales y tienen valor histórico, no constituyen vulgares remedos de los verdaderos. Desconozco qué interés puede tener —casinos y juegos de azar aparte— alojarse en el veguense The Venetian si se puede estar junto al Campanile auténtico en la veneciana plaza de San Marcos real; u hospedarse en el Hotel Paris de Las Vegas en vez de hacerlo en cualquier hotel del París de La France. Como los estadounidenses no tienen demasiada historia propia (el país nació con el Tratado de París firmado el 3 de septiembre de 1783) ni apenas restos arquitectónicos de culturas primitivas o indígenas (= piedras), se ven obligados a hacer muchas disneylandias o equivalente, la mayor parte de ellas —si no todas— con construcciones copiadas de la vieja Europa. Por ilustrar mi afirmación con algunos ejemplos, señalaré que el Castillo de la Bella Durmiente diseñado por Walt Disney se corresponde con el Castillo de Neuschwanstein (Baviera, Alemania); y se observan notorias similitudes entre el Castillo de La Cenicienta y el Alcázar de Segovia.

No acaba ahí la cosa: The Cloisters Museum & Gardens, la rama del MET (Metropolitan Museum of Art de Nueva York) que se ocupa del arte y la arquitectura medievales europeas, incorpora en su exposición el ábside románico de la capilla de San Martin de Fuentidueña (Segovia) el cual, para que el asunto no adquiriera un Disneyland's style, fue desmantelado piedra a piedra, trasladado a Nueva York y reconstruido en el edificio que alberga la muestra de arte y arquitectura medievales europeas. Pese a haber sido declarada monumento nacional en 1931 (Decreto de 3 de junio de 1931, declarando monumentos Históricos-Artísticos, pertenecientes al Tesoro Artístico Nacional, los que se indican. Gaceta de Madrid, núm. 155 [4 de junio de 1931],1181-1185, p. 1184), el estado de la Iglesia de San Martín de Fuentidueña es de ruina total (ya lo era en 1931). Es molt fort que nosotros dejemos que nuestro patrimonio artístico-arquitectónico se reduzca a escombros en tanto que los neoyorkinos valoran el absidecito 1) como paradigmático prototipo de las características de la arquitectura románica europea, 2) como objeto estético, 3) como interesante pieza arquitectónica y 4) como documento histórico. Ya noto el aumento de los niveles de adrenalina y noradrenalina que circulan por mi torrente sanguíneo. Quiero llorar de rabia e impotencia. A ver si lo he entendido: aquí, incluso habiendo sido declarada monumento histórico-artístico nacional el estado de la edificación es de ruina total. Allí está perfectamente reconstruida y restaurada, y forma parte del segundo museo más visitado del mundo. Lo de mi país no me parece ni medio normal-normativo (en cambio, es muy normal-estadístico).

Entre otras muchas razones, lo de mi país no me parece ni medio normal (aclaración: cuando digo mi país me refiero a España) porque, si bien biopsicológicamente a los cerebros del común de los españolitos no les pasa nada, 1) como en mi país la educación es una mierda total (empezando por la influencia de agentes educacionales informales como la televisión, continuando por la fuga de cerebros, siguiendo por el miedo que hay de exigir esfuerzo y rendimiento en los estudios, &cétera) y 2) como tanto naturalismo pedagógico, tanto jueguecito y actividad lúdica y tanta chorrada de psicopedabobo de tres al cuarto que habitualmente confunde la epistémica construcción del conocimiento con la ontológica construcción de la realidad han conducido a que, según se comprueba, no se alcance la magnitud crítica necesaria de población en la etapa de pensamiento posformal o pensamiento metasistémico (cima del desarrollo cognitivo), parece resultar extraordinariamente difícil que nuestros hispánicos gobernantes —desde el concejal de cultura del ayuntamiento hasta el ministro de cultura— comprendan que, como en un sistema social los subsistemas ambiental, biopsicológico, socioeconómico, sociopolítico y sociocultural están interrelacionados, la preservación, protección, promoción, valoración, transmisión y revitalización de nuestro patrimonio histórico-estético-artístico-cultural (ya que nos gusta tanto el ladrillo y las burbujas inmobiliarias, podemos empezar con las piedras) han de producir necesariamente efectos en el desarrollo social y económico. Lo mismo puede predicarse en relación con nuestros valores paisajísticos y ambientales (desarrollo sostenible).

Dicho brevemente: cuidar y promocionar nuestro patrimonio cultural ha de tener necesariamente un efecto positivo en nuestra economía. Más breve aún: la cultura es una inversión rentable. He dicho necesariamente porque sucede que, y esto lo afirmo con carácter científico, la mejora de cualquier componente de un sistema redunda en la mejora global del sistema. Y no es obligatorio pensar únicamente desde una perspectiva bottom-up («hasta que no tengamos dinero, no arreglamos el castillo»). Se puede pensar de acuerdo con una óptica top-down: restauramos el castillo —original y auténtico, por lo demás; nada de disneylandias plastiqueras—, le damos un uso de parador, museo interactivo o lo que se tercie —si museo interactivo, con mucha tecnología y atracciones; esto es, en plan museo de la ciencia, pero histórico—, lo promocionamos adecuadamente —conozco personalmente a un gurú de la mercadotecnia; hay muchos por estos lares— y a hacer caja —€€€—. De este modo, sobre la edificación supervendrían no solo valores esenciales, como el valor histórico, estético-artístico o cultural (= el castillo es un objeto valioso porque nos permite saber quiénes hemos sido, quiénes somos, de dónde venimos, lo que ha pasado por la piel de toro, es interesante y atractivo, tiene una forma memorable, estimula la imaginación, es bello, es una fuente de inspiración, permite estudiar diversas soluciones arquitectónicas, &cétera; no diré nada sobre el valor del respeto por los que aquí han existido en el pasado y los que han de venir [¿qué legado cultural les vamos a dejar en herencia? ¿Ruinas?]), sino también valores instrumentales, relacionados con el desarrollo económico y social.

Pero, según parece, no hay manera de que la gente de por aquí lo entienda, empezando porque, para comprenderlo, con omisión de la intuición empática para la belleza y el arte, hay que haber adquirido algunos conocimientos de historia, de arte, de estética, de humanidades (= producir sinaptogénesis, construir en los cerebros de las personas las redes neuronales que sustentan dichos conocimientos) y haber desarrollado cierta complejidad de pensamiento; y esto no se consigue abandonando los estudios en la ESO (¡si entre los 15 y los 29 años tenemos un 22 % de ni-nis que ni estudian ni trabajan ni hacen nada!, según datos del informe Panorama de la Educación. Indicadores de la OCDE. 2014. Informe Español. Supongo que algunos de estos ni-nis son los que se dedican a grafitear y vandalizar los monumentos).

Si alguien quiere profundizar en el asunto de la destrucción del patrimonio artístico-cultural, que se lea el libro de José Miguel Merino de Cáceres y María José Martínez Ruiz: La destrucción del patrimonio artístico español. W. R. Hearst: “El gran acaparador”. Madrid: Cátedra, 2012. Estas son unas frases del resumen:

El desbarate sufrido por el patrimonio artístico español entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX nos ofrece un triste relato: la crónica de un tiempo en el que un país pobre e inculto hizo almoneda de su casa, vendiendo sus enseres al mejor postor. Una historia donde se dan cita las dudosas actividades de vendedores, intermediarios, consentidores, encubridores y compradores de un acervo cultural acumulado a lo largo de siglos de historia. El resultado es un estremecedor catálogo de piezas artísticas, de diversa naturaleza, que fueron perdidas la mayor parte de las veces en dolorosas circunstancias y hoy se encuentran desperdigadas en colecciones de todo el mundo, principalmente en Estados Unidos».

Somos asín. Así de irracionalmente autodestructivos, como decía Otto Von Bismarck. Puesto que medio doy por perdida la posibilidad de que nuestro patrimonio artístico-cultural sea apreciado por sus valores intrínsecos, propongo como alternativa para impulsarnos a su protección, revitalización, &cétera, aparte de la ya mencionada motivación extrínseca (€€€), la motivación íntima. Por ejemplo, hablando con un estadounidense: «Tenemos muchísimo más patrimonio histórico-artístico-cultural que vosotros, tanto en calidad como en cantidad. No me compares un excelso Goya con un "pop" Warhol, dónde va a parar»; o «Es un poquito heavy que el que presentáis en los folletos turísticos de Miami como el monumento más antiguo de Estados Unidos y uno de los más antiguos del hemisferio occidental, el Monastery of St. Bernard of Clairvaux, no es otro que el segoviano monasterio o abadía cisterciense del siglo XII de Santa María la Real de Sacramenia, desmontado y reedificado en vuestro país»; o «Mira tú por dónde, el asentamiento europeo continuamente poblado más antiguo de Estados Unidos de América (en otros términos, la ciudad más antigua de los Estados Unidos contiguos), San Agustín de la Florida, fue fundada por españoles en 1565 y este septiembre de 2015 se conmemorarán los 450 años de su institución. El escudo de la ciudad con las armas de Castilla y León me resulta muy familiar. También me gusta mucho que el primer espacio público de la historia de Estados Unidos de América, la plaza de la Constitución en Saint George Street, esté dedicada a la Pepa de 1812, je, je, je. Sin acritud».

Trujillo

Javier intentó por todos los medios que no visitara Trujillo, cuna del conquistador Francisco Pizarro González, pero fracasó en su empeño. Bajo estas líneas, la estatua ecuestre de Pizarro en Trujillo.

Estatua ecuestre de Francisco Pizarro en Trujillo

Cáceres



© Ricardo Sanz y Tur. Provincia de Cáceres y Madrid, Navidades de 2014.